Posts by author: Ikal Bamoa

Infusionizar (Parte I)
Ikal Bamoa | January 15, 2010 | 9:00 am

Ya me había advertido Carmen María que a Lúdico hay que meterle a la maleta por las noches. No quise hacerle caso y me costó toda una velada insomne. Hay títeres de carrera larga, sí. Y yo por agradar al huésped me amanecí juglando con él a infusionizar.

Infusionizar

«¡A infusionizar se ha dicho» —LJdA

Lo cierto es que fue una noche insólitamente productiva para ambos. Al tiempo que yo aprendía a usar la herramienta con ese ejersucio nuevo para mí (que el propio Lúdico les compartirá aquí el próximo miércoles, según acordamos), él se daba gusto sacando sacando hornada tras hornada de sus Croquetas Dadá: mezcla de ingredientes elegidos al azar, todos hurgados de mi despensa.

No narro la experiencia gastronómica —básteme recomendarles que huyan de cualquier chef con ojos de botón. En cambio, les digo que en esas horas llené un cuaderno y medio de “lombrices” diversas: Greguerías, minificciones, coplillas futuristas, seispalabras descorazonadores, haikús, y largos textos delirantes de un atroz sinsentido exquisito.

¿Pero qué fue lo que hice? Caray, sólo de recordarlo paladeo una docena de nuevas hojas en blanco. Elegí un puñado de “palabras cualquiera” y, de una en una, las hundí en el agua hirviendo de lo inaudito. Basta apenas con depositarlas y cada una empieza a soltar sus efluvios (semánticos, cromáticos, connotativos, musicales) generosamente. ¡Y cuantísimas propiedades obvias e insospechadas tiene infundidas una sola palabra!

Ya lo probarán ustedes en unos días, cuando Lúdico nos explique a detalle en qué consiste este portentoso ejersucio. Yo, por ahora sólo puedo decirles que, tras esta experiencia, no creo más en las musas; ahora creo en las palabras infusas.

Me voy al supermercado, que me quedé sin un chícharo. Cuando vuelva, alguien que yo conozco y ustedes saben, será refundido en su maleta hasta por lo menos el mediodía de mañana.

Escribir la vida
Ikal Bamoa | December 21, 2009 | 9:00 am

No es que uno escriba acerca de la vida nada más. Uno escribe dentro de ella, encima y debajo de ella. Hecho de ella. Desafiado y contenido, exaltado e inhibido, expuesto y agraviado por ella. Fascinado, iracundo, indiferente con ella. Y rodeado de ella. A veces intimidado, alienado, acorralado o incluso abandonado por ella.

¿Y la vida?

La vida, irremediablemente, se nos cuela al escribir.

La vida, irremediablemente, se nos cuela al escribir. Podemos relatar algo que consideramos ajeno. O algo imaginario. O deliberadamente absurdo. Podemos intentar poner cualquier abismo entre la vida y la propia obra pero, aún así , nuestra obra estará rebosante de nuestra vida. No me refiero a los hechos que vivimos: No es a través de anécdotas o episodios autobiográficos que convertimos la vida en obra. Tampoco me refiero al estilo personal de escribir como delator de las secuelas idiosincráticas y cicatrices que vamos acumulando.

¿Cómo es, entonces, que la vida se nos convierte en obra? Ese recipiente espaciotemporal que nos aloja, ese omnisciente testigo participativo que propone y a menudo impone, ese complejo entramado de circunstancias al que intentamos dar sentido —la vida— es una criatura mutante que al irse tranasformando nos cambia, irreversiblemente, a nosotros también. Y poco importan, en sí mismos, los eventos que presenciamos o protagonizamos. Importa muchísimo más, la experiencia interior que tenemos al vivirlos. Puede que el recuerdo de esa experiencia interior —más que el propio evento— permanezca con nosotros muchos años; o puede que nuestra memoria lo traspapele o extravíe del todo. No es un asunto de memoria, sino de modificación de perspectivas: Poquísimo cambia el mundo tras una tarde de lluvia; una persona, en cambio, puede transformarse profundamente según lo que viva esa tarde.

