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Juglemos a filosofar
Lúdico Jiménez de Atar | July 2, 2010 | 11:15 am

Los títeres trovadores como yo somos un poco filósofos. ¿Cómo  no serlo cuando tenemos la cabeza llena de trapo, de sueños y de invenciones? Yo muchas veces, sumergido en las profundidades de mi maleta, me pregunto qué tan diferente puede llegar a ser este mundo que compartirmos títeres y humanos. ¿Si el cielo raso de mi maleta fuera menos chaparro, los borreguitos que cuento para dormir podrían saltar más alto? ¿Si la luna es de queso, quién es el enorme ratón que se la come todos los días un poquito hasta desaparecerla? ¿Quién es la quesera que vuelve a poner una bola nueva en el mostrador del cielo?

La palabras “si” es muy importante para los títeres poetas que somos un poco filósofos, porque abre la puerta a toda clase de posibilidades que entran dando brincos, y traen sorpresas y fotos con mundos nuevos. La palabra “entonces” que sigue a “si” también es muy importante, es la que  nos toma de la mano (a los títeres nos toma con la mano) y nos lleva esos lugares nuevos para que los admiremos con nuestros propios ojos.

¿Quieren probar a hacer un ejersucio con “si…entonces” a semejanza de este poema, de títere anómimo:

Si todas las cosas fueran eternas
y nada se terminara;
¿Cómo podríamos ponerle fin
a este verso aquí?

Pies para volar
Lúdico Jiménez de Atar | May 21, 2010 | 4:19 pm

A los títeres jugletones como yo, nos gusta jugar a completar y tergiversar lo que otras personas dicen, pero de ningún modo lo hacemos para fastidiar a nadie. Nos gusta este jueglito  porque lo que otros dicen o escriben siempre da pie a que nuestra imaginación vuele, y como los títeres de guiñol no tenemos pies, pues ¿qué mejor que usar los de los otros? Eso me lleva a preguntarme: ¿la imaginación necesita pies para volar? ¿Acaso no únicamente precisa de alas? Yo creo que sí son necesarios los pies, pues de lo contrario ¿cómo despegar? ¿Cómo poner volver a tocar tierra para poner por escrito lo que construimos en el aire?

Los pies o “inicios” dados en los ejersucios literarios, son un excelente pre-texto para que nos fijemos en las palabras.Las palabras son mágicas, pero no siempre nos detenemos a saborear o descubrir su magia.  ¿Te animas a degustar estos tentempiés juglados en twitter y a inspirarte para  continuar?

Escribía historias invisibles, pero sin éxito. Sus ideas eran tan transparentes que nadie se dio cuenta. (@Yuanliao)

Escribía historias invisibles con personajes transparentes. (@Otramaria)

Detestaba tanto a los críticos, que les escribía historias invisibles. (@Jimeneydas)

Escribía historias invisibles, de esas que se leen con los ojos del alma, nunca con los del cuerpo; perceptibles solo al lector curioso y juguetón… (@Amareto)

Escribía historias invisibles para lectores con prisa. (@Juanlumora)

Escribía historias invisibles de humor que se convirtieron en terror: para leerlas, se arrancaron los ojos. (@Yuanliao)

Sus historias invisibles tuvieron tanto éxito que se llevaron al cine. Todos disfrutábamos durante horas frente a la pantalla en blanco. (2Javi_dice)

Escribía historias invisibles, alegremente aceptadas en el país de aquí no pasa nada. Todo era perfecto! ¿Qué podría delatar a las verdades? (@vv74)

Escribía historias invisibles, nadie lo supo nunca. (@oneeyedman)

Escribía historias invisibles que se perdían cuando no recordaba dónde las había dejado. (@Soybelisa).

Escribía historias invisibles, paulatinament invis bl N d o g í e a . N . N a. (@Iulius)

Escribía historias invisibles que hablaban de fantasmas. (@cosechadel66)

Escribía historias invisibles con la tinta de sus manos agotadas y tristes; las historias que serían su historia. (@Cosettex)

Escribía historias invisibles para ojos sordos.(@tintaalsol)

Escribía historias invisibles, no era raro que se atormentara cuando no lograba ver el final. (2otramaria)

Escribía historias invisibles para quienes no eran capaces de ver la alegría en su vida. (@Monfor)

Escribía historias invisibles mientras notas fantasmas le entristecían el alma. Todo estaba listo para entrar en el abismo. (@vv74)

Escribía historias invisibles. Tenía el escritorio lleno de hojas en blanco. (@Juanlumora)

Escribiría historias invisibles, nunca antes vistas…ni después. ( @supergrillo).

