¿Y qué más?
Lúdico Jiménez de Atar | February 13, 2010 | 9:00 am

¡A juglaaaar, se ha diiiichoooo!

Como en otras ocasiones, hoy este títere jugletón les descubrirá una de sus artimañas que, si se aplican a la actividad literaria, resultan de gran utilidad. Se trata de multiplicar palabras para generar, a partir de una frase o idea breve, un texto bastante más largo.

Les narro un poco del origen de esto. Hace algún tiempo trabajé con un juglar ventrílocuo medio deschavetado llamado Don Benigno, gran entusiasta del delirio improvisacional, que nunca tenía un guión íntegro para sus presentaciones. Resulta que al final de cada show, mientras se cambiaba de ropa y los muñecos descansábamos un poco, Don Beni repasaba en voz alta lo que había gustado de nuestro número y lo que no. Esto nos servía a todos para ir aprendiendo y, sobre todo, para generar ideas de qué hacer en la próxima ocasión. Luego, antes de guardarnos en la maleta, Don Beni escribía alguna frase en un papelito y nos decía: «Ahí trabájenle». Generalmente se trataba de frases muy cortas como: “Olaya cayó al pozo de los deseos”, “fuimos a tomar el té al purgatorio” o “demostraremos haber inventado el arcoiris”. Y ya. Eso era todo. Durante las siguientes horas, dentro de la maleta, mis compañeros y yo juglábamos y juglábamos con la idea recibida. Aunque las primeras veces nos pareció desconcertante y nos pesó la responsabilidad de generar ideas, muy pronto aprendimos a disfrutarlo enormemente. Nos dimos cuenta de que juglar en muchas ocasiones implica sacarle a una idea, a una frase, a una palabra, todo el juglo posible. Con la frasecilla sobre la mesa y el ánimo jugletón bastaba para que llovieran ideas.

Al salir de la maleta la noche siguiente, ya teníamos muchísimo material. Situaciones esbozadas o bien definidas, anécdotas, chascarrillos, coplas e incluso coreografías. Don Benigno nunca nos hacía ensayar y ni siquiera preguntaba cómo nos había ido de creatividad. Simplemente nos hacía alguna que otra pregunta y nos dejaba guiarle por todo el repertorio surgido de la frase propuesta por él. Si por ejemplo se hubiese tratado de la caída al pozo, habría comenzado preguntando: «Eh Lúdico. No veo a Olaya por ningún lado. ¿No tenía que estar aquí contigo?» Y de mi respuesta, que él ignoraba, nos encaminaríamos a la subsecuente narración improvisada, tan fresca para él como para nosotros y, por supuesto, para el público.

Titerato

¿Y si además de eso sucediera esto? ¿Y si en vez de aquello sucediese lo otro?

Hace ya tiempo que no trabajo con ventrílocuo, pero ahora que soy un titerato (es decir un títere aficionado a la literatura) disfruto muchísimo de seguir ejersuciándome con esta misma dinámica. Tomo una frase, una microficción, una greguería, o cualquier texto breve, y lo exprimo para sacarle todo el juglo posible. La idea no es crear paja agregando palabras sin ton ni son, si no imaginar el resto de la historia. ¿Qué pudo pasar antes? ¿Qué podría pasar después? ¿Y si además de eso sucediera esto? ¿Y si en vez de aquello sucediese lo otro? Si los sucesos son pedacitos de historias y las historias son fragmentos de vidas, ¿qué más podría haber en esa(s) vida(s) que impactase de algún modo eso que estoy imaginando? Este ejersucio puede no tener fin, evidentemente. Pero para fines de mera práctica, propongo que nos limitemos a unas doscientas palabras, como máximo.

Aquí te ofrezco un puñadito de “pies” o puntos de partida para que, a fuerza de preguntarte y dejar que los juglos de tu imaginación respondan, ejercites tus músculos creativos y escribas una microficción:

  • Deshago encuentros más recortables que recordables. (Carmen María Hergos)
  • Cúcara mácara, títere fue. (Copla popular)
  • Murió de enfisema aquella fábrica de alegres chimeneas. (Ikal Bamoa)
  • Vendrá el crepúsculo a arruinarnos la tarde. (Lúdico Jiménez de Atar, yo mero)
  • Miro atrás y veo la razón. (Gustavo Cerati)
  • Tatuó en su espalda una ranura de alcancía. (Don Beni)

Si ya dominas la técnica de la infusionización, puedes desde luego combinarla con este ejersucio, a fin de expandir el horizonte de tus ideas más allá de lo que inicialmente imaginarías. ¡Y hey! No guardes tu ejersucio en la maleta, que todos lo queremos leer. Aquí te esperamos de vuelta, como siempre.

