Intentar, e intentar e intentar.


Piedrecitas

No es que las musas se hayan extinguido, no es que estén ahí y tenga que perseguirlas. No es que no haya tiempo, o motivos, o pretextos. Lo que a mí me sucede es que me distraigo y se me olvida que me encanta escribir. Cuando recuerdo que me encanta, se me olvida que no es tan fácil. Regreso a la hoja en blanco, después de varios días de tenerla abandonada y espero que me reciba con los brazos abiertos…Y no, resulta que al olvidarla he perdido “condición física” y es como tener que volver a empezar. A veces, como ahora, con tanto entusiasmo que no importa el doble esfuerzo que me lleve unir palabras con sentido. Pero hay otras veces que regreso más con la convicción de que escribir me hará bien, aunque no tenga muchas ganas. Escribo durante media hora y me digo respirando trabajosamente y sonriendo al mismo tiempo (como cuando acabo de correr) ¿Por qué no hago más seguido esto?

Ikal Bamoa dice que escribir una minificción es como realizar una abdominal. Escribir una serie de microficciones entonces sería como hacer una serie de abdominales, ¡pero haciendo abdominales no se logra correr un maratón! Claro, tal vez yo no quiera escribir una enorme novela (lo que equivaldría a correr un maratón) y sólo series de encantadoras minificciones, realizadas con la técnica precisa de quien ha practicado Pilates durante varios años.

Después de algunos minutos de escribir aquí me he acordado de la idea con la que inicié este post: Los intentos repetidos para lograr algo, vistos en su conjunto, ya son algo. Reviso lo que he escrito el año que está a punto de terminar. Es un considerable conjunto. Me alegra descubrir muchas satisfacciones y diversión y pocas frustraciones y tiempos muertos. No sé cómo exactamente lo he logrado, porque suelo ser  poco disciplinada, pero ahora leo cotidianamente novelas, minificciones, poesía. Los libros sobre teoría y práctica de la escritura rondan toda la casa junto con mis tazas de té chai, y escribo artículos como este más de dos veces a la semana.

Claro, he pasado días sin escribir, y le he hecho bizcos a la hoja en blanco, pero no demasiado. Hay muchos estímulos a mi alrededor. Mis compañeros juglares, los blogs, Twitter, la vida. ¿Las musas? Claro. Las antimusas, esas que sirven de pretexto para NO escribir, las que desaparecen al menor descuido, amores imposibles de escritores frustrados, esas no han sido, ni serán nunca convocadas.

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