Nada más de ver a la noche acercarse, aquél farol se encendía de amor.
El viejo reloj se había vuelto tan mezquino con el paso del tiempo que ya no daba la hora, se la quedaba.
Tras meditar en las profundidades del mar, el pez vela alcanzó la iluminación.
El viejo lobo de mar tiene más claro que el agua, que la luna es la cabeza descubierta de Caperucita.
La tijera decidió terminar su relación, era de la filosofía de cortar por lo sano.
No estás más en mi corazón, pero abriré mis venas para ver si encuentro algún rastro tuyo.
El dragón chino, atrapado en la porcelana del jarrón, arde en deseos de demostrar que no es como lo pintan.
Cuando caiga la tarde, la recibiré en mis brazos.
Yo creo que los ajos son vampiros reformados. ¿Acaso no llevan capa y esconden los dientes?
Cada día me gustan más las nubes como lugar para vivir.
Escribo cicatrices precisas para heridas invisibles.
1eva-la-zarzamora
wrote on 9 August 2010 at 4:59
Me gustan todos. Me quedo con el del viejo reloj…
Y mientras te leía :
Saboreé una nieve de limón, allá en Coyoacan, mientras bailaba con los recuerdos.
2@taniahernandeza
wrote on 26 August 2010 at 13:19
Me gustan mucho, mucho, pero el del vampiro que es un ajo me encanto.
Un abrazo, fuerte, fuerte.
3carmenmaria
wrote on 28 August 2010 at 18:05
Gracias Eva y Tania. Un abrazo grande, con sabor a nieve de limón que los ajos me gustan sólo de lejitos. Creo que yo soy la vampiro.