Evitando lugares comunes


Cuando era niña y vivía en la zona montañosa de Veracruz, era fácil saber por dónde correría el río la próxima vez que se desbordara: por las mismas calles  inclinadas de siempre. El río no suele ser original, se va por el camino fácil,  y gracias a ello es predecible. Las mentes humanas lo son también. Solemos usar las mismas frases para hablar, las muletillas de siempre, los verbos fáciles. El reto de la escritura consiste en comunicar, en buscar nuevos caminos para que el río corra, es decir: nuevas formas y más efectivas para trasmitir efectivamente ideas y sentimientos.

En escritura se conoce como lugar común, o frase hecha, a una expresión o enunciado que no se lee auténtico u original, sino que por lo contrario, ofrece una descripción simplista de algo que tal vez merezca ser más matizado. Los lugares comunes han sido usados hasta el cansancio, y su utilización es muy socorrida en  las letras de canciones pop, en las expresiones cargadas de sentimentalismo y en las cartas de amor.

Caer en el uso de un lugar común es fácil. Requiere poco esfuerzo mental, y a veces poco cuidado en la expresión. Por haberlas leído o escuchado con frecuencia, a veces sin estar conscientes de ello,  es muy posible que se cuelen en nuestro próximo escrito. En ocasiones, podemos creer que una frase determinada le dará fuerza al texto, o lo hará más lírico. ¡Gran error! Lo que hace más efectiva a la poesía es la forma original de usar el lenguaje para expresar mejor algo, y NUNCA el uso y abuso de expresiones como:

Nuestro querer. Tu ser. Su palpitar. Mi anhelo. Nuestro destino. La noche oscura. El silencio atronador.  El vacío.  Mis sueños idos. Este amor profundo. Si te perdiera.

¿Cómo evitar los lugares comunes? En primer lugar, haciéndonos consientes de cuáles son. También es necesario revisar, (sí, una vez más) nuestro escrito tratando de detectar si:

¿Es sorprendente?
¿Me gusta cada vez que lo leo?
¿Dice algo que yo no sabía antes de sentarme a escribir?
¿Me levanto después de escribirlo sintiendo un cambio en mí?
¿Es realmente mío el escrito o lo he robado de alguna parte? (Esto sucede algunas veces aunque es comparativamente raro).
¿Está escrito con mi propia “voz”?
¿Hay alguna torpeza, golpe bajo, exigiendo atención por medios ilegítimos: exhibicionismo, preciosismo, seudoprofundidad, trucos viejos, fragmentos de sueños no asimilados u otra basura “literaria”?
¿Mi texto está libre de esto?
¿Es la clase de escrito que le envidiaría a otro?

Texto de Kennet Koch, en “El arte de la poesía”

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