Percepción y atención


r_ObservarPara escribir no hace falta tener súper poderes: una sensibilidad extrema, ojos que ven los colores con mayor nitidez, una imaginación enloquecida. Para escribir a veces sólo hace falta detenerse un momento, prestar atención a nuestro entorno, degustar lo que vemos, lo que leemos, y luego, expresar lo que esto nos sugiere.

Hay muchas sensaciones que invaden nuestros sentidos en todo momento del día, pero a las que apenas les hacemos caso: ¿Sientes  el peso del aire, la textura del suelo, el olor de la vegetación? ¿Registras estas sensaciones de modo claro o distintivo? Cuando prestamos atención a cualquiera de estas cosas, formamos  percepciones muy definidas del mundo que nos rodea. Yo puedo tener la vaga sensación de que la alfombra que estoy pisando es muy verde y suave, pero si le presto atención, podré percibir qué tan mullida es y cuál es el matiz exacto del verde.

Entonces, la percepción es más común que la atención, aunque muchas veces, atender a algo nos permite percibirlo mucho mejor. Hay escritores que pueden crear un texto bellísimo simplemente escribiendo sobre su entorno  y su relación con él, mientras están en la banca de un parque o sentados en un café, como lo hace Natalie Goldberg en el siguiente fragmento:

Levanto la vista del cuaderno. En la mesa de enfrente hay dos mujeres, Las dos beben un licor verde fuerte. No, verde fuerte no, es esmeralda con hielo. Son jóvenes, están en la treintena. La de pelo rubio lleva grandes pendientes de aro, y tiene un abrigo de piel oscura echado sobre su asiento. Miro su mesita. Hay una bandeja redonda de plata con taza y un platillo blanco, dos terrones de azúcar, una tetera blanca con té de Ceilán haciéndose y una jarrita blanca con agua caliente para diluir el té. Miro el espacio entre la jarrita y la tetera y mi mente recuerda un gran boulevard de Norfolk, Nebraska. Allí es verano y un hombre de unos veinte años vive en los apartamentos de arriba. Le partí el corazón. Yo no quería, fue hace años. Su forma de amar era dulce, tierna y sencilla. Entonces no creía en el amor, mi matrimonio acababa de romperse. Recuerdo a Kevin sentado a la mesa de su cocina, se ha quitado las gafas, viste una camisa de nylon de amarillo. En aquél entonces tuve un sueño en el que buscaba pastillas de limón en el pasillo de un establecimiento. . En el pasillo siguiente estaba Kevin y en el siguiente estaba París. Conocí Paris y desperté contenta.

Para aprender a escribir nada es tan importante como enseñarse a prestar atención a los sentidos de las palabras, las formas y los colores de las cosas; las acciones de la gente y la complejidad del mundo en que vivimos. Nadie puede escribir bien sobre cosas que no aprecia. Y aprende a apreciarlas desarrollando la disciplina de la atención.

Para pensar:
¿Te parece que puede llegar a interesarte prestar atención a las cosas para descubrir qué tienen de interesante?
Para experimentar:
Presta atención a alguna cosa que no te interese de entrada, a ver si puedes encontrar algo interesante qué decir sobre ella.
Para escribir:
Mira atentamente tu entorno, menciona lo que encuentres, relacionando cada objeto con algo que te recuerde.

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