¿De qué están hechas las frases hechas?


Ella le dio un apasionado y ansioso beso antes de caer rendida en sus fuertes brazos, dejándose llevar por sus sentimientos. Su cabeza era como un torbellino de sensaciones y emociones. Aquel hombre rubio como la cerveza la estrechó entre sus brazos con la fuerza de un huracán.

–Vida mía, contigo pan y cebolla. –le juró.

Ella notó que ya no sentía las piernas. Aquel español de sangre caliente había derribado todas sus defensas. Era el hombre de sus sueños.

El sonido de un disparo rompió el silencio de la noche. Ayer mismo hubiera tenido la sensación que allí  corría más peligro que en una merienda de negros. Pero había llegado a entender que la vida no valía nada en la Ciudad Condal. En el fondo de su corazón Melinda supo que en aquel país nunca se sentiría como en casa. Pero decidió quedarse al lado de aquel macho latino que le había robado el corazón en un plis plas.

Los chichés se han convertido en chichés por una buena razón. En cierto momento de la historia un cliché o una frase hecha, era algo nuevo y sorprendente y expresaba algo tan bien que pasó al lenguaje corriente como una unidad de significado y en muchos casos funcionando como una sola palabra. A menudo uno de esos comodines es perfectamente aceptable.

Sin embargo hay un punto crítico en el que el uso constante de estas frases comunes socava la vida que pueda haber en un texto. Como son tan conocidas estas frases que han perdido el significadao de cada palabra individual que las componen. Cuando nos encontramos con un “era de un blanco inmaculado” en el mejor de los casos esa expresión sólo significa que era de color blanco, y en el peor, nada.

Los chichés y las expresiones comunes también presentan el peligro potencial de desorientar al lector. Pueden crear una momentánea, o permamente, confusión en su mente y no sabrá si debe tomarse la frase literal o metafóricamente. Si si personaje femenino tiene un aire “a lo dama de las camelias” es mejor aclarar que no tiene tuberculosis.

Finalmente, lo que tienen en común todos los clichés y las expresiones hechas es que generalmente sólo transmiten ideas comunes, que resultan inapropiadas para escribir con exactitud o expresar matices. Las frases hechas deben evitarse sobre todo cuando se intentan describir emociones clave o acciones importantes (cualquier cosa que el autor quiera paladear con detalle). Los clichés pintan la realidad con brocha gorda y es mejor reservarlos para lo más familiar y lo menos sorprendente. Si estas dos características describen acciones importantes de tu libro, bueno, pues…

Y en el fondo de tu corazón sabes que esto es la cruda verdad.

Tomado de Cómo no escribir una novela, de Howard Mittelmark y Sandra Newman.
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