Posts for category ‘Juglar a escribir’

Ser concretos
Carmen María | March 15, 2010 | 9:39 pm

Inicia la tarde y estoy reunida en un taller más con mis alumnos del Piaget. Cada quien busca a su alrededor objetos con un color determinado. Por ejemplo, naranja: un bote de salsa valentina, el portalápices de Ana Laura, el marcador fluorescente de David, la marca de lápiz labial en el cuello de la camisa de Ángel. Una vez hecha la recopilación, escribimos textos cronometrados, incorporando los elementos de la lista sin necesariamente mencionar el color. ¿Para qué hacer una lista previa entonces? Para incorporar detalles con “nombre y apellido” al texto y lograr así  un escrito preciso.

Uno de las trampas de los textos cronometrados, en donde no puedes dejar de escribir durante el tiempo determinado, es que solemos mantenernos a flote, sin decir nada en realidad. El ser concretos nos ayuda a conectar no sólo con los detalles de la realidad exterior, sino también con lo que nos pasa por dentro. El problema inicial de la composición literaria, y de cualquier otra composición artística, es proyectar en la imaginación la realidad que va a servir de fondo a la creación posterior. Y más tarde se utilizará esa percepción para extraer de ella los recursos, modos, estructuras, que van a pasar al texto literario

¿Cómo ser más precisos? Natalie Golberg lo ejemplifica en sus “Reglas de la práctica de la escritura”: Coche no, cadillac. Fruta no, manzana. Pájaro no, reyezuelo. No un hombre codependiente, neurótico, sino Harry, que corre a abrir la nevera para su esposa, pensando que quiere una manzana, cuando ella se dirige a la estufa de gas a encender un cigarrillo.

Ana Silvia, una de mis alumnas es muy joven y está aprendiendo  a ser concreta. Todavía escribe frases como: Todas esas cosas  me recordaron esos momentos. La animo a profundizar: ¿Cuáles cosas? ¿Puedes mencionar al menos dos? ¿Qué momentos? Sería interesante  poner un ejemplo.

Es conveniente que una de las revisiones que le hagamos a nuestros textos, sea para verificar qué tan concretos hemos sido, si hay que cambiar algo vago: escuchábamos música porque nos habíamos quedado sin palabras, por algo más preciso: escuchábamos canciones de Alejandro Filio porque nos habíamos quedado sin palabras.

La concreción en un texto literario no sólo ayuda a dar color a nuestra prosa, sino a dotar de más significado y personalidad a nuestros escritos.

Escribir a los 10, a los 20, a los 30…
Carmen María | March 8, 2010 | 10:40 pm
Publicado en Tinta al Sol por: Yolanda González Mesa

La experiencia de escribir cambia mucho con el paso de los años.

A los 10: Más y mejor.

La mayoría de los escritores sentimos el primer impulso de escribir con las primeras lecturas. A veces un cuento te gusta tanto que quieres continuarlo y fantasear con las nuevas aventuras que correrán sus protagonistas. O por el contrario el cuento te decepciona e intentas “mejorarlo”. Eso último fue lo que me ocurrió a mí la primera vez que decidí conscientemente ponerme a escribir.

Tenía unos 10 años y era una época pre – J. K. Rowling, así que mis lecturas favoritas solían ser relatos de grupos de niños que se metían a detectives aficionados (El club de los cinco y Los siete secretos de Enid Blyton, Puck de Lisbeth Werner o Las hermanas Dana de Carolyn Keene). Las tramas eran sencillas y la estructura repetitiva, por lo que al cabo de unos cuantos tomos era muy fácil anticipar el final.

Por eso decidí que yo podía hacerlo mucho mejor y comencé a escribir “la gran novela juvenil de los 80”. Sería compleja, intrigante y divertida, y los editores se pegarían por publicarla.

Lo malo es que en el cuarto capítulo todavía no había presentado aun a los nueve niños de la pandilla (hacerlo con uno, dos, cinco o siete niños era demasiado fácil), en el capítulo siete aun no había surgido la intriga, y para el capítulo nueve todavía no había mucho humor.

Pero nada de eso importaba; la trama iba a ser tan ingeniosa que marcaría un antes y un después en la historia de la LITERATURACONMAYÚSCULAS.