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Unos pasitos dados y un salto al vacío

Ser intrépidos al escribir
Carmen María | February 11, 2010 | 2:55 pm

Por Natalie Golberg en su libro: La escritura, una terapia creativa.

"Sillón" Intrépida pintura de Natalie GoldbergCuidado con el uso que le dan a la palabra porque: los escritores no tiene necesidad de explicar las cosas. Tienen necesidad de afirmarlas. “No el porqué sino el qué”. Por ejemplo: Fui a una tienda porque necesitaba algo. La odio porque es una zorra. Verónica compró pan integral porque tiene invitados a comer.

Porque no es una palabra necesaria en las frases anteriores. En su lugar: fui a la tienda. Necesitaba algo./ La odio. Es una zorra. / Verónica compró pan integral. Tiene invitados a comer. Puedes hacer afirmación tras afirmación. Escribir es la práctica de afirmarse uno mismo.

No tienen que unir las frases ni razonarlas. La yuxtaposición habla por sí sola. No se dejen empantanar por la necesidad de explicar. Limítense a escribir la frase tal cual es. Sean intrépidos.

Aconsejo ser cuidadosos con la palabra muy. Generalmente no la necesitamos. Es una palabra que recalca algo que ya se ha anunciado. “El muchacho era muy tímido”. Tampoco añade gran cosa y lo cierto es que “el muchacho era tímido” nos ofrece una afirmación más directa. Oímos mejor tímido sin la fanfarria del muy. Muy disminuye la presencia de la palabra a la que modifica. “Es muy bueno” Quitad la palabra muy. Es bueno. Esta es una aseveración valiente que rara vez se utiliza. Simple, directa, al grano. Nada de elaborados adornos en torno a la cualidad de bueno. Sencillamente bueno.

Ocurre lo mismo con la palabra realmente. “Estuvo realmente bien” . Casi parece que el escritor no se crea que estuvo bien…, “Lo prometo, realmente estuvo bien”. “Estuvo bien” es una afirmación simple y directa que podemos sostener. No hace falta inflarla. Las palabras y la estructura de las frases revelan la identidad del escritor. Enuncien claramente lo que tienen que decir. No tengan miendo. Avancen.

Encuentro que cuando hablo utilizo mucho realmente porque  en mi fuero interno no espero la atención de la gente. Intento conseguir que realmente escuche. Y escuchan o no escuchan. No tenemos que lograr que realmente lo hagan.

Podemos asentarnos en el interior de nuestro cuerpo y escribir. No ocultarlo ni exteriorizarlo. Solo estando presentes. Entonces escribimos por puro vacío. Escribimos porque escribimos y por ninguna otra razón. Eso es bueno.

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La escritura funcional
Carmen María | February 9, 2010 | 9:41 pm

La cuestión es que escribir bien no es nada fácil. La razón por la que escribir bien no sea fácil es muchos escritores y escritoras cometen muchas faltas básicas. La falta más básica que comenten es repetir cada punto. La siguiente falta es ser redundante o ser demasiado pesado, o continuar escribiendo hasta el  punto de que un punto que ya haya sido explicado debe ser explicado de nuevo para estar seguros de que se haya entendido ese punto preciso.

¿Te has enfrentando alguna vez a un texto que, como el anterior, no sólo te aburre, sino que también  cansa?  Según Daniel Cassany, para que nuestros lectores se sientan motivados e identificados  con  nuestros escritos tiene que producirse una intensa interacción entre autor y lector, semejante a la que se produce cuando platicamos en vivo.

¿Por qué hay textos que parece que no te sueltan hasta que los terminas? ¿Por qué hay novelas que no queremos  que se acaben de lo mucho que  disfrutarnos al leerlas? ¿Por qué pasamos por alto tantos artículos y leemos a profundidad otros? Porque no basta, dice Cassany, escribir correctamente y con coherencia, también hace falta ingenio para preparar trucos y seducir al lector.

