Posts for category ‘Juglar a escribir’

Diez razones para escribir
Carmen María | August 17, 2010 | 4:23 pm

Por:Roland Barthes

No siendo escribir una actividad normativa ni científica, no puedo decir por qué ni para qué se escribe. Solamente puedo enumerar las razones por las cuales creo que escribo:

1) por una necesidad de placer que, como es sabido, guarda relación con el encanto erótico;

2) porque la escritura descentra el habla, el individuo, la persona, realiza un trabajo cuyo origen es indiscernible;

3) para poner en práctica un “don”, satisfacer una actividad distintiva, producir una diferencia;

4) para ser reconocido, gratificado, amado, discutido, confirmado;

5) para cumplir cometidos ideológicos o contra-ideológicos;

6) para obedecer las órdenes terminantes de una tipología secreta, de una distribución combatiente, de una evaluación permanente;

7) para satisfacer a amigos e irritar a enemigos;

8) para contribuir a agrietar el sistema simbólico de nuestra sociedad;

9) para producir sentidos nuevos, es decir, fuerzas nuevas, apoderarse de las cosas de una manera nueva, socavar y cambiar la subyugación de los sentidos;

10) finalmente, y tal como resulta de la multiplicidad y la contradicción deliberadas de estas razones, para desbaratar la idea, el ídolo, el fetiche de la Determinación Única, de la Causa (causalidad y “causa noble”), y acreditar así el valor superior de una actividad pluralista, sin causalidad, finalidad ni generalidad, como lo es el texto mismo.

Roland Barthes, “Diez razones para escribir” En: Variaciones sobre la escritura. Trad.: Erique Folsch González. (Buenos Aires: Paidós, 2002) 41-42.

Libros y películas para inspirar la escritura
Carmen María | August 16, 2010 | 9:49 am

Ahora que estoy pasando unos días en la finca donde crecí, me ha dado por leer nuevamente algunos pasajes de Mujercitas, el libro que fue mi inspiración, y la inspiración de muchas adolescentes en el mundo, para dedicarme a escribir. A pesar de que han pasado muchos años y ya no me emociona como antes, le reconozco su enorme mérito y me hace pensar en lo mucho que un libro o una película pueden influir para empezar o perseverar en la práctica de la escritura creativa.

¿Alguien necesita un empujoncito para continuar escribiendo? Aquí les dejo una selección de libros y películas altamente inspiradores. Confieso que mis criterios selectivos están inclinados hacia obras realizadas  por o sobre mujeres, así que la lista queda abierta para que ustedes añadan sus películas y libros favoritos sobre escritura y podamos lograr un  equilibrio.

Libros

Mujercitas Louisa May Alcott

La suma de los días de Isabel Allende

Memorias de África de Isak Dinesen

La loca de la casa de Rosa Montero

Películas

La joven Jane Austen (Jane Austen)

Miss Potter (Beatrix Potter)

Descubriendo Nunca Jamás (J.M. Barrie)

Las horas (Virginia Woolf)

Predilección (Charlotte Brontë, Emily Brontë, Anna Brontë)

Las alas del coraje (Antoine de Saint-Exupéry)

El club de los poetas muertos

Adaptation. El ladrón de orquídeas

Bajo el sol de la Toscana

Escribir es saludable
Carmen María | August 2, 2010 | 5:17 pm

Casi sin saberlo, Susana calma su ansiedad mientras escribe la lista del supermercado. Pablo aminora la marcha de su obsesión cuando apunta las tareas pendientes. Renata escribe sobre sus desvelos y vence el insomnio. Borges pudo volver a dormir cuando publicó Funes el memorioso . Carlos avanza en su cuento sobre el cáncer que creyó imbatible. Cuando Isabel Allende publicó Paula , comenzó a calmar el dolor por la enfermedad terminal de su hija. La actriz María Valenzuela “sorteó la locura” cuando empezó a anotar en un cuaderno cada paso de la milagrosa recuperación de Malena. El mundo pudo conocer el diario íntimo de Anna Frank. Hoy Lucía tiene un blog donde describe su “amistad de barro y cristal” con la anorexia.

Como la de ellos, miles de historias de ilustres y desconocidos se convierten en fiel testimonio de este ejercicio sanador que gana adeptos en el mundo. En las últimas décadas, distintas investigaciones científicas destacan el valor de la escritura como herramienta terapéutica. No es necesario conocer de reglas o técnicas narrativas. Sólo hace falta una lápiz, un papel y animarse.

“A través de la escritura, las personas atravesadas por situaciones de estrés logran mejorar su bienestar psicológico y físico“, anticipa Mónica Bruder, doctora en Psicología y experta en cuestiones de escritura terapéutica. “Cuando escribimos, liberamos lo que llevamos dentro -explica Bruder-. Hay un desbloqueo emocional intenso, en el que se comprometen el pensamiento, la emoción y la palabra escrita. Así, descubrimos lo inconsciente, revertimos miedos, descubrimos las causas de tantos dolores, sufrimiento y limitaciones.”

¿Por qué necesitó el hombre escribir ya desde la era de las cavernas? ¿Qué recurso o impulso natural lo llevó a explorar e inventar sistemas gráficos?