Claro que la mencionada trama resultaba difícil de seguir incluso para mí, con sus nueve protagonistas más un par de secundarios graciosos, el profesor malo malísimo, los padres, algún hermano meticón… Y que el malo fuera un lunático que secuestraba niños vestido de Quijote con armadura, caballo y lanza en ristre sólo añadía dificultades a la hora de mantener la coherencia de la historia.

Finalmente le cogí manía a la novela y dejé que durmiera el injusto sueño de los justos. Pero el gusanillo ya me había picado, así que seguí escribiendo.

A los 20: El gran amor.

A los 20 años tienes las cosas infinitamente más claras.

Has leído incontables novelas, visto innumerables películas y series de televisión, y comprado algún que otro libro de “Cómo convertirte en escritor en 10 prácticas lecciones“. Puede que incluso estés estudiando Comunicación Audiovisual, Filología o Filosofía. Sabes perfectamente identificar cuándo una trama es floja e irregular, cuándo un personaje es plano o poco verosímil, cuándo una historia no conecta con el público…

Por tanto sabes que el truco está en escribir evitando todos esos errores.

Y un día tienes una idea luminosa, original, atractiva y profunda. Y te sientas a escribirla.

Y escribes, escribes y escribes.

Y cuanto más escribes más te gusta lo que haces. Las frases brillantes encadenan una sucesión de escenas llenas de fuerza y emoción, vividas por personajes complejos y atractivos dentro de una estructura innovadora.

El impulso es tan embriagador que apenas duermes, comes o te diviertes. Eres un artista y eso te basta.

Hasta que un tiempo después, escribes un delicioso “Fin” al final de la última página.

Y lo imprimes y encuadernas, (no sin cierta dificultad, porque es bastante largo, pero eso sólo hará que el disfrute del lector se prolongue aun más), y se lo llevas a __________ (rellenar con el nombre de un amigo, familiar o joven profesor enrollado cuyo criterio literario valoras y respetas).

Esta persona se reunirá contigo al cabo de un tiempo que a ti te parece excesivo (¿cómo ha podido irse a dormir la primera noche sin terminar una lectura tan cautivadora?), pero no importa, porque sabes que esa reunión marcará un momento importante. Será la primera vez que oigas de boca de otro lo maravillosa y perfecta que es tu obra. Sí, después habrá muchas más ocasiones, en firmas de libros, entrevistas, etc., pero esta es la primera vez.

Y le ves aproximarse: en su cara su mejor sonrisa y bajo su brazo tu… ¡¡¡¡¿CÓMO?!!!! ¡Tu original!, ese que algún día se subastará por una millonada en Christie’s, está, está… ¡está cubierto de subrayados, enmiendas y post-its! ¡Post – its! ¿Te imaginas el primer manuscrito de Cien años de soledad cubierto de papelitos amarillo fosforito?. Si al menos fueran anotaciones al margen hechas con estilográfica… Pero estás ante una persona cuyo criterio respetas y cuya opinión has pedido, así que sonríes y haces una bromita pretendidamente humilde.

A continuación, esa persona comienza por decirte que tu obra está muy bien, o que le ha gustado o, Dios no lo quiera, que es es-tu-pen-da. ¿Estupenda? ¿No habrá querido decir extraordinaria, excepcional, magistral, sublime…? Pero es que además, te propone cortes aquí y allá, cambios en tal y cuál personaje, ajustes en este o aquel diálogo y un centenar más de mejoras.

¿Cómo?

¿Mejoras en una obra maestra? ¿En una obra perfecta, redonda, insuperable…?

Y él/ella sigue y sigue ajeno/a a tu estupefacción, anotación tras anotación, subrayado tras subrayado, post-it tras post-it.

Vaya, pues resulta que la persona cuya valoración respetabas tanto, en realidad es un gilipollas. Qué decepción.

O cuando menos ha tenido un mal día, nadie es perfecto.

A lo mejor, estaba cansado cuando lo leyó.

A fin de cuentas tu obra no es para todo el mundo; tú eres un artista de verdad,  así que puede que no la haya entendido. Quizás es tan avanzada que estás destinado a ser un autor maldito en tu tiempo, aunque los escolares del siglo XXII te estudiarán junto a Cervantes y Lorca.