Te receto un poema
Lúdico Jiménez de Atar | April 13, 2010 | 9:20 am

Los títeres jugletones  no nos conformamos con inventar historias, a veces también las copiamos. Un poquito, claro, “tantito nomás” como decía mi abuelita Anacleta Calcetín viuda de Jiménez.  Una ilustre títera de guiñol; que cuando perdió a su pareja, (como suele pasarle a casi todos los Calcetines del mundo) se retiró del  teatro infantil, y se dedicó en cuerpo y alma a cocinar. Cocinando fue que conoció a su segundo amor, un guate de cocina que le acompañó en todas sus aventuras culinarias. 

Ella me legó un hermoso recetario escrito a ambas manos, del cual he sacado innumerables recetas para agasajar a mis invitados humanos. ¿Innumerables? Así es, aunque el recetario sólo contiene treinta guisos, yo suelo inspirarme en ellos para crear infinitas versiones de cada uno. Lo mismo suelo hacer cuando escribo.

Les propongo ejersuciarnos hoy con una receta cuyos pasos principales pongo a continuación: Recuerda que puedes hacerle modificaciones, una cuarta estrofa inclusive, o escribir el ejersucio en párrafos de prosa en lugar de en verso.

Primera estrofa: debe empezar con la palabra “pienso”, y debe contener el nombre de un personaje de historieta  y un color.

Segunda estrofa: Debe empezar con la palabra “deseo” y debe contener el nombre de un país y el nombre de una máquina.

Tercera estrofa: debe empezar con la palabra “espero” y contener el nombre de un animal y de un sentimiento.

Ejemplo:

Pienso en tu beso al viento,
en tus pestañas de Betty Boop,
en el azul de tus sentimientos.

Deseo que viajes junto a tu voz
por el teléfono que te llamó
desde la Jugla de mi nostalgia.

Espero tu aviso de ¡ahí te voy!
mientras te aguardo en mi maleta
que es donde guardo el amor que siento.

Poemas para pegar el refri III
Lúdico Jiménez de Atar | March 11, 2010 | 8:45 am

No siempre coincido con Carmen María para ponernos de acuerdo sobre lo que propondremos para juglar. Ya sé que en estos tiempos lo que vendría bien sería enviarle un mensaje a su teléfono móvil o algo parecido, pero como soy un títere romántico incorregible, (lo de romántico e incorregible por separado) prefiero dejarle un recado de mi puño y letra. Lo hago desde que descubrí que podía enviar recados en forma de poemas, como este de William Carlos Williams:

Escribo sólo para decirte:

Que me comí
las ciruelas
que había en
la heladera.

Y que tú
probablemente
guardabas para
el desayuno.

Perdona
estaban deliciosas
tan dulces
y tan frías.

¿Podrías escribir tú algún recado semejante? ¡Yo creo que sí! Cuando yo era un títere estudiante tenía alguna dificultad para redactar mis tareas…¡pero ninguna para comunicarme por medio de notitas con mis compañeros y compañeras!

Fíjate en la estructura del poemita de Williams y ¡A juglar se ha dicho! No olvides venir a compartirnos tu ejersucio, que aquí lo presumiremos como si esta fuera la orgullosa puerta de un refrigerador.

Ejemplo de Carmen María

Escribo sólo para decirte:

Que descubrí
una libélula
sobrevolando
mi mañana.

Las libélulas
se dice,
son señal
de buenas nuevas.

Abre tu ventana
al mediodía
que ahí estaré
para visitarte.

Ejemplo de Lúdico Jiménez

Escribo sólo para decirte:

Que no pude despegar
mis ojos de botón
de tu vestido.

Se quedarán
cosidos a ti
por culpa
de tu buen gusto.

Qué linda
te ves hoy
tan elegante
y tan magnética.

Poemas para pegar en el refri II

Poemas para pegar en el refri


¿Y qué más?
Lúdico Jiménez de Atar | February 13, 2010 | 9:00 am

¡A juglaaaar, se ha diiiichoooo!

Como en otras ocasiones, hoy este títere jugletón les descubrirá una de sus artimañas que, si se aplican a la actividad literaria, resultan de gran utilidad. Se trata de multiplicar palabras para generar, a partir de una frase o idea breve, un texto bastante más largo.

