Ejersucio: Pero me atrevo


ejercicio

Cuántas veces no me atrevo a salir de mi maleta los días nublados, por temor de perder el color naranja intenso de mi piel de trapo. No me atrevo a mirar las puntas de mis pies inexistentes, es por el vértigo ancestral que tenemos los títeres al vacío cuando no aceptamos que lo llevamos por dentro. No me atrevo a escribir sobre mi propia vida, cuando no estoy en manos de nadie y sólo soy aunque poco hago… pero ¡cuánto imagino!

En cambio, me atrevo a unir una palabra con otra, con otra, con una más, disparatadamente a veces, con cuidado de relojero en otras ocasiones, para decir sin recato lo que me da miedo, para celebrar como si tuviera cuatro años todo lo que vivo y me entusiasma. Me atrevo a coleccionar mis ejersucios, a hacer pirámides con las bolas de papel arrugado, a forrar con ellos los libros que compro de medio uso, a hacer flores de papel con ellos y enviarlos al mundo con el orgullo de un colegial de cinco años.

El texto anterior está inspirado en el siguiente poema de Ana Blandina.  La propuesta, como has podido leer, consiste en escribir un párrafo sobre lo que no te atreves y otro sobre lo que sí.

El ojo cerrado

Ni un solo instante me atrevo
a cerrar los ojos por el temor
de aplastar el mundo entre los párpados.
Por el temor de oírlo triturarse ruidosamente
como almendra seca entre los dientes.
¿Pero cuánto tiempo podría robar al sueño?
¿Cuánto tiempo puedo mantener al mundo con vida?
Estoy mirando con desesperación
y siento una intensa lástima
por el universo indefenso
que desaparecerá en mis ojos cerrados.

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2 Comments on “Ejersucio: Pero me atrevo

  1. Después de no atreverme, ahora me atrevo a darme tiempo de juglar nuevamente…

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