Cuenta con cinco palabras


¿Te sientes con ganas de narrar? Esta  semana te animamos a hacerlo con el siguiente ejersucio:

2. Piensa en un tema que te parezca importante.  Ponlo como título. Puede ser por ejemplo: inmortalidad, armonía, vejez, tolerancia, amistad, desamor…

3. Rellena las partes vacías del texto propuesto, con los materiales de tu elección, recordando siempre, la concreción en los detalles, tal como Natalie Golberg lo ejemplifica en sus “Reglas de la práctica de la escritura”:

Coche no, Cadillac. Fruta no, manzana. Pájaro no, reyezuelo. No un hombre codependiente, neurótico, sino Harry, que corre a abrir la nevera para su esposa, pensando que quiere una manzana, cuando ella se dirige a la estufa de gas a encender un cigarrillo.

4. No olvides jugar con todas las posibilidades: puedes hacer un texto fantástico o uno realista, en primera persona o en segunda, introducir lenguaje poético o coloquial;  que resulte un texto irreverente o uno lleno de ternura. ¡experimenta!

5. Por último, no dejes de compartirnos el resultado, y recuerda siempre  que se trata de juglar, de divertirte, así que, como dice Lúdico: ¡A juglar se ha dicho!

_________tarde _________camina _________________hojas ___________ alimentar __________voz___________.

Ejemplos:

Locura por Carmen María

Como cada tarde, Domitila camina arrastrando un pie tras del otro, y con el palo que le sirve de bastón va recolectando hojas secas. “son pájaros revoloteando” dice. Las lleva a casa para alimentar la chimenea y mirar como se ilumina la casa con sus vivaces chispas. “Nadie podrá decir que tengo la cabeza llena de pájaros”, piensa en voz alta, y sonríe ante la brillantez de su idea.

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¿Y qué más?


4 Comments on “Cuenta con cinco palabras

  1. Sueños.

    Es ya muy tarde, Jorge camina hacia su casa, intentando ganar tiempo al tiempo. Mientras, ordena papeles en una carpeta. odia su trabajo, pero tiene una familia que alimentar, facturas que pagar. ¿Y aquella voz interior que le instaba a perseguir sus sueños?

  2. CANSANCIO
    Son las 9 de la mañana en la oficina y ya deseo que sean las 4 de la tarde para encontrarme en mi piso, sentada en mi sillón color burdeos. Veo a mi gato siamés. Camina hacia la maceta de Kentia para roer sus hojas. Le regaño y le recuerdo que se debe alimentar del pienso con sabor a pollo que le doy todos los días. Para mi sorpresa, no oigo por respuesta un suave maullido, sino una atronadora voz que dice: “¡Aunque no fuera tu jefe, tú no me has de decir qué he de comer!”

  3. Búsqueda
    Salió ese día, temprano, sin rumbo. Anduvo hasta tarde y comenzó a divagar hasta que se detuvo dándose cuenta de que la nube camina como el hombre, también el cúmulo de hojas camina como el hombre: un viento les mueve como la razón mueve al hombre. Y vió que una nube era tan anaranjada como las hojas secas y como el color del hambre. Quiso alimentar su alma con aquella develación pero perdió el hilo entre tanto pensamiento como cuando la efervescencia de un golpe de calor nubla la vista. Al instante, una ráfaga de viento pasó y removió el filosófico cúmulo de hojas sobre el que se había detenido, el piso estaba limpio, alzó luego la vista y ahogó la voz, la nube tampoco estaba. Siguió su camino aunque nadie volvió a verle.

  4. La partida

    El sol declina. La tarde se mira ensombrecida. El desasosiego de Graciela se manifiesta, sus pensamientos se turban. El movimiento del reloj camina sin parar, mientras Graciela nerviosa entrelaza sus manos y tritura las hojas del diario de Samuel.
    Es inútil alimentar la esperanza de su llegada y con voz temblorosa murmura para si: Se ha ido.

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