En su libro, La cocina de la escritura ofrece cinco principios fundamentales de retórica para una escritura funcional:

  1. Punto de vista. Para formular nuestras ideas con palabra que también pueda compartir el lector, es importarte tomar en cuenta su punto de vista. Conocer las características de nuestro público ayuda a partir de sus conocimientos previos, poner ejemplos relacionados con su entorno y realidad e implicarles en el texto con preguntas retóricas, exclamaciones e interpelaciones en segunda persona.
  2. Ser concretos. A las personas nos interesan mucho más las cosas delimitables y observables (ejemplos, anécdotas, comparaciones y nombres propios) que las reflexiones vagas.
  3. Personalización. El tono personal interesa más que el neutro. Si el escrito  pretende ser comunicación entre dos sujetos, lo más normal es que éstos aparezcan explícitamente en la prosa, (por medio del yo, el nosotros, el tú, el ustedes). La personalización no resta objetividad a un escrito, pues ésta es resultado de la actitud del autor, el tratamiento de los datos, la diferenciación entre opinión e información.
  4. Prosa coloreada. Un texto con prosa coloreada es todo lo contrario del ejemplo que introduce este artículo: repetición de palabras e ideas, ausencia de pronombres, ejemplos, tono frío. La prosa que anima a leer es variada, viva, con un léxico rico. Todo ayuda a animar: las salidas de tono, el humor, la ironía y el sarcasmo, por qué no.
  5. Decir y mostrar. ¿Escribimos sobre las ventajas de publicar en internet? Pongamos ejemplos. Yo puedo decir que a raíz de que inauguré un blog,  cuidé más mis textos, me retroalimenté de los comentarios que me escribe otra gente de letras, y sobre todo, me hice amiga de personas muy valiosas que de otro modo no conocería. Lo que acabo de escribir es decir: que publicar en internet tiene muchas ventajas; y mostrar: cuáles son éstas.

¿Quieres saber más sobre la cocina de la escritura? Te recomiendo mucho la lectura y estudio de este libro tan completo y útil para quienes escriben no sólo textos literarios, sino también científicos, de divulgación, personales o didácticos.

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Las apariencias sí importan

La nota del laúd
Carmen María | February 8, 2010 | 7:23 pm

“¿Desde dónde escribo? Escribo desde lo que soy, de lo que desconozco y no comprendo, desde lo que me afecta, es decir, desde lo que me rehace. Escribo para reconocer los desconocimientos que están ahí y ante los que no quisiera permanecer ciego. Escribo para imponerme cierta lucidez, para negarme al desconcierto.”

Tomás Eloy Martínez

Leer poesía
Carmen María | February 7, 2010 | 9:54 am

“La poesía cruza la tierra sola,
apoya su voz en el dolor del mundo
y nada pide
—ni siquiera palabras.”
(…) “Llega de lejos y sin hora, nunca avisa;
tiene la llave de la puerta.
Al entrar siempre se detiene a mirarnos.
Después abre su mano y nos entrega
una flor o un guijarro, algo secreto,
pero tan intenso que el corazón palpita
demasiado veloz.
Y despertamos.”

Eugenio Montejo

Me gusta leer poesía desde que era una niña y los poemas de Tagore me sorprendieron, regalándome un ramo de flores que envió para mí el mismo poeta hacía más de cien años. Cuando leo poesía y no logro aprehender su significado me acuerdo siempre de lo que escribió Tagore en uno de sus inmortales “cantos”:

Sin embargo, no encuentro exactamente lo que busco; no comprendo bien
lo que quisiera aprender; pero este mensaje que no he sabido descifrar me hace
dulce y alegre la jornada y mi pensamiento se ha trocado en melodía.

Escribí mis primeros versitos a la edad de ocho años. Más tarde me di cuenta de que le había robado la idea a José Goroztiza, el escritor mexicano que con quien me hubiera gustado compartir una barca en el silencio lleno de colores de los ríos tabasqueños. El poema que ingenuamente “copié” es una de sus  Canciones para cantar en las barcas:

II

No canta el grillo. Ritma
la música
de una estrella.

Mide
las pausas luminosas
con su reloj de arena.

Traza
sus órbitas de oro
en la desolación etérea.

La buena gente piensa
- sin embargo -
que canta una cajita
de música en la hierba.

