Acortar distancias


Alabanza a mi hermana

Mi hermana no escribe poemas
y es improbable que de pronto comience a escribir poemas.
Le viene de su madre, que no escribía poemas,
y de su padre, que tampoco escribía poemas.
Bajo el techo de mi hermana me siento a salvo:
nada impulsaría al marido de mi hermana a escribir poemas.
Y aunque suene como un poema de Adam Macedonski,
ninguno de mis parientes se ocupa de escribir poemas.
En el escritorio de mi hermana no hay poemas viejos
ni nuevos en su bolso.
Y cuando mi hermana me invita a cenar,
sé que no tiene intenciones de leerme poemas.
Hace magníficas sopas sin esfuerzo,
y su café no se derrama sobre manuscritos.
En muchas familias nadie escribe poemas,
pero cuando lo hacen, rara vez es sólo una persona.
Algunas veces la poesía fluye en cascadas de generaciones
que ocasionan temibles corrientes en las relaciones familiares.
Mi hermana cultiva una prosa hablada decente,
toda su producción literaria está en tarjetas postales veraniegas
que prometen la misma cosa cada año:
que cuando vuelva
nos contará todo,
todo,
todo.

Wislawa Szymborska

¿Tú para qué escribes? Parece que lo políticamente correcto es afirmar que cada quien escribe para sí mismo. Pero realmente, en la mayoría de los casos, no es así. Creo que  yo escribo para mí misma exclusivamente durante la práctica matutina, cuando lleno tres páginas cada día de meditación personal y me explico sucesos, aclaro pensamientos y me deshago de basura emocional. Sin embargo, cuando escribo para alguno de los blogs siento que escribo mejor, porque escribo no sólo para mí. En el proceso, al intentar dejar claro algo para otros, también ayuda a que quede más claro para mí.

Quien haya vivido la experiencia de una charla íntima sabe muy bien qué es acortar distancias. Es cuando emitimos un mensaje con tal claridad y transparencia que el interlocutor se siente tocado en lo más profundo. Lo podemos ver en su reacción, en el gesto de su cara, en su respuesta.  Me ha sucedido en la conversación cara a cara y también cuando he dado charlas a grupos. Por supuesto, también me ha sucedido todo lo contrario: hablar y sentir que mi voz no tiene eco en la concurrencia, como si estuviera hablando en otro idioma, peor aún, como si hablara y no tuviera volumen.  Por eso valoro los momentos de conexión. ¿Pero de qué están hechos esos momentos? ¿Cuáles serían las claves para acortar distancias?

Natalie Golberg dice que: “…basta con escribir desde lo más profundo y transparente de nuestro interior, escribir obedeciendo a nuestros impulsos, para lograr reducir la distancia y comunicar”.

¿Cómo podemos llegar a esa parte profunda y transparente?

1. Siendo sinceros con nosotros mismos. Todo empieza en casa. Me importa lo que me importa, no “lo que debería” de importarme.  Comunico mejor cuando hablo de temas femeninos que sobre partidos políticos, y no es que un tema sea mejor que el otro, sino porque a mí personalmente me interesa más el primero.

2. Usando un lenguaje natural y preciso. Cuando me refiero a lenguaje natural por supuesto que no estoy pronunciándome a favor de la pobreza de vocabulario. Al contrario, usar la palabra más adecuada entre varios sinónimos me ayuda a comunicarme mejor. Pero por supuesto que hay que renunciar a lo “ñoño con pretensiones de exquisito”, es decir, a todo lo que pone énfasis en la forma en detrimento del fondo, del significado, del mensaje verdadero que queremos comunicar.

3. Eliminando la paja. Hace unos días leía las entradas de un blog de tango. Decían cosas realmente interesantes, pero con muchas más palabras de las necesarias, con lo cual, el lector se puede sentir fácilmente desanimado a continuar. Ser breves e ir al grano ayuda muchas veces a que alguien ajeno a nuestro tema se introduzca en él el tiempo necesario para interesarse.

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