Una

Saturday, 28 August 2010, 17:56 | Category : Poemillas poemosos
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Cuando duermo,
mi locura disfrazada de avestruz
se siente libre.
Yo dormida, pertenezco al universo
que me acoge.
Y soy esta yo
y soy distinta
y no hay una diferencia que se note.

Cuando duermo
los caminos fluyen:
Laberintos
que se resuelven
(ellos lo saben)
al despertar.
Cuando duermo
no hace falta más llorar
Y sin embargo
todo en mí se llueve.
Una lágrima es en mi sueño
todo un mar
Y yo misma soy el mar…

Sólo dormida no hay nada en mí
Que me separe.

Microficciones y otras minucias

Sunday, 8 August 2010, 15:54 | Category : Pequeñeces
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Nada más de ver a la noche acercarse, aquél farol se encendía de amor.
El viejo reloj se había vuelto tan mezquino con el paso del tiempo que ya no daba la hora, se la quedaba.
Tras meditar en las profundidades del mar, el pez vela alcanzó la iluminación.
El viejo lobo de mar tiene más claro que el agua, que la luna es la cabeza descubierta de Caperucita.
La tijera decidió terminar su relación, era de la filosofía de cortar por lo sano.
No estás más en mi corazón, pero abriré mis venas para ver si encuentro algún rastro tuyo.
El dragón chino, atrapado en la porcelana del jarrón, arde en deseos de demostrar que no es como lo pintan.
Cuando caiga la tarde, la recibiré en mis brazos.
Yo creo que los ajos son vampiros reformados. ¿Acaso no llevan capa y esconden los dientes?
Cada día me gustan más las nubes como lugar para vivir.
Escribo cicatrices precisas para heridas invisibles.

¡Existen!

Friday, 6 August 2010, 12:28 | Category : Poemillas poemosos
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Yo lo sé: es bueno que existan las estrellas.

En los días nublados también hay estrellas.
En las ciudades de ruidos luminosos
se esconden tras bambalinas las estrellas.

En la negrura de ojos claros u oscuros,
de los que ya no creen poder ver,
igual que en los charcos sin reflejo posible,
titilan arranadas las estrellas.

Y en los pozos de deseos apagados
viajan riendo, fugitivas, las estrellas.

La luna se llena de estrellas.
Nacen estrellas en las arenas del desierto.
Corren las estrellas tras los postes de luz.
Duermen en los ojos de los gatos negros.

Miles de estrellas se elevan con cada pluma,
cientos de estrellas brotan por cada lágrima.
Reverdecen las estrellas
después de cada lluvia,
se pegan a las plantas de los pies
y se convierten en semillas, en árboles, en nidos.

Qué bueno es saber, fuera de toda certeza
que existen, en lo más profundo, las estrellas.
A pesar del quejido del mundo
y de toda esa faramalla de la luz.

Dos pequeñas historias

Tuesday, 27 July 2010, 19:32 | Category : Cotidealidades
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La Ceiba de Algodón

Cuando llegué a Yucatán sentía que había demasiado calor, y agradecí que junto a la casa hubiera un árbol de dimensiones imponentes: una ceiba de algodón que abrió sus brazos, gruesos como los de un gigante, y me acercó un ramo de flores rosadas, el primero de muchos. Después me mostró sus frutos verdes y alargados. Unas semanas más tarde, sus borlas de algodón café claro. Fue maravilloso descubrir cómo dejó caer pelusas de algodón ya emblanquecido sobre mi cabeza, como si quisiera regalarme una imagen nevada para refrescarme . Pero lo mejor de todo es cuando el árbol se cubrió de pequeños brotes verdes, que luego se hicieron cada vez más grandes, hasta ocultar todo el sol.

Cuentos en semilla

Las historias también están en semilla. Hace unos meses tuve el privilengio de verlas nacer en mis tres sobrinitas. Organizamos un campamento en la finca y después de encender la fogata y cenar, las tres pequeñas y yo nos metimos en una casa de campaña a contar historias. Yo conté una (las niñas acostaditas y atentas) de una estrella fugaz que quiere alegrar a la gente en una noche fría y baja a la tierra a encender una fogata. A petición del público relaté también el cuento de una Caperucita Roja y un lobo feroz con dientes grandes para comerse mejor las galletas  destinadas a la abuelita.

Luego Maricarmen, de tres años y medio, se incorporó y contó una historia con pies, cabeza, brazos y emoción. ¡Y nada más! Claro, sus oyentes no extrañamos el argumento. Karol, de tres años, también nos narró emocionadísima un cuento de algo feroz, y de cómo rugía. Por último, Lupita, de sólo poco más de dos años nos dijo un cuento brevísimo que es una joya de lo pequeño. El cuento decía: “¡Un tigreeeeee!

Canción a un ajo, antes de su muerte.

