Leer poesía


“La poesía cruza la tierra sola,
apoya su voz en el dolor del mundo
y nada pide
—ni siquiera palabras.”
(…) “Llega de lejos y sin hora, nunca avisa;
tiene la llave de la puerta.
Al entrar siempre se detiene a mirarnos.
Después abre su mano y nos entrega
una flor o un guijarro, algo secreto,
pero tan intenso que el corazón palpita
demasiado veloz.
Y despertamos.”

Eugenio Montejo

Me gusta leer poesía desde que era una niña y los poemas de Tagore me sorprendieron, regalándome un ramo de flores que envió para mí el mismo poeta hacía más de cien años. Cuando leo poesía y no logro aprehender su significado me acuerdo siempre de lo que escribió Tagore en uno de sus inmortales “cantos”:

Sin embargo, no encuentro exactamente lo que busco; no comprendo bien
lo que quisiera aprender; pero este mensaje que no he sabido descifrar me hace
dulce y alegre la jornada y mi pensamiento se ha trocado en melodía.

Escribí mis primeros versitos a la edad de ocho años. Más tarde me di cuenta de que le había robado la idea a José Goroztiza, el escritor mexicano que con quien me hubiera gustado compartir una barca en el silencio lleno de colores de los ríos tabasqueños. El poema que ingenuamente “copié” es una de sus  Canciones para cantar en las barcas:

II

No canta el grillo. Ritma
la música
de una estrella.

Mide
las pausas luminosas
con su reloj de arena.

Traza
sus órbitas de oro
en la desolación etérea.

La buena gente piensa
– sin embargo –
que canta una cajita
de música en la hierba.

En la adolescencia me di cuenta que la poesía no vivía exclusivamente en los versos rimados. Con gran deleite de mi parte leí al inmortal Platero, Para entonces yo pasaba las tardes pastoreando cabras y admirándome del cielo enorme de Yucatán. Las palabras de Juan Ramón Jiménez , sólo las suyas, podían ilustrar con tanta sencillez los sentimientos exaltados que me dejaban sin habla:

Caía la tarde de abril. Todo lo que en el Poniente había sido cristal de oro, era luego cristal de plata; una alegoría, lisa y luminosa, de azucenas de cristal. Después, el vasto cielo fue cual un zafiro transparente, trocado en esmeralda. Yo volvía triste…

Ya en la cuesta, la torre del pueblo, coronada de refulgentes azulejos, cobraba, en el levantamiento de la hora pura, un aspecto monumental. Parecía, de cerca, como una Giralda vista de lejos, y mi nostalgia de ciudades, aguda con la primavera, encontraba en ella un consuelo melancólico.

Sé que leer poesía no me ayudó a escribir mejores poemas. Éstos, pobrecitos, siguen siendo lo más cojo de mis creaciones. Sin embargo, creo que el estar siempre cerca de los textos poéticos me ha ayudado a experimentar con el lenguaje, y a darle cierta carga poética a mis cuentos y relatos sobre la vida cotidiana. Sigo escribiendo versos. Eso sí, porque lo disfruto. Y todos los días tengo algún poemario junto a mí, porque hay tantas cosas que todavía no sé cómo decir, y siempre encuentro un poema que ya encontró la manera.

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One Comment on “Leer poesía

  1. ¡Y es que ingerir poesía eleva la calidad de vida! Del alma y, por ende, del mundo que la rodea.

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