Aunque, bien mirado, es cierto que el capítulo 17 te ha quedado un poco largo… Y es un poco forzado que la asesina confiese su crimen sin haber dejado más claro que en realidad no le importa. Y el título quizás no tenga la fuerza comercial necesaria. Y…

Bueno, vale, la revisarás. Quizás puedas añadir un par de cosas que…

¡Dios mío! ¿Qué es esto? ¿Pero qué clase de porquería has escrito?

Estás en la página 8 y la odias.

Los diálogos son acartonados, los personajes planos, y la historia se parece sospechosamente a la trama de una película de Vicente Aranda que te hicieron ver en tercero de carrera…

Definitivamente, esto no es lo tuyo, Pecados, vete a hacerle compañía al Quijote Loco y sus niños secuestrados..

A los 30: ¿Podré?

Aun has leído más novelas y visto más películas y series, pero has dejado de comprar libros de cómo escribir, ya que si alguien hubiera realmente descubierto la fórmula para escribir una gran novela, saldrían veinte obras maestras de la literatura cada mes.

Has finalizado tus estudios, y con suerte en tu trabajo te has visto en la necesidad de escribir algo, aunque sea el manual de ayuda de un programa informático, e incluso ha habido quien ha alabado tu estilo.

Va siendo hora de retomar tu vocación.

Sí, tienes dudas, tienes miedos, pero en cada entrevista o declaración de los autores que admiras lees lo mismo: que tienen dudas y miedos, que nunca están satisfechos con lo que escriben, que tan sólo lo entregan a la editorial porque están obligados por contrato, o porque no soportan trabajar en ello un minuto más.

Así que te animas (te animan) y comienzas a escribir de nuevo, acallando en lo posible al editor interno que te hace dudar de cada palabra, obligándote a seguir y seguir para al menos dejar de llenar los cajones con obras a medio terminar.

¿Será esta vez?

A pesar de tus inseguridades nunca te has sentido más pleno como persona. Ahora cuando escribes puedes hacerlo como alguien que ya ha vivido un cierto número de experiencias (muertes, nacimientos, desengaños, traiciones, éxitos…) ¿Serás capaz de transmitir lo que todo esto te inspira?

Lo veremos…

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Las ideas para escribir
Carmen María | February 20, 2010 | 9:43 am

Las ideas para escribir, ¿Llegan solas, sin avisar, o se les espera a una hora determinada, con el café a punto y la pluma en ristre? Les preguntamos a algunos/as compañeros/as  y esto es lo que nos platicaron:

Zilniya, quien siempre nos sorprende con sus cuentos por descontado, sus microficciones llenas de vitalidad y humor, y sus  poéticos haikús, en Ecologismo Literario nos dice:

A veces la inspiración viene a visitarme de sorpresa, por lo cual me mantengo preparada. La mayoría de veces tengo que llamarla yo llamando al 112. Lo que me mejor me funciona es pensar en una palabra concreta, o ver una imagen que me evoque un mensaje. Me ayudo del diccionario de sinónimos para crear juegos de palabras.

A pesar de que en su blog Cazando Sueños Mauricio Roverssi tiende una enorme telaraña a las musas, nos platica de la inspiración que:

A mi me atrapan las ideas en cualquier lugar. Colores, imágenes, historias, algo que leo o alguna conversación. Y como siempre olvido mi libreta o el lapicero, a veces he pasado largo rato repitiéndome la idea mentalmente hasta que puedo escribirla. Y si tuviera que mencionar un lugar, sería el autobus. He descubierto que me encanta pensar, leer y escribir cuando tengo que hacer un largo viaje. Cuando voy para el trabajo, por ejemplo, tengo dos opciones de recorrido, y generalmente tomo el que lleva más tiempo, porque me permite pensar más o leer.

Javier Aguirre, poeta y crítico literario de inacabable energía, nos platica desde Chile:

Mis mejores poemas los he escrito caminando y sin papel. Los voy repasando en la memoria según avanzo para que no se me olviden. Naturalmente, son más bien breves. Esto tiene la ventaja de que aunque se pierdan, no importa, se los puede rescatar. Otros pueden caer en el olvido antes de llegar al papel. Es un método memorístico debido al olvido -del lápiz. A veces, hay textos que surgen del contacto con otro texto, a modo de diálogo.

