Para darnos a entender: concordancia


Esta es la llave del reino:
en el reino hay una ciudad,
en la ciudad hay un barrio,
en el barrio hay una calle,
en la calle hay una entrada
en la entrada hay un patio
en el patio hay una casa
en la casa hay un cuarto
en el cuarto hay una cama,
en la cama hay una cesta
en la cesta hay unas flores.
Flores en al cesta;
cesta en la cama,
cama en el cuarto;
cuarto en la casa;
casa en el patio;
patio en la entrada;
entrada en al calle,
calle en el barrio,
barrio en la ciudad,
ciudad en el reino,
el reino que está en la llave.

Lo que gusta y sorprende del texto anterior es cómo juega con la lógica de las ideas. Su lectura es fácil: una cosa lleva a la otra, tiene coherencia. La coherencia es esa propiedad de los textos que los hace entendibles, lógicos y consecuentes. ¿A quién no le ha pasado que al escuchar una breve narración, se queda en blanco sin entenderla en absoluto? ―No entendí el chiste, decimos. Podemos repasar cada uno de sus elementos sin encontrar la clave que nos lo explique.

Una narración en una sucesión de acontecimientos ordenados de tal forma que cobren significado. Que digan algo que vale la pena contar. Aunque nos cueste tal vez un poco de trabajo, al final pensamos: ¡Ha valido el esfuerzo! La inconsistencia en la prosa narrativa es generalmente muy mal vista. Viola uno de los principios básicos de la lógica cuando dice algo en una parte de la exposición y después dice lo contrario en un pasaje posterior del mismo escrito.

Concordancia en los verbos. Un clásico ejemplo es escribir: “Cuántas veces no nos ha pasado que caemos en lo mismo, como cuando quieres a alguien que no te quiere, y ese alguien quiere a otra. Cuando eso me pasa, yo sufro mucho”.

En este ejemplo se usan, malamente, tres personas gramaticales: la primera persona del

plural: nos. Después, la segunda persona singular: . Y por último, la primera persona

del singular: yo. Hay que procurar narrar desde una sola persona.

Concordancia en los hechos. Si al personaje le da el sol en la cara no podemos decir dos líneas más adelante que la humedad de la noche lo entristece. Si nuestro protagonista ha engordado diez kilos al final de la novela no podemos afirmar a lo largo de ella que  no comía casi nada.

¿De verdad se dan semejantes faltas de concordancia? Parecería que no, pero numerosos relatos, tanto de escritores noveles como de escritores experimentados están llenos de estos problemas que se aprenden a evitar durante las correcciones. De ahí la importancia de revisar cuidadosamente un texto.

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