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Libros y películas para inspirar la escritura
Carmen María | August 16, 2010 | 9:49 am

Ahora que estoy pasando unos días en la finca donde crecí, me ha dado por leer nuevamente algunos pasajes de Mujercitas, el libro que fue mi inspiración, y la inspiración de muchas adolescentes en el mundo, para dedicarme a escribir. A pesar de que han pasado muchos años y ya no me emociona como antes, le reconozco su enorme mérito y me hace pensar en lo mucho que un libro o una película pueden influir para empezar o perseverar en la práctica de la escritura creativa.

¿Alguien necesita un empujoncito para continuar escribiendo? Aquí les dejo una selección de libros y películas altamente inspiradores. Confieso que mis criterios selectivos están inclinados hacia obras realizadas  por o sobre mujeres, así que la lista queda abierta para que ustedes añadan sus películas y libros favoritos sobre escritura y podamos lograr un  equilibrio.

Libros

Mujercitas Louisa May Alcott

La suma de los días de Isabel Allende

Memorias de África de Isak Dinesen

La loca de la casa de Rosa Montero

Películas

La joven Jane Austen (Jane Austen)

Miss Potter (Beatrix Potter)

Descubriendo Nunca Jamás (J.M. Barrie)

Las horas (Virginia Woolf)

Predilección (Charlotte Brontë, Emily Brontë, Anna Brontë)

Las alas del coraje (Antoine de Saint-Exupéry)

El club de los poetas muertos

Adaptation. El ladrón de orquídeas

Bajo el sol de la Toscana

35 ideas para la escritura creativa
Carmen María | July 27, 2010 | 9:57 am

Autor anónimo

  1. Copiar en fichas todos los finales que se nos ocurran para un relato así como sus inicios, probar todas las combinaciones posibles y elegir la más eficaz.

  2. Contemplar la vida, los hechos, los sentimientos, las cosas, las palabras… con actitud de asombro, de extrañeza, y escribir a partir de las nuevas percepciones que así tengamos de todo ello.

  3. Inventar nuevas formas de enfocar nuestros actos cotidianos y escribir sobre ellos.

  4. Mirar los objetos de nuestra casa como si pertenecieran a otro mundo y escribir sobre la nueva forma de percibirlos.

  5. Inventar un mundo en el que las personas hablen con las cosas y las cosas hablen entre sí.

  6. De entre todas las ideas que se agolpan en nuestra mente, apuntar una; la más simple, la más atractiva o la primera que podamos atrapar, sin preocuparnos por perder las restantes en el camino.

  7. Es bueno relajarse unos minutos antes de comenzar a escribir, concentrarse en la respiración, para dejar fluir los pensamientos; coger al vuelo palabras que pasen por la mente y llevarlas a la página.

  8. Se puede trabajar con listas existentes, tales como las del listín telefónico, la carta de un restaurante o la cartelera de los cines.

  9. Plantearse la mayor cantidad posible de formas de soledad existentes para desarrollar en un texto la que más nos conmueva.

  10. Observar lugares bucólicos y describirlos. Extraer noticias truculentas de periódicos sensacionalistas y ambientar los sucesos en dichos lugares.

  11. Estar alerta cuando nos sentimos angustiados para rescatar aquellas imágenes que dan forma a la angustia.

  12. Escribir sin estar pendientes del calendario, del reloj ni de lo que consigamos; simplemente, hacerlo.

  13. Escribir sobre un tema, elegido a conciencia, que nos produzca la más intensa e íntima liberación.

  14. Imaginar varias situaciones que ocurren en distintos lugares a la misma hora como método para contar algo desde distintos puntos de vista.

  15. Repetir un mismo itinerario mental en distintas ocasiones para comparar resultados y recoger la mayor cantidad posible de material vivencial.

  16. Imaginar un viaje de afuera hacia adentro y otro de adentro hacia fuera de uno mismo y escribir “durante” el viaje.

  17. Planificar un viaje interior por el territorio que sea más propicio para las representaciones imaginarias.

  18. Practicar el aislamiento durante un período programado de tiempo que puede ir desde un día completo hasta una semana, un mes… y anotar lo que experimentamos en ese lapso.

  19. Encontrar las palabras que más placer nos produzcan o más significaciones nos provoquen para constituirlas en componentes de una imagen.

  20. Apelar a nuestros sentidos diferenciando aromas, sabores, sonidos, observaciones y sensaciones táctiles de todo tipo para incluir en nuestra lista para constituir imágenes.