En la adolescencia me di cuenta que la poesía no vivía exclusivamente en los versos rimados. Con gran deleite de mi parte leí al inmortal Platero, Para entonces yo pasaba las tardes pastoreando cabras y admirándome del cielo enorme de Yucatán. Las palabras de Juan Ramón Jiménez , sólo las suyas, podían ilustrar con tanta sencillez los sentimientos exaltados que me dejaban sin habla:

Caía la tarde de abril. Todo lo que en el Poniente había sido cristal de oro, era luego cristal de plata; una alegoría, lisa y luminosa, de azucenas de cristal. Después, el vasto cielo fue cual un zafiro transparente, trocado en esmeralda. Yo volvía triste…

Ya en la cuesta, la torre del pueblo, coronada de refulgentes azulejos, cobraba, en el levantamiento de la hora pura, un aspecto monumental. Parecía, de cerca, como una Giralda vista de lejos, y mi nostalgia de ciudades, aguda con la primavera, encontraba en ella un consuelo melancólico.

Sé que leer poesía no me ayudó a escribir mejores poemas. Éstos, pobrecitos, siguen siendo lo más cojo de mis creaciones. Sin embargo, creo que el estar siempre cerca de los textos poéticos me ha ayudado a experimentar con el lenguaje, y a darle cierta carga poética a mis cuentos y relatos sobre la vida cotidiana. Sigo escribiendo versos. Eso sí, porque lo disfruto. Y todos los días tengo algún poemario junto a mí, porque hay tantas cosas que todavía no sé cómo decir, y siempre encuentro un poema que ya encontró la manera.

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Intentar, intentar e intentar

Poemas para pegar en el refri II
Carmen María | February 6, 2010 | 10:50 am

“Los niños tienen mucha imaginación” Solemos decir, y sí, la tienen, al igual que nosotros, sólo que ellos la usan para cosas mucho más encantadoras y gozosas: hablar con los gatos como si éstos fueran viejos amigos, alegrar con una danza desenfadada a la nueva planta que llegó a casa marchita; alejar el miedo con letreros imaginarios que dicen: “Lo que buscas está a mil kilómetros hacia ahí –>”

El mundo de los pequeños está lleno de prosopopeyas.  Una prosopopeya es la figura de lenguaje que confiere a animales, objetos y a conceptos abstractos características o acciones exclusivamente humanas.

Ejemplos:

Animal: El gato medita en la ventana.

Objeto: El ojo de la cerradura parpadea, asombrado.

Concepto abstracto: El odio que titirita en su mirada fría.

¿Qué tal si hacemos un poema para describir un momento del día usando los tres tipos de prosopopeya: animal, objeto, concepto abstracto? Podría quedar algo así:

Esta mañana las hojas secas bailan
y me saludan
desde la ventana.
La taza de café se ruboriza
como si nunca antes la hubiera yo besado.
Un miedo del pasado
que estaba de visita

ha quedado doblado entre las sábanas
mientras mi alegría y yo nos vamos
doblándonos de la risa.

Y recuerda: estos son ejersucios, ensayos, borradores. Disfruta mientras creas sin presiones, y si te gustó el resultado, pegálo en el refri y compártenoslo.

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Lenguaje poético

¿Qué pondrías en tu maletín?
Carmen María | February 2, 2010 | 3:38 pm

Iniciarse en la escritura creativa es como empezar un viaje en el que, por fortuna, a medida que nos adentramos en sus territorios, podemos abastecernos de los útiles que nos facilitarán la travesía. No está de más, sin embargo, preguntarles a quienes son viajeros expertos y empacar lo mínimo indispensable.

El escritor  Luis Landero propuso en un taller, un juego que quizá nos sirva. Hacer una lista de las herramientas útiles para poner en nuestro maletín de viaje. Él proponía las siguientes:

Unas buenas botas para subir al monte de lo salvaje en nuestras mentes, y una brújula para orientarnos porque es fácil empezar y perderse.

Un catalejo, para mirar a distancia, coger perspectiva, ver con luces largas y trazar un plan.

Una lupa, para ponerla en los ensueños y en recuerdo, y para poder detectar los detalles cotidianos.

Alas, pero que no sean de cera como las de Ícaro, para que no se derritan cuando llevamos la imaginación hasta su máxima verosimilitud y nos despeñemos en la fantasía arbitraria.

Un espejo, para saber aceptar el rechazo y rechazar la aceptación cuando no correspondan a la verdad.

Un reloj roto: No tenemos prisa pero tenemos una tarea en marcha. Sin angustia, pero sin complacencia.

Un mástil para atarnos como Ulises contra los cantos de sirena de la pereza, la fantasía estéril, el dinero, la fama, el miedo.

¿Se te ocurren más herramientas para emprender el viaje?

