Posts by author: Carmen María

La nota del laúd
Carmen María | March 17, 2010 | 10:38 am

“Escribir es una forma de terapia. A veces me pregunto cómo se las arreglan los que no escriben, los que no componen música o pintan, para escapar de la locura, de la melancolía, del terror pánico inherente a la condición humana”

Graham Greene

Ser concretos
Carmen María | March 15, 2010 | 9:39 pm

Inicia la tarde y estoy reunida en un taller más con mis alumnos del Piaget. Cada quien busca a su alrededor objetos con un color determinado. Por ejemplo, naranja: un bote de salsa valentina, el portalápices de Ana Laura, el marcador fluorescente de David, la marca de lápiz labial en el cuello de la camisa de Ángel. Una vez hecha la recopilación, escribimos textos cronometrados, incorporando los elementos de la lista sin necesariamente mencionar el color. ¿Para qué hacer una lista previa entonces? Para incorporar detalles con “nombre y apellido” al texto y lograr así  un escrito preciso.

Uno de las trampas de los textos cronometrados, en donde no puedes dejar de escribir durante el tiempo determinado, es que solemos mantenernos a flote, sin decir nada en realidad. El ser concretos nos ayuda a conectar no sólo con los detalles de la realidad exterior, sino también con lo que nos pasa por dentro. El problema inicial de la composición literaria, y de cualquier otra composición artística, es proyectar en la imaginación la realidad que va a servir de fondo a la creación posterior. Y más tarde se utilizará esa percepción para extraer de ella los recursos, modos, estructuras, que van a pasar al texto literario

¿Cómo ser más precisos? Natalie Golberg lo ejemplifica en sus “Reglas de la práctica de la escritura”: Coche no, cadillac. Fruta no, manzana. Pájaro no, reyezuelo. No un hombre codependiente, neurótico, sino Harry, que corre a abrir la nevera para su esposa, pensando que quiere una manzana, cuando ella se dirige a la estufa de gas a encender un cigarrillo.

Ana Silvia, una de mis alumnas es muy joven y está aprendiendo  a ser concreta. Todavía escribe frases como: Todas esas cosas  me recordaron esos momentos. La animo a profundizar: ¿Cuáles cosas? ¿Puedes mencionar al menos dos? ¿Qué momentos? Sería interesante  poner un ejemplo.

Es conveniente que una de las revisiones que le hagamos a nuestros textos, sea para verificar qué tan concretos hemos sido, si hay que cambiar algo vago: escuchábamos música porque nos habíamos quedado sin palabras, por algo más preciso: escuchábamos canciones de Alejandro Filio porque nos habíamos quedado sin palabras.

La concreción en un texto literario no sólo ayuda a dar color a nuestra prosa, sino a dotar de más significado y personalidad a nuestros escritos.

Escribir a los 10, a los 20, a los 30…
Carmen María | March 8, 2010 | 10:40 pm
Publicado en Tinta al Sol por: Yolanda González Mesa

La experiencia de escribir cambia mucho con el paso de los años.

A los 10: Más y mejor.

La mayoría de los escritores sentimos el primer impulso de escribir con las primeras lecturas. A veces un cuento te gusta tanto que quieres continuarlo y fantasear con las nuevas aventuras que correrán sus protagonistas. O por el contrario el cuento te decepciona e intentas “mejorarlo”. Eso último fue lo que me ocurrió a mí la primera vez que decidí conscientemente ponerme a escribir.

Tenía unos 10 años y era una época pre – J. K. Rowling, así que mis lecturas favoritas solían ser relatos de grupos de niños que se metían a detectives aficionados (El club de los cinco y Los siete secretos de Enid Blyton, Puck de Lisbeth Werner o Las hermanas Dana de Carolyn Keene). Las tramas eran sencillas y la estructura repetitiva, por lo que al cabo de unos cuantos tomos era muy fácil anticipar el final.

Por eso decidí que yo podía hacerlo mucho mejor y comencé a escribir “la gran novela juvenil de los 80”. Sería compleja, intrigante y divertida, y los editores se pegarían por publicarla.

Lo malo es que en el cuarto capítulo todavía no había presentado aun a los nueve niños de la pandilla (hacerlo con uno, dos, cinco o siete niños era demasiado fácil), en el capítulo siete aun no había surgido la intriga, y para el capítulo nueve todavía no había mucho humor.