  21. Dividir un objeto en el mayor número posible de piezas que lo componen para jugar con ellas en un texto, llamando al objeto por el nombre de algunas de esas piezas o partes.

  22. Inventar situaciones, personajes, conceptos que nos permitan transgredir las funciones del lenguaje.

  23. Reunir todo tipo de géneros y discursos y a partir del contraste entre dos de ellos, para constituir una narración: noticias periodísticas, telegramas, poemas, diálogos escuchados al pasar, etcétera.

  24. Analizar todo tipo de palabras buscando la mayor cantidad de explicaciones posibles que en torno a ellas nos aporta material para un texto o nos permite, directamente, constituir el texto.

  25. Prestar atención a los episodios cotidianos, y convertir cada mínimo movimiento ocurrido en un espacio común -un bar, el metro, un edificio, la playa- en un episodio capaz de desencadenar otros muchos.

  26. Elegir momentos a distintas horas del día y describir todo lo que sentimos y lo que sucede a nuestro alrededor, más cerca y más lejos.

  27. Inventariar palabras a partir del alfabeto y crear entre ellas un itinerario, el esqueleto de una historia.

  28. Tomar todo tipo de secretos: un “secreto de familia”, un “secreto de confesión”, “el secreto de estado”, “el secreto profesional”, como motores de un texto.

  29. Hurgar en nuestro mundo interior, rescatar de él algún aspecto que no nos atrevemos a expresar y ponerlo en boca de un personaje.

  30. Confeccionar una lista de afirmaciones y otra de negaciones como posible material para un texto en el que se omita algo específico.

  31. Invertir el mecanismo lógico: secreto/confesión, es una manera de enfrentar la ficción. En consecuencia, partir de una confesión para luego inventar el secreto.

  32. Emborronar folios durante diez minutos exactos cada día. Al cabo de cada mes (y por ninguna razón antes) leer lo apuntado. Dicha lectura constituirá una grata sorpresa para su autor. Dado que escribió asociando libremente, el material acopiado será heterogéneo y muy aprovechable para ser transformado en texto literario.

  33. Contar lo diferente y no lo obvio de cada día.

  34. Trazarse un boceto de escritura “en ruta” y atrapar las ideas susceptibles de ser incorporadas a nuestra futura obra.

  35. Recopilar anécdotas ajenas y apropiarse de algún detalle de cada una o de su totalidad.

La nota del laúd
Carmen María | July 20, 2010 | 4:00 pm

Escribir exige pensar. Uno debe deliberar, planear, inferir consecuencias posibles, hacer supuestos, probar alternativas y realizar otras actividades mentales que tienen que estar cuidadosamente coordinadas. En gran medida, los criterios para una buena escritura son los mismos que para el pensamiento lógico. Sin embargo, escribir implica también consideraciones como la gracia y la sorpresa, la textura y el ritmo, la palabra y la inteligencia, sobre las cuales la lógica tiene poco o nada que ver.

Matthew Lipman

Notas sobre el arte de escribir cuentos
Carmen María | July 15, 2010 | 4:06 pm

H.P. Lovecraft

La razón por la cual escribo cuentos fantásticos es porque me producen una satisfacción personal y me acercan a la vaga, escurridiza, fragmentaria sensación de lo maravilloso, de lo bello y de las visiones que me llenan con ciertas perspectivas (escenas, arquitecturas, paisajes, atmósfera, etc.), ideas, ocurrencias e imágenes. Mi predilección por los relatos sobrenaturales se debe a que encajan perfectamente con mis inclinaciones personales; uno de mis anhelos más fuertes es el de lograr la suspensión o violación momentánea de las irritantes limitaciones del tiempo, del espacio y de las leyes naturales que nos rigen y frustran nuestros deseos de indagar en las infinitas regiones del cosmos, que por ahora se hallan más allá de nuestro alcance, más allá de nuestro punto de vista. Estos cuentos tratan de incrementar la sensación de miedo, ya que el miedo es nuestra más fuerte y profunda emoción y una de las que mejor se presta a desafiar los cánones de las leyes naturales. El terror y lo desconocido están siempre relacionados, tan íntimamente unidos que es difícil crear una imagen convincente de la destrucción de las leyes naturales, de la alienación cósmica y de las presencias exteriores sin hacer énfasis en el sentimiento de miedo y horror. La razón por la cual el factor tiempo juega un papel tan importante en muchos de mis cuentos es debida a que es un elemento que vive en mi cerebro y al que considero como la cosa más profunda, dramática y terrible del universo. El conflicto con el tiempo es el tema más poderoso y prolífico de toda expresión humana.