Pero la inspiración también  evade incluso a  una estudiante de la licenciatura en Letras: Ana Paola López, quien ha ganado varios premios por su poesía, nos comparte cómo hace para no dejarla ir.

Yo soy el tipo de persona a la que la inspiración llega de improvisto. Por eso siempre cargo con una libretita o grabo lo que se me ocurre. Ya en la comodidad de mi hogar tomo esas ideas y las voy desarrollando. Por lo general, escribo tratanto de evitar sin cosas que me distraen mucho,  porque tengo graves problemas de concentración.

Y tú, ¿tienes algún ritual especial antes de sentarte a escribir? ¿Cómo invocas a las ideas? ¿Cómo haces para atraparlas o dejar que te atrapen?

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La escritura funcional
Carmen María | February 9, 2010 | 9:41 pm

La cuestión es que escribir bien no es nada fácil. La razón por la que escribir bien no sea fácil es muchos escritores y escritoras cometen muchas faltas básicas. La falta más básica que comenten es repetir cada punto. La siguiente falta es ser redundante o ser demasiado pesado, o continuar escribiendo hasta el  punto de que un punto que ya haya sido explicado debe ser explicado de nuevo para estar seguros de que se haya entendido ese punto preciso.

¿Te has enfrentando alguna vez a un texto que, como el anterior, no sólo te aburre, sino que también  cansa?  Según Daniel Cassany, para que nuestros lectores se sientan motivados e identificados  con  nuestros escritos tiene que producirse una intensa interacción entre autor y lector, semejante a la que se produce cuando platicamos en vivo.

¿Por qué hay textos que parece que no te sueltan hasta que los terminas? ¿Por qué hay novelas que no queremos  que se acaben de lo mucho que  disfrutarnos al leerlas? ¿Por qué pasamos por alto tantos artículos y leemos a profundidad otros? Porque no basta, dice Cassany, escribir correctamente y con coherencia, también hace falta ingenio para preparar trucos y seducir al lector.

En su libro, La cocina de la escritura ofrece cinco principios fundamentales de retórica para una escritura funcional:

  1. Punto de vista. Para formular nuestras ideas con palabra que también pueda compartir el lector, es importarte tomar en cuenta su punto de vista. Conocer las características de nuestro público ayuda a partir de sus conocimientos previos, poner ejemplos relacionados con su entorno y realidad e implicarles en el texto con preguntas retóricas, exclamaciones e interpelaciones en segunda persona.
  2. Ser concretos. A las personas nos interesan mucho más las cosas delimitables y observables (ejemplos, anécdotas, comparaciones y nombres propios) que las reflexiones vagas.
  3. Personalización. El tono personal interesa más que el neutro. Si el escrito  pretende ser comunicación entre dos sujetos, lo más normal es que éstos aparezcan explícitamente en la prosa, (por medio del yo, el nosotros, el tú, el ustedes). La personalización no resta objetividad a un escrito, pues ésta es resultado de la actitud del autor, el tratamiento de los datos, la diferenciación entre opinión e información.
  4. Prosa coloreada. Un texto con prosa coloreada es todo lo contrario del ejemplo que introduce este artículo: repetición de palabras e ideas, ausencia de pronombres, ejemplos, tono frío. La prosa que anima a leer es variada, viva, con un léxico rico. Todo ayuda a animar: las salidas de tono, el humor, la ironía y el sarcasmo, por qué no.
  5. Decir y mostrar. ¿Escribimos sobre las ventajas de publicar en internet? Pongamos ejemplos. Yo puedo decir que a raíz de que inauguré un blog,  cuidé más mis textos, me retroalimenté de los comentarios que me escribe otra gente de letras, y sobre todo, me hice amiga de personas muy valiosas que de otro modo no conocería. Lo que acabo de escribir es decir: que publicar en internet tiene muchas ventajas; y mostrar: cuáles son éstas.

¿Quieres saber más sobre la cocina de la escritura? Te recomiendo mucho la lectura y estudio de este libro tan completo y útil para quienes escriben no sólo textos literarios, sino también científicos, de divulgación, personales o didácticos.