Pero nada de eso importaba; la trama iba a ser tan ingeniosa que marcaría un antes y un después en la historia de la LITERATURACONMAYÚSCULAS.

Claro que la mencionada trama resultaba difícil de seguir incluso para mí, con sus nueve protagonistas más un par de secundarios graciosos, el profesor malo malísimo, los padres, algún hermano meticón… Y que el malo fuera un lunático que secuestraba niños vestido de Quijote con armadura, caballo y lanza en ristre sólo añadía dificultades a la hora de mantener la coherencia de la historia.

Finalmente le cogí manía a la novela y dejé que durmiera el injusto sueño de los justos. Pero el gusanillo ya me había picado, así que seguí escribiendo.

A los 20: El gran amor.

A los 20 años tienes las cosas infinitamente más claras.

Has leído incontables novelas, visto innumerables películas y series de televisión, y comprado algún que otro libro de “Cómo convertirte en escritor en 10 prácticas lecciones“. Puede que incluso estés estudiando Comunicación Audiovisual, Filología o Filosofía. Sabes perfectamente identificar cuándo una trama es floja e irregular, cuándo un personaje es plano o poco verosímil, cuándo una historia no conecta con el público…

Por tanto sabes que el truco está en escribir evitando todos esos errores.

Y un día tienes una idea luminosa, original, atractiva y profunda. Y te sientas a escribirla.

Y escribes, escribes y escribes.

Y cuanto más escribes más te gusta lo que haces. Las frases brillantes encadenan una sucesión de escenas llenas de fuerza y emoción, vividas por personajes complejos y atractivos dentro de una estructura innovadora.

El impulso es tan embriagador que apenas duermes, comes o te diviertes. Eres un artista y eso te basta.

Hasta que un tiempo después, escribes un delicioso “Fin” al final de la última página.

Y lo imprimes y encuadernas, (no sin cierta dificultad, porque es bastante largo, pero eso sólo hará que el disfrute del lector se prolongue aun más), y se lo llevas a __________ (rellenar con el nombre de un amigo, familiar o joven profesor enrollado cuyo criterio literario valoras y respetas).

Esta persona se reunirá contigo al cabo de un tiempo que a ti te parece excesivo (¿cómo ha podido irse a dormir la primera noche sin terminar una lectura tan cautivadora?), pero no importa, porque sabes que esa reunión marcará un momento importante. Será la primera vez que oigas de boca de otro lo maravillosa y perfecta que es tu obra. Sí, después habrá muchas más ocasiones, en firmas de libros, entrevistas, etc., pero esta es la primera vez.

Y le ves aproximarse: en su cara su mejor sonrisa y bajo su brazo tu… ¡¡¡¡¿CÓMO?!!!! ¡Tu original!, ese que algún día se subastará por una millonada en Christie’s, está, está… ¡está cubierto de subrayados, enmiendas y post-its! ¡Post – its! ¿Te imaginas el primer manuscrito de Cien años de soledad cubierto de papelitos amarillo fosforito?. Si al menos fueran anotaciones al margen hechas con estilográfica… Pero estás ante una persona cuyo criterio respetas y cuya opinión has pedido, así que sonríes y haces una bromita pretendidamente humilde.

A continuación, esa persona comienza por decirte que tu obra está muy bien, o que le ha gustado o, Dios no lo quiera, que es es-tu-pen-da. ¿Estupenda? ¿No habrá querido decir extraordinaria, excepcional, magistral, sublime…? Pero es que además, te propone cortes aquí y allá, cambios en tal y cuál personaje, ajustes en este o aquel diálogo y un centenar más de mejoras.

¿Cómo?

¿Mejoras en una obra maestra? ¿En una obra perfecta, redonda, insuperable…?

Y él/ella sigue y sigue ajeno/a a tu estupefacción, anotación tras anotación, subrayado tras subrayado, post-it tras post-it.

Vaya, pues resulta que la persona cuya valoración respetabas tanto, en realidad es un gilipollas. Qué decepción.

O cuando menos ha tenido un mal día, nadie es perfecto.

A lo mejor, estaba cansado cuando lo leyó.

A fin de cuentas tu obra no es para todo el mundo; tú eres un artista de verdad,  así que puede que no la haya entendido. Quizás es tan avanzada que estás destinado a ser un autor maldito en tu tiempo, aunque los escolares del siglo XXII te estudiarán junto a Cervantes y Lorca.