La vida, entonces, se convierte en obra, a través de nuestra forma de irnos apropiando (consciente e insconscientemente) de cada experiencia vivida. Al cambiar yo, cambiarán también, sin duda, las historias que elija contar, sus personajes y las realidades en que ellos existan, así como mi forma de retratar a unos y otras. Toda expresión artística es, entonces, un eco (no un reflejo) del cambiante universo interior del artista. En el caso del escritor, esto se cumple en forma más explícita. Nos relacionamos con el universo exterior, momento a momento, a través de procesos de significación que hemos construido (lingüísticamente, ni más ni menos) a lo largo de la vida.

Pero basta de palabrería. Si lees esto y amas escribir, ¿qué puedes hacer para que tu obra se enriquezca y evolucione? Opino que vivir. Mucho. Tanto como puedas.

Ruido, canalla ruido
Ikal Bamoa | December 11, 2009 | 9:00 am

Por Robert Masello. Traducción: Difícil de Juglar.

A veces, lo único que te impide escribir es el ruido.

No, no me refiero al bajo golpeante del estéreo del vecino, a las sirenas de la calle, o a la podadora del vecino. Me refiero al ruido que está dentro de tu propia cabeza.

Hay voces ahí, y no son necesariamente tus amigos. Son duras y críticas y controladoras. Dicen cosas como “Esa idea no es tan original” o “¿Es lo mejor que lo puedes hacer?” o “¿Qué te hace pensar que eres escritor? ¡Eres contador, por Dios!” Es como llevar cargando tu propio coro griego interno de abucheadores… y nunca se callan.

Pero tienes que obligarles.

Nadie escribe sin su aparato crítico en funcionamiento. Tú necesitas esa voz que ocasionalmente susurra en tu oído: “Encontremos una mejor palabra para eso” o “¿No sería agradable insertar una cita contundente justo aquí?” Se llama pensar. Pero no puedes permitirle a esa voz abrumarte, hacerte ir más despacio o, como puede suceder, llevarte al alto total.

Desde luego, hay cosas que requerirán arreglo, ajuste, reescritura. Pero para eso son las revisiones. Ahora mismo, si te topas con un inconveniente y no pareces poder superarlo, sólo rodéalo. Yo a veces escribo, en puras mayúsculas, incoherencias donde sé que algo o alguna sección necesita que vuelva a ella. O arrojo las iniciales PV, que significan por venir. Puede que necesite saber que tendré que hacer algo más de investigación antes de llenar una porción de un artículo, pero con una fecha de entrega asomándose (las fechas de entrega siempre ayudan en este aspecto), simplemente me salto a un lugar más adelante, donde conozco el terreno, y comienzo a escribir allí. (Aunque no me gusta hacer las cosas así —me gusta tener a todos mis patos en hilera antes de comenzar— hay veces en que no tengo el lujo de esa opción.)

Es la voz perfeccionista la que hace más daño, la que se queja compulsivamente sobre todo lo que haces, que sigue diciéndote que tu material no es suficientemente bueno, que deberías volver a empezar, que no deberías escribir el tercer enunciado hasta que los primeros dos sean prístinos. Hasta que puedas callar a esa voz, y hacer una tregua temporal con ella, nunca llegarás a ningún lado. Debes hacer las paces contigo mismo, una especie de pacto que diga “¿Sabes qué? Voy a escribir tan bien como pueda, y eso es todo lo que puedo hacer. Y entonces, una vez que ya tenga algo hecho, regresaré y veré si puedo mejorarlo.” Si tienes que hacerlo, prométele al perfeccionista interior que nunca entregarás nada sin darle una concienzuda revisión, que pagarás un corrector de estilo de tu propio bolsillo, que reservarás un diezmo del 10 por ciento de tus ingresos por escribir a un fondo para participios adyacentes. Haz cualquier trato que tengas que hacer… pero calla a esa voz en tu cabeza por el tiempo suficiente para que te puedas escuchar pensar.

Tomado de capítulo “Regla 23: Saca el ruido”, del libro: “Robert’s Rules of Writing: 101 unconventional lessons every writer needs to know”, de Robert Masello.

Para compartir:
¿Qué relación llevas con esa voz perfeccionista interior?

Para discutir
Me parece que Robert
se equivoca cuando dice que…

Para experimentar
En tu próxima oportunidad al escribir, no dejes que la voz te frene. Negocia, sigue adelante. Una vez hayas vuelto y terminado, habrás valorado si la propuesta de Masello de “sacar al ruido” te ha resultado de utilidad. Será sensacional que, cualquiera que sea el resultado, vuelvas y lo compartieras con nosotros aquí.


