Posts by author: Lúdico Jiménez de Atar

Poemas para pegar el refri III
Lúdico Jiménez de Atar | March 11, 2010 | 8:45 am

No siempre coincido con Carmen María para ponernos de acuerdo sobre lo que propondremos para juglar. Ya sé que en estos tiempos lo que vendría bien sería enviarle un mensaje a su teléfono móvil o algo parecido, pero como soy un títere romántico incorregible, (lo de romántico e incorregible por separado) prefiero dejarle un recado de mi puño y letra. Lo hago desde que descubrí que podía enviar recados en forma de poemas, como este de William Carlos Williams:

Escribo sólo para decirte:

Que me comí
las ciruelas
que había en
la heladera.

Y que tú
probablemente
guardabas para
el desayuno.

Perdona
estaban deliciosas
tan dulces
y tan frías.

¿Podrías escribir tú algún recado semejante? ¡Yo creo que sí! Cuando yo era un títere estudiante tenía alguna dificultad para redactar mis tareas…¡pero ninguna para comunicarme por medio de notitas con mis compañeros y compañeras!

Fíjate en la estructura del poemita de Williams y ¡A juglar se ha dicho! No olvides venir a compartirnos tu ejersucio, que aquí lo presumiremos como si esta fuera la orgullosa puerta de un refrigerador.

Ejemplo de Carmen María

Escribo sólo para decirte:

Que descubrí
una libélula
sobrevolando
mi mañana.

Las libélulas
se dice,
son señal
de buenas nuevas.

Abre tu ventana
al mediodía
que ahí estaré
para visitarte.

Ejemplo de Lúdico Jiménez

Escribo sólo para decirte:

Que no pude despegar
mis ojos de botón
de tu vestido.

Se quedarán
cosidos a ti
por culpa
de tu buen gusto.

Qué linda
te ves hoy
tan elegante
y tan magnética.

Poemas para pegar en el refri II

Poemas para pegar en el refri


¿Y qué más?
Lúdico Jiménez de Atar | February 13, 2010 | 9:00 am

¡A juglaaaar, se ha diiiichoooo!

Como en otras ocasiones, hoy este títere jugletón les descubrirá una de sus artimañas que, si se aplican a la actividad literaria, resultan de gran utilidad. Se trata de multiplicar palabras para generar, a partir de una frase o idea breve, un texto bastante más largo.

Les narro un poco del origen de esto. Hace algún tiempo trabajé con un juglar ventrílocuo medio deschavetado llamado Don Benigno, gran entusiasta del delirio improvisacional, que nunca tenía un guión íntegro para sus presentaciones. Resulta que al final de cada show, mientras se cambiaba de ropa y los muñecos descansábamos un poco, Don Beni repasaba en voz alta lo que había gustado de nuestro número y lo que no. Esto nos servía a todos para ir aprendiendo y, sobre todo, para generar ideas de qué hacer en la próxima ocasión. Luego, antes de guardarnos en la maleta, Don Beni escribía alguna frase en un papelito y nos decía: «Ahí trabájenle». Generalmente se trataba de frases muy cortas como: “Olaya cayó al pozo de los deseos”, “fuimos a tomar el té al purgatorio” o “demostraremos haber inventado el arcoiris”. Y ya. Eso era todo. Durante las siguientes horas, dentro de la maleta, mis compañeros y yo juglábamos y juglábamos con la idea recibida. Aunque las primeras veces nos pareció desconcertante y nos pesó la responsabilidad de generar ideas, muy pronto aprendimos a disfrutarlo enormemente. Nos dimos cuenta de que juglar en muchas ocasiones implica sacarle a una idea, a una frase, a una palabra, todo el juglo posible. Con la frasecilla sobre la mesa y el ánimo jugletón bastaba para que llovieran ideas.

Al salir de la maleta la noche siguiente, ya teníamos muchísimo material. Situaciones esbozadas o bien definidas, anécdotas, chascarrillos, coplas e incluso coreografías. Don Benigno nunca nos hacía ensayar y ni siquiera preguntaba cómo nos había ido de creatividad. Simplemente nos hacía alguna que otra pregunta y nos dejaba guiarle por todo el repertorio surgido de la frase propuesta por él. Si por ejemplo se hubiese tratado de la caída al pozo, habría comenzado preguntando: «Eh Lúdico. No veo a Olaya por ningún lado. ¿No tenía que estar aquí contigo?» Y de mi respuesta, que él ignoraba, nos encaminaríamos a la subsecuente narración improvisada, tan fresca para él como para nosotros y, por supuesto, para el público.