Aunque, bien mirado, es cierto que el capítulo 17 te ha quedado un poco largo… Y es un poco forzado que la asesina confiese su crimen sin haber dejado más claro que en realidad no le importa. Y el título quizás no tenga la fuerza comercial necesaria. Y…

Bueno, vale, la revisarás. Quizás puedas añadir un par de cosas que…

¡Dios mío! ¿Qué es esto? ¿Pero qué clase de porquería has escrito?

Estás en la página 8 y la odias.

Los diálogos son acartonados, los personajes planos, y la historia se parece sospechosamente a la trama de una película de Vicente Aranda que te hicieron ver en tercero de carrera…

Definitivamente, esto no es lo tuyo, Pecados, vete a hacerle compañía al Quijote Loco y sus niños secuestrados..

A los 30: ¿Podré?

Aun has leído más novelas y visto más películas y series, pero has dejado de comprar libros de cómo escribir, ya que si alguien hubiera realmente descubierto la fórmula para escribir una gran novela, saldrían veinte obras maestras de la literatura cada mes.

Has finalizado tus estudios, y con suerte en tu trabajo te has visto en la necesidad de escribir algo, aunque sea el manual de ayuda de un programa informático, e incluso ha habido quien ha alabado tu estilo.

Va siendo hora de retomar tu vocación.

Sí, tienes dudas, tienes miedos, pero en cada entrevista o declaración de los autores que admiras lees lo mismo: que tienen dudas y miedos, que nunca están satisfechos con lo que escriben, que tan sólo lo entregan a la editorial porque están obligados por contrato, o porque no soportan trabajar en ello un minuto más.

Así que te animas (te animan) y comienzas a escribir de nuevo, acallando en lo posible al editor interno que te hace dudar de cada palabra, obligándote a seguir y seguir para al menos dejar de llenar los cajones con obras a medio terminar.

¿Será esta vez?

A pesar de tus inseguridades nunca te has sentido más pleno como persona. Ahora cuando escribes puedes hacerlo como alguien que ya ha vivido un cierto número de experiencias (muertes, nacimientos, desengaños, traiciones, éxitos…) ¿Serás capaz de transmitir lo que todo esto te inspira?

Lo veremos…

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Cómo encontrar tiempo para escribir cuando no tienes tiempo para escribir.

Aprender a narrar

Semillas ficticias

La nota del laúd
Carmen María | March 8, 2010 | 8:48 am

“De todas las cosas tal y como existen, y de todas las cosas que uno sabe, y de todo lo que uno puede saber, se hace algo a través de la invención, algo que no es una representación sino una cosa totalmente nueva, más real que cualquier otra cosa verdadera y viva, y uno le da vida, y si se hace lo suficientemente bien, se le da inmortalidad. Es por eso que yo escribo y por ninguna otra razón”.

Ernest Hemingway

De las cartas a la literatura
Carmen María | March 4, 2010 | 10:38 pm

Odio las cartas cuidadosamente preparadas, copiadas y vueltas a copiar; yo me siento
a la máquina y dejo correr el vasto río de los pensamientos y los afectos.

Julio Cortázar

¿Quién empezó su aventura con la literatura redactando cartas? Nada influyó tanto en mi inclinación por la escritura como  las cartas de mi infancia.  A pesar de que alguna de sus partes eran fieles copias de modelos que me enseñaron mi madre y la escuela: “”Querida prima, por medio de la presente te saludo esperando que estés bien en compañía de mis tíos y de tu conejo Zinzindorf”. Todo lo demás era un intento muy fresco de relatar mis experiencias del modo más  interesante posible . Así  redacté mis primeras descripciones, conté sucesos dialogados , expresé mis sentimientos de nostalgia y cariño. Mi mejor modelo eran las cartas de mi abuela Clara. Ella era una apasionada lectora y una gran contadora de anécdotas. Escribía sus cartas a máquina, a una velocidad que sorprendería a muchos usuarios de teclados electrónicos. El papel de sus cartas era delgadísimo, pero el peso de sus palabras  enorme. Cuando mi familia se mudó muy lejos de la  abuela, ella nos escribías numerosas misivas donde nos contaba con un estilo encantador, a los nietecitos de alrededor de diez años,  todo lo referente a las mascotas, los primos, las festividades religiosas y la última cosecha de peras. Siempre terminaba con un: “espero tu respuesta”. Y nunca tuvo que esperar mucho.

