La experiencia y su lugar en la escritura


Por: Mercedes González

El lugar de la escritura es el lugar de la experiencia y, por tanto, un lugar de riesgo.

Si queremos escribir sobre algo es porque ese algo nos importa y su importancia es directamente proporcional al sentido que adquiere ese algo en nuestra vida. Queremos explicar y explicarnos, queremos saber y sabernos: ésa es la razón por la que alguien recurre al lenguaje: la forma de ordenación por excelencia del pensamiento. No se trata, por tanto, de escribir por escribir. Si en un texto literario el autor no se juega nada, no se juega una pregunta que le importa o una experiencia que ha dejado su huella, entonces es muy probable que el texto comunique muy poco.

El lugar de la escritura es, como os decía, un lugar de riesgo. Y se arriesga con lo que uno tiene, qué es lo que sabe (o lo que no sabe) de sí mismo. Significa que a través de un escrito que puede ser ficticio o no, podemos hablar de algo que nos interese, algo que forme parte de nuestra experiencia, que no está compuesta sólo de hechos, sino de pensamientos, de emociones, de obsesiones, de miedos. Además, la propia experiencia también es muchas veces la experiencia vivida por otros, que nos ha impresionado. Experiencia no es sólo la propia, sino también la vicaria. No podemos contar sino desde quienes somos (experiencias, opiniones, emociones…). Ahí residirá o no la singularidad, la originalidad y la potencia de nuestra escritura, no en resolver literariamente un acertijo técnico.

Se trata, en definitiva, de contestar a una pregunta muy simple: ¿Qué queremos decir con esto que estamos contando? Un buen texto ha de estar siempre en condiciones de decir algo al lector. Como digo, no tiene por qué ser algo que nos ha ocurrido, pero sí tendrá que ser algo que nos importe de alguna manera, algo sobre lo que necesitemos preguntarnos, algo sobre lo que podamos dar una respuesta, algo, en definitiva, de lo que nos merezca la pena hablar. Es evidente que podríamos contar todo el proceso de cómo una mujer, por ejemplo, se pinta las uñas, utilizando palabras y recursos maravillosos, sólo por contar eso, sin nada más que decir, sin ninguna intención detrás.  Podéis hacerlo si queréis. Pero es muy seguro que un texto así tendrá muy poco que ver con la buena literatura. Estaremos, sencillamente, haciendo florituras lingüísticas y juegos malabares. La intención del texto, su sentido, es el elemento en torno al cual se articula todo lo demás.

No hay que pensar, por tanto, en la literatura, hay que pensar en la experiencia. Si así lo hiciéramos, sí estaríamos diciendo algo con eso que estamos contando. No se trata de mensajes, ni de moralina, ni de nada parecido, se trata de hablar de algo y no sólo de hablar por hablar. Y si ese algo forma parte de nuestra experiencia, de algo que nos importa, es seguro que podremos tratarlo con más intensidad, con más eficacia, de una manera más singular.

Mercedes González (Madrid, 1964)  Realizó los Cursos de Creación, Especialidades y Técnicas, y Proyectos de la Escuela de Letras De Madrid. Ha impartido cursos del Instituto de la Mujer y otras Instituciones sobre Creatividad y Comunicación, Desarrollo Integral. Lectora en editoriales y premios literarios, ha dirigido el Taller Aldaba de Creación Literaria (Tres Cantos, Madrid) y el Taller de Lectura El Café (Madrid). Ha colaborado en la revista La Modificación y en el libro Cuadernos de Creación Literaria.

One Comment on “La experiencia y su lugar en la escritura

  1. la umildad pues la umildad es de muchas personas ya q , ellas son las q lo viven en carne propia .q son los pobres y desausiados q no tienen con q sobre vivir y se dedican a pedir limosnas y no pueden salir adelante , pero no todas las personas umildes no son siempre pobres . tambien son las de buen corazon q tienen un buen pensamiento por todas la persanas q hay en este mundo,y ayudan asus semejantes sin ningun interes por nada.

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