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Las apariencias sí importan

¿Qué pondrías en tu maletín?
Carmen María | February 2, 2010 | 3:38 pm

Iniciarse en la escritura creativa es como empezar un viaje en el que, por fortuna, a medida que nos adentramos en sus territorios, podemos abastecernos de los útiles que nos facilitarán la travesía. No está de más, sin embargo, preguntarles a quienes son viajeros expertos y empacar lo mínimo indispensable.

El escritor  Luis Landero propuso en un taller, un juego que quizá nos sirva. Hacer una lista de las herramientas útiles para poner en nuestro maletín de viaje. Él proponía las siguientes:

Unas buenas botas para subir al monte de lo salvaje en nuestras mentes, y una brújula para orientarnos porque es fácil empezar y perderse.

Un catalejo, para mirar a distancia, coger perspectiva, ver con luces largas y trazar un plan.

Una lupa, para ponerla en los ensueños y en recuerdo, y para poder detectar los detalles cotidianos.

Alas, pero que no sean de cera como las de Ícaro, para que no se derritan cuando llevamos la imaginación hasta su máxima verosimilitud y nos despeñemos en la fantasía arbitraria.

Un espejo, para saber aceptar el rechazo y rechazar la aceptación cuando no correspondan a la verdad.

Un reloj roto: No tenemos prisa pero tenemos una tarea en marcha. Sin angustia, pero sin complacencia.

Un mástil para atarnos como Ulises contra los cantos de sirena de la pereza, la fantasía estéril, el dinero, la fama, el miedo.

¿Se te ocurren más herramientas para emprender el viaje?

¿Por qué me gusta escribir?
Carmen María | January 29, 2010 | 5:25 pm

Por: Zilniya

Desde pequeña, he sido más bien introvertida, tímida. Y también muy imaginativa. Tenía mucho mundo interior hasta el punto que me desbordaba. En el colegio es donde tuve mi primer contacto con la poesía. Más tarde, empecé a publicar algún que otro artículo en la revista de la escuela (basado en trabajos de clase por lo general).

Fue ya en el instituto cuando “me solté la melena” literariamente hablando. Allí conocí a Perséfone, autora de Diálogos Píticos, incansable dibujante y ‘relatista’ con la cual co-dirigí la revista del instituto durante un año. También por aquellos años estuve apuntada a un taller literario como asignatura optativa. Ahí me di cuenta de que prácticamente de todo se puede sacar material literario, mediante ejercicios prácticos, como los que se recomiendan en Difícil de Juglar.

Después de mi etapa en el instituto, estuve varios años sin apenas escribir –aunque dibujaba bastante–. Ya con el auge de Internet y los blogs me animé (o, mejor dicho, me animaron) a publicar en red, primeramente en el blog colectivo Sopaderelatos.com y luego en mi propio blog, Ecologismo Literario, y vía Twitter como @microversos.

¿Cómo evolucionó mi escritura?

Al principio, aparte de algunos poemas, lo que más escribía era mi diario personal. Es muy aconsejable llevar uno. Escribes sin atarte a normas, con total libertad, y te acostumbras a plasmar vivencias reales por escrito (aunque se puede aprovechar también para anotar poemas y citas). Pero como no lo había llevado desde la infancia, sentía la necesidad de tener una memoria de ciertas anécdotas que no quería dejar que se perdieran.

Se me ocurrió que podía transformarlas en cuentos con moraleja y así fui puliendo mi propio estilo. También leía más novela, lo que me empapó un poco del estilo de otros autores. Realmente, no tengo un favorito único. Si acaso, me gusta mucho Amy Tan. Pero los que más me han influido a la hora de ponerme a escribir han sido autores que me he encontrado por la red, aficionados como yo. Ver a otros que, sin ser profesionales, siguen publicando y mejorando su forma de escribir me anima más que ninguna otra cosa. Puede gustarme mucho una novela, pero me siento más identificada con los autores de la red.