“Las cartas existen porque el otro es una presencia permanente en nuestras vidas y la relación con ese “otro” toma muchas formas”. Dice la novelista María Tena. ¿Quién no ha visto cambiar estas relaciones por circunstancias como la distancia, los negocios, el amor o el desamor? Es entonces cuando interviene el recurso de la carta, en la que intentamos comunicarnos, dejar un mensaje efectivo, y a pesar de que para ello tenemos que recurrir a nuestro yo más auténtico, toda carta implica tratar al destinatario como si estuviera presente, y eso  ya supone una ficción. Adam Gai, crítico literario israelí, afirma que: “La carta enviada o no, leída o no, no pierde su cualidad comunicativa. Esta relación que se crea, a costa del sentido común, da testimonio de la naturaleza fantástica de la escritura”.

Como son un medio de expresión tan libre y creativo,  las cartas han servido en muchos casos para escribir relatos y novelas, logrando a través del tratamiento epistolar una gran verosimilitud. ¿Cómo se realiza este paso de las cartas personales a los escritos literarios? En primer lugar, introduciendo el elemento de la ficción, por ejemplo, escribiendo en primera persona como si no fuéramos nosotros, sino un personaje con características muy distintas. Para lograr que esto sea convincente, viene el sengundo punto a considerar: evitar los lugares comunes que pululan en tantas cartas, y atrevernos a romper esquemas tanto en la forma del saludo y la despedida, como en la narración del mensaje. El escribir cartas ficticias nos ayuda a sumergirnos en un proceso de creación que toma lo mejor de nuestras experiencias y  nuestro imaginario para comunicarnos efectivamente, (aunque en forma por demás indirecta) con nuestros lectores. Esta forma de redacción mantiene a nuestra “mano editora” a buen resguardo mientras dura ese “correr de sentimientos y afectos” que dice Cortázar. Después tenemos todo el tiempo para confeccionar una linda prenda con tanta tela de dónde cortar.

¿Sugerencia  final? Leer relatos o novelas epistolares. En mi caso, nada puede ser más motivador. Cada vez que leo una obra literaria que usa como recurso las cartas, me siento inspirada no sólo para escribirles a mis amigos y familia, sino para escribir en general, para expresarme, para comunicarme.

Para compartir:

¿Cuál es tu experiencia en la escritura de cartas? ¿Has redactado o leído una carta que haya cambiado tu vida? ¿Te han inspirado las cartas para intentar otro tipo de textos?

Una novela epistolar: La sociedad Literaria y del Pastel de Cáscara de Papa.

Relato: Sobremesa, de Julio Cortázar.

Versos sin mayor esfuerzo
Carmen María | March 3, 2010 | 12:00 am

Por: Oriana Pickmann

“¿Escribir un poema? No, eso no es para mí”. “Lo de los poemas es sólo para determinado tipo de gente, con una sensibilidad y léxico especiales”. “Hacer versos es de románticos”. “Si leer poemas es aburrido, pues escribirlos lo será aún más”.

Nada más fuera de la realidad. Componer coplas, sonetos y romanzas es posible, sin tener que sentirse en el siglo XVI, y sin necesidad de pedirle prestado el laúd a Lúdico para ponernos en ambiente.

Acá les propongo un pequeño ejersucio. Siguiendo la fórmula que daré a continuación, podremos escribir “versos sin esfuerzo” como el mejor de los juglares. Se trata de escribir un poemita corto, de cinco versos. Las pautas son:

  • Escribir un sustantivo.
  • Escribir dos adjetivos (relacionados con el substantivo del primer verso), separados (o unidos) por la palabra o/pero.
  • Escribir un verbo y un adverbio (relacionados con el substantivo del primer verso).
  • Comparar el substantivo del primer verso con otra cosa. El verso debe empezar con la palabra “Como”.
  • Escribir un último verso que empiece con “Si tan sólo”

Ejemplo:

Lágrimas
Azules o frías
Cayendo lentamente
Como las hojas caen de los árboles en otoño
Si tan sólo mis ojos pudieran gritar…

Ahora les toca a ustedes. Sorpréndanse y regocíjense con la delicia de escribir.