Mi forma personal de escribir un cuento es evidentemente una manera particular de expresarme; quizá un poco limitada, pero tan antigua y permanente como la literatura en sí misma. Siempre existirá un número determinado de personas que tenga gran curiosidad por el desconocido espacio exterior, y un deseo ardiente por escapar de la morada-prisión de lo conocido y lo real, para deambular por las regiones encantadas llenas de aventuras y posibilidades infinitas a las que sólo los sueños pueden acercarse: las profundidades de los bosques añosos, la maravilla de fantásticas torres y las llameantes y asombrosas puestas de sol. Entre esta clase de personas apasionadas por los cuentos fantásticos se encuentran los grandes maestros -Poe, Dunsany, Arthur Machen, M. R. James, Algernon Blackwood, Walter de la Mare; verdaderos clásicos- e insignificantes aficionados, como yo mismo.

Sólo hay una forma de escribir un relato tal y como yo lo hago. Cada uno de mis cuentos tiene una trama diferente. Una o dos veces he escrito un sueño literalmente, pero por lo general me inspiro en un paisaje, idea o imagen que deseo expresar, y busco en mi cerebro una vía adecuada de crear una cadena de acontecimientos dramáticos capaces de ser expresados en términos concretos. Intento crear una lista mental de las situaciones mejor adaptadas al paisaje, idea, o imagen, y luego comienzo a conjeturar con las situaciones lógicas que pueden ser motivadas por la forma, imagen o idea elegida.

Mi actual proceso de composición es tan variable como la elección del tema o el desarrollo de la historia; pero si la estructura de mis cuentos fuese analizada, es posible que pudiesen descubrirse ciertas reglas que a continuación enumero:

1) Preparar una sinopsis o escenario de acontecimientos en orden de su aparición; no en el de la narración. Describir con vigor los hechos como para hacer creíbles los incidentes que van a tener lugar. Los detalles, comentarios y descripciones son de gran importancia en este boceto inicial.

2) Preparar una segunda sinopsis o escenario de acontecimientos; esta vez en el orden de su narración, con descripciones detalladas y amplias, y con anotaciones a un posible cambio de perspectiva, o a un incremento del clímax. Cambiar la sinopsis inicial si fuera necesario, siempre y cuando se logre un mayor interés dramático. Interpolar o suprimir incidentes donde se requiera, sin ceñirse a la idea original aunque el resultado sea una historia completamente diferente a la que se pensó en un principio. Permitir adiciones y alteraciones siempre y cuando estén lo suficientemente relacionadas con la formulación de los acontecimientos.

3) Escribir la historia rápidamente y con fluidez, sin ser demasiado crítico, siguiendo el punto (2), es decir, de acuerdo al orden narrativo en la sinopsis. Cambiar los incidentes o el argumento siempre que el desarrollo del proceso tienda a tal cambio, sin dejarse influir por el boceto previo. Si el desarrollo de la historia revela nuevos efectos dramáticos, añadir todo lo que pueda ser positivo, repasando y reconciliando todas y cada una de las adiciones del nuevo plan. Insertar o suprimir todo aquello que sea necesario o aconsejable; probar con diferentes comienzos y diferentes finales, hasta encontrar el que más se adapte al argumento. Asegurarse de que ensamblan todas las partes de la historia desde el comienzo hasta el final del relato. Corregir toda posible superficialidad -palabras, párrafos, incluso episodios completos-, conservando el orden preestablecido.

4) Revisar por completo el texto, poniendo especial atención en el vocabulario, sintaxis, ritmo de la prosa, proporción de las partes, sutilezas del tono, gracia e interés de las composiciones (de escena a escena de una acción lenta a otra rápida, de un acontecimiento que tenga que ver con el tiempo, etc.), la efectividad del comienzo, del final, del clímax, el suspenso y el interés dramático, la captación de la atmósfera y otros elementos diversos.

5) Preparar una copia esmerada a máquina; sin vacilar por ello en acometer una revisión final allí donde sea necesario.

El primero de estos puntos es por lo general una mera idea mental, una puesta en escena de condiciones y acontecimientos que rondan en nuestra cabeza, jamás puestas sobre papel hasta que preparo una detallada sinopsis de estos acontecimientos en orden a su narración. De forma que a veces comienzo el bosquejo antes de saber cómo voy más tarde a desarrollarlo.