Un paso decisivo en la evolución del Homo sapiens fue la adquisición de un vínculo entre el pensamiento y los símbolos materiales. La actividad gráfica puede entenderse entonces como una extensión de las facultades cognitivas del ser humano. Parecería imperiosa la necesidad de escribir desde tiempos primitivos.

En un principio no hubo letras, alfabetos ni palabras; había imágenes, dibujos, formas, aparentemente sin sentido, pero indudablemente con una significación. El hombre quería decir algo y necesitaba decirlo por escrito.

Esta idea evolucionó en silencio con la humanidad y hoy es posible certificarlo. Podemos decir que cuando se escribe se “descubre” y en la expresión se devela un “algo” que nos da bienestar.

Intentemos hacer este ejercicio. Imaginemos la siguiente escena, como si fuera una película: un hombre, sentado frente a la mesa, escribe. En ese momento mágico, se fugan del cuerpo la razón y las emociones. La razón la abraza, la contiene. La emoción se resiste, pero la necesita. Se necesitan como opuestos que se atraen. El abrazo corona al hombre, que busca, y en un momento fecundo encuentra y escribe. Las palabras vuelan sobre la hoja, mariposas de todos colores cargan letras de todo tipo. La idea se imprime. Se define el sentimiento, eso que el hombre necesitaba decir. ¿Qué escribió?, ¿qué dijo? Esa es otra película, otro ejercicio. Más adelante.

“El pensamiento es más lento que la emoción -explica Bruder-; así como escribir es más lento que pensar. En este cruce de tiempos del sentir-pensar-escribir, la razón libera las palabras necesarias. Así es como la escritura, el cerebro y el sistema inmunológico se triangulan en busca del bienestar.”

Juan ya no grita cuando pelea con su mujer, le deja mensajes pegados en la alacena. “Aprendí a escribir lo que no podía decir, y tomo menos remedios para la presión”, confiesa, orgulloso, su fórmula, ahora no tan secreta, para seguir casado. “Fue el consejo más sano que recibí de una amiga tan cabrona como yo -detalla Juan-. Ya cansado de discutir en vano, por consejo de su amiga, Juan escribe y se relaja. “Es que cuando te detenés a escribir se empieza a relajar ese impulso que parece arrasarlo todo.”

Cuando Juan deja mensajes en la alacena, calma su ansiedad, su enojo, dice lo que siente. Con lo que escribe: “Estoy enojado”, “vuelvo tarde”, “perdoname”, “me equivoqué”, lo que sea. Juan ya no grita, pero tampoco calla. Escribe, dice, sana.

Por un lado, está lo sanador del acto puro de escribir (“el abrazo de la razón y la emoción”, del que hablábamos hace un instante). Por otro, aún más saludable y beneficioso, aparece el contenido, el mensaje que trae lo que uno escribe (“eso que el hombre de la película quería decir”, y dijo, pero todavía no sabemos).

Así, lo que podríamos llamar “acto” y “producción” irrumpen en la hoja como dos momentos esenciales.

Hay evidencia fisiológica en el “acto”. La escritura puede reducir la tensión arterial e incrementa el nivel de linfocitos circulantes en el torrente sanguíneo; es decir que aumentan las células responsables de la respuesta inmunitaria.

En 1999, un estudio de la Revista de la Asociación Médica Americana, de EE.UU., fue el primero en examinar los efectos de la escritura en enfermos. Los investigadores encontraron que los pacientes con asma que habían escrito sobre experiencias tales como accidentes automovilísticos, abuso físico, divorcio o sexualidad habían logrado mejorar su función pulmonar en promedio en un 19 por ciento. Por otra parte, en pacientes con artritis reumatoidea los síntomas mejoraron en un 28 por ciento.

En la “producción”, en materia psicológica, la escritura fuerza al hombre a romper con la tormenta de pensamientos ocultos y recurrentes y lo ayuda a concretar lo que siente. Al conocer, disminuye la incertidumbre, toma conciencia, descubre, libera, comienza a sanar.

¿Qué escribió el hombre de la película? Sólo él lo sabe. Tal vez necesite compartirlo; tal vez no. ¿Cuál sería el argumento de la película que hoy escribiríamos cada uno de nosotros?

En primera persona

Mónica Bruder tuvo la suerte de estudiar y trabajar con James Pennebaker, profesor en la Universidad de Texas y pionero en este campo de estudio; él desarrolló con sus colaboradores distintas técnicas de escritura terapéutica que se vienen utilizando en la investigación clínica.

Pennebaker propone escribir, en primera persona, la situación más traumática que nos haya tocado vivir. Así, comienza la catarsis, el desahogo.

Pennebaker comparte con cientos de profesionales de la salud que “la descarga de las emociones mediante los gritos, el llanto, la risa u otros medios puede mejorar de manera permanente la salud psicológica y física. Es importante que los individuos expresen libremente sus emociones. Guardarse de manera activa los sentimientos puede ser estresante”.

“La muerte de un ser querido, el divorcio, la pérdida de trabajo, las enfermedades terminales y otras crónicas, como el asma y la diabetes, suelen ser los eventos traumáticos más recurrentes en la clínica”, detalla Bruder.

