Nutrición para la vida creativa

Nutición para la vida creativa

Me estoy volviendo loca. Voy a dormir pensando en lo bien que lo pasaré la mañana siguiente escribiendo en un parque o en un café. Despierto y salgo al balcón a sentir el clima sobre la piel, y estornude o no, me dejo estar un ratito mientras escucho los sonidos del barrio de Gràcia. (Mi favorito es el de las escobas matutinas). Después, como cada día,  escribo sobre lo que soñé en la noche, por ejemplo: sobre la inundación de la que rescataba a dos gatitos, que se volvían a inundar. Luego apunto mi mejor recuerdo del día de ayer: Las sonrisas de Vero y Lars  mientras bailaban juntos salsa, y mi deseo mágico para hoy: un manantial de agua pura en el balcón.

Abro la PC y después de un rato de atender correos y poner al día las redes sociales de tango y escritura, pienso que es hora de cerrar  y cocinar un rato. Voy descalza y siento frío en los pies, así que salgo al balcón de la cocina a calentarlos sobre el piso soleado. Luego de cocinar pienso que es hora de un bocadillo creativo, una lectura que sea nutrición, o inspiración, o lo que mi cuerpo o intelecto o alma, decida hacer con él. Tomo el grueso libro de cuentos de Gianni Rodari y lo abro arbitrariamente en cualquier lugar. Me estoy volviendo loca pues creo que Rodari me ha hecho un guiño o se ha reído de mí. El cuento que leí es este:

En el planeta Bih no hay libros. La ciencia se vende y se consume en botellas.

La historia es un líquido colorado como una granada; la geografía, un líquido color verde menta; la gramática es incolora y sabe a agua mineral. No hay escuelas; se estudia en casa. Los niños, según la edad, han de tomarse cada mañana un vaso de historia, algunas cucharadas de aritmética, etcétera.

¿Vais a creerlo? Son caprichosos igualmente.

-Vamos, sé bueno -dice mamá-; no sabes lo rica que está la zoología. Es dulce, dulcísima. Pregúntaselo a Carolina – que es el robot electrónico de servicio.

Carolina se ofrece generosamente para probar antes el contenido de la botella. Se echa un poquitín en el vaso, se lo toma y lo paladea: ¡Huy!, ya lo creo que está rica – Exclama.

E inmediatamente comienza a recitar la lección de zoología:

-”La vaca es un cuadrúpedo rumiante que se alimenta de hierba y nos proporciona el chocolate con leche”.

-¿Has visto? – pregunta mamá, triunfante.

El pequeño colegial se queja. Todavía sospecha que no se trate de zoología, sino de aceite de hígado de bacalao. Luego se resigna, cierra los ojos y engulle su lección de un solo trago. Aplausos.

Naturalmente también hay, como es lógico, algunos colegiales diligentes y estudiosos: es más, golosos. Se levantan por la noche para tomarse a escondidas la historia-granada y se beben hasta la última gota del vaso. Se vuelven muy sabios.

Para los niños de los parvularios hay caramelos instructivos: tienen sabor de fresa, de piña, de cereza, y contienen algunas poesías fáciles de recordar, los nombres de los días de la semana y la numeración hasta diez.

Un amigo mío cosmonauta me ha traído uno de estos caramelos como recuerdo. Se lo he dado a mi pequeña e inmediatamente ha empezado a recitar una poesía cómica en el idioma del planeta Bih, que decía más o menos:

anta anta pero pero
penta pinta pim peró,

y yo no me he enterado de nada.

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