Tuesday, 20 July 2010, 21:04 | Category : Poemillas poemosos
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Cabeza de ajo,
tus dientes se esconden
bajo capas y capas
de sonrisas marchitas.
Nadie ha impreso
en tus labios de papel delgado
ni besos ni poemas.

Me recuerdas vagamente
un atado de lilas
que ya no huele bien
y  que el tiempo despeina
con cierto cariño.

Cabeza de ajo,
tú coronas el ambiente
con el desenfado gritón
de un recién nacido,
tus lágrimas de olor
anteceden tu caída:
cuando ruedas en gajos
al filo del  sartén.

Sunday, 18 July 2010, 9:05 | Category : Pequeñeces
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Mi taza de café se ruboriza, como si
no la hubiera yo besado ya tantas veces.

Credo

Thursday, 8 July 2010, 20:25 | Category : Poemillas poemosos
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Sinceramente creo en los árboles.
En cada uno de mis amigos tristes y solemnes.
Creo hasta en el arbusto aferrado
y en el húmedo tocón de muertas memorias.

Creo, porque cada rama de árbol que se muere
de forma tan lenta que nadie se percata,
es un asomo inverosímil de esperanza.

Me gustan los renuevos en los troncos antiguos,
pero creo más en el oscuro cieno,
en la tierra de hoja y en la leña.

Cuando bajo la fuerza de ramas extendidas
diviso nidos, despego vuelos,
y enredo complejas parásitas necesarias,
pongo mis débiles raíces
en la esperanza de mis amigos tristes,
en un cielo más acá de nuestras visiones azules.

Confeti

Saturday, 3 July 2010, 14:33 | Category : Pequeñeces
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Cuando cierro los ojos atravieso el túnel que me separa de mí.
Al llenarme de mí hago espacio para que quepa el universo.
Soy el mejor refugio para mi soledad.
Con tanto trabajo no tenía vida. Se consolaba pensando que por lo tanto, no tendría muerte.

Con tanto trabajo no tenía vida, pero gracias a sus esfuerzos fue promovido a fantasma.
Los lobos son sólo los colmillos y muelas del bosque que ya te ha devorado.
Son lágrimas de luz las estrellas que escapan de los ojos conmovidos de la noche.
La luna tiene un lunar. ¿No lo has visto? Es que un día creció tanto, que se convirtió en su lado oscuro.
Besé al mundo en la boca, su lengua sabía a mar.
Me encantan las hadas, luego viene una de ellas revoloteando, me toca con la punta de un ala, y me desencanta.
Las alas no me hacen libre. Soy libre, y eso me da alas.
Percibo los pasos de tu cariño marchándose de mi piel.
Dragones que incendian castillos en el aire.

Cosecha de seispalabras

Tuesday, 15 June 2010, 8:22 | Category : Pequeñeces
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Estas frases en seis palabras nacieron hace algunos sábados, en el marco del Club Seis. Les he dejado madurar en el rama, (Twitter) y por fin esta mañana me he dedicado a cosechar las que me han parecido más apetitosas. Aquí están, como en una canasta, para quien quiera degustarlas.

Ábrete corazón, que regreso a casa.

Regresé al pasado para olvidarte mejor.

Regrésame el aliento que me robaste.

Regreso secas las lágrimas que enviaste.

Despiertan los colores ¡salió el sol!

Soledad, te pintas de color azulado.

El salvaje color de tu silencio.

Arden en deseos las estrellas fugaces.

Arden los ojos de no verte.

Arde tu silencio consumiendo mi esperanza.

Ardo en deseos de encender amaneceres.

Sus lágrimas brillantes ardían por dentro.

Desconozco el aroma que te inspiré.

Escape

Sunday, 13 June 2010, 16:27 | Category : Cotidealidades
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Estaba loco porque soñaba con un árbol marino poblado de sirenas blancas como gaviotas. Cada una de ellas volaba alrededor del árbol mirando hacia todos lados buscando una presa. ¿Él?

Por eso caminaba de puntitas por la vida, listo para escapar de toda mirada depredadora. Caminaba lejos de los árboles, del mar, de cualquier mujer donde pudiera esconderse una sirena. Huía incluso de las caracolas donde lo más seguro es que vivieran mares diminutos con árboles marinos llenos de pequeñísimas sirenas, que no por pequeñas desistirían de sus intentos por hechizarle. Estaba loco y estaba solo, por supuesto, distante como un muerto.

Pero no estaba loco porque en algún lugar de él ya vivía esa sirena de la que pretendía huir. Se había instalado, con todo y árbol, en el mar de su sangre revuelta por el miedo. Estaba solo pero no podía estar solo, porque era entonces cuando escuchaba que una voz rumorosa alzaba olas terroríficas que le helaban la piel. Entonces él, que huía de toda mirada femenina, buscaba cualquier compañía que pudiera distraerle de su tormento. Una noche no pudo soportar vivir así, en permanente huida, y se colgó del árbol. A la mañana siguiente despertó con una mujer abrazada a su cuello.