Al final de esta entrada puedes incorporar tus comentarios y/o respuestas.
Carácter y acción
Ikal Bamoa | November 16, 2009 | 9:00 am

Por Rust Hills. Traducción: Difícil de Juglar.

Debo estar diciendo esto con un suspiro
De aquí a la eternidad:
Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo,
Yo tomé el menos transitado,
Y eso hizo toda la diferencia.

Robert Frost.El camino no elegido”.
(Traducción: María Fernanda Celtasso)

Nada puede suceder de nuevo. Se aceptamos la no poco común metáfora implicada en el poema de Frost de que la vida es un viaje, entonces el camino no elegido nunca puede ser elegido. Confrontada con una elección que le parezca importante, una persona puede usar el gastado cliché: «Mi vida está en una encrucijada.» Pero la bifurcación en el camino es más diagramáticamente precisa de lo que enfrenta. Un hombre a menudo se encuentra en una situación en la que siente que debe “ir en una dirección u otra.” Unas veces parece poder elegir en qué dirección ir, otras veces siente que no tiene opción sino que es “orillado a ello.” En otras ocasiones puede ni siquiera estar consciente de que ha tomado una ruta en vez de otra, sino que sólo “sigue su olfato,”  ciegamente.

Encrucijada

«Sólo hay una forma que uno puede adoptar...»

En cualquier suceso, sólo hay un camino que una persona puede elegir, sólo una forma que uno puede adoptar. En qué medida pudo elegir es un tema para los filósofos y psicólogos que debaten sobre el libre albedrío contra varias corrientes de determinismo. Si todos estamos siendo manejados por un Dios omnipotente y omnisciente o por patrones de conducta psicológicamente predeterminados o por la fuerza de mecanismos socioeconómicos — si es así, no estamos muy conscientes de ello. Tal vez nuestras vidas son análogas a las de personajes de ficción cuya naturaleza y destino está en manos de un autor. En la ficción, un autor ubica a un personaje allá en el camino en primera instancia y luego, dentro de ciertas limitaciones, lo arrastra por cualesquiera rutas que quiera que el personaje tome por tanto tiempo como lo desee.

Pero el autor es finalmente responsable ante el lector, aunque esta responsabilidad es a menudo negada. El autor debe explicar al lector por qué un personaje eligió un camino en vez de otro — debe explicar o mostrar a través de la acción de la trama por qué el personaje eligió un camino en particular o cómo fue forzado a elegirlo por las circunstancias o por otros personajes — y el autor debe dejar claro que se trataba de un camino sustancialmente diferente.

En cada historia breve o cuento corto aparece una disyuntiva. El autor puede mostrar al personaje tomando un nuevo camino o mostrarle dejándolo pasar. En cualquier caso “algo le ha sucedido a alguien.” Como resultado de la acción de la historia — como resultado de lo que “sucede” en la historia — una ruta que el personaje pudo haber tomado, una forma que pudo haber adoptado, ya no es posible para él. O su vida ha tomado una nueva dirección, no importa cuán leve haya sido el cambio.

El destino es tan irreversible en la ficción como lo es en la vida. El autor puede emplear varios métodos para hacerle parecer al lector que el personaje tiene la elección, que puede ser distinto a como será, que tiene la oportunidad de actuar en forma diferente a como actúa. El lector se somete a estos métodos, primero que nada porque le deleitan, pero también porque él, a su vez, tiene sujeto al autor: lo que quiera que al final suceda, debe ser convincente. Esto es, en retrospectiva cada giro de la acción debe parecer inevitable.

“Carácter es Destino,” dijo Heráclito en el año 500 A.C. o algo así. Pero “Nuestros carácteres son el resultado de nuestra conducta,” añadió Aristóteles, unos cien años más tarde. Encontraremos el carácter y la acción aún más inseparablemente entrelazados en la ficción de lo que parecen estar en la vida.

Tomado del libro: Writing in General and the Short Story in Particular, de Rust Hills.


Para compartir:
¿Has pensado en ti mismo como el personaje de una historia de ficción, sujeto a la voluntad de un autor externo a ti mismo?