Les narro un poco del origen de esto. Hace algún tiempo trabajé con un juglar ventrílocuo medio deschavetado llamado Don Benigno, gran entusiasta del delirio improvisacional, que nunca tenía un guión íntegro para sus presentaciones. Resulta que al final de cada show, mientras se cambiaba de ropa y los muñecos descansábamos un poco, Don Beni repasaba en voz alta lo que había gustado de nuestro número y lo que no. Esto nos servía a todos para ir aprendiendo y, sobre todo, para generar ideas de qué hacer en la próxima ocasión. Luego, antes de guardarnos en la maleta, Don Beni escribía alguna frase en un papelito y nos decía: «Ahí trabájenle». Generalmente se trataba de frases muy cortas como: “Olaya cayó al pozo de los deseos”, “fuimos a tomar el té al purgatorio” o “demostraremos haber inventado el arcoiris”. Y ya. Eso era todo. Durante las siguientes horas, dentro de la maleta, mis compañeros y yo juglábamos y juglábamos con la idea recibida. Aunque las primeras veces nos pareció desconcertante y nos pesó la responsabilidad de generar ideas, muy pronto aprendimos a disfrutarlo enormemente. Nos dimos cuenta de que juglar en muchas ocasiones implica sacarle a una idea, a una frase, a una palabra, todo el juglo posible. Con la frasecilla sobre la mesa y el ánimo jugletón bastaba para que llovieran ideas.

Al salir de la maleta la noche siguiente, ya teníamos muchísimo material. Situaciones esbozadas o bien definidas, anécdotas, chascarrillos, coplas e incluso coreografías. Don Benigno nunca nos hacía ensayar y ni siquiera preguntaba cómo nos había ido de creatividad. Simplemente nos hacía alguna que otra pregunta y nos dejaba guiarle por todo el repertorio surgido de la frase propuesta por él. Si por ejemplo se hubiese tratado de la caída al pozo, habría comenzado preguntando: «Eh Lúdico. No veo a Olaya por ningún lado. ¿No tenía que estar aquí contigo?» Y de mi respuesta, que él ignoraba, nos encaminaríamos a la subsecuente narración improvisada, tan fresca para él como para nosotros y, por supuesto, para el público.

Titerato

¿Y si además de eso sucediera esto? ¿Y si en vez de aquello sucediese lo otro?

Hace ya tiempo que no trabajo con ventrílocuo, pero ahora que soy un titerato (es decir un títere aficionado a la literatura) disfruto muchísimo de seguir ejersuciándome con esta misma dinámica. Tomo una frase, una microficción, una greguería, o cualquier texto breve, y lo exprimo para sacarle todo el juglo posible. La idea no es crear paja agregando palabras sin ton ni son, si no imaginar el resto de la historia. ¿Qué pudo pasar antes? ¿Qué podría pasar después? ¿Y si además de eso sucediera esto? ¿Y si en vez de aquello sucediese lo otro? Si los sucesos son pedacitos de historias y las historias son fragmentos de vidas, ¿qué más podría haber en esa(s) vida(s) que impactase de algún modo eso que estoy imaginando? Este ejersucio puede no tener fin, evidentemente. Pero para fines de mera práctica, propongo que nos limitemos a unas doscientas palabras, como máximo.

Aquí te ofrezco un puñadito de “pies” o puntos de partida para que, a fuerza de preguntarte y dejar que los juglos de tu imaginación respondan, ejercites tus músculos creativos y escribas una microficción:

  • Deshago encuentros más recortables que recordables. (Carmen María Hergos)
  • Cúcara mácara, títere fue. (Copla popular)
  • Murió de enfisema aquella fábrica de alegres chimeneas. (Ikal Bamoa)
  • Vendrá el crepúsculo a arruinarnos la tarde. (Lúdico Jiménez de Atar, yo mero)
  • Miro atrás y veo la razón. (Gustavo Cerati)
  • Tatuó en su espalda una ranura de alcancía. (Don Beni)

Si ya dominas la técnica de la infusionización, puedes desde luego combinarla con este ejersucio, a fin de expandir el horizonte de tus ideas más allá de lo que inicialmente imaginarías. ¡Y hey! No guardes tu ejersucio en la maleta, que todos lo queremos leer. Aquí te esperamos de vuelta, como siempre.