Cada día, más escuelas de salud mental coinciden con la idea de que una enfermedad física guarda estrecha relación con lo psicológico. Es en este escenario donde la por entonces cuestionada pareja “cuerpo-mente” parece coincidir en un baile armonioso al compás del lápiz. “Con la escritura terapéutica regulamos los procesos mentales, avivamos la actividad creativa y se amplían las posibilidades de hacer productiva la actividad neuronal”, señala Bruder. Con las neuronas trabajando a favor del bienestar, el cerebro le ofrece al organismo la energía necesaria para sobrevivir.

La propia Mónica Bruder vivió en carne propia la experiencia más simple y sorpresiva: “Tenía que dar una conferencia en un hospital. Era inevitable que me encontrase en el lugar con alguien con quien estaba profundamente enojada después de una situación límite. Me broté. Faltaban horas para la conferencia y el sarpullido era algo cada vez más rojo e insoportable. Empecé a escribir en papelitos todo lo que no le debería haber dicho a quien provocó mi alergia. A la mañana siguiente, ya no había comezón ni rastros”.

Confesiones a la carta

Así como hoy podemos jugar con la idea de que todo empezó en las cavernas, se registra que desde el Renacimiento muchas personas tomaron el hábito de escribir diarios personales, cartas de amor, experiencias reales o imaginarias. Sin embargo, recién en los últimos 20 años los expertos han comprobado que las personas que escriben acerca de sus experiencias más dolorosas no sólo se sienten mejor, sino que visitan al doctor con menos frecuencia e incluso tienen respuestas inmunológicas más fuertes. Escribir en primera persona parece ser el acto más puro de escritura terapéutica.

Diarios íntimos que devinieron en blogs. Cartas que hoy viajan en e-mails. Libros, autobiografías que siguen apareciendo como ofertas de autoayuda tanto para quien las escribe como para quien las lee.

Los seres humanos han sido capaces de producir grandes obras literarias en momentos conflictivos de su vida. La mayoría de los escritores de profesión, y también los aficionados, parten de sus propias experiencias traumáticas o dolorosas.

Imre Kertész, premio Nobel de Literatura 2002, y sobreviviente de los campos nazis, declaró -en un artículo publicado en LA NACION- cuando obtuvo su premio máximo: “No poseo otra identidad que el escribir. La escritura nos permite tomar conciencia de que no tenemos que ver con nosotros mismos. El hombre actual tiende a olvidar”.

Todos conocemos el valor de la obra de Ana Frank. Los diarios íntimos de aquella adolescente judía, víctima del régimen nazi, que vivió escondida con su familia y otras personas en la parte trasera de una oficina. “Por eso, al final siempre vuelvo a mi diario: es mi punto de partida y mi destino (…) Le prometeré que, a pesar de todo, perseveraré, que me abriré mi propio camino y me tragaré mis lágrimas”, escribió en una de sus páginas.

Claro está que la escritura es una herramienta perfecta para las almas con intenciones de resiliencia. Así como los relatos durante y después del Holocausto, los argentinos debemos hacernos cargo de tantos escritos terapéuticos que dejaron muchos sobrevivientes y tantos muertos durante el Proceso militar.

La memoria es otro efecto positivo y fundamental de la escritura terapéutica. Quien escribe adquiere y recuerda información. Cuando uno escribe permite que esa información permanezca viva y latente.

“La mía es una vida de mierda. En realidad, yo escribo porque si no estaría en el Moyano. En una silla. Hamacándome”, decía quien perdió a su madre en un accidente cuando tenía sólo 8 años. Creció enojada por haber perdido el arrope más seguro. Cuando tenía 20, nació su hija Verónica. Desde ese día, empezó a escribir un libro que, seis años después, la haría famosa.

“Que me tenga, que me tenga mucho. Que se llene de mí. Que me respire. Que me toque. Que me obligue a quererla con toda mi alma y mi cuerpo también. Que me diga «mamita no te vayas». Que me lo diga para que yo me quede”, escribió Poldy Bird en Cuentos para Verónica, el segundo libro más vendido después del Martín Fierro.

Poldy quedó viuda a los 36 años. Los libros que siguió escribiendo la mantuvieron en pie. En octubre de 2008, Verónica murió en forma súbita. Fue un ataque cerebral. Entonces Poldy escribió: “Todo lo alumbra su nombre. Porque ella usaba zapatitos de charol con medias blancas…”.

La vida es cuento

Así como Pennebaker propone escribir en primera persona para superar situaciones traumáticas y alcanzar el bienestar psicológico, la doctora Mónica Bruder propone dar un paso más allá. Escribir un cuento con final feliz puede convertirse en una receta terapéutica más creativa, más beneficiosa.

“Se entiende por cuento terapéutico todo cuento escrito por un sujeto a partir de la situación traumática más dolorosa que haya vivido y cuyo conflicto concluye con final «feliz» o positivo; la situación traumática vivida en el pasado se resuelve positivamente en el cuento”, define Bruder.

