Tercera Semana


Travnik, Bosnia, 4 de julio
Esta mañana, un sol radiante, calor; he subido a las colinas a dibujar. Margaritas, espigas de trigo tiernas, sombras tranquilas. A la vuelta, me he cruzado con un campesino montado en un poni. Ha bajado de él, me ha liado un cigarrillo y hemos fumado en cuclillas al borde del camino. Con mis pocas palabras de serbio, he conseguido entender que llevaba panes a su casa, que se gastó mil dinares en ir a buscar a una muchacha con unos buenos brazos y unos buenos pechos, que tiene cinco hijos y tres vacas, y que hay que tener cuidado con los rayos, que el año pasado mataron a siete personas.

Luego, como era día de mercado, me he dirigido hacia allí: sacos hechos con la piel entera de una cabra, pequeñas hoces con las que te daban ganas de cortar hectáreas de centeno, pieles de zorro, paprika, silbatos, zapatos, queso, joyas de hierro blanco, tamices de junco verde a los que unos bigotudos daban el último remate y, reinando por encima de todo, la galería de tullidos con una sola pierna, un solo brazo, con tracoma, tembleques y muletas.

Esta noche he ido a tomar una copa bajo las acacias para escuchar a los cíngaros, que se superaban a sí mismos. En el camino de vuelta, he comprado una gran torta de almendras, rosada y aceitosa. ¡En fin, Oriente!”.

Los caminos del mundo “Nicolas Bouvier”

cartas

Me encanta esta carta, escrita por el pintor Thierry Vernet a su amigo Nicolás, invitándole a reunirse con él para hacer un viaje por Asia. En ella hay colores, textura, sabores, datos precisos, como el número de personas muertas por los rayos, la enumeración de las mercancías del mercado oriental. También se nota al autor, deteniéndose en las cosa sencillas, emocionándose con ellas y queriendo compartirlo todo con el amigo.

Las cartas son un excelente pretexto para escribir. Algunas de ellas parecen sólo bitácoras pormenorizadas de las actividades. Pero otras, como la de Thierry, son verdaderas ventanas a un mundo más hermoso, sólo porque hemos decidido observarlo mejor. ¿Practicamos a escribir cartas? Reales o imaginarias, en prosa o en verso, escritas por nosotros mismos o por un narrador inventado, en otro tiempo, en este…

Texto complementario: Libros para escribir

Carta a mí misma

Ana María Iza

¿Recuerdas
cuando era el teléfono un pájaro
cantando en el alambre… ?

Nunca creíste
que sólo se trataba de un vil artefacto.

Eras insoportable.
Por eso hasta quisiste un lunes
regalarte.

Tenías la mirada llena de barcos.
Dabas de comer
a los perros del parque
y te sabías de memoria el número
de árboles,
a fuerza de ser viento,
de ser hoja,
de husmear
no sé qué estrella entre las ramas.

Eras
un raro espécimen,
una degeneración futura,
un grifo siempre yéndose,
ya ni sé qué decirte,
eras
algo bastante feo que me gustaba.

Te pregunto,
por preguntarte,
porque sí,
porque llueve
y algún entremetido te ha empujado:
¿Qué harías si te dejara libre,
si de un manotón quitara la montaña …?

De ley
irías a refugiarte en la ternura,
a estrellarte en el borde de un retrato.
A escabar en el suelo un sucio anillo
del que nacieron rosas,
lombrices,
telarañas.

Tú,
siempre serás tú.

No habrá abracadabra que te cambie.
No habrá

reencarnación que te libre del lodo de los sueños.
No habrá forma
de librarse de ti
ni estrangulándote.

Oye:
no vayas
a suicidarte.
Me es indispensable tu presencia:
triste,
desafiante.

Terminada en punta
-como una hoja-
detrás de la ventana.
Podemos usar la técnica de lo textos cronometrados para escribirlas, o no. Propongo hacer una por día, y mínimo tres a la semana. Espero que el próximo martes se animen a compartir sus escritos.

1. Una carta a mí mismo
2. Una carta de amor que no esté dirigida a ninguna persona
3. Una carta a un personaje de otra época
4. Una carta que me gustaría recibir
5. La carta que me hubiera gustado haber escrito

One Comment on “Tercera Semana

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