Más ejersucios:

Verso gruyére

Proyectos de poemas

Unos pasitos dados y un salto al vacío

Infusionizar (Parte II)
Lúdico Jiménez de Atar | January 20, 2010 | 9:00 am

¡Qué mejor que comenzar el día con un tecito de alféizar! ¿No lo han probado? ¡Qué tal una jarra bien helada de infusión de lentejuela? O una humeante taza de té de solfeo. ¡Caray! Sólo de escribirlo me hormiguean las mariposas.

Con la facilidad y rapidez con que se toma una flor, una raíz, una corteza, una hoja o un sobrecito y, sumándole agua hirviente, se obtiene una pócima con poderes propios, se pueden generar verdaderas avalanchas de ideas embriónicas.

Cuando a un títere jugletón se le confía la tarea de escribir su propio material, lo primero que hacemos es infusionizar. Minutos después, ante un pingüe exceso de embrioncitos de ideas, nos deleitamos juglando con cada una de ellas. ¿El resultado? Abundante, garantizado. ¿Bueno? A veces. Divertido, siempre.

He aquí las instrucciones de este muy sencillo aunque poderosísimo ejersucio:

  1. Ten lápiz y papel a la mano. Por supuesto que puedes usar tu computadora. O lápices de color, crayolas, pinceles, cualquier medio para registrar ideas conforme vayan surgiendo.
  2. Elige una palabra. Se recomienda un sustantivo, pero si lo prefieres puedes usar un adverbio, un adjetivo o un verbo.
  3. Haz espacio en tu mente para un gran perol de agua y etiquétalo con el nombre del catalizador de tu elección. Por ejemplo “INAUDITO”, “MAGIA”, “PARADOJA”, “FALSO”, “ABSURDO”
  4. Enciende la llama y calienta hasta que el agua grite con burbujillas que ya tuvo suficiente del calor. Esto implica, “sintonizarnos” mentalmente con lo inaudito, la magia, la paradoja, lo falso, lo absurdo o cualquier catalizador seleccionado.
  5. Deposita la palabra que elegiste en un principio dentro del perol. Es decir, llévala al terreno de lo inaudito, lo mágico, lo paradójico, lo falso, lo absurdo, o lo que hayas elegido.
  6. Ten presente  la naturaleza descontrolada e incontrolable del hervor: No intentes detenerlo o controlarlo, que eso arruina el proceso infusionizador.
  7. Registra todo lo que surja, tal y como surge. Ya después dedicarás tiempo a ponderar cada idea, y a trabajar con las que elijas.

Tras haber infusionizado, tendrás en tus manos bastane materia prima para escribir al menos un texto, posiblemente varios. Déjala reposar un par de minutos y… ¡A juglar se ha dicho! Dale a cada embrioncito de idea su oportunidad de convertirse, en tus manos, en una microficción, una greguería, un haikú… o cualquier forma de prosa o verso que parezca sentarle mejor. Hace unos días puse a Ikal a hacer esto un rato y su ímpetu infusionizador fue tal, que me dejó gobernar su cocina por unas horas como sólo yo sé hacerlo. Es frecuente perder la noción del tiempo durante un ejersucio de infusionización, así que, si te pasa, no temas. ¿Te recomendaría yo algo peligroso acaso?

Pues no se hable más. A elegir palabras infusionizables. O dicho de otra forma, ¿de qué quieres tu primer tecito? ¡A infusionizar se ha dichooo!

El extractor de emociones
Lúdico Jiménez de Atar | January 6, 2010 | 9:00 am

Hace algún tiempo presencié una discusión entre un alicaído títere trovador que cantaba sobre su corazón roto y deshilachado, y un ventrílocuo mofletudo y bonachón que, para consolarle, le explicaba: «¡Pero Ataúlfo… si los títeres no tienen corazón!». Confieso que me contuve de intervenir yéndomele a golpes al tipo, sólo por respeto al pacto ancestral de no agresión que existe entre humanos y títeres desde el principio de los tiempos, pero ganas no me faltaron.

¡Habráse visto semejante ignorancia! ¡Si los títeres somos puro corazón! No tendremos el amplio repertorio de matices que da la expresividad facial humana, pero ni falta que nos hace. Tenemos siempre las emociones a flor de tela, y estamos además dispuestos a contactarlas y exteriorizarlas sin reparos, cosa que, según sé, a varios humanos se les dificulta.