Para discutir:

Me parece que Rust se equivoca cuando dice que…

Para experimentar:

Considera alguna disyuntiva a la que te enfrentes actualmente y visualízate por unos segundos como el personaje que elige uno de los caminos posibles; luego, visualízate habiendo elegido el otro. Ahora completa, según tu experiencia: «Cuando visualizo mis posibles destinos como personaje, mi carácter se hace presente…»


Al final de esta entrada puedes incorporar tus comentarios y/o respuestas.
¿Por qué conviene al escritor llevar un diario?
Ikal Bamoa | November 16, 2009 | 9:00 am

A continuación les ofrecemos un par de textos breves sobre la utilidad de llevar un diario para el escritor de ficción o no ficción.

¿Es buena idea llevar un diario?

Por: Kirk Polking y varios. (Traducción: Difícil de Juglar)

Registrar ideas, impresiones y anécdotas...

Registrar ideas, impresiones y anécdotas...

Un diario puede ser invaluable para un escritor, puesto que registra ideas, impresiones y anécdotas que pueden tener un uso futuro. Por ejemplo, describir una persona que observaste en una calle de la ciudad puede no tener relevancia para ninguno de tus actuales proyectos de escritura, pero podrías recuperar esa descripción más adelante para encajar convenientemente en una historia breve (cuento corto).

El mismo principio aplica para el escritor que no escribe ficción en cuanto a ideas y anécdotas (ya sean observadas o escuchadas) registradas en un diario. Aún si las notas de tu diario nunca llegan a la imprenta, la escritura misma del diario puede ayudar a tu carrera al inculcarte el hábito de escribir regularmente.

Para aprender más sobre llevar un diario, lee:

  • One to One, de Christina Baldwin
  • At a Journal Workshop, de Ira Progoff
  • The New Diary, de Tristine Rainer

Tomado del libro: Beginning Writer’s Answer Book”, editado por Kirk Polking, varios autores.

Ventajas de llevar un diario

Por William F. Hammond.
Taducción original: Edith Goel.
Adaptación: Difícil de Juglar

  • Te convierte en un mejor observador de los objetos y tu entorno.
  • Te ayuda poco a poco en convertirte en un pensador más flexible y fluido.
  • Ayuda a mejorar  a forma en que expresas lo que ves y sientes.
  • Te ayuda  a tener más conciencia y a sentirte más ligado a tu entorno y a aprender más sobre él.
  • Llevar un diario se trata de un camino y no de una meta. Es un estímulo para tocar, oler, escuchar, observar y observarte.
Para compartir:
1. ¿Has llevado un diario en algún momento de tu vida?
2. Si has combinado esa actividad con la escritura, ¿en qué forma la enriqueció o afectó?

Para experimentar
Si actualmente no llevas un diario, hazlo durante una semana. Si la experiencia resulta reveladora, cuéntanos cómo te fue.

Al final de esta entrada puedes incorporar tus comentarios y/o respuestas.

Semillas ficticias
Ikal Bamoa | November 9, 2009 | 10:00 am

Por Lisa Lenard-Cook. Traducción: Difícil de Juglar.

Es una noche oscura y tormentosa. No, de verdad. Lo es. Conduces a casa desde, digamos, una junta de padres de familia, y la lluvia se está volviendo nieve. Al dar la vueta en una esquina conocida, tus luces iluminan a una mujer que avanza con dificultad por un costado del camino, arrastrando una maleta.

No puedes evitarlo. Te orillas. Le preguntas si quiere que la lleves. Ella niega con la cabeza. Insistes. Niega con la cabeza más vehementemente. Luego, se va.

lluviaTe reincorporas al camino. ¿A dónde iba? te preguntas. ¿De dónde venía? ¿Y por qué estaba fuera en una noche así, para empezar? ¿Por qué rechazó tu oferta de llevarla? Mientras conduces hacia casa (despacio, ahora; las calles se van haciendo más resbaladizas con aguanieve), casi puedes ver la pelea con un esposo abusivo que debió ser la última gota. O tal vez fue uno de sus padres—es posible que aún fuera una adolescente. Después de todo, no alcanzaste a verle bien…

¿Pero por qué una pelea? Tal vez su auto se descompuso y no acepta que la lleven desconocidos, ni si quiera padres de familia benignos que vengan de regreso de juntas en la escuela de sus hijos. ¿Pero qué tal si ella misma no es tan benigna? Es posible que recién matase a ese marido abusivo y que lo último que quiera es que alguien note su existencia, alguien que la pudiera relacionar con el barrio del crimen. Ella no pudo evitarlo, desde luego. Fue un accidente…