La nota del laúd
Carmen María | February 27, 2010 | 10:59 pm

Quería ser trabajador social, porque pensaba que el arte no hace bien a nadie. Algo que me convenció fue enseñar a delincuentes juveniles y ver que se preocupaban más por el arte que yo mismo. Así que pensé que el arte debe de ser como un alimento espiritual. Me parece que no es posible enseñar arte y, en segundo lugar, intento transmitir que el arte es algo que puede suceder…

John Baldessari, creador y profesor

Fuente: La Vanguardia, extracto de una entrevista

Juglar a que no
Carmen María | February 25, 2010 | 9:47 am

Siempre me sorprende  esa forma casi mágica que tienen la narración y la poesía para expresar con palabras lo que me parece inasible, extraño o increíble. La escritura creativa es, por definición, innovadora, original y única, y el  elemento sorpresa que nos aporta es lo que logra conmovernos e identificarnos. ¿Cómo lograr esa originalidad en nuestros textos?

La primera de las seis reglas de la escritura de Orwell, dice que:
1) Nunca uses una metáfora, simil o cualquier otra figura de estilo que estés acostumbrado a leer.

Es decir, hay que tener especial cuidado en evitar  las frases hechas, conocidas también como “lugares comunes”, tan frecuentes en las canciones populares y en los libros de autoayuda.

Entre tanto camino transitado, ¿cómo podemos encontrar el sendero novedoso que nos conduzcan a la aventura y a la experimentación? Propongo juglar con la idea del no.

Este ejersucio consiste en decir lo que NO es la luna, la noche, el atardecer, la rosa, el mar, la muerte o cualquier otro tópico de uso frecuente en la literatura.

Lo podemos hacer en frases breves. Por ejemplo:

La luna no es la cuchara que contiene el remedio para el mar de amores.

La luna no es la radiografía de la cabeza de un hada.

La luna no es un poético pedazo de queso conservado en el alto vacío de la noche.

¿Intentas las tuyas? ¡A juglar se ha dicho!

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¿Son poemas lo que escribo?

Lenguaje poético

Experimentando con el lenguaje

¿Por dónde se filtra la inspiración?
Carmen María | February 22, 2010 | 7:07 am

Rafael Vázquez Suárez (@nohubounavez en twitter) , filósofo de formación y escritor por vocación, hace un profundo análisis de los caminos por donde seguimos a la inspiración  para desembocar en un texto escrito.

Yo siempre he trabajado con chicos conflictivos  en centros terapéuticos, donde se supone que debemos arreglar los desaguisados que la sociedad ha hecho en sus jóvenes cabezas. En estos espacios de contención emocional tienen lugar multitud de situaciones límite en que salen a la luz todas las excrecencias que estos chicos llevan dentro.
También innumerables anécdotas llenas de infinito significado.

Recuerdo una vez en que un niño de unos 13 años, musulmán, no paraba de insistir en que les llevase a pasear por la montaña a él y a otros compañeros de su misma edad. A mí se me ocurrió decirle “no hace falta ir a la montaña, si entre todos tenemos mucha fe ello, la montaña vendrá a nosotros”. El chico se quedó mirándome. Yo también le miraba para observar su reacción. De pronto dijo: “yo tengo mucha fe, mira, mira, por allí viene la montaña a nosotros”. Y nos reimos los chicos, yo y otros educadores que andaban por allí y habían oido la conversación. Ni qué decir tiene que luego todos fuimos de excursión a disfrutar de la montaña.

En otra ocasión un chico de unos 14 años estaba castigado con no levantarse de la mesa hasta que no diese buena cuenta del pescado que había para la cena. Ya todos los compañeros habían terminado de cenar y él seguía con el pez intacto en el plato. No paraba de quejarse. Me preguntó “si lo como vomito, ¿quieres que vomite, es eso?” Yo le dije, para quitar hierro a la cosa, “si no quieres el pescado comete por lo menos las espinas no?”. Él se rió y a continuación volvió a revolver con el tenedor el maldito pescado. Bueno, al final hicimos un pacto para que se comiese solo lo que yo le separé en el plato. Y más o menos funcionó. Cada una de estas anécdotas dio lugar a tuits de los que luego dejé constancia en twitter y por él tienen que andar.

¿Cómo surgen estos fulgores creativos? No es fácil determinarlo.  Mi parecer es que surgen siempre en un contexto de connotaciones entre las cuales descubrimos de pronto algún tipo de conexión llamativa o paradójica: por ejemplo nos estamos duchando y por alguna razón comenzamos a desarrollar imaginativamente el proceso del baño: el agua cayendo sobre la piel, atravesando el cauce del cuerpo y desapareciendo por el desagüe. En estas circunstancias hay una multitud de significados y connotaciones relacionados con el contexto de la ducha: agua, limpieza, purificación, piel… son todos ellos elementos que se relacionan; elementos que a su vez se relacionan con otros. En este relacionarse y construir metáforas, imágenes, es donde surgen de pronto las conecciones llamativas.

