Volver a escribir

Volver a escribir

Pretextos no faltan. Es mucho más fácil preocuparme por el futuro, por la cuentas qué pagar, por ejemplo. (Mi nuevo vicio: hacer cuentas reales e imaginarias en las últimas páginas de mi cuaderno). Es mucho más fácil vigilar el facebook por si llegan las buenas noticias, a las que soy adicta o engancharme con los videos musicales de un hombre que me parece un verdadero artista (él sí). Es fácil perderse en el camino hacia la creatividad.

Pero también es fácil escribir cada día. Así que todas las mañanas despierto con ganas de tomarme un café y escribir cualquier tontería en mi libreta negra. Al principio lo hacía con dificultad, a regañadientes, después me di cuenta que esos momentos en que escribo sin pretensiones durante 20 ó 40 minutos, son los momentos favoritos de cada día. Y de repente me doy cuenta de que quiero escribir más y disfruto por sobre otras cosas  en la seman la escritura del cuento para niños (van seis a la fecha) y la aparición de algún poema maduro, cuando no sabía que estaba creciendo dentro de mí.

Además, me han vuelto a dar ganas de leer poemas. Mi amiga Cristina me regaló un libro y yo me compré otro. Disfruto contactar a mis amigos escritores, escribir haikus sentada en un banco en la calle Torrijos, bajo el sol de la mañana. A veces vuelvo a leer las barbaridades que escribo en mi libreta cada mañana y descubro que alguna merece compartirse.

Gracias a la práctica diaria de  mis páginas matutinas, voy dejando atrás los pretextos y realizo algo, que, como la ducha en un día frío, me da mucha pereza hacer antes y agradezco un montón después: escribir.

 

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