Considero cuatro tipos diferentes de cuentos sobrenaturales: uno expresa una aptitud o sentimiento, otro un concepto plástico, un tercer tipo comunica una situación general, condición, leyenda o concepto intelectual, y un cuarto muestra una imagen definitiva, o una situación específica de índole dramática. Por otra parte, las historias fantásticas pueden estar clasificadas en dos amplias categorías: aquellas en las que lo maravilloso o terrible está relacionado con algún tipo de condición o fenómeno, y aquéllas en las que esto concierne a la acción del personaje con un suceso o fenómeno grotesco.

Cada relato fantástico -hablando en particular de los cuentos de miedo- puede desarrollar cinco elementos críticos: a) lo que sirve de núcleo a un horror o anormalidad (condición, entidad, etc,); b) efectos o desarrollos típicos del horror, c) el modo de la manifestación de ese horror; d) la forma de reaccionar ante ese horror; e) los efectos específicos del horror en relación a lo condiciones dadas.

Al escribir un cuento sobrenatural, siempre pongo especial atención en la forma de crear una atmósfera idónea, aplicando el énfasis necesario en el momento adecuado. Nadie puede, excepto en las revistas populares, presentar un fenómeno imposible, improbable o inconcebible, como si fuera una narración de actos objetivos. Los cuentos sobre eventos extraordinarios tienen ciertas complejidades que deben ser superadas para lograr su credibilidad, y esto sólo puede conseguirse tratando el tema con cuidadoso realismo, excepto a la hora de abordar el hecho sobrenatural. Este elemento fantástico debe causar impresión y hay que poner gran cuidado en la construcción emocional; su aparición apenas debe sentirse, pero tiene que notarse. Si fuese la esencia primordial del cuento, eclipsaría todos los demás caracteres y acontecimientos, los cuales deben ser consistentes y naturales, excepto cuando se refieren al hecho extraordinario. Los acontecimientos espectrales deben ser narrados con la misma emoción con la que se narraría un suceso extraño en la vida real. Nunca debe darse por supuesto este suceso sobrenatural. Incluso cuando los personajes están acostumbrados a ello, hay que crear un ambiente de terror y angustia que se corresponda con el estado de ánimo del lector. Un descuidado estilo arruinaría cualquier intento de escribir fantasía seria.

La atmósfera y no la acción, es el gran desiderátum de la literatura fantástica. En realidad, todo relato fantástico debe ser una nítida pincelada de un cierto tipo de comportamiento humano. Si le damos cualquier otro tipo de prioridad, podría llegar a convertirse en una obra mediocre, pueril y poco convincente. El énfasis debe comunicarse con sutileza; indicaciones, sugerencias vagas que se asocien entre sí, creando una ilusión brumosa de la extraña realidad de lo irreal. Hay que evitar descripciones inútiles de sucesos increíbles que no sean significativos.

Éstas han sido las reglas o moldes que he seguido -consciente o inconscientemente- ya que siempre he considerado con bastante seriedad la creación fantástica. Que mis resultados puedan llegar a tener éxito es algo bastante discutible; pero de lo que sí estoy seguro es que, si hubiese ignorado las normas aquí arriba mencionadas, mis relatos habrían sido mucho peores de lo que son ahora.

Diez reglas de oro de la novelista Zadie Smith
Carmen María | June 28, 2010 | 7:26 am

De la serie Reglas para Escritores (Rules for Writers) del periódico The Guardian, hoy publicamos las diez reglas de oro de la joven novelista, Zadie Smith, autora de White Teeth y The Autograph Man y ganadora del Orange Prize for Fiction en 2006 por la obra On Beauty. (Traducción y publicación original de Ediciona).

1. Mientras seas pequeño, asegúrate de leer muchos libros. Dedica más tiempo a la lectura que a cuaquier otra actividad.

2. De adulto, intenta leer tu propio trabajo como lo leería un extraño. Mejor aún, como lo leería un enemigo.

3.  Evita enfundar tu “vocación” de romanticismos. O eres capaz de escribir buenas oraciones, o no. No existe nada parecido a un “estilo de vida de escritor”, lo único que importa es lo que dejes en la página.

4. Evita tus debilidades. Pero no lo hagas diciéndote a ti mismo que no vale la pena realizar aquellas cosas que eres incapaz de hacer. No enmascares tus carencias con el desprecio.