Titerato

¿Y si además de eso sucediera esto? ¿Y si en vez de aquello sucediese lo otro?

Hace ya tiempo que no trabajo con ventrílocuo, pero ahora que soy un titerato (es decir un títere aficionado a la literatura) disfruto muchísimo de seguir ejersuciándome con esta misma dinámica. Tomo una frase, una microficción, una greguería, o cualquier texto breve, y lo exprimo para sacarle todo el juglo posible. La idea no es crear paja agregando palabras sin ton ni son, si no imaginar el resto de la historia. ¿Qué pudo pasar antes? ¿Qué podría pasar después? ¿Y si además de eso sucediera esto? ¿Y si en vez de aquello sucediese lo otro? Si los sucesos son pedacitos de historias y las historias son fragmentos de vidas, ¿qué más podría haber en esa(s) vida(s) que impactase de algún modo eso que estoy imaginando? Este ejersucio puede no tener fin, evidentemente. Pero para fines de mera práctica, propongo que nos limitemos a unas doscientas palabras, como máximo.

Aquí te ofrezco un puñadito de “pies” o puntos de partida para que, a fuerza de preguntarte y dejar que los juglos de tu imaginación respondan, ejercites tus músculos creativos y escribas una microficción:

  • Deshago encuentros más recortables que recordables. (Carmen María Hergos)
  • Cúcara mácara, títere fue. (Copla popular)
  • Murió de enfisema aquella fábrica de alegres chimeneas. (Ikal Bamoa)
  • Vendrá el crepúsculo a arruinarnos la tarde. (Lúdico Jiménez de Atar, yo mero)
  • Miro atrás y veo la razón. (Gustavo Cerati)
  • Tatuó en su espalda una ranura de alcancía. (Don Beni)

Si ya dominas la técnica de la infusionización, puedes desde luego combinarla con este ejersucio, a fin de expandir el horizonte de tus ideas más allá de lo que inicialmente imaginarías. ¡Y hey! No guardes tu ejersucio en la maleta, que todos lo queremos leer. Aquí te esperamos de vuelta, como siempre.

Más ejersucios:

Verso gruyére

Proyectos de poemas

Unos pasitos dados y un salto al vacío

Infusionizar (Parte II)
Lúdico Jiménez de Atar | January 20, 2010 | 9:00 am

¡Qué mejor que comenzar el día con un tecito de alféizar! ¿No lo han probado? ¡Qué tal una jarra bien helada de infusión de lentejuela? O una humeante taza de té de solfeo. ¡Caray! Sólo de escribirlo me hormiguean las mariposas.

Con la facilidad y rapidez con que se toma una flor, una raíz, una corteza, una hoja o un sobrecito y, sumándole agua hirviente, se obtiene una pócima con poderes propios, se pueden generar verdaderas avalanchas de ideas embriónicas.

Cuando a un títere jugletón se le confía la tarea de escribir su propio material, lo primero que hacemos es infusionizar. Minutos después, ante un pingüe exceso de embrioncitos de ideas, nos deleitamos juglando con cada una de ellas. ¿El resultado? Abundante, garantizado. ¿Bueno? A veces. Divertido, siempre.

He aquí las instrucciones de este muy sencillo aunque poderosísimo ejersucio:

  1. Ten lápiz y papel a la mano. Por supuesto que puedes usar tu computadora. O lápices de color, crayolas, pinceles, cualquier medio para registrar ideas conforme vayan surgiendo.
  2. Elige una palabra. Se recomienda un sustantivo, pero si lo prefieres puedes usar un adverbio, un adjetivo o un verbo.
  3. Haz espacio en tu mente para un gran perol de agua y etiquétalo con el nombre del catalizador de tu elección. Por ejemplo “INAUDITO”, “MAGIA”, “PARADOJA”, “FALSO”, “ABSURDO”
  4. Enciende la llama y calienta hasta que el agua grite con burbujillas que ya tuvo suficiente del calor. Esto implica, “sintonizarnos” mentalmente con lo inaudito, la magia, la paradoja, lo falso, lo absurdo o cualquier catalizador seleccionado.
  5. Deposita la palabra que elegiste en un principio dentro del perol. Es decir, llévala al terreno de lo inaudito, lo mágico, lo paradójico, lo falso, lo absurdo, o lo que hayas elegido.
  6. Ten presente  la naturaleza descontrolada e incontrolable del hervor: No intentes detenerlo o controlarlo, que eso arruina el proceso infusionizador.
  7. Registra todo lo que surja, tal y como surge. Ya después dedicarás tiempo a ponderar cada idea, y a trabajar con las que elijas.