En particular, aquellos que como Ataúlfo y yo tenemos por oficio entretener, cantar y contar historias, nos valemos de un recurso infalible para tener siempre material fresco y relevante para trabajar: El extractor de emociones. Sin revelar del todo cómo funciona (ya que violaría un secreto profesional celosamente atesorado por mi gremio) les propongo que utilicemos esta idea para el ejersucio de hoy. ¿Listos?

  1. Visualiza el trayecto que separa el sitio donde amaneciste hoy del lugar donde te encuentras ahora mismo.
  2. Haz una lista de entre 6 y 12 palabras que representen cualquier momento, lugar, objeto, ser vivo o situación que se hayan hecho presentes durante ese trayecto hoy o cualquier otro día. Pueden ser sustantivos, adjetivos, verbos, adverbios… no importa.
  3. Separa una hoja en dos columnas:
    1. En la primera columna pon tus palabras elegidas, en cualquier orden.
    2. A la derecha de cada palabra (en la segunda columna) escribe una o más emociones que podrías relacionar con ella, por la razón que sea.
  4. Ahora olvídate por un momento de la columna izquierda y observa la lista resultante de emociones. Si te es posible, agrúpalas o clasifícalas en dos o más grupos, bajo el criterio que desees.
  5. Vuelve a la columna izquierda e identifica en esa lista un ser (animal, planta, persona, objeto) para protagonizar una breve historia.
  6. Identifica ahora una emoción predominante en la lista de la derecha —o bien, elige una al azar— y haz que ésta sea la que defina a tu protagonista y/o su motivación principal.
  7. Escribe una historia de máximo 100 palabras usando cualquiera o todos los elementos de ambas listas.
  8. Ten presente que al definir a un personaje a partir de sus emociones, sus acciones suelen guardar una relación de armonía o contraste con dichas emociones.

No es necesario (aunque sí muy divertido) que invites a tus amigos a disfrazarse y representar tu historia para un público, como solemos hacer los títeres jugletones en estos casos. Sin embargo, si deseas compartir tu resultado con nosotros en la sección de comentarios, lo leeremos como siempre con enorme gusto.

¡A juglaaar se ha dichooo!

Microhistorias de recetario
Lúdico Jiménez de Atar | December 16, 2009 | 9:00 am

¿En qué imaginan que ocupa su tiempo un títere jugletón como yo? Si creen que todo es coser y cantar… Están casi en lo cierto. Pero a veces también escribo historias minúsculas —casi sin letras mayúsculas. Es como un deporte. Y si se imaginan un deporte suave como el rugby o el snowboarding, se equivocan. Para alguiencito como yo, que debe abrazarse al lápiz como quien baila con una escoba pero sin pulgares, escribir es un deporte verdaderamente extremo. Tomen además en cuenta que, en vez de materia gris, cuento con materia blanca: estopa. Eso, a decir verdad, no me facilita nada las cosas. Pero tampoco me impide intentarlo una y otra y otra vez.

Así que hoy les compartiré un recurso de calistenia muy socorrido en la comunidad ludópata titeril: Escribir con receta. Y no hablo de receta médica. (Poco saben los médicos de literatura, y casi todos tienen una caligrafía tan atroz que parece que les falta pulgar, índice y cordial.) Hablo, más bien, de receta de cocina. ¿Les suena?

¿Quién no ha intentado seguir las instrucciones de una cajita de postre de esos de dos minutos? O bien, seguir los pasos acuciosamente manuscritos por la bisabuela en un papel ictérico, casi intocable. Pues bien, cocinar con recetario es, por un lado bastante sencillo (“No pienses… sólo se sigue la receta”) y, por otro, un tanto retador (“¿Qué tan alto llevará el copete una cucharada copeteada?” “¿Y si mi fuego lento se retrasa demasiado?” “¿Qué pasará si al dente de la pasta le sale caries?” “¿Y si en vez de albahaca pongo altohoro?”). Sin embargo, como por arte de magia, a medida que persistimos en intentar e intentar, los platillos van resultando cada vez mejores. Y no sólo eso. Además, vamos adquiriendo la confianza para modificar intuitivamente las recetas, sin resultados devastadores.

Así que ¿quién quiere juglar? En la latita de lombrices encontré un ejemplo de este tipo de ejersucio: Una serie de nanoficciones llamada “Inocentes“. Algunos ejemplos de esta serie son:

  • Como momias inocentes, aguardamos nuestra exhumación.
  • Como pirámides inocentes, relatamos nuestra erosión.
  • Como aguas inocentes, alcanzamos nuestra ebullición.
  • Como monos inocentes, desmentimos nuestra evolución.
  • Como abejas inocentes, urdimos nuestra emancipación.