Sin embargo, ahora, tú la has visto, de modo que la policía podría venir a buscarte, la única persona que la vio en este noche oscura y tormentosa…

Y así comienza: El obsesivo vuelta y vuelta que es la mente de un escritor de ficción. Si alguna vez e has preguntado de dónde sacamos nuestras ideas, probablemente no eres un escritor de ficción. Aquellos de nosotros que nacimos obsesionándonos, preocupándonos por cosas que la mayoría de la gente (gente que nosotros los escritores sabemos que son mucho más “normales” que nosotros) ni siquiera registra. Mi marido es una de esas personas normales, y tenerlo cerca es maravillosamente afirmante. Pero eso no significa que imágenes como la de esa mujer no se queden adheridas a mi cabeza. De hecho, aunque cambié algunos detalles, una vez sí me detuve a ofrecer ayuda a una mujer con una maleta en una noche tormentosa en el suroeste de Colorado, a una mujer que rechazó mi oferta de llevarla.

Tomado del libro: “The Mind of Your Story, Discover What Drives Your Fiction”, de Lisa Leonard-Cook.

Para compartir:
1. ¿Te identificas con lo que la autora dice sobre “el obsesivo vuelta y vuelta”?
2. Completa, según tu experiencia: «Cuando concibo una historia, en el espacio íntimo de mi mente…»
Para discutir:
1. Cuando esto me sucede… / A mí más bien lo que me pasa es…
2. Me parece que
Lisa se equivoca cuando dice que…

Para crear:
Elige un hecho cualquiera que hayas presenciado hoy mismo y juega con las posibilidades alrededor del protagonista, sus circunstancias, su pasado y su futuro inmediatos.

Al final de esta entrada puedes incorporar tus comentarios y/o respuestas.
El yo renuente
Ikal Bamoa | November 9, 2009 | 10:00 am

En el libro “The 3 A.M. Epiphany: Uncommon Writing Exercices That Transform Your Fiction”, publicado por Writer’s Digest Books (2005), Brian Kiteley nos ofrece una serie de actividades de creación literaria cuidadosamente confeccionadas, de gran utilidad para explorar la forma en que, como escritores, abordamos la ficción. La meta de estos ejercicios es, según Kiteley «enseñar a los escritores cómo permitirle a su ficción encontrarse a sí misma».

La siguiente propuesta se presenta en la sección “Punto de vista”, en la que cada ejercicio explora una aproximación distinta por parte del narrador.

Por Brian Kiteley. Traducción: Difícil de Juglar.

Escribe una historia en primera persona en la que uses el pronombre de primera persona (yo o mi o ) sólo dos veces—pero mantén el yo importante de alguna forma para la narrativa que estás construyendo. El punto de este ejercicio es imaginar un narrador que está menos interesado en sí mismo que en lo que está observando. Puedes hacer al narrador alguien que ve un evento interesante en el que no necesariamente participa. O puedes hacerlo autoborrante*, no obstante que sea un participante fundamental en los eventos relatados. Es muy importante en este ejercicio asegurarte de que tu lector no se sorprenda, después de cuartenta o cincuenta palabras de narración, de que esta es una narración en primera persona. Muéstranos pronto quién está observando la escena. 600 palabras.

Las personas que suelen caernos mejor son aquellos que están mucho más interesados en otras personas que en ellos mismos, que son desinteresados y considerados, cuya conversación no es un torrente de observaciones sobre sí mismo (como el tipo que, después de hablar de él mismo a una mujer en una fiesta durante media hora, dice: “Basta de hablar de mí, ¿qué piensas de mí?”). No estoy intentando legislar sólo personajes o narradores simpáticos. Utilizo el ejemplo anterior de yos sociales exitosos para dar una idea de lo que la ficción exitosa requiere. Otra lección que podrías aprender de este ejercicio es cuán importante es permitir a las cosas y a los eventos hablar por sí mismos, más allá del ego de la narración.

*Entiéndase por autoborrante que procura pasar desapercibido. [N. del T.]

Tomado del libro: The 3 A.M. Epiphany: Uncommon Writing Exercices That Transform Your Fiction”, de Brian Kiteley.

