Inicia la tarde y estoy reunida en un taller más con mis alumnos del Piaget. Cada quien busca a su alrededor objetos con un color determinado. Por ejemplo, naranja: un bote de salsa valentina, el portalápices de Ana Laura, el marcador fluorescente de David, la marca de lápiz labial en el cuello de la camisa de Ángel. Una vez hecha la recopilación, escribimos textos cronometrados, incorporando los elementos de la lista sin necesariamente mencionar el color. ¿Para qué hacer una lista previa entonces? Para incorporar detalles con “nombre y apellido” al texto y lograr así  un escrito preciso.

Uno de las trampas de los textos cronometrados, en donde no puedes dejar de escribir durante el tiempo determinado, es que solemos mantenernos a flote, sin decir nada en realidad. El ser concretos nos ayuda a conectar no sólo con los detalles de la realidad exterior, sino también con lo que nos pasa por dentro. El problema inicial de la composición literaria, y de cualquier otra composición artística, es proyectar en la imaginación la realidad que va a servir de fondo a la creación posterior. Y más tarde se utilizará esa percepción para extraer de ella los recursos, modos, estructuras, que van a pasar al texto literario

¿Cómo ser más precisos? Natalie Golberg lo ejemplifica en sus “Reglas de la práctica de la escritura”: Coche no, cadillac. Fruta no, manzana. Pájaro no, reyezuelo. No un hombre codependiente, neurótico, sino Harry, que corre a abrir la nevera para su esposa, pensando que quiere una manzana, cuando ella se dirige a la estufa de gas a encender un cigarrillo.

Ana Silvia, una de mis alumnas es muy joven y está aprendiendo  a ser concreta. Todavía escribe frases como: Todas esas cosas  me recordaron esos momentos. La animo a profundizar: ¿Cuáles cosas? ¿Puedes mencionar al menos dos? ¿Qué momentos? Sería interesante  poner un ejemplo.

Es conveniente que una de las revisiones que le hagamos a nuestros textos, sea para verificar qué tan concretos hemos sido, si hay que cambiar algo vago: escuchábamos música porque nos habíamos quedado sin palabras, por algo más preciso: escuchábamos canciones de Alejandro Filio porque nos habíamos quedado sin palabras.

La concreción en un texto literario no sólo ayuda a dar color a nuestra prosa, sino a dotar de más significado y personalidad a nuestros escritos.