Tercera sesión


Empezamos este taller como un viaje de exploración en busca de nuevas islas para dibujar en el mapa. Esas islas serían nuestro textos. Me gusta pensar en que las nuevas islas también son como esas piedras grandes que atraviesan los riachuelos, sobre las que ponemos los pies para avanzar y llegar al otro lado. Cada uno de nuestros nuevos textos nos ayudará a llegar al siguiente.

Para el ejercicio de esta semana propongo observar mejor. Les cuento algo sobre mi proceso de escritura. Muchas veces me quedo con el bolígrafo en la mano y la mirada perdida,  viajando en un mundo de fantasía que no me lleva a ningún lado. Para poder deslizar el bolígrafo sobre el papel necesito dejar de soñar y tocar tierra firme. ¿Dónde estoy? ¿Qué día es hoy? ¿Tengo frío en los pies? En la medida en que empiezo a apuntar la realidad de mi entorno, o el estado de ánimo preciso del momento presente, también conecto con mi parte creativa y la pluma fluye. Hay mucha belleza al alcance de nuestra manos. En el texto anterior escribimos sobre el paso de la infancia, ahora les propongo escribir sobre el presente, hacer un párrafo o lista de aspectos que noten en su entorno inmediato: la cocina, oficina, parque, habitación en la que escriban.

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La poesía no nace.
Está allí, al alcance
de toda boca
para ser doblada, repetida, citada
total y textualmente.
Usted, al despertarse esta mañana,
vio cosas, aquí y allá,
objetos, por ejemplo.
Sobre su mesa de luz
digamos que vio una lámpara,
una radio portátil, una taza azul.
Vio cada cosa solitaria
y vio su conjunto.
Todo eso ya tenía nombre.
Lo hubiera escrito así.
¿Necesitaba otro lenguaje,
otra mano, otro par de ojos, otra flauta?
No agregue. No distorsione.
No cambie
la música de lugar.
Poesía
es lo que se está viendo.

Joaquín Giannuzzi

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