La receta que usó Ikal, expresada sintéticamente como una fórmula, es:

Como ____s inocentes, ______mos nuestra _____ión.

O, expresada de manera más cercana a un recetario:

Receta para crear historias diminutas al rededor del tema de la inocencia

Ingredientes

  • Palabra inicial Como (sin acento)
  • Cualquier palabra (puede ser un sustantivo aunque no necesariamente) empleada en plural
  • Palabra inocentes
  • Una coma
  • Cualquier verbo conjugado en la primera persona plural de cualquier tiempo verbal, ya sea del indicativo, imperativo o subjuntivo
  • Palabra nuestra
  • Cualquier palabra terminada en ión
  • Punto final

Instrucciones

  • Toma los ingredientes y escríbelos en el riguroso orden en que están enlistados
  • Elige al gusto las palabras optativas

Sencillísimo ¿no? Pues no se hable más. Construye tu propia fórmula y compártenos la serie resultante. Si lo prefieres, puedes usar alguna de estas tres fórmulas jugletonas que sacamos del recetario ancestral de títeres juglarines:

  • ¡Sorpresa! [artículo] [sustantivo] que [verbo] en [pronombre posesivo] [sustantivo], [de tres a cinco palabras libres].
  • Esta [sustantivo] ha resultado [de una a tres palabras libres]: ¡[adverbio de cantidad] [sustantivo] y [adverbio de cantidad] [de dos a cuatro palabras libres]!
  • Camaleón [adjetivo], [verbo] que [dos palabras libres].

Si ya elegiste los ingredientes, ten presentes las siguientes:

Instrucciones

  • Toma los ingredientes y escríbelos en el riguroso orden en que están enlistados
  • Elige al gusto las palabras optativas
  • Agrega la dosis generosas que considere adecuada de ingenio, humor, ferocidad, ternura o cualquier emoción o idea que consideres estimulante y/o provocativa
  • Sírvenos a todos: Comparte tus nanoficciones resultantes en la sección de comentarios
La nota del laúd IX
Lúdico Jiménez de Atar | December 13, 2009 | 7:37 pm

laudNadie sabe cómo ni cuándo se crearon los primeros textos. Unir palabras al hablar es normal y creador, aunque no sean más que frases útiles para el caso, completamente efímeras. Pero, de vez en cuando, se produce una combinación tan notable que llama la atención de los hablantes. Hace que se distraigan del asunto que están tratando, para fijarse en las palabras mismas. Y es posible que la expresión feliz se grabe en la memoria como un sintagma memorable que empieza a circular de boca en boca. La dicha de lo bien dicho puede crearse sola, y el lector que se fija en esa felicidad y, para repetir la experiencia, fija la secuencia nacida espontáneamente, crea el texto.

—Gabriel Zaid

Acróstico jugletón
Lúdico Jiménez de Atar | November 30, 2009 | 9:01 am

Ahora juglaremos
Con una palabra o frase,
Rompiéndola de manera que
Ocupe cada una de
Sus letras una línea.
Tenemos que escribir un texto
Iniciando cada renglón
Con la palabra correspondiente y
Olvidando, si se desea, rima y métrica.

Juegla con
Una o varias palabras del
Grupo que proponemos, o bien,
Libremente
Elige las que
Tú prefieras.
Ofrecemos, a continuación
Nuestros tres ejemplos:

TÍTERE
Tengo la
Impresión de no
Tener
El control de mis
Respuestas
En ocasiones.

—Lúdico Jiménez de Atar

HAZMERREÍR
H
azme bailar con nuevos pasos
A
ntes que solos se rebelen
Z
apatos rojos, por todos lados,
M
ientras las luces lo permitieren.
E
ntonces locos, y casi alados,
R
ompiendo moldes azapatados,
R
eiré con ellos casi llorando y
E
staré toda provocativa,
I
ntensa y lúdica… ¿casi una diva?
R
emotamente.

—Carmen María

ESPEJO
Eres.
—¿Soy?
Pero…
E
ras
J
oven.
¿O no?

—Ikal Bamoa

Algunas palabras sugeridas para tus acrósticos:

  • Suspiro
  • Anteojos
  • Cacerola
  • Espejismo
  • Insólito
  • Amanecer
  • Itinerante
  • Travesía