Tras haber infusionizado, tendrás en tus manos bastane materia prima para escribir al menos un texto, posiblemente varios. Déjala reposar un par de minutos y… ¡A juglar se ha dicho! Dale a cada embrioncito de idea su oportunidad de convertirse, en tus manos, en una microficción, una greguería, un haikú… o cualquier forma de prosa o verso que parezca sentarle mejor. Hace unos días puse a Ikal a hacer esto un rato y su ímpetu infusionizador fue tal, que me dejó gobernar su cocina por unas horas como sólo yo sé hacerlo. Es frecuente perder la noción del tiempo durante un ejersucio de infusionización, así que, si te pasa, no temas. ¿Te recomendaría yo algo peligroso acaso?

Pues no se hable más. A elegir palabras infusionizables. O dicho de otra forma, ¿de qué quieres tu primer tecito? ¡A infusionizar se ha dichooo!

El extractor de emociones
Lúdico Jiménez de Atar | January 6, 2010 | 9:00 am

Hace algún tiempo presencié una discusión entre un alicaído títere trovador que cantaba sobre su corazón roto y deshilachado, y un ventrílocuo mofletudo y bonachón que, para consolarle, le explicaba: «¡Pero Ataúlfo… si los títeres no tienen corazón!». Confieso que me contuve de intervenir yéndomele a golpes al tipo, sólo por respeto al pacto ancestral de no agresión que existe entre humanos y títeres desde el principio de los tiempos, pero ganas no me faltaron.

¡Habráse visto semejante ignorancia! ¡Si los títeres somos puro corazón! No tendremos el amplio repertorio de matices que da la expresividad facial humana, pero ni falta que nos hace. Tenemos siempre las emociones a flor de tela, y estamos además dispuestos a contactarlas y exteriorizarlas sin reparos, cosa que, según sé, a varios humanos se les dificulta.

En particular, aquellos que como Ataúlfo y yo tenemos por oficio entretener, cantar y contar historias, nos valemos de un recurso infalible para tener siempre material fresco y relevante para trabajar: El extractor de emociones. Sin revelar del todo cómo funciona (ya que violaría un secreto profesional celosamente atesorado por mi gremio) les propongo que utilicemos esta idea para el ejersucio de hoy. ¿Listos?

  1. Visualiza el trayecto que separa el sitio donde amaneciste hoy del lugar donde te encuentras ahora mismo.
  2. Haz una lista de entre 6 y 12 palabras que representen cualquier momento, lugar, objeto, ser vivo o situación que se hayan hecho presentes durante ese trayecto hoy o cualquier otro día. Pueden ser sustantivos, adjetivos, verbos, adverbios… no importa.
  3. Separa una hoja en dos columnas:
    1. En la primera columna pon tus palabras elegidas, en cualquier orden.
    2. A la derecha de cada palabra (en la segunda columna) escribe una o más emociones que podrías relacionar con ella, por la razón que sea.
  4. Ahora olvídate por un momento de la columna izquierda y observa la lista resultante de emociones. Si te es posible, agrúpalas o clasifícalas en dos o más grupos, bajo el criterio que desees.
  5. Vuelve a la columna izquierda e identifica en esa lista un ser (animal, planta, persona, objeto) para protagonizar una breve historia.
  6. Identifica ahora una emoción predominante en la lista de la derecha —o bien, elige una al azar— y haz que ésta sea la que defina a tu protagonista y/o su motivación principal.
  7. Escribe una historia de máximo 100 palabras usando cualquiera o todos los elementos de ambas listas.
  8. Ten presente que al definir a un personaje a partir de sus emociones, sus acciones suelen guardar una relación de armonía o contraste con dichas emociones.