5. Deja que pase un tiempo decente entre el proceso de escritura y el de edición.

6. Evita las camarillas, las pandillas y los grupos. La presencia de la manada no hará que mejores como escritor.

7. Trabaja en un ordenador que no tenga conexión a Internet.

8. Proteje el tiempo y el espacio en el que escribes. Mantén a todo el mundo lejos de tu espacio de trabajo, incluso a las personas que son más importantes para ti.

9. No confudas premios con logros.

10. Di la verdad. A través de cualquier forma en la que se te revele, pero dila. Resígnate a la eterna tristeza que proviene de nunca quedar satisfecho.

Ver también:
Las diez reglas de oro de Margaret Atwood
Las diez reglas de oro de Rose Tremain

Escritura como movimiento, como camino
Carmen María | June 25, 2010 | 10:43 am

por María Teresa Andruetto

Texto de la ponencia presentada por la autora en el I Congreso Internacional de Literatura Infantil y Juvenil organizado por el Centro de Propagación de Literatura Infantil y Juvenil (Ce.Pro.Pa.L.I.J.), de la Universidad Nacional del Comahue (Cipolletti, provincia de Río Negro, setiembre de 2001).

Cuál es el lugar de un escritor. Si lugar
significa influencia, importancia práctica,
el arte no ocupa ningún lugar. Utopía
significa precisamente eso: no lugar,
ningún lugar. Un escritor no es sólo un
señor que publica libros y firma contratos
y aparece en televisión. Un escritor es,
un hombre que establece su lugar
en la utopía.
Abelardo Castillo

Entre los africanos, cuando un narrador llega al final de un cuento, pone su palma en el suelo y dice: aquí dejo mi historia para que otro la lleve. Cada final es un comienzo, una historia que nace otra vez, un nuevo libro. Así se abrazan quien habla y quien escucha, en un juego que siempre recomienza y que tiene como principio conductor, el deseo de encontrarnos alguna vez completos en las palabras que leemos o escribimos, encontrar eso que somos y que con palabras se construye. Para escribir una y otra vez lo que nos falta, la escritura nos conduce a través del lenguaje, como si el lenguaje fuera —lo es— un camino que nos llevara a nosotros mismos.

Escritura entonces como movimiento, como camino para quien escribe y para quien lee. Camino, migración de un sitio a otro.

Hija de un partisano que llegó desde Italia a la Argentina después de la Segunda Guerra Mundial y mujer de un hombre que debió asilarse en un país europeo durante la pasada dictadura, me fueron narrados con persistencia los cuentos y las cuentas del desarraigo, los costos de pasar de una cultura a otra, de un mundo a otro. Volverse adulto es también haber migrado. Y la migración misma, esa zona de pasajero en tránsito, ese tiempo que hemos dado en llamar adolescencia.

Cuando yo era chica
los corredores eran largos
las mesas altas
las camas enormes.
La cuchara no cabía
en mi boca
y el tazón de sopa
era siempre más hondo
que el hambre.
Cuando yo era chica
sólo gigantes vivían
allá en mi casa
menos mi hermano y yo
que éramos gente grande
venida de Lilliput.

Migrar de un mundo a otro y adolecer, vivir lleno de faltas en el tránsito. Abandonos precarios, de frase en frase, de sitio en sitio, con la mano extendida a un otro que preste su voz y haga que lo escrito viva. El camino que trazamos sobre la página es el viaje de un deseo: palabra conquistada y a la vez mano extendida, ruego, invitación, pérdida brutal de la palabra.

El que migra, y toda escritura es migración, va hacia un habla que jamás le será dada. De esa pérdida se forma el escribir Falta y no otra cosa es lo que tenemos al comienzo de cada proyecto. Se escribe porque no se sabe, no se comprende. Se escribe para confirmar una y otra vez que no se sabe, que no se comprende. Quien escribe busca una forma para eso que no tiene forma y que por eso es incomprensible, busca un continente para un contenido que siempre se desborda. Y lo que encuentra es una voz apenas, susurro de lo que no se sabe decir, de lo que no se puede decir, de lo que nadie enseña a decir.

¿Por qué escribir entonces en busca de lo que se nos está negado? Para un buscador de oro, el placer está en buscar. Un escritor es un buscador cuyo placer más puro es encontrar entre miles de palabras, las palabras. Esa es la única explicación que he encontrado para mí a lo largo de los años. Cuando dejamos de buscar, cuando se pacifica la relación con el lenguaje, éste deja de decir nuestra falta, eso que nos largó al camino de la escritura. Deja de decir y de decirnos; se vuelve contra nosotros.

