¿Y qué más?


¡A juglaaaar, se ha diiiichoooo!

Como en otras ocasiones, hoy este títere jugletón les descubrirá una de sus artimañas que, si se aplican a la actividad literaria, resultan de gran utilidad. Se trata de multiplicar palabras para generar, a partir de una frase o idea breve, un texto bastante más largo.

Les narro un poco del origen de esto. Hace algún tiempo trabajé con un juglar ventrílocuo medio deschavetado llamado Don Benigno, gran entusiasta del delirio improvisacional, que nunca tenía un guión íntegro para sus presentaciones. Resulta que al final de cada show, mientras se cambiaba de ropa y los muñecos descansábamos un poco, Don Beni repasaba en voz alta lo que había gustado de nuestro número y lo que no. Esto nos servía a todos para ir aprendiendo y, sobre todo, para generar ideas de qué hacer en la próxima ocasión. Luego, antes de guardarnos en la maleta, Don Beni escribía alguna frase en un papelito y nos decía: «Ahí trabájenle». Generalmente se trataba de frases muy cortas como: “Olaya cayó al pozo de los deseos”, “fuimos a tomar el té al purgatorio” o “demostraremos haber inventado el arcoiris”. Y ya. Eso era todo. Durante las siguientes horas, dentro de la maleta, mis compañeros y yo juglábamos y juglábamos con la idea recibida. Aunque las primeras veces nos pareció desconcertante y nos pesó la responsabilidad de generar ideas, muy pronto aprendimos a disfrutarlo enormemente. Nos dimos cuenta de que juglar en muchas ocasiones implica sacarle a una idea, a una frase, a una palabra, todo el juglo posible. Con la frasecilla sobre la mesa y el ánimo jugletón bastaba para que llovieran ideas.

Al salir de la maleta la noche siguiente, ya teníamos muchísimo material. Situaciones esbozadas o bien definidas, anécdotas, chascarrillos, coplas e incluso coreografías. Don Benigno nunca nos hacía ensayar y ni siquiera preguntaba cómo nos había ido de creatividad. Simplemente nos hacía alguna que otra pregunta y nos dejaba guiarle por todo el repertorio surgido de la frase propuesta por él. Si por ejemplo se hubiese tratado de la caída al pozo, habría comenzado preguntando: «Eh Lúdico. No veo a Olaya por ningún lado. ¿No tenía que estar aquí contigo?» Y de mi respuesta, que él ignoraba, nos encaminaríamos a la subsecuente narración improvisada, tan fresca para él como para nosotros y, por supuesto, para el público.

Titerato

¿Y si además de eso sucediera esto? ¿Y si en vez de aquello sucediese lo otro?

Hace ya tiempo que no trabajo con ventrílocuo, pero ahora que soy un titerato (es decir un títere aficionado a la literatura) disfruto muchísimo de seguir ejersuciándome con esta misma dinámica. Tomo una frase, una microficción, una greguería, o cualquier texto breve, y lo exprimo para sacarle todo el juglo posible. La idea no es crear paja agregando palabras sin ton ni son, si no imaginar el resto de la historia. ¿Qué pudo pasar antes? ¿Qué podría pasar después? ¿Y si además de eso sucediera esto? ¿Y si en vez de aquello sucediese lo otro? Si los sucesos son pedacitos de historias y las historias son fragmentos de vidas, ¿qué más podría haber en esa(s) vida(s) que impactase de algún modo eso que estoy imaginando? Este ejersucio puede no tener fin, evidentemente. Pero para fines de mera práctica, propongo que nos limitemos a unas doscientas palabras, como máximo.

Aquí te ofrezco un puñadito de “pies” o puntos de partida para que, a fuerza de preguntarte y dejar que los juglos de tu imaginación respondan, ejercites tus músculos creativos y escribas una microficción:

  • Deshago encuentros más recortables que recordables. (Carmen María Hergos)
  • Cúcara mácara, títere fue. (Copla popular)
  • Murió de enfisema aquella fábrica de alegres chimeneas. (Ikal Bamoa)
  • Vendrá el crepúsculo a arruinarnos la tarde. (Lúdico Jiménez de Atar, yo mero)
  • Miro atrás y veo la razón. (Gustavo Cerati)
  • Tatuó en su espalda una ranura de alcancía. (Don Beni)

Si ya dominas la técnica de la infusionización, puedes desde luego combinarla con este ejersucio, a fin de expandir el horizonte de tus ideas más allá de lo que inicialmente imaginarías. ¡Y hey! No guardes tu ejersucio en la maleta, que todos lo queremos leer. Aquí te esperamos de vuelta, como siempre.

Más ejersucios:

Verso gruyére

Proyectos de poemas

Unos pasitos dados y un salto al vacío

One Comment on “¿Y qué más?

  1. Bueno, no me ha salido todavía una minificción, pero me inspiré en la copla popular que propone Lúdico para escribir esto:

    Yo no fui, apenas soy,
    es mentira que fue Teté.
    Es un crimen de cobardía
    decir sin pruebas que ella existía.

    Yo no fui, no fue aquel,
    somos todos apenas hoy
    lo que metimos la pata ayer.
    Fueron los hilos que nos ataron
    y fuimos nosotros que nos dejamos.
    Cúcara mácara, títere fue.

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