No es necesario (aunque sí muy divertido) que invites a tus amigos a disfrazarse y representar tu historia para un público, como solemos hacer los títeres jugletones en estos casos. Sin embargo, si deseas compartir tu resultado con nosotros en la sección de comentarios, lo leeremos como siempre con enorme gusto.

¡A juglaaar se ha dichooo!

Microhistorias de recetario
Lúdico Jiménez de Atar | December 16, 2009 | 9:00 am

¿En qué imaginan que ocupa su tiempo un títere jugletón como yo? Si creen que todo es coser y cantar… Están casi en lo cierto. Pero a veces también escribo historias minúsculas —casi sin letras mayúsculas. Es como un deporte. Y si se imaginan un deporte suave como el rugby o el snowboarding, se equivocan. Para alguiencito como yo, que debe abrazarse al lápiz como quien baila con una escoba pero sin pulgares, escribir es un deporte verdaderamente extremo. Tomen además en cuenta que, en vez de materia gris, cuento con materia blanca: estopa. Eso, a decir verdad, no me facilita nada las cosas. Pero tampoco me impide intentarlo una y otra y otra vez.

Así que hoy les compartiré un recurso de calistenia muy socorrido en la comunidad ludópata titeril: Escribir con receta. Y no hablo de receta médica. (Poco saben los médicos de literatura, y casi todos tienen una caligrafía tan atroz que parece que les falta pulgar, índice y cordial.) Hablo, más bien, de receta de cocina. ¿Les suena?

¿Quién no ha intentado seguir las instrucciones de una cajita de postre de esos de dos minutos? O bien, seguir los pasos acuciosamente manuscritos por la bisabuela en un papel ictérico, casi intocable. Pues bien, cocinar con recetario es, por un lado bastante sencillo (“No pienses… sólo se sigue la receta”) y, por otro, un tanto retador (“¿Qué tan alto llevará el copete una cucharada copeteada?” “¿Y si mi fuego lento se retrasa demasiado?” “¿Qué pasará si al dente de la pasta le sale caries?” “¿Y si en vez de albahaca pongo altohoro?”). Sin embargo, como por arte de magia, a medida que persistimos en intentar e intentar, los platillos van resultando cada vez mejores. Y no sólo eso. Además, vamos adquiriendo la confianza para modificar intuitivamente las recetas, sin resultados devastadores.

Así que ¿quién quiere juglar? En la latita de lombrices encontré un ejemplo de este tipo de ejersucio: Una serie de nanoficciones llamada “Inocentes“. Algunos ejemplos de esta serie son:

  • Como momias inocentes, aguardamos nuestra exhumación.
  • Como pirámides inocentes, relatamos nuestra erosión.
  • Como aguas inocentes, alcanzamos nuestra ebullición.
  • Como monos inocentes, desmentimos nuestra evolución.
  • Como abejas inocentes, urdimos nuestra emancipación.

La receta que usó Ikal, expresada sintéticamente como una fórmula, es:

Como ____s inocentes, ______mos nuestra _____ión.

O, expresada de manera más cercana a un recetario:

Receta para crear historias diminutas al rededor del tema de la inocencia

Ingredientes

  • Palabra inicial Como (sin acento)
  • Cualquier palabra (puede ser un sustantivo aunque no necesariamente) empleada en plural
  • Palabra inocentes
  • Una coma
  • Cualquier verbo conjugado en la primera persona plural de cualquier tiempo verbal, ya sea del indicativo, imperativo o subjuntivo
  • Palabra nuestra
  • Cualquier palabra terminada en ión
  • Punto final

Instrucciones

  • Toma los ingredientes y escríbelos en el riguroso orden en que están enlistados
  • Elige al gusto las palabras optativas

Sencillísimo ¿no? Pues no se hable más. Construye tu propia fórmula y compártenos la serie resultante. Si lo prefieres, puedes usar alguna de estas tres fórmulas jugletonas que sacamos del recetario ancestral de títeres juglarines:

  • ¡Sorpresa! [artículo] [sustantivo] que [verbo] en [pronombre posesivo] [sustantivo], [de tres a cinco palabras libres].
  • Esta [sustantivo] ha resultado [de una a tres palabras libres]: ¡[adverbio de cantidad] [sustantivo] y [adverbio de cantidad] [de dos a cuatro palabras libres]!
  • Camaleón [adjetivo], [verbo] que [dos palabras libres].