En todo cuento terapéutico hay un conflicto que se resuelve. La escritura de un cuento terapéutico puede ser comparada con las etapas de un tratamiento psicológico. Cuando uno busca ayuda terapéutica tiene un motivo de consulta, se establece un camino para enfrentar el conflicto y se llega o se debería llegar a una elaboración de esa “cuestión o inquietud” que nos llevó a la terapia. Cuando se escribe un cuento terapéutico hay una introducción, un conflicto, una resolución.

“Los personajes del cuento representan al autor de dicho cuento -explica Bruder-. Los diferentes personajes son los distintos aspectos de ese Yo que escribe. Este juego de persona/personaje ayudaría a provocar este cambio en el bienestar de los sujetos.”

Cuando se escribe en tercera persona, suelen aparecer temas que nunca pudieron ser abordados con anterioridad por quien escribe. Poner el nudo del conflicto en la ropa de otro personaje no es lo mismo que cargar con ese traje gris y pesado.

“El conflicto que se resuelve en el cuento terapéutico se presenta como una fotografía, como una condensación de lo vivido traumáticamente por el sujeto y que termina finalmente”, asegura Bruder, quien está convencida de que “el cuento terapéutico es afecto”.

“Al señalar que el cuento es afecto -explica-, se incluyen tanto los afectos positivos como los negativos. Siguiendo las líneas de investigación actuales de la psicología salugénica, centrada en la salud y no en la enfermedad, se considera que el final feliz o positivo le permite al sujeto creador de ese cuento conectarse con los aspectos más saludables de su persona.”

¿Qué película escribiríamos hoy sobre nuestra vida? ¿Qué cuento? ¿Qué blog, qué diario, qué frase, qué idea? Lápiz y papel siempre a mano. Una palabra escrita puede bastar para sanarnos.

Por Eduardo Chaktoura

Con letra de molde

  • A los pocos meses de casarse, Paula, la hija de la escritora Isabel Allende, ingresó de urgencia en el Hospital Clínico de Madrid en estado de coma irreversible. Su madre vivió el calvario junto a ella. Allende escribió la novela Paula para liberar su eterno dolor, sus angustias y sus miedos: “Escucha, mamá [...]. Vengo a pedirte ayuda…, quiero morir y no puedo. [...] estoy atrapada. En mi cama sólo está mi cuerpo sufriente desintegrándose día a día [...] pero nadie me escucha. Estoy muy cansada. ¿Por qué todo esto?”
  • “Escribir me dio la calma, la fortaleza que me salvó de la locura”, confiesa la actriz María Valenzuela. En 2003, su hija Malena, entonces con 19 años, sufrió un aneurisma cerebral que la llevó a vivir 13 días en un preocupante coma farmacológico. “Sabía que Malena iba a despertar en algún momento -cuenta Valenzuela-, y ella tenía que saber todo lo que estaba pasando. No quería que en su historia quedara un agujero negro. No quería que la memoria frágil nos traicionara y que tantas cosas que vivimos quedasen en el olvido. Estaba escribiendo para mi princesa.”
  • La entrevista a Poldy Bird publicada por LN R el 28 de octubre pasado permite coronar esta idea de “escribir para salvar vidas”. “Escribía todo lo que iba pasando -recuerda-. Mi cuaderno y yo íbamos juntos a todas partes. Escribía (…) hasta en el baño, que era el único lugar donde me permitía escribir y llorar al mismo tiempo. Cuando lograba dormir, guardaba el cuaderno bajo el colchón, escondido como un tesoro.”

Consejos prácticos para escribir

Cualquier momento es válido para volcar sobre el papel esa idea o sentimiento que nos da vueltas en la cabeza y en el resto del cuerpo. No hay contraindicaciones, pero los que necesitan sugerencias para una práctica más precisa y terapéutica, tomen nota:

  • Encuentre un espacio y tiempo para escribir sin interrupciones.
  • Prométase escribir un mínimo de 15 minutos diarios, por lo menos durante 3 o 4 días seguidos.
  • Una vez que empezó, escriba continuamente, sin preocuparse por gramática u ortografía. Si se le acaban los temas, repita lo que ya escribió.

Escriba acerca de:

  • Temas en los que está pensando mucho, o que le preocupan.
  • Cosas con las que sueña.
  • Cuestiones que están afectando su vida de modo no saludable.
  • Temas que ha venido evitando por días, meses o años.
  • Escriba con absoluta honestidad.

Para ello, conviene planear deshacerse de lo escrito al terminar. Luego se verá: puede guardarlo, editarlo, borrarlo, quemarlo, romperlo o comerlo (no recomendado).

(Extraído de: Pennebaker, James W., Writing and Health: Some Practical Advice)

Evitando lugares comunes
Carmen María | July 11, 2010 | 3:00 pm

Cuando era niña y vivía en la zona montañosa de Veracruz, era fácil saber por dónde correría el río la próxima vez que se desbordara: por las mismas calles  inclinadas de siempre. El río no suele ser original, se va por el camino fácil,  y gracias a ello es predecible. Las mentes humanas lo son también. Solemos usar las mismas frases para hablar, las muletillas de siempre, los verbos fáciles. El reto de la escritura consiste en comunicar, en buscar nuevos caminos para que el río corra, es decir: nuevas formas y más efectivas para trasmitir efectivamente ideas y sentimientos.