¿Un escritor domina las palabras? Más bien se podría decir que un escritor tiene problemas con las palabras, que las ha convertido en su problema. Encuentro y pérdida permanente, palabras bailando en una boca muda. Así, como quien no puede pero de igual modo lo intenta, el escritor escribe el deseo del otro.

Toda escritura es experimental, ya que constituye, si es genuina, una exploración intensa de la palabra y una experiencia profunda en el seno de uno mismo. La verdadera originalidad, es una huida de la repetición de uno mismo, de la copia de uno mismo; y consiste en entender cada proyecto de escritura como una exploración nueva (nueva para uno, quiero decir) en el seno de la palabra, como una intensificación de la experiencia, porque se escribe contra la lengua, contra lo lingüísticamente correcto, contra lo políticamente correcto, se escribe contra todo y sobre todo contra nosotros mismos, violentando el lenguaje y violentándonos, buscando la salida de eso que somos en las rajas que se producen entre una palabra y otra, buscando aquello que entre una frase y otra, en esa grieta que no es silencio ni voz, aparece .

¿Inventar o descubrir?. Mirar sobre todo. Mirar con intensidad para dar cuenta de lo que se mira, porque la escritura (como la lectura) depende del mundo que se haya contemplado y de la forma sutil en que se ha incorporado la experiencia para percibir la complejidad y el intrincamiento de la apariencia. Porque el arte es un método de conocimiento, una forma de penetrar en el mundo y encontrar el sitio que nos corresponde en él.

¿Apenas si tenemos una frase? Puede ser suficiente para tirar del hilo, para empezar a devanar la historia. Fragmentos, meandros, derivaciones en las que un testimonio se pierde, y entre esos meandros alguien dice la palabra de un comienzo. A veces no hay ni tan siquiera eso y entonces la escritura se evidencia en su condición de pura espera del otro, lenguaje narrando el vacío del otro, boca que espera una escucha, letra ofrecida a los ojos de un lector.

Corregir un texto es un trabajo espiritual, una empresa de rectificación de uno mismo, decía Paul Valery. Corregir entonces para liberarnos de lo adecuado y de lo correcto, de la mimetización con los autores más exitosos, de lo que se vende, de lo que quiere la escuela, de la necesidad de parecer escritores, del deseo de ser inteligentes o informados o… Liberarnos en fin de tantos lastres, para encontrar en algún momento, si se persiste y si se es afortunado, esa moneda de oro que es la vida. Hay sí, una ética de las formas: eso es en su sentido más puro una estética. Trabajar encarnizadamente la forma para que se ajuste al movimiento que traza la vida. Escribir más allá o más acá de las exigencias del mercado. Abrir siempre nuevos espacios personales, exploraciones nuevas de escritura y de lectura. Escribir para el encuentro verdadero con un lector. Escribir siempre para lectores únicos, para decenas o centenas o millares de lectores únicos. Trabajar sobre todo contra la repetición de uno mismo, contra la mercantilización del deseo, contra el vaciamiento de las formas, desde la permanente búsqueda, desde el movimiento permanente, desde el constante desacomodo, aunque se nos haga a menudo cuesta arriba. Escribir en fin para el lector que quisiéramos ser, para un lector que en lo más íntimo de nosotros respetamos más allá de su condición y de su edad, un lector siempre más grande y más intenso que nosotros mismos. Escribir por puro afán de exploración, por el solo deseo de transitar nuestras reservas salvajes. Escribir para buscar, abiertos siempre al descubrimiento, al riesgo, a la sorpresa. Escribir sin miedo a las expulsiones del palacio, ni a las expulsiones del templo, cualesquiera sean los palacios y los templos de turno. Sin miedo al abandono de los lectores, ni al de las editoriales. Sin miedo a quedar fuera de la escuela o del mercado. Sin miedo, en fin. Escribir lejos de la repetición de lo exitoso, producido por los otros o por nosotros. Cuidarnos de todo y, sobre todo, cuidarnos de nosotros mismos. Prescindir de todo lo que no sea el camino. Ser siempre el caminante, el que todavía no ha llegado a destino, el pasajero en tránsito, el que atraviesa la reserva, el buscador de oro, para que la escritura acaso alguna vez sea. Para que alguna vez, tal vez, dibuje un texto y lo haga florecer como un árbol.