Si ya elegiste los ingredientes, ten presentes las siguientes:

Instrucciones

  • Toma los ingredientes y escríbelos en el riguroso orden en que están enlistados
  • Elige al gusto las palabras optativas
  • Agrega la dosis generosas que considere adecuada de ingenio, humor, ferocidad, ternura o cualquier emoción o idea que consideres estimulante y/o provocativa
  • Sírvenos a todos: Comparte tus nanoficciones resultantes en la sección de comentarios
La nota del laúd IX
Lúdico Jiménez de Atar | December 13, 2009 | 7:37 pm

laudNadie sabe cómo ni cuándo se crearon los primeros textos. Unir palabras al hablar es normal y creador, aunque no sean más que frases útiles para el caso, completamente efímeras. Pero, de vez en cuando, se produce una combinación tan notable que llama la atención de los hablantes. Hace que se distraigan del asunto que están tratando, para fijarse en las palabras mismas. Y es posible que la expresión feliz se grabe en la memoria como un sintagma memorable que empieza a circular de boca en boca. La dicha de lo bien dicho puede crearse sola, y el lector que se fija en esa felicidad y, para repetir la experiencia, fija la secuencia nacida espontáneamente, crea el texto.

—Gabriel Zaid

Acróstico jugletón
Lúdico Jiménez de Atar | November 30, 2009 | 9:01 am

Ahora juglaremos
Con una palabra o frase,
Rompiéndola de manera que
Ocupe cada una de
Sus letras una línea.
Tenemos que escribir un texto
Iniciando cada renglón
Con la palabra correspondiente y
Olvidando, si se desea, rima y métrica.

Juegla con
Una o varias palabras del
Grupo que proponemos, o bien,
Libremente
Elige las que
Tú prefieras.
Ofrecemos, a continuación
Nuestros tres ejemplos:

TÍTERE
Tengo la
Impresión de no
Tener
El control de mis
Respuestas
En ocasiones.

—Lúdico Jiménez de Atar

HAZMERREÍR
H
azme bailar con nuevos pasos
A
ntes que solos se rebelen
Z
apatos rojos, por todos lados,
M
ientras las luces lo permitieren.
E
ntonces locos, y casi alados,
R
ompiendo moldes azapatados,
R
eiré con ellos casi llorando y
E
staré toda provocativa,
I
ntensa y lúdica… ¿casi una diva?
R
emotamente.

—Carmen María

ESPEJO
Eres.
—¿Soy?
Pero…
E
ras
J
oven.
¿O no?

—Ikal Bamoa

Algunas palabras sugeridas para tus acrósticos:

  • Suspiro
  • Anteojos
  • Cacerola
  • Espejismo
  • Insólito
  • Amanecer
  • Itinerante
  • Travesía
Ejersucios
Lúdico Jiménez de Atar | November 30, 2009 | 9:00 am

Al volver de mi paseo matutino de hoy, descubrí una montaña que antes no estaba allí. ¡Vaya sorpresa! ¿Será un volcán —pensé— que surge sin avisar, al pie de mi ventana? Curioso, como todo títere jugletón, me acerqué para encontrarme con que el nuevo accidente geográfico era, más bien, una enorme pila de papel: Papeles arrugados, hechos bola y arrancados en jirones. ¡Vaya marranez! Indignado, tomé un trozo de papel al azar y de inmediato identifiqué al autor por su caligrafía: ¡Soy yo!

paper-mountainUna vez hube recogido de la vía pública la monumental vergüenza, me puse a reparar la ventana que dejó escapar algunos cientos de esos papelillos viejos y olvidados. Mientras lo hacía se me ocurrió algo: ¡Vamos a juglar con ellos! Así pues, me he dado a la tarea de desarrugar, desbolificar y reconstruir cada uno de estos papeles para compartirlos en este blog. Con ustedes… ¡Los ejersucios!

Un ejersucio es cualquier idea pensada con el objetivo de ponerse a escribir de inmediato. Es un ejercicio jugletón que no pretende necesariamente perseguir a la estética estupenda, a la idea que roba el aliento o al chispazo de genialidad. Sólo se trata de despertar al bolígrafo o de hacer a los dedos brincotear sobre el teclado. Una vez que arrancamos, imposible saber a dónde iremos a dar… Pero eso es lo de menos, lo importante es simplemente animarse; ya habrá luego tiempo de revisar si algo del resultado te gusta lo suficiente para pasarlo en limpio o no. ¡A juglar se ha dichooo!