La nota del laúd
Carmen María | January 30, 2010 | 4:02 pm

Gertudre Stein dijo una vez, riéndose, que escribir es tan solo decir lo que uno sabe. Bueno, ese decir es un ejercicio tan difícil en técnica como en honradez; pero debe manifestarse de la manera más inmediata, más espontánea y más impremeditada posible.

Thornton Wilder

¿Por qué me gusta escribir?
Carmen María | January 29, 2010 | 5:25 pm

Por: Zilniya

Desde pequeña, he sido más bien introvertida, tímida. Y también muy imaginativa. Tenía mucho mundo interior hasta el punto que me desbordaba. En el colegio es donde tuve mi primer contacto con la poesía. Más tarde, empecé a publicar algún que otro artículo en la revista de la escuela (basado en trabajos de clase por lo general).

Fue ya en el instituto cuando “me solté la melena” literariamente hablando. Allí conocí a Perséfone, autora de Diálogos Píticos, incansable dibujante y ‘relatista’ con la cual co-dirigí la revista del instituto durante un año. También por aquellos años estuve apuntada a un taller literario como asignatura optativa. Ahí me di cuenta de que prácticamente de todo se puede sacar material literario, mediante ejercicios prácticos, como los que se recomiendan en Difícil de Juglar.

Después de mi etapa en el instituto, estuve varios años sin apenas escribir –aunque dibujaba bastante–. Ya con el auge de Internet y los blogs me animé (o, mejor dicho, me animaron) a publicar en red, primeramente en el blog colectivo Sopaderelatos.com y luego en mi propio blog, Ecologismo Literario, y vía Twitter como @microversos.

¿Cómo evolucionó mi escritura?

Al principio, aparte de algunos poemas, lo que más escribía era mi diario personal. Es muy aconsejable llevar uno. Escribes sin atarte a normas, con total libertad, y te acostumbras a plasmar vivencias reales por escrito (aunque se puede aprovechar también para anotar poemas y citas). Pero como no lo había llevado desde la infancia, sentía la necesidad de tener una memoria de ciertas anécdotas que no quería dejar que se perdieran.

Se me ocurrió que podía transformarlas en cuentos con moraleja y así fui puliendo mi propio estilo. También leía más novela, lo que me empapó un poco del estilo de otros autores. Realmente, no tengo un favorito único. Si acaso, me gusta mucho Amy Tan. Pero los que más me han influido a la hora de ponerme a escribir han sido autores que me he encontrado por la red, aficionados como yo. Ver a otros que, sin ser profesionales, siguen publicando y mejorando su forma de escribir me anima más que ninguna otra cosa. Puede gustarme mucho una novela, pero me siento más identificada con los autores de la red.

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Poemas vertebrales
Carmen María | January 27, 2010 | 4:45 pm

Las palabras, esas listillas con alas, cuando no se nos  escapan, se quedan a dormir en la punta de lengua sin jamás saltar del trampolín. Sucede entonces que estamos escribiendo y…¿dónde está la siguiente palabra? ¿Con qué palabra empiezo? ¿Qué palabra es la más adecuada? Y ahí estamos nosotros, angustiados frente a nuestro escrito, mientras ellas juegan a las escondidillas.

Pero a veces sucede también que una palabra delata a las otras. Dar con ella es una pista para encontrar a las que faltan, y por eso los poemas vertebrales son un buen recurso cuando necesitamos un pretexto para juglar.

Para hacer un poema verteblal, sólo necesitamos escribir una frase horizontalmente. Por ejemplo:

ni
siquiera
la
luz
quiere
entrar
por
las
ventanas
hoy

Luego usamos las palabras para insertar cada una en un verso de nuestro poema. No hace falta que los versos rimen, pero sí se aconseja, para lograr cierto ritmo, usar la repetición o fijarnos de que nuestros versos sean de tamaño similar.

Tantas nubes: ni una gota
ni tan siquiera una lágrima
por la mejilla azul del cielo
para llorarnos su luz.
Tantas nubes: ni una
quiere
entrar
lloviendo amarilla
su luz por nuestras cortinas.
.
Tantas nubes, las lejanas,
que rehuyen nuestras ventanas
hoy que asomamos semillas.

Te proponemos unas frases para que sean la columna vertebral de tu ejersucio.

Ni siquiera la luz quiere entrar por las ventanas hoy.

Cada paso que doy es un miedo que pasa.

Báñame en ceniza, lávame con lava.

Mal escondite para tus lágrimas este aguacero.