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Un año de escritura: mis experiencias creativas. Por Ana Paola López

Escribir microficciones
Carmen María | January 12, 2010 | 12:57 am

Si hay algo que a Ikal y a mí nos encanta es escribir microficciones. Hasta el año pasado ninguno de los dos lo había intentado, claro, siempre nos ha gustado jugar con las palabras, (Yo soy una admiradora declarada de las greguerías desde hace años). Si hubo algo que detonó que por fin nos pusiéramos a escribir, fue en un principo la lectura continua de las pequeñas joyas de José Luís Zárate, Javier López, Oriana Pickman y Rafael Vázquez en Twitter . De la lectura nos surgió el gusanito y casi sin darnos cuenta, empezamos a escribir primero textos sueltos, luego algunos compartidos, y otros más en series personales y comunitarias. No somos expertos en el tema, pero ¿hace alguna falta? Tal vez no sepamos si ahí logramos una sinécdoque o hicimos uso de la polisemia, lo importante es que el juego de escribir estimule nuestra imaginación, brote la idea, la pulamos hasta dejarla presentable y ¡a compartirla!

Claro que siempre puede servir tener un punto de partida. El más fácil es la elección de una palabra llena de significados. Estrella, río, luna, desierto, sombra, bosque, árbol… Otro juego interesante es darle uno nuevo giro a las frases hechas. Tal vez de ahí no surjan microficciones (narrativas) sino sólo pequeñeces interesantes como: Hoy me siento extrañamente identificada conmigo (Carmen María) y He descubierto que si abrigo esperanzas no se congelan. (Ikal Bamoa).

Hay una delgada línea que separa los textos ingeniosos de los simplemente chistosos. Y creo que no hay que tenerle miedo. Un juego de palabras puede no revelar uno de los secretos del universo, ni desentrañar un enigma amoroso, tal vez nada más nos haga reir. Lo importante es mantenernos activos en la escritura, disfrutar el proceso y dejarnos sorprender por lo que hacemos, por su profundidad inesperada o por su ligereza alegre. De hecho, tenemos una pequeña selección de estos textos más bien simplones, a los que hemos denominado Píos Impíos. ¿Quieres leer unos? Ojalá te saquen una sonrisa y te animes a unirte al club de quienes escribimos estas barbaridades.

Para seguir esta dieta no debo comer palabras entre comillas. Carmen María

Breve secuestro aéreo: duró un raptito. Ikal Bamoa

El sapo convertido en prícipe no logra declarárseme, empieza a hablarme de amor pero se va por las ranas. Carmen María

Los caracoles prefieren las historias de paciencia ficción. Álvaro Burgos

La historia de aquella pareja de topos comenzó con una cita a ciegas. Ikal Bamoa

¿Qué nos motiva?
Carmen María | January 4, 2010 | 9:24 pm

¿Qué necesita un escritor/a para mantenerse motivado y activo en la práctica de la escritura? Decidí preguntarles a quienes escriben día a día. Así lo hice, usando la maravillosa herramienta que es Twitter, (abajo pueden encontrar los enlaces a este gente de letras). Después de leer cuidadosamente sus respuestas y reflexionar al respecto, concluyo que esto es lo que nos alimenta:

1.  Retroalimentación. Me llamó la atención que esta fuera la primera respuesta y la más repetida. Y coincido. Nunca me había sentido tan motivada a escribir hasta que empecé a publicar en Internet, y a recibir el apoyo, la crítica e incluso la saludable presión de seguir escribiendo y dialogando con quienes me leen. “Retroalimentación constante de otros escritores; retroalimentación que no naufrague en el elogio mutuo, ni en la crítica egoica”1 “Obtener feedback real (no palmaditas), aprender de ese feedback”2 Esto implica dejar de ser escritores de closet y tener la valentía de compartir. ¿Todavía no tienes un blog? Ahora es cuando.

2. Experimentar, observar la vida. “vivir cosas diferentes expande la mente y promueve la expulsión de relatos escondidos”.3 Escribir en nuestras mentes mientras vivimos y rebozar de vida mientras escribimos. “…la vida misma tiene las mejores historias, hay que embellecerlas”.5

4. Leer. “Voracidad de libros”4 Le llama Manuel Pérez Bañes. Pero va más allá de los libros. También motiva leer blogs, pequeñas ideas geniales en Twitter y en mi caso, asomarme todos los días a la mina de oro que es la poesía.