¿Para qué escribir, para qué leer, para qué contar, para qué elegir un buen libro en medio del hambre y las calamidades? Escribir para que lo escrito sea abrigo, espera, escucha del otro. Porque la literatura es todavía esa metáfora de la vida que sigue reuniendo a quien dice y quien escucha en un espacio común, para participar de un misterio, para hacer que nazca una historia que al menos por un momento nos cure de palabra, recoja nuestros pedazos, acople nuestras partes dispersas, traspase nuestras zonas más inhóspitas, para decirnos que en lo oscuro también está la luz, para mostrarnos que todo en el mundo, hasta lo más miserable, tiene su destello.

Como aquel pintor de la antigua Corea, de quien se dice que pintaba árboles que los pájaros confundían con verdaderos.

Cómo escriben los que escriben
Carmen María | June 24, 2010 | 8:41 am
Cómo escriben los que escriben Trucos, secretos, cábalas y manías de Brizuela, Caparrós, Castillo, Coelho, De Santis, Fogwill, Heker, Pauls y Piñeiro. Además, las distintas estrategias: los que planean y los que improvisan

lanacion.com | ADN Cultura | S�bado 12 de junio de 2010

Cazando los sueños de Mauricio Roverssi
Carmen María | June 2, 2010 | 8:31 am

Mauricio Roverssi es un joven escritor de Costa Rica, que nos atrapa regularme son las telarañas de letras que tiende en su blog Cazando Sueños. Desde que iniciamos el proyecto de Difícil de Juglar, ha colaborado asiduamente con nosotros, sorprendiéndonos con la sensibilidad de su poesía y el ingenio de sus juegos de palabras. En este post nos cuenta sobre su inspiración, sus lecturas favoritas y por supuesto, sobre sus sueños.

Mi gusto por la escritura nació como mi pasión para la lectura. De niño devoraba cada libro de la biblioteca de mi casa. Recuerdo que en esos días mi sueño era ser un bibliotecario. Claro, en mi cabeza infantil pensaba que si trabajaba en una biblioteca iba a poder leer los libros que quisiera. Hasta recuerdo que hice un catálogo y les puse etiquetas como en las bibliotecas.

Empecé a escribir poesía, aunque siendo sincero, nunca fui muy aficionado a la lectura de poemas. Creo que me incliné por la poesía por la su estilo libre y juguetón. Me gusta jugar con las palabras. Mis influencias son más del lado de la ciencia ficción y de la fantasía, y me gusta más aventurarme a cuentos fantásticos o lugares mágicos.

Trato de aprovechar la inspiración den cualquier momento. Desde lo que dice la gente en el bus, pinturas en una galería de arte, historias de mi familia, hasta lo que puedo leer en un blog o un buen libro. Generalmente una idea me lleva a otra por alguna conexión no necesariamente obvia.

Satisfacciones y dificultades al escribir

Mis mayores satisfacciones al escribir es leer los hijos e hijas que se generan de la escritura, y al ver que no son perfectos, pero humildes, me genera una alegría y satisfacción que no encuentro en otras actividades. Pero sobre todo, el poder encantar a alguien con lo que se escribe, que una persona se sienta identificada con tu historia o que solo te digan: “sin palabras”. Cuando uno aprende a escribir para otros, para que otros disfruten, la escritura se vuelve una forma de encontrarnos y relacionarnos con los otros.

Las dificultades que me he encontrado escribiendo son: falta de Confianza en mí mismo, pero sobre todo, falta de técnica. Me gustaría tener más disciplina, pero como voy por el mundo cazando ideas, creo que mi estilo es más de atrapar las ideas cuando llegan y no dejarlas ir.

Lecturas y autores favoritos

Soy una persona que lee mucho. Cuando me gusta un autor, estilo o tema, suelo leer mucho de él. Recuerdo que en mi época de juventud leí mucho a Gabriel García Márquez y sus contemporáneos latinoamericanos. Después descubrí a Tolkien antes del boom de las películas de El Señor de los Anillos y me encantó su estilo barroco de descripciones minuciosas y perfeccionistas. De él he tratado de leer todas sus obras. Así puedo seguir mucho, pero en general me gustan las novelas grandes, buenas y que no se me acaben rápido y conocer la mayoría de aspectos de un autor.