En escritura se conoce como lugar común, o frase hecha, a una expresión o enunciado que no se lee auténtico u original, sino que por lo contrario, ofrece una descripción simplista de algo que tal vez merezca ser más matizado. Los lugares comunes han sido usados hasta el cansancio, y su utilización es muy socorrida en  las letras de canciones pop, en las expresiones cargadas de sentimentalismo y en las cartas de amor.

Caer en el uso de un lugar común es fácil. Requiere poco esfuerzo mental, y a veces poco cuidado en la expresión. Por haberlas leído o escuchado con frecuencia, a veces sin estar conscientes de ello,  es muy posible que se cuelen en nuestro próximo escrito.  En ocasiones, podemos creer que una frase determinada le dará fuerza al texto, o lo hará más lírico. ¡Gran error! Lo que hace más efectiva a la poesía es la forma original de usar el lenguaje para expresar mejor algo, y NUNCA el uso y abuso de expresiones como:

Nuestro querer. Tu ser. Su palpitar. Mi anhelo. Nuestro destino. La noche oscura. El silencio atronador.  El vacío.  Mis sueños idos. Este amor profundo. Si te perdiera.

¿Cómo evitar los lugares comunes? En primer lugar, haciéndonos consientes de cuáles son. También es necesario revisar, (sí, una vez más) nuestro escrito tratando de detectar si:

¿Es sorprendente?
¿Me gusta cada vez que lo leo?
¿Dice algo que yo no sabía antes de sentarme a escribir?
¿Me levanto después de escribirlo sintiendo un cambio en mí?
¿Es realmente mío el escrito o lo he robado de alguna parte? (Esto sucede algunas veces aunque es comparativamente raro).
¿Está escrito con mi propia “voz”?
¿Hay alguna torpeza, golpe bajo, exigiendo atención por medios ilegítimos: exhibicionismo, preciosismo, seudoprofundidad, trucos viejos, fragmentos de sueños no asimilados u otra basura “literaria”?
¿Mi texto está libre de esto?
¿Es la clase de escrito que le envidiaría a otro?

Texto de Kennet Koch, en “El arte de la poesía”
¿Revisar otra vez?
Carmen María | June 18, 2010 | 8:30 am

Crear, como todos sabemos, es apasionante, vertiginoso y muchas veces descuidado. Sé que no todos somos así, pero a mí me pasa que me emociono cuando escribo y publico casi inmediatamente. Sin embargo tengo algo así como una alarma interior que me hace leer mi texto una y otra vez intentando detectar posibles errores. Pero esta revisión va más allá de detectar los errores, se centra en lo que estoy comunicando: intento leerme con otros ojos, para ver si realmente mi escrito expresa lo que yo quiero decir.

La ortografía y la sintaxis son muy importantes en los textos académicos y de divulgación, ¡pero lo son todavía más en los textos literarios! Un cuento breve, por ejemplo, puede perder todo el significado que quiso darle su autor, por una sola coma que sobre o que falte. Así es como naufragan muchas buenas ideas y se pierden en el mar de la mediocridad infinidad de textos.

¿Quieres dar un salto hacia adelante en la calidad de tu escritura? Revisa una vez más tus escritos. Aquí te proporciono una lista de aquello que vale la pena repasar.

• ¿He usado palabras vagas o he escrito oraciones ilógicas?
• ¿En algunos párrafos las oraciones necesitan más variedad?
• ¿Hay algún diálogo torpe o difícil de leer?
• ¿He acelerado convenientemente el ritmo en algunas partes de la historia?
• ¿Repito más de dos veces la misma palabra en un párrafo?
• ¿Están mis párrafos convenientemente separados por sangrías o espacios en blanco?

¿Cuáles son las estrategias que mejor te funcionan a la hora de revisar tus escritos? ¿Nos las compartes?

Cazando los sueños de Mauricio Roverssi
Carmen María | June 2, 2010 | 8:31 am

Mauricio Roverssi es un joven escritor de Costa Rica, que nos atrapa regularme son las telarañas de letras que tiende en su blog Cazando Sueños. Desde que iniciamos el proyecto de Difícil de Juglar, ha colaborado asiduamente con nosotros, sorprendiéndonos con la sensibilidad de su poesía y el ingenio de sus juegos de palabras. En este post nos cuenta sobre su inspiración, sus lecturas favoritas y por supuesto, sobre sus sueños.

Mi gusto por la escritura nació como mi pasión para la lectura. De niño devoraba cada libro de la biblioteca de mi casa. Recuerdo que en esos días mi sueño era ser un bibliotecario. Claro, en mi cabeza infantil pensaba que si trabajaba en una biblioteca iba a poder leer los libros que quisiera. Hasta recuerdo que hice un catálogo y les puse etiquetas como en las bibliotecas.

Empecé a escribir poesía, aunque siendo sincero, nunca fui muy aficionado a la lectura de poemas. Creo que me incliné por la poesía por la su estilo libre y juguetón. Me gusta jugar con las palabras. Mis influencias son más del lado de la ciencia ficción y de la fantasía, y me gusta más aventurarme a cuentos fantásticos o lugares mágicos.

