Es tiempo


El escritor tiene muchísimo aprecio a su propio tiempo, y no tiene tanta prisa por venderlo. Es como heredar un terreno de la familia. Este terreno siempre ha pertenecido a la familia, desde tiempo inmemorial. Viene alguien y ofrece comprarlo. El escritor, si es listo, no venderá demasiado. Sabe bien que, una vez vendido el terreno, podrá comprarse un segundo coche, pero no tendrá un lugar donde refugiarse, ya no tendrá un lugar donde soñar.

Por eso, si queremos escribir, no es malo que seamos un poco tontos. Dentro de nosotros existe una persona a la cual no se le puede dar prisa, una persona que necesita tiempo y nos impide entregarlo todo. Esta persona necesita un sitio a donde ir, y nos obliga a mirar fijamente los charcos bajo la lluvia, casi siempre sin sombrero, y a sentir las gotas que caen sobre la cabeza.

Natalie Goldberg

tiempo

Ayer le contaba a mi amigo Nicolás que hace muchos meses que no hago talleres de escritura. Necesitaba escribir y he escrito. Terminé por fin el libro de los ejersucios de Lúdico, edición incluida, y también terminé  los veinte cuentos del proyecto de Jacinto y Fusa, una serie de cuentos filosóficos para niños inspirados en la niña filosófica que fui, el diplomado en filosofía crítica y creativa que hice hace algunos años  y en mis sobrinos lectores. Además, estoy ahora en un proyecto con mi colega Yuan, de poemas para niños, y en el día 93 de escritura diaria por cien días, para escribir algo parecido a una novela.

Mi hermana Cecilia, que nació sabia, dice que se puede hacer de todo en esta vida, pero no al mismo tiempo. Me había propuesto dibujar y no lo he conseguido, hasta anoche que logré un dibujo completo. He leído mucho, eso sí, aunque desde hace un par de semanas se me acabaron las lecturas buenas y no he logrado engancharme a ningún libro. No importa, es tiempo de diseñar un nuevo taller de escritura en línea.

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