Volvamos al ejemplo: el agua limpia, purifica (“purificar” tiene un elemento espiritual, referido a cuerpo y alma, ya tenemos que el agua limpia el alma), pero si el agua puede purificar, empaparse de excrecencias espirituales, significa que ella misma puede llevarlas consigo y por tanto ensuciarnos con las suyas propias ¡desaguándolas en los poros de nuestra piel! ¿A dónde nos lleva todo esto? Tenemos que las minificciones se construyen en un contexto o universo de connotaciones, significados interrelacionados. Estos términos se asocian a su vez con metáforas que dentro del marco contextual dan lugar a una malla de relaciones cuyos puntos, roturas, nudos  formarían los argumentos de las minificciones.

Tengo la impresión de que las minificciones surgen siempre de tejer metáforas y de las conclusiones que se derivan de ellas de tal modo que en la malla resultante es donde descubrimos posteriormente el núcleo, el germen de nuestros minirrelatos.

¿Y si  llega cuando menos te lo esperas?

Los compañeros han comentado en el artículo anterior que la inspiración llega cuando menos te lo esperas y esto parece contradecir las conclusiones de mi reflexión.  Pensemos en algún ejemplo:

Sigue durmiendo,
vino la revolución
mientras dormías.

Este magistral texto de Ikal Bamoa puede servirnos para ilustrar qué proceso mental creo que subyace tras todo fulgor creativo. Creo que esto pasó por la mente de Ikal para llegar al minirrelato en cuestión:

Cuando duermo sueño en un estado de cosas de cuya naturaleza sabemos ciertamente poco, quizás lo que soñamos ocurre en algún lugar, dimensión… También soñamos despiertos, quizá recíprocamente tenemos vigilias mientras dormimos…quizá mientras dormimos tenemos vigilias que alteran la realidad, la revolucionan …”

Sólo es un posible desarrollo, un posible tejido, pero pueden haber innumerables costuras.

De tal modo que para inspirarnos el mejor ejercicio debería ser:

1) descomponer en partes un determinado marco, preferentemente un minúsculo universo plagado de metáforas y simbologías; cuando hablo de partes me refiero a palabras, refranes, dichos, tropos asociados con deteminado microuniverso.

2) desarrollar dichas metáforas y figuras teóricas, esto es, extraer las implicaciones, deducciones, presupuestos relacionados con las mismas;

3) realizar una lectura atenta de dicho tejido en busca de contradicciones, paradojas, contrastes, curiosidades, etc.

4) finalmente imaginar una escenografía donde ese contraste sea el protagonista y tendrás en tu poder la minificción buscada.

Aunque parece fácil no lo es porque cada uno de los pasos apuntados requiere a su vez mil minúsculas inspiraciones colaterales, por decirlo así.

Ahora bien, si la inspiración llega como yo digo, esto es, de un modo tan metódico, argumental, racional,  ¿cómo es posible que tanta gente hable de que a ellos les llega de improviso, sea en el bus, antes de irse a dormir, etc, o sea justo todo lo contrario de lo que yo he mantenido?

Aquí he de adentrarme en terrenos un tanto psicológicos y pantanosos. Desde mi punto de vista no hay ninguna contradicción entre mi análisis y los testimonios de quienen hablan de una inspiración ineplicable, imprevisible, inasible. Me atrevería a clasificar los contextos en que surge la inspiración en cuatro categorías:

1) “La inspiración me llega trabajando“, decía picasso. Aquí la inspiración llega, por decirlo así, saliendo a buscarla, mediante ensayo y error, ensayo y error… hasta que surge la chispa. Usando el lenguaje de mi análisis, la inspiración llega analizando partes de contextos, probando relaciones entre esas partes…