Trato de aprovechar la inspiración den cualquier momento. Desde lo que dice la gente en el bus, pinturas en una galería de arte, historias de mi familia, hasta lo que puedo leer en un blog o un buen libro. Generalmente una idea me lleva a otra por alguna conexión no necesariamente obvia.

Satisfacciones y dificultades al escribir

Mis mayores satisfacciones al escribir es leer los hijos e hijas que se generan de la escritura, y al ver que no son perfectos, pero humildes, me genera una alegría y satisfacción que no encuentro en otras actividades. Pero sobre todo, el poder encantar a alguien con lo que se escribe, que una persona se sienta identificada con tu historia o que solo te digan: “sin palabras”. Cuando uno aprende a escribir para otros, para que otros disfruten, la escritura se vuelve una forma de encontrarnos y relacionarnos con los otros.

Las dificultades que me he encontrado escribiendo son: falta de Confianza en mí mismo, pero sobre todo, falta de técnica. Me gustaría tener más disciplina, pero como voy por el mundo cazando ideas, creo que mi estilo es más de atrapar las ideas cuando llegan y no dejarlas ir.

Lecturas y autores favoritos

Soy una persona que lee mucho. Cuando me gusta un autor, estilo o tema, suelo leer mucho de él. Recuerdo que en mi época de juventud leí mucho a Gabriel García Márquez y sus contemporáneos latinoamericanos. Después descubrí a Tolkien antes del boom de las películas de El Señor de los Anillos y me encantó su estilo barroco de descripciones minuciosas y perfeccionistas. De él he tratado de leer todas sus obras. Así puedo seguir mucho, pero en general me gustan las novelas grandes, buenas y que no se me acaben rápido y conocer la mayoría de aspectos de un autor.

Me gustan los autores que elaboran todo una cosmología dentro de su obra y que interconectan sus libros de alguna u otra forma, con intención o no.

Isacc Asimov  su visión futurística de conquista del universo en Fundación.Los 7 libros de The Dark Tower de Stephen King, y todas sus obras anteriores o posteriores que se entrecruzan en algún elemento con esta obra central.Terry Prachet y su MundoDisco, su forma de escribir sarcástica hasta con sus mismo personajes.Usurula K.  LeGuin y sus sagas de Terramar que explora la redención y la búsqueda de identidad del ser humano. Neil Gaiman y sus novelas gráficas de The Sandman, su forma de escribir tan innovadora, tomando los mitos y dioses de antaño y colocándolos de nuevo entre nosotros, con todo lo que eso implica.

Espero haber avanzar en mi escritura cada día un poco más, con historias un poco más complejas y desarrolladas. ¿Y quien no sueña con publicar? Espero poder hacerlo algún día.

Enlaces para juglar mejor
Carmen María | May 25, 2010 | 4:05 pm

No podemos dejar fluir las manos sobre el teclado, o la pluma sobre el papel si estamos de un lado a otro de la casa, de la oficina, de la calle, ¿no es cierto? Algo que a mí me hace tener la confianza de que puedo estar más de quince minutos dedicada a la escritura, es tener a la mano lo que voy a necesitar: libros, agua, pañuelos desechables, mis lápices de cera ( galletitas) un diccionario,  música y por supuesto, Internet.

Pero para que internet sea un apoyo y no una distracción, qué mejor que tener a mano los enlaces, las páginas que me brindan apoyo, y alejar de mí las que me causan distracción.  Para ello, el blog Difícil de Juglar ha reunido, en su columna de la derecha, una serie de “Recursos para juglar” que recomendaré aquí de forma más detallada:

El blog de lengua es una página que resuelve dudas que nos pueden asaltar a menudo mientras escribimos: ¿cuál es la forma correcta, excarbar o excavar? También explica cuentiones como los acentos diacríticos (tú o tu) y abunda sobre el origen de algunos vocablos.

Un diccionario de sinónimos y antónimos nunca está de más. A mí me ayuda sobre todo cuando trabajo en correción de estilo, o tengo que revisar alguna tesis. ¿Con qué palabras puedo substituir la repetida expresión “se observa” en una investigación de docientas páginas?

Tinta al sol es un blog en donde se puede encontrar desde reflexiones sobre la escritura, hasta investigaciones sobre el software para escritores.

Para desatar la inspiración yo suelo acudir principalmente a dos fuentes:

Ficcionario: Contiene lo mejor en cuanto a juegos de palabras en version brevísima, minificciones y haikus.

A media voz: Poesía en cantidad y calidad. Todos los día entro a leer a un autor distinto, y hago muchos descubrimientos que me enseñan e inspiran.

Y por último, este sitio que nos puede ayudar a concentrarnos mejor en nuestra labor de escritores:

keepMeOut ¿Quieres que algo se encarge de manterte lejos de twitter y facebook mientras escribes? Esta parece ser la solución.

