Mariposa de jabón
¡Yo quiero jugar contigo, tía! Me resigno encantada y salimos al patio a hacer burbujas de jabón. Sumerjo en el vaso de agua azulada el artilugio para formarlas. Lo agito, Maricarmen toma aliento y le sopla como si fuera a apagar veinte velitas de pastel. Sale una sola triste burbuja mientras el resto del agua jabonosa me escurre entre los dedos. Antes de que en la carita entusiasmada de mi sobrina se forme una mueca de frustración, le señalo la esfera traslúcida todavía suspendida en el aire:
Parece que seguirá ahí mientras ambas mantengamos la boca y los ojos muy abiertos. Una mariposa ha quedado atrapada en la burbuja y canta porque cree que sólo así romperá el hechizo que la aprisiona. Como la mariposa y su celda se mueven lentamente suspendidas en el aire, Maricamen y yo la seguimos caminando silenciosas para no perdernos ni una frase de su canto. ¡También baila! Y bailan nuestros ojos redondos como si fueran dos pares de burbujas de jabón reflejando la misma mariposa.
La tarde es casi dorada y huele a “Damas de noche” Atraído por el olor de las flores pasa volando un abejorro y Maricarmen cierra los ojos asustada. La magia se rompe, la mariposa calla y desaparece. ¡Lo siento! Exclama mi sobrina. No te preocupes, corazón, has ayudado a la mariposa a liberarse, justo en el momento en que pasaba su enamorado abejorro, ahora pueden llegar a su casa juntos. ¿Dónde está su casa, tía? ¿Tienen hijitos? Entonces le cuento…





1Mujer del traje gris
wrote on 6 October 2009 at 20:55
Entre el encanto de la inocencia y las adultas mentiras níveas, algo crece si se mantiene prestando atención a la belleza de las pequeñeces que se magnifican con palabras de jabon y de viento, tornasol y transparentes.
Seguramente los ojos de Maricarmen son preciosos, como los tuyos.
¡Un abrazo!