5. Voluntad, terquedad, trabajo diario. Los pequeños logros  invitan a seguir en este camino, y las frustraciones nos retan a encontrar otra palabra, otro modo de acomodarla para comunicarnos mejor. Lo más importante es que escribimos porque nos satisface, y mientras más se hace algo que satisface, más ganas tenemos de continuar haciéndolo.

6. Enamorarse. “Tener un dolor, una agonía, un demonio, una alegría, una sonrisa, una mente dispuesta a los retos, amor a todo”5 ¿Un cómplice literario, un amor lejano, un corazón roto, una ambición literaria, un profundo amor a las letras? No importa cuál sea la índole de este amor, lo importante es acudir a ese fuego interior para no apagar la práctica de la escritura.

7. Y añado: un espacio en soledad. Hoy ha  sido un día de diálogo enriquecedor y mucha motivación. Ahora necesito desconectar, sentarme en este rincón iluminado por la vieja lámpara de mi abuela, escuchar el silencio y escribir.

1 Cobayasky 2 juanlumora 3methylene 4 ManuElpielRoja

5 taniahernandeza

Y gracias también a @joaguimar @pvil@ivanlasso @eRomanMe @fandoeros

@diablopanzon @cruciforme@Esgarval@latadelombrices

Un año de escritura: mis experiencias creativas
Carmen María | December 28, 2009 | 8:55 am

Por: Ana Paola López

Este año me tocó experimentar con varios géneros que nunca había escrito, algunos no son literarios en el sentido estricto,  pero me  han ayudado a crecer y experimentar como escritora. Creo que todos aquellos que han escrito alguna vez, saben que los géneros distintos, exigen del escritor algo distinto. A veces es más entereza, más perseverancia, o más chispa. A veces incluso, más oído musical. Puede ser que se conozca de antemano qué es eso que se necesita. Un guión, una obra de teatro y una canción es el saldo del año en lo que refiere a mis nuevos retos como escritora creativa (y quiero asumir el papel, por qué no).

De todos, el reto más desafiante fue la canción, en varios aspectos.  La obra y el guión son parientes, debo decir, cercanos y ambos requirieron más disciplina de mi parte; mucha más voluntad de escribir la historia, pero sobre todo, voluntad para describirla, armarla, hacerla interesante en lo que se refiere a lo visual, a lo dinámico y a lo dialógico. Bien podemos decir que, mientras que la poesía y el cuento no requieren una idea totalmente clara de lo que está ocurriendo, la imaginación del lector se puede nutrir con ideas más vagas. Las descripciones exageradas quedaron atrás  en lo que se refiere a la narrativa (Dios salve a los románticos y a realistas) por lo que hemos perdido mucho esa costumbre. Por lo tanto,  entrar a estas cuestiones al trabajar en un  guión, resulta un poco más trabajoso para un escritor-normalmente-narrativo.

Sin embargo, con un poco más de trabajo y de edición, no resulta tan complicado escribir un guión (mientras se tenga la idea totalmente clara, en todo sentido). En mi caso, tuve quien me guiara en ambos procesos, y las cuestiones de formato son sencillas y se pueden consultar en la red. Lo que aprendí de este proceso como guionista  es que es mejor tener la historia escrita de principio a fin y después adaptarla para que el guión tenga su adecuado crecimiento.

Con las canciones en cambio, nunca tuve ningún instructivo. Tenía prisa por componer una, por poder participar en el festival de la canción que se realiza cada año en el campus y tener con qué participar. Claramente, yo,  poeta-semi-laureada  (bueno, así se siente uno cuando gana algún concurso) me sentía no sólo capaz, sino totalmente predispuesta a escribir una canción. Pero al intentarlo no podía, por dónde empezar,  ¿La música?, ¿La letra? Después de muchos intentos frustrados y cada vez con menos tiempo para escribirla, por fin empecé a investigar cuál es el proceso para componer canciones.

Como era de esperarse, tanta presión no me ayudó a escribir la esperada canción. Es una de esas cosas que no se pueden forzar, justo como la poesía. Que sólo nace.