Siete observaciones sobre el estilo
Carmen María | May 5, 2010 | 1:18 pm

Los que empezamos a escribir solicitamos consejo, tomamos apuntes y a veces aplicamos lo que nos dicen, así como muchas veces no lo hacemos. Lo cierto es que podemos ahorrarnos muchos borrones si ponemos atención a escritores consagrados, como Azorín, quien  proporcionó en su momento los siguientes “Aforismos inconclusos para escritores noveles” no sin antes afirmar  que nadie sabe cómo se debe escribir.

  1. Poner una cosa después de otra y no mirar a los lados. Hay que escribir directamente, es superfluo todo lo que dificulte la marcha del pensamiento escrito. Evitar cuestiones secundarias y marginales.
  2. No entretenerse. No amplificar, lo accesorio, desecharlo. Quedarnos con la médula.
  3. Si un sustantivo necesita un adjetivo, no le carguemos con dos. El emparejamiento de adjetivos indica esterilidad de pensamiento. Y mucho más la acumulación inmoderada.
  4. El mayor enemigo del estilo es la lentitud. Leemos un estilo lento y nos desesperamos, quisiéramos poder empujarle para que siga su camino.
  5. Nuestra mayor amiga es la elipsis. No tengamos miedo a la abreviación violenta.
  6. Dos cualidades esenciales tienen los vocablos, una de ellas es el color. Es indiferente el usar palabras populares o cultas,  el color de los vocablos (su  novedad o ranciedad) no tiene nada que ver con el estilo.
  7. La otra cualidad de los vocablos es el movimiento. El estilo lo da la colocación, (movimiento) de las palabras en la construcción, es decir: la sintaxis. El movimiento es la vida, no hay nada sin movimiento.
Palabras, ritmo e inspiración de Juan Luis Mora
Carmen María | April 21, 2010 | 12:00 am

Escritor tanto de haikus, como de microficciones, poemas y letras de canciones, Juan Luis Mora pone siempre un sello imaginativo y lúdico en lo que escribe, a la par que profundo. Desde Madrid nos comparte, con la calidez que le caracteriza, sus reflexiones  en torno  a la escritura.

¿De dónde te viene ese gusto o necesidad por expresarte por medio del ritmo y las palabras?

En lo que se refiere al ritmo, la música siempre ha estado en casa. Siempre hemos tenido al alcance flautas, melódicas, pianos, guitarras, bandurrias… Mi abuelo, que componía valses a sus nietos, se encargó de que tuviésemos cierta base musical, por lo que para nosotros la música siempre ha sido algo bastante familiar y cercana.

En lo que se refiere a las palabras no te sabría decir. De alguna manera, siempre ha estado ahí. Recuerdo que comenzando el instituto mi profesor de inglés nos encargaba hacer redacciones sobre un determinado tema que él marcaba. En una ocasión, la redacción iba sobre la vida de una hormiga, o algo parecido, y en rojo, al final del ejercicio me puso “Why don’t you become a writer?”. Lo cierto es que siempre me ha gustado jugar con las palabras, pero con un componente imaginativo que es el que creo que más me divierte.

Cuéntanos de dos lecturas que te hayan impactado en tus comienzos, y un poco de lo que lees ahora.

Comencé con las aventuras de Los Cinco, de Enyd Blyton, y con las aventuras de Tintín. Me abrieron los ojos a la lectura. Me hicieron ver los libros como un juguete. Más tarde, me impactó bastante leer “La familia de Pascual Duarte”, de Cela, y las Rimas y Leyendas de Bécquer, por poner un par de ejemplos (por cierto, empecé a imitar a Bécquer con poemas que hoy me sonrojan).

Y con respecto a mis lecturas actuales, pues entre otras, voy haciendo mi homenaje personal a Benedetti, leyendo y releyendo su obra (se trata de uno de los autores que más me han marcado). También durante los últimos años me ha cautivado la imaginación de Murakami y de Jose Carlos Somoza.

¿La letra de la música que escuchas tiene alguna influencia en tus poemas?

Sin duda. Dentro de la música que escucho siempre le doy una gran importancia a la letra. Soy de los que abren el CD y leo las letras con atención antes de escuchar el disco. Serrat, Drexler o Sabina me parecen letristas impresionantes. Poetas que se musican a sí mismos.

Tu libro “La muerte en vida, la mosca en el espejo y otros silencios” es un poemario de haikus, ¿Cómo te surge la inclinación por esta forma poética?

Conozco el haiku gracias a Mario Benedetti y su “Rincón de haikus”. A partir de ahí leo a Borges, a Octavio Paz, las traducciones de Basho, antologías de autores japoneses, etc. Comienzo a escribir mis primeros haikus como pasatiempo, asumiendo el reto de ajustarme a la estructura poética de 5-7-5 sílabas, y a una temática centrada en lo que observo, como mero espectador, identificando el kigo para centrar el poema en una determinada estación del año, pero con el tiempo, voy derivando la temática de los poemas hacia la reflexión personal sobre los temas que me inquietan (sobre todo, muerte y tiempo), y en torno a eso giran los poemas del libro.

Sabemos que como a muchos, se te hace complicado compaginar tus inquietudes artísticas con tu trabajo cotidiano. ¿Cómo resuelves este dilema día a día?

