Esta juglarina
Es muy temprano en la mañana y el sol hace brillar las cosas: los cristales de las ventanas, el cascabel dorado de la puerta, las gotas que se han aferrado a las plantas después de la lluvia de anoche. Me siento muy contenta. Estoy recordando cómo es que esto de escribir se coló bien tempranito en mi vida y me dio tanta luz desde entonces.
Parece que todas las historias sobre escribir empiezan por historias sobre leer o narrar. Mis abuelos me contaban cuentos, mi hermano me leía historietas: como el mayor de los cuatro (y el único que sabía leer) se acostaba en la cama boca abajo con la historieta en turno a nuestra vista. Acostadas junto a él, las tres hermanas seguíamos los dibujitos y la hitoria. Así empezó todo. Después vendrían la lectura de libro tras libro, los primeros ensayos de escribir poemas (a los ocho años); las noches en que, año tras año, me inventé un cuento para contarles a mis hermanas.
Mi infancia transcurrió en el campo. Desde muy chica aprendí las labores agrícolas, ganaderas y domésticas. Leer y escribir era un tiempo robado a las tareas familiares y escolares, pero en vacaciones mis hermanas y yo disfrutábamos en grande en “La casa de la Bruja” una cabaña abandonada de la finca donde crecí. Ahí jugábamos al club de lectura que iniciaba sesiones con el canto de un himno que escribí:
Sentada sobre un taburete
escribe y escribe
hasta que oscurece.
No quiere el trabajo
terminar, terminar
ya está, sólo falta
el punto final.
que firme, que firme
la gran escritora,
Lo leer, lo corrige
¡Es una gran obra!
Luego vinieron la adolescencia y los primeros enamoramientos que inspiraron muchísimos poemitas y confesiones en mis diarios. Más tarde llegó el tiempo de mudarme a la ciudad para hacer mis estudios universitarios. La carrera escogida no pudo ser otra que la Lic. en lengua y literatura hispanoamericanas. Más adelante llegó la oportunidad de ejercer la docencia en un instituto preparatoriano donde disfruté de hacer escribir a siete generaciones de jóvenes sorprendentes.
Me gusta leer poesía en voz alta, narrar historias, escribir pequeñísimas ficciones, llenar cuaderno tras cuaderno con mis vivencias diarias, leer novelas por supuesto. Sin embargo, he descubierto que lo que más me gusta es inspirar, motivar a escribir, que las personas que me rodean sientan ese gozo de expresarse y fluir a través de las palabras, de los textos. Me gusta considerarme una juglarina, una mujer que disfruta, comunica, se divierte y se expresa bailando entre palabras, siempre en comunidad.