Unos pasitos dados y un salto al vacío
Lúdico Jiménez de Atar | November 23, 2009 | 9:00 am

¿Quién le teme a la feroz hoja en blanco? Todos. O casi todos, alguna vez, al menos un poco… Pero la hoja poca culpa tiene de que el momento lo tome a uno desprevenido cuando hay que poner la primera frase, aún teniendo bien claro la idea que se desea plasmar, o la historia que se ha de narrar.

Un truco que todos los títeres jugletones usamos, consiste en elegir cualquier combinación aleatoria de palabras para, simplemente, romper el silencio. Una vez que se comenzó, se esfumó esa parálisis por completo: Ya hay algunas ideas en el papel y, eventualmente, esas palabrillas del principio, enfrentarán su destino. Al igual que todas las otras palabras de ese primer borrador, podrán (o no) ser podadas al llegar el momento de la edición.

En el caso de las microficciones, las primeras palabras son prácticamente las últimas, por lo que ese arranque vertiginoso implica mucho más que una provocación despiertamusas. Sin embargo, aquí venimos a juglar y, como a los títeres, no nos gusta dejar espectador sin cabeza, aspiro a que nadie se vaya de aquí sin haber producido al menos una minificción. Así que aquí les regalo algunas frases de comienzo, para que las completen a su antojo.

  1. Cada telaraña es…
  2. Todos tus colores…
  3. Se fuga la noche…
  4. Algunos mitos exigen…
  5. Guardábamos el ruido…
  6. ¿Volviste? Supuse que…
  7. La madera callaba…
Verso Gruyère I
Lúdico Jiménez de Atar | November 16, 2009 | 9:00 am

cheese¿Qué es un Verso Gruyère? Seguro que lo adivinaste. ¡Un verso con agujeros! El jueglo es muy sencillo de explicar y tan difícil de juglar como tú lo decidas:

  1. Lee el verso gruyère que preparé para ti.
  2. Elige alguna “palabra clave” de la lista propuesta (u otra que tú prefieras).
  3. Llena los huecos del verso gruyère de forma que, al terminar, el texto resultante evoque al lector la esencia de la palabra clave que elegiste.

A cada hueco le corresponde una sola palabra. No utilices la palabra clave, si puedes evitarlo. ¿Listo? Aquí va el verso gruyère.

Así de _________ me ________ en la mágica ________:
Llevo _________ propio, sin _________ ni __________.
Tú, en cambio, no _________ demasiado _________,
y esta _________ todo lo puede _________, menos tu ______.


¿Qué te parece si usamos como ejemplo la palabra clave “aguacero”? Aquí va mi primer intento:

Así de seco me refugio en la mágica cascada:
Llevo
paraguas propio, sin columna ni cornisa.
Tú, en cambio, no
llegas demasiado mojada,
y esta
lluvia todo lo puede ahogar, menos tu risa.

¿Otro ejemplo? Ahora usemos la palabra clave “telenoticiario”:

Así de cuentos me inventas en la mágica semana:
Llevo
cerebro propio, sin crítica ni criterio.
Tú, en cambio, no
encierras demasiado misterio,
y esta
memoria todo lo puede creer, menos tu ventana.

Habrás notado que en muy poco se parecen uno y otro cuartetos, una vez llenos sus huecos. Este jueglo —que de vez en cuando volveremos a juglar— hace evidente el impacto de cada palabra en el sentido de la frase entera.

Pues bien, basta de charla… Aquí tienes las “palabras clave”:

  • Sinfonía
  • Pasión
  • Ilusionista
  • Arrogancia
  • Columpio
  • Monotonía
  • Guante
  • Revolución
  • Inocencia
  • Murciélago

Tómate las libertades que quieras para juglar al verso gruyère. Despreocúpate, por ejemplo de la métrica e incluso de la rima. Lo más importante es evocar la palabra clave y, por supuesto, disfrutar del jueglo.

¡A Juglar se ha dicho!

Más ejersucios:

¿Y qué más?