En mi caso mediante el uso de la tecnología. La llegada de los últimos dispositivos móviles me ha cambiado la vida en muchos aspectos. Uno de ellos, quizás el más importante, es el de la organización personal. Disponer de un aparatito que me permita organizar mi compleja vida laboral, me ha hecho ganar tiempo en otras facetas. Y que ese mismo aparatito me permita escribir, organizar lo que escribo, grabar las melodías que se me vienen a la mente en cualquier sitio, pues ya ni te cuento. Mi libro “la muerte en vida…” está en un 70% escrito utilizando el iPhone en mis viajes, en los parques, en la montaña. en el metro, en los autobuses…

Te hemos conocido por tu participación en twitter. ¿Cuánto tiempo tienes “tuiteando” y qué nos puedes contar de tu experiencia de compartir a través de internet?

Llevo bastante tiempo en Twitter. Empecé a “tuitear” a principios del año 2008. Inicialmente entré por temas relacionados con mi ocupación laboral (trabajo en sector internet). Pero no terminaba de convencerme demasiado. No encontraba mi lugar en esa plataforma. Me parecía que gran parte de lo que escribía me sonaba a artificio. Y gran parte de lo que leía por ahí también. Y eso termina por notarse. De alguna forma, esa falsedad viaja entre líneas (o más bien entre caracteres, en este caso).

Empecé a sentirme más cómodo con el tiempo, sobre todo cuando descubrí el potencial que tenía como herramienta de escritura creativa, y como escaparate para poner en tiempo real tu obra a disposición del que estuviera dispuesto a leerla. Y me animé a leer y descubrí y sigo descubriendo autores con una calidad tremenda, que no tienen cabida en el mundo editorial tal como se conoce hasta el momento, pero a los que seguir me parece un auténtico placer.

Y luego están los juegos, actividades y talleres de escritura creativa (tipo #clubseis en Twitter, o este Dificil de Juglar), o las herramientas de escritura colaborativa, o las aplicaciones, como algunas que he descubierto últimamente, que permiten que uno escriba, y los demás vean cómo lo hace, cómo corrige su texto sobre la marcha, haciendo partícipe a los asistentes de ese momento mágico que es la escritura.

Por último, nos consta que te gusta “juglar” con las palabras, ¿cuáles son tus palabras favoritas, esas a las que también les gusta  jugar contigo?

Hace casi dos años monté un proyecto en internet (www.undiaunapalabra.com) en el que cada día se ofrece una palabra del castellano para ampliar nuestro vocabulario. El momento de búsqueda de las palabras que cuelgo en ese portal es uno de los más divertidos de la semana, porque es sorprendente abrir el diccionario por cualquier página y descubrir palabras como “dingolondango”, “sicofanta” o ”falsabraga”. No obstante, la última palabra que me ha cautivado, que desconocía y que he descubierto con el último álbum de Jorge Drexler es ”noctiluca” (por cierto, excelente palabra y excelente canción).

¿Alguna idea?
Carmen María | April 7, 2010 | 10:32 am

Ayer les platicaba a mis compadres Juan y Verónica, con quienes desde hace años comparto mi pasión por los libros,  que últimamente tengo ganas de escribir algo distinto. “El problema es que, a diferencia de otros escritores, que ya tienen varias historias armadas en su cabeza, yo no tengo idea de sobre qué quiero escribirles dije.

Lo anterior no me causa ningún problema cuando se trata de crear pequeñas ficciones o textos líricos, que son más bien como chispas que se plasman y no necesitan desarrollarse. ¿Pero, y si ahora quiero escribir algo más largo? ¿Tal vez esa novela que nunca se me había antojado hacer  pero cuya idea ya empezó a hacerme cosquillitas?

Muchos escritores afirman que ellos no escogen lo que escriben, sino que son las historias por sí mismas las que les salen al encuentro y se convierten en una obsesión hasta que son escritas. Como ese no es mi caso tendré que plantearme seriamente buscar en ciertos cajones, que pensándole un poquito, podrían ser:

  • Los deseos que en verdad me hacen vibrar, mis intereses, mis gustos, mis más valiosas intuiciones. Decía Flaubert que las obras maestras son aquellas en las que el tema conecta con el temperamento del autor. ¿Cuáles son los temas que conectan con mi temperamento?
  • Las imágenes y temas que surgen de mis sueños, siempre tan sugerentes, ya es a través de ellos que conectamos con lo inaccesible a nuestra conciencia, con lo oculto.
  • Los hechos de la vida cotidiana que parecen insignificantes hasta que son vistos en perspectiva a través de la escritura. Los pequeños detalles de nuestro entorno y las vivencias del día a día pueden ser detonantes de recuerdos semiocultos, de añoranzas o deseos que no aparecen a simple vista.

¿Se te ocurre alguno más?

Ejersucios para buscar ideas:

  1. Contar en un relato el último sueño del que te acuerdes. Aunque sólo sean unas imágenes incoherentes intenta ponerle un principio, un nudo y un desenlace. Que el protagonista no seas tú. No hay que pretender ser realista.

  2. Hacer una lista de las cosas me más te gustan. Caóticamente. Atribúyeselas a un personaje inventado que no seas tú.