2) La inspiración me llega sin buscarla, estoy paseando por la calle y llega de improviso. No sería tanto que llega de improviso, cuanto al hilo de una secuencia de imágenes, sentimientos, pensamientos. Este sería el caso referido del bus, la ducha, la cama, etc. A mí parecer lo que ocurre es que estamos tejiendo, sin darnos cuenta, dando puntadas de ciego, por decirlo así, pero tejiendo, de un modo confuso, casi dejando el pensamiento ir solo, hasta que algo en esa malla llama la atención porque no encaja, porque se destaca respecto al resto o porque choca con algún esquema previo. De tal modo que aunque parezca que no hay racionalidad, metodicidad,  sí hay dicho tejido argumental pero de un modo confuso y borroso…

3) La inspiración nos llega en el diálogo. Son los análisis a que nos obliga la realidad en sus múltiples manifestaciones. Tenemos que hablar con alguien y construimos tejidos que queremos salpicar de humor, de ingenio, de tal modo que hilamos fino y nosotros mismos nos encontramos con un aspecto ingenioso, interesante o chocante… También aquí estarían presentes los elementos que he apuntado.

4) Esto que es el extremo opuesto, es la descarnada realidad que nos absorve, que nos aleja lo más posible de la imaginación y lo literario. Aquí no hay inspiración porque no estamos en contacto con metáforas, sino con la vida pura y dura… El que está 8 horas currando en un taller de reparación de autos, entre tuercas, muelles, grasa, etc, concentrado en la faena, no llegará a ningún fulgor de inspiración, aunque sea la persona más creativa del mundo. Otra cosa será después a la hora del bocadillo con los amigos, en cuyo caso volvemos al punto tres.

Esto es  sólo la punta del iceberg, hay que seguir desarrollándolo y sobre todo sería interesante ponerlo en práctica, esto es, analizar multitud de microrrelatos a la luz de estos esquemas.

Las ideas para escribir
Carmen María | February 20, 2010 | 9:43 am

Las ideas para escribir, ¿Llegan solas, sin avisar, o se les espera a una hora determinada, con el café a punto y la pluma en ristre? Les preguntamos a algunos/as compañeros/as  y esto es lo que nos platicaron:

Zilniya, quien siempre nos sorprende con sus cuentos por descontado, sus microficciones llenas de vitalidad y humor, y sus  poéticos haikús, en Ecologismo Literario nos dice:

A veces la inspiración viene a visitarme de sorpresa, por lo cual me mantengo preparada. La mayoría de veces tengo que llamarla yo llamando al 112. Lo que me mejor me funciona es pensar en una palabra concreta, o ver una imagen que me evoque un mensaje. Me ayudo del diccionario de sinónimos para crear juegos de palabras.

A pesar de que en su blog Cazando Sueños Mauricio Roverssi tiende una enorme telaraña a las musas, nos platica de la inspiración que:

A mi me atrapan las ideas en cualquier lugar. Colores, imágenes, historias, algo que leo o alguna conversación. Y como siempre olvido mi libreta o el lapicero, a veces he pasado largo rato repitiéndome la idea mentalmente hasta que puedo escribirla. Y si tuviera que mencionar un lugar, sería el autobus. He descubierto que me encanta pensar, leer y escribir cuando tengo que hacer un largo viaje. Cuando voy para el trabajo, por ejemplo, tengo dos opciones de recorrido, y generalmente tomo el que lleva más tiempo, porque me permite pensar más o leer.

Javier Aguirre, poeta y crítico literario de inacabable energía, nos platica desde Chile:

Mis mejores poemas los he escrito caminando y sin papel. Los voy repasando en la memoria según avanzo para que no se me olviden. Naturalmente, son más bien breves. Esto tiene la ventaja de que aunque se pierdan, no importa, se los puede rescatar. Otros pueden caer en el olvido antes de llegar al papel. Es un método memorístico debido al olvido -del lápiz. A veces, hay textos que surgen del contacto con otro texto, a modo de diálogo.

Pero la inspiración también  evade incluso a  una estudiante de la licenciatura en Letras: Ana Paola López, quien ha ganado varios premios por su poesía, nos comparte cómo hace para no dejarla ir.

Yo soy el tipo de persona a la que la inspiración llega de improvisto. Por eso siempre cargo con una libretita o grabo lo que se me ocurre. Ya en la comodidad de mi hogar tomo esas ideas y las voy desarrollando. Por lo general, escribo tratanto de evitar sin cosas que me distraen mucho,  porque tengo graves problemas de concentración.

Y tú, ¿tienes algún ritual especial antes de sentarte a escribir? ¿Cómo invocas a las ideas? ¿Cómo haces para atraparlas o dejar que te atrapen?

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