Habían varios aspectos a considerar que sentía que  me fallaban a la hora de tratar de escribir una canción. Mi casi nula formación musical, el no saber qué género, qué palabras, el hecho de que el único instrumento que toco es la voz. Además, de  no conocer ejercicios para liberar esa parte mía  compositora.

El concurso fue en septiembre. Y aunque si participé, fue con las canciones de otros.  Y así, en un día de diciembre, casi de la nada, las palabras y la melodía vinieron a mí  simplemente, las fui cantando, completando, moviendo y oyendo. Con mis pocos conocimientos musicales, me serví de una cámara para grabarme y conforme iba avanzando, oía la canción para ver cómo se complementaban.  Todo era pensar, cantar, grabar y oír.  Sé que no es la más grandiosa canción jamás escrita, pero es ya un avance significativo: otra  más de mis experiencias creativas a la hora de escribir. Como estudiante de literatura, es fabuloso tener una ruta de escape de la solemnidad literaria de las aulas; y como escritora, la vida siempre se enriquece de nuevas experiencias.

Creo que al final, es cuestión de adaptarse. No hay una receta única para escribir: a veces es cosa de dejarse  llevar y otras,  sentarse más horas frente a la computadora. El punto es, siempre a final de cuentas, hacerlo.

Para compartir:

¿Qué descubriste o aprendiste este año en la práctica de la escritura? ¿Qué más quieres aprender? ¿Cuáles fueron tus principales satisfacciones escribiendo? ¿Nos lo cuentas en los comentarios al final de esta entrada?

Escribir la vida
Ikal Bamoa | December 21, 2009 | 9:00 am

No es que uno escriba acerca de la vida nada más. Uno escribe dentro de ella, encima y debajo de ella. Hecho de ella. Desafiado y contenido, exaltado e inhibido, expuesto y agraviado por ella. Fascinado, iracundo, indiferente con ella. Y rodeado de ella. A veces intimidado, alienado, acorralado o incluso abandonado por ella.

¿Y la vida?

La vida, irremediablemente, se nos cuela al escribir.

La vida, irremediablemente, se nos cuela al escribir. Podemos relatar algo que consideramos ajeno. O algo imaginario. O deliberadamente absurdo. Podemos intentar poner cualquier abismo entre la vida y la propia obra pero, aún así , nuestra obra estará rebosante de nuestra vida. No me refiero a los hechos que vivimos: No es a través de anécdotas o episodios autobiográficos que convertimos la vida en obra. Tampoco me refiero al estilo personal de escribir como delator de las secuelas idiosincráticas y cicatrices que vamos acumulando.

¿Cómo es, entonces, que la vida se nos convierte en obra? Ese recipiente espaciotemporal que nos aloja, ese omnisciente testigo participativo que propone y a menudo impone, ese complejo entramado de circunstancias al que intentamos dar sentido —la vida— es una criatura mutante que al irse tranasformando nos cambia, irreversiblemente, a nosotros también. Y poco importan, en sí mismos, los eventos que presenciamos o protagonizamos. Importa muchísimo más, la experiencia interior que tenemos al vivirlos. Puede que el recuerdo de esa experiencia interior —más que el propio evento— permanezca con nosotros muchos años; o puede que nuestra memoria lo traspapele o extravíe del todo. No es un asunto de memoria, sino de modificación de perspectivas: Poquísimo cambia el mundo tras una tarde de lluvia; una persona, en cambio, puede transformarse profundamente según lo que viva esa tarde.

La vida, entonces, se convierte en obra, a través de nuestra forma de irnos apropiando (consciente e insconscientemente) de cada experiencia vivida. Al cambiar yo, cambiarán también, sin duda, las historias que elija contar, sus personajes y las realidades en que ellos existan, así como mi forma de retratar a unos y otras. Toda expresión artística es, entonces, un eco (no un reflejo) del cambiante universo interior del artista. En el caso del escritor, esto se cumple en forma más explícita. Nos relacionamos con el universo exterior, momento a momento, a través de procesos de significación que hemos construido (lingüísticamente, ni más ni menos) a lo largo de la vida.

Pero basta de palabrería. Si lees esto y amas escribir, ¿qué puedes hacer para que tu obra se enriquezca y evolucione? Opino que vivir. Mucho. Tanto como puedas.