Me gustan los autores que elaboran todo una cosmología dentro de su obra y que interconectan sus libros de alguna u otra forma, con intención o no.

Isacc Asimov  su visión futurística de conquista del universo en Fundación.Los 7 libros de The Dark Tower de Stephen King, y todas sus obras anteriores o posteriores que se entrecruzan en algún elemento con esta obra central.Terry Prachet y su MundoDisco, su forma de escribir sarcástica hasta con sus mismo personajes.Usurula K.  LeGuin y sus sagas de Terramar que explora la redención y la búsqueda de identidad del ser humano. Neil Gaiman y sus novelas gráficas de The Sandman, su forma de escribir tan innovadora, tomando los mitos y dioses de antaño y colocándolos de nuevo entre nosotros, con todo lo que eso implica.

Espero haber avanzar en mi escritura cada día un poco más, con historias un poco más complejas y desarrolladas. ¿Y quien no sueña con publicar? Espero poder hacerlo algún día.

Pies para volar
Lúdico Jiménez de Atar | May 21, 2010 | 4:19 pm

A los títeres jugletones como yo, nos gusta jugar a completar y tergiversar lo que otras personas dicen, pero de ningún modo lo hacemos para fastidiar a nadie. Nos gusta este jueglito  porque lo que otros dicen o escriben siempre da pie a que nuestra imaginación vuele, y como los títeres de guiñol no tenemos pies, pues ¿qué mejor que usar los de los otros? Eso me lleva a preguntarme: ¿la imaginación necesita pies para volar? ¿Acaso no únicamente precisa de alas? Yo creo que sí son necesarios los pies, pues de lo contrario ¿cómo despegar? ¿Cómo poner volver a tocar tierra para poner por escrito lo que construimos en el aire?

Los pies o “inicios” dados en los ejersucios literarios, son un excelente pre-texto para que nos fijemos en las palabras.Las palabras son mágicas, pero no siempre nos detenemos a saborear o descubrir su magia.  ¿Te animas a degustar estos tentempiés juglados en twitter y a inspirarte para  continuar?

Escribía historias invisibles, pero sin éxito. Sus ideas eran tan transparentes que nadie se dio cuenta. (@Yuanliao)

Escribía historias invisibles con personajes transparentes. (@Otramaria)

Detestaba tanto a los críticos, que les escribía historias invisibles. (@Jimeneydas)

Escribía historias invisibles, de esas que se leen con los ojos del alma, nunca con los del cuerpo; perceptibles solo al lector curioso y juguetón… (@Amareto)

Escribía historias invisibles para lectores con prisa. (@Juanlumora)

Escribía historias invisibles de humor que se convirtieron en terror: para leerlas, se arrancaron los ojos. (@Yuanliao)

Sus historias invisibles tuvieron tanto éxito que se llevaron al cine. Todos disfrutábamos durante horas frente a la pantalla en blanco. (2Javi_dice)

Escribía historias invisibles, alegremente aceptadas en el país de aquí no pasa nada. Todo era perfecto! ¿Qué podría delatar a las verdades? (@vv74)

Escribía historias invisibles, nadie lo supo nunca. (@oneeyedman)

Escribía historias invisibles que se perdían cuando no recordaba dónde las había dejado. (@Soybelisa).

Escribía historias invisibles, paulatinament invis bl N d o g í e a . N . N a. (@Iulius)

Escribía historias invisibles que hablaban de fantasmas. (@cosechadel66)

Escribía historias invisibles con la tinta de sus manos agotadas y tristes; las historias que serían su historia. (@Cosettex)

Escribía historias invisibles para ojos sordos.(@tintaalsol)

Escribía historias invisibles, no era raro que se atormentara cuando no lograba ver el final. (2otramaria)

Escribía historias invisibles para quienes no eran capaces de ver la alegría en su vida. (@Monfor)

Escribía historias invisibles mientras notas fantasmas le entristecían el alma. Todo estaba listo para entrar en el abismo. (@vv74)

Escribía historias invisibles. Tenía el escritorio lleno de hojas en blanco. (@Juanlumora)

Escribiría historias invisibles, nunca antes vistas…ni después. ( @supergrillo).

La nota del laúd
Carmen María | May 3, 2010 | 10:29 am

Si no se escribe de la vida, ¿de qué se puede escribir entonces? Hablar de las cosas que tocamos y que nos rodean. Yo, por eso, hablo de mi cuarto, de mi cama, de mis zapatos, de mi cigarro.

Jaime Sabines