¿Si lees, te la crees?


La verosimilitud en el relato

Bookman, un superhéroe de novela, de Douglas Esté basado o no en un hecho real, sea fantástico, pura ficción o un texto autobiográfico, un escrito tiene que funcionar. El lector necesita poder identificarse con él, sentir que tiene algo en común con lo que escribimos para emocionarse, o indignarse o sentirse de alguna manera tocado por el contenido.

¿Qué hace falta para lograr esto? Que nuestras narraciones tengan verosimilitud.

1. Personajes con características humanas. Nuestra historia puede estar ambientada en un mundo mágico totalmente ficticio, como en la historia de Harry Potter, pero si los personajes por muy mágicos que sean son capaces de cometer errores, enamorarse y aprender, entonces cualquier adolescente o adulto que recuerde su adolescencia puede identificarse con ello.

2. Elementos tangibles. ¿Por qué hay tan poca gente que se identifique con la poesía? Porque generalmente es muy abstracta. Las palabras “amor” “infinito” “ausencia” “miedo” son abstractas, no podríamos hacer un dibujo fácilmente de ellas. En un relato necesitamos poner ejemplos de cómo es el miedo, cómo se vive la ausencia, qué actos representan el amor. “Mario rellenaba mi taza de café, mirándome con ojos alegres y humedecidos de la emoción” refleja más el amor que decir: “Mario me quería”.

3. Lógica interna. ¿Alguna vez sorprendieron a alguien en la mentira porque su historia no tenía lógica? Existen varios tipos de lógica: la lógica del tiempo, la lógica de los lugares. La lógica de los acontecimientos. Es lógico que primero tengo que estirar el brazo y luego tomar el vaso. Es lógico que si ayer fue martes hoy sea miércoles y es lógico que para estar dentro de un lugar tengo que pasar por la puerta. (O entrar por la ventana).

Para ejercitar la verosimilutud en la ficción

Escribe una historia que sea totalmente mentira, haciendo lo imposible para que el lector la considere fidedigna. Puedes iniciar con la frase: Lo que quiero contarte es…

¡A juglar se ha dicho!

4 Comments on “¿Si lees, te la crees?

  1. Un prestigiado grupo de Científicos, Médicos y Químicos Ingleses, pertenecientea a la Universidad de Cambridge, viajaron la última semana hasta el Poblado de “To Pu”, en la República del Gongo, para corroborar las investigaciones realizadas a un grupo de simios infectados con dicha enfermedad y ahora completamente sanos.

    Dichas investigaciones concluyeron, que la cura se encuentra, en el lugar más inesperado, por lo que nunca hubieran imaginado buscar en dicho sitio.

    La sanación de este grupo de monos, provino del consumo de su propia orina. Así como lo lee, ¡de su propia orina!. Con esto queda comprobado además, que la “Orinoterapia”, es efectiva, al menos en el caso de esta enfermedad, en donde los virus, permanecen vivos por arios instantes, en un medio acuoso como lo es la orina y al ingresar al organismo, vía oral, comienzan un rabioso ataque contra el resto del virus que se aloja en el individuo, confundiendo al virus huésped con un enemigo. Sólo resta esperar un tiempo razonable para que se efectúen cierto número de pruebas en humanos.
    Estamos ya oliendo la sanación, o será más bien muy cerca de probarla?.

  2. Lo que quiero contar es que fui una hormiga perdida. Camine en un desierto de azúcar, que parecía no tener fin, hasta que una cuchara me salvó llevándome hasta un mar de café. Ahora soy una hormiga que está a punto de ahogarse.

  3. Seguía escalando la montaña, pasaba del medio día y el sol resplandecía al máximo, lo cual me llenó de energia para terminar en la cima. Pero después de un par de horas, ya en la punta observé que el cielo empezó a tornarse gris y a lo lejos se vislumbraban un sin número de relampagos, los destellos eran cada vez más intensos y el sonido se ahogaba en la inmensidad; por un momento un escalofrío recorrió mi cuerpo al ver que los rayos se estaban acercando y el sonido era cada vez más ensordecedor, parecía una lluvia de truenos y peor aún, empezarón a caer a mi alrededor, sabía que uno de esos rayos me tocaría y que nada sería igual, por unos instantes cerré los ojos y en una fracción de segundos, mi cuerpo se sentía incandecente, los más sorprendente es que estaba consciente de ello, así que abrí los ojos y pude observarme; estaba ardiendo y mi cuerpo irradiaba una luz brillante, lo mejor de todo es que podía moverme y no sentía dolor alguno, los relámpagos seguían cayendo a mi alrededor, de hecho me alcanzaron unos tantos, hasta el sonido había dejado de lastimar mis oídos, sabía que era parte de ellos, así que sin pensarlo salté de la cima a mi destino…

  4. ¡Muy buen final, Yanira! Y cómo vas pasando de la realidad a la ficción en tu relato. Gracias por juglar con nosotros.

    El recurso de Ale, de mencionar a un grupo de científicos al inicio de su ficción es buenísimo.

    Muchas gracias a TAnia por mostrarnos cómo se pueden crear mentiras tan bellas y tan verosímiles con tan pocas palabras.

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