Para juglar:
1. Encuentra un momento para juglar con el reto que presenta Brian Kiteley.
2. Si te quedaste con ganas de más, escribe un microrrelato de máximo 39 palabras con este tipo de narrador “yo renuente”.

Para compartir:
1. ¿Qué experimentaste durante el proceso creativo?
2. ¿Hubo algo en este ejercicio que te resultara particularmente complicado, divertido, fácil, interesante?
3. ¿De qué manera crees que un narrador “yo renuente” apoya el relato de una historia?

Para conservar:
Registra tus descubrimientos y aprendizajes.

Al final de esta entrada puedes incorporar tus comentarios y/o respuestas, si así lo deseas.

¿Escribo porque soy escritor, o soy escritor porque escribo?
Ikal Bamoa | October 22, 2009 | 11:59 pm

Las letras que tecleo o garabateo conspiran para que las palabras que forman, revelen algo. Idealmente, yo estoy detrás de esa conspiración. Idealmente revelarán algo semejante a lo que me propuse que revelen. Y también idealmente, la consecuencia de esa revelación resultará de algún modo significativa para quien las lea. En el espacio íntimo de mi mente, urdo, maquino, edifico. ¿Disfruto? ¿Padezco? ¿Descubro? Lo único seguro: Soy.

Si escritor es la persona que escribe, lo somos todos tras cruzar el umbral de la lectoescritura. Pero no. Solemos llamar escritor a quien asume un rol creativo para construir textos (informativos). Eso acota el universo considerablemente, pero detengámonos un momento a considerar dos posibles autodefiniciones del escritor:

  1. Quien escribe y, en consecuencia, se denomina y autodenomina escritor. 

  2. Quien se percibe, se intuye o se sabe a sí mismo como escritor y, por ende, escribe.

La diferencia entre estas dos aproximaciones no podría ser mayor ni más profunda. Si pertenezco al primer grupo, obtengo mi denominación por la mera descripción de mis acciones («Soy lo que hago»). Si pertenezco al segundo, mi quehacer es la natural consecuencia de mi visión de mí mismo («Hago lo que soy»). Ocupación versus vocación. Realidad versus identidad.

Por supuesto, esta dicotomía simplifica demasiado un panorama bastante más complejo: ¿Qué pasa si me considero escritor, pero jamás escribo? ¿Y si escribo diariamente pero, por cualquier razón, no me considero escritor? Sin duda hay incontables otras posibilidades; acaso tantas como escritores. Pero detengámonos a considerar simplemente estas dos opciones. ¿Soy escritor porque escribo? O escribo porque soy escritor.

Me atrevo a decir que la respuesta que cada uno damos a esta pregunta determina mucho de nuestra obra, de nuestra vida, y de la relación entre una y otra.

 

Para compartir:
1. ¿Qué es, en tu opinión, un escritor?
2. Completa, según tu experiencia: «Cuando escribo, en el espacio íntimo de mi mente…»

 Para discutir:
1. La respuesta que yo doy es…
2. Me parece que Ikal se equivoca cuando dice que…

Para crear:
Imagina un día cualquiera en la vida de dos escritores distintos: (1) uno que ‘es lo que hace’ y (2) otro que ‘hace lo que es’. ¿Cómo narrarías el día de cualquiera de ellos en doce palabras o menos?

Al final de esta entrada puedes incorporar tus comentarios y/o respuestas.

Writing in General and the Short Story in Particular: An Informal Textbook
Ikal Bamoa | January 1, 2009 | 12:00 am

Writing in General and the Short Story in Particular

Writing in General and the Short Story in Particular

Autor:
Rust Hills

Editorial:
Mariner Books / Houghton Mifflin Company (http://www.houghtonmifflinbooks.com)

Edición:
Primera para Mariner Books

Año de edición:
2000

Año de publicación original:
1977, 1987 (Revised edition)

ISBN:
0-395-44255-9
0-618-08234-4 (pbk.)

The Mind of Your Story: Discover What Drives Your Fiction
Ikal Bamoa | January 1, 2009 | 12:00 am

The Mind of Your Story: Discover What Drives Your Fiction

The Mind of Your Story: Discover What Drives Your Fiction

Autora:
Lisa Leonard-Cook

Editorial:
Writer’s Digest Books (www.writersdigest.com)

Edición:
Primera

Año de publicación:
2008

ISBN:
978-1-58297-488-0