¿Por dónde se filtra la inspiración?
Carmen María | February 22, 2010 | 7:07 am

Rafael Vázquez Suárez (@nohubounavez en twitter) , filósofo de formación y escritor por vocación, hace un profundo análisis de los caminos por donde seguimos a la inspiración  para desembocar en un texto escrito.

Yo siempre he trabajado con chicos conflictivos  en centros terapéuticos, donde se supone que debemos arreglar los desaguisados que la sociedad ha hecho en sus jóvenes cabezas. En estos espacios de contención emocional tienen lugar multitud de situaciones límite en que salen a la luz todas las excrecencias que estos chicos llevan dentro.
También innumerables anécdotas llenas de infinito significado.

Recuerdo una vez en que un niño de unos 13 años, musulmán, no paraba de insistir en que les llevase a pasear por la montaña a él y a otros compañeros de su misma edad. A mí se me ocurrió decirle “no hace falta ir a la montaña, si entre todos tenemos mucha fe ello, la montaña vendrá a nosotros”. El chico se quedó mirándome. Yo también le miraba para observar su reacción. De pronto dijo: “yo tengo mucha fe, mira, mira, por allí viene la montaña a nosotros”. Y nos reimos los chicos, yo y otros educadores que andaban por allí y habían oido la conversación. Ni qué decir tiene que luego todos fuimos de excursión a disfrutar de la montaña.

En otra ocasión un chico de unos 14 años estaba castigado con no levantarse de la mesa hasta que no diese buena cuenta del pescado que había para la cena. Ya todos los compañeros habían terminado de cenar y él seguía con el pez intacto en el plato. No paraba de quejarse. Me preguntó “si lo como vomito, ¿quieres que vomite, es eso?” Yo le dije, para quitar hierro a la cosa, “si no quieres el pescado comete por lo menos las espinas no?”. Él se rió y a continuación volvió a revolver con el tenedor el maldito pescado. Bueno, al final hicimos un pacto para que se comiese solo lo que yo le separé en el plato. Y más o menos funcionó. Cada una de estas anécdotas dio lugar a tuits de los que luego dejé constancia en twitter y por él tienen que andar.

¿Cómo surgen estos fulgores creativos? No es fácil determinarlo.  Mi parecer es que surgen siempre en un contexto de connotaciones entre las cuales descubrimos de pronto algún tipo de conexión llamativa o paradójica: por ejemplo nos estamos duchando y por alguna razón comenzamos a desarrollar imaginativamente el proceso del baño: el agua cayendo sobre la piel, atravesando el cauce del cuerpo y desapareciendo por el desagüe. En estas circunstancias hay una multitud de significados y connotaciones relacionados con el contexto de la ducha: agua, limpieza, purificación, piel… son todos ellos elementos que se relacionan; elementos que a su vez se relacionan con otros. En este relacionarse y construir metáforas, imágenes, es donde surgen de pronto las conecciones llamativas.

Volvamos al ejemplo: el agua limpia, purifica (“purificar” tiene un elemento espiritual, referido a cuerpo y alma, ya tenemos que el agua limpia el alma), pero si el agua puede purificar, empaparse de excrecencias espirituales, significa que ella misma puede llevarlas consigo y por tanto ensuciarnos con las suyas propias ¡desaguándolas en los poros de nuestra piel! ¿A dónde nos lleva todo esto? Tenemos que las minificciones se construyen en un contexto o universo de connotaciones, significados interrelacionados. Estos términos se asocian a su vez con metáforas que dentro del marco contextual dan lugar a una malla de relaciones cuyos puntos, roturas, nudos  formarían los argumentos de las minificciones.

Tengo la impresión de que las minificciones surgen siempre de tejer metáforas y de las conclusiones que se derivan de ellas de tal modo que en la malla resultante es donde descubrimos posteriormente el núcleo, el germen de nuestros minirrelatos.

¿Y si  llega cuando menos te lo esperas?

Los compañeros han comentado en el artículo anterior que la inspiración llega cuando menos te lo esperas y esto parece contradecir las conclusiones de mi reflexión.  Pensemos en algún ejemplo:

Sigue durmiendo,
vino la revolución
mientras dormías.

Este magistral texto de Ikal Bamoa puede servirnos para ilustrar qué proceso mental creo que subyace tras todo fulgor creativo. Creo que esto pasó por la mente de Ikal para llegar al minirrelato en cuestión:

Cuando duermo sueño en un estado de cosas de cuya naturaleza sabemos ciertamente poco, quizás lo que soñamos ocurre en algún lugar, dimensión… También soñamos despiertos, quizá recíprocamente tenemos vigilias mientras dormimos…quizá mientras dormimos tenemos vigilias que alteran la realidad, la revolucionan …”

Sólo es un posible desarrollo, un posible tejido, pero pueden haber innumerables costuras.

De tal modo que para inspirarnos el mejor ejercicio debería ser:

1) descomponer en partes un determinado marco, preferentemente un minúsculo universo plagado de metáforas y simbologías; cuando hablo de partes me refiero a palabras, refranes, dichos, tropos asociados con deteminado microuniverso.

2) desarrollar dichas metáforas y figuras teóricas, esto es, extraer las implicaciones, deducciones, presupuestos relacionados con las mismas;

3) realizar una lectura atenta de dicho tejido en busca de contradicciones, paradojas, contrastes, curiosidades, etc.

4) finalmente imaginar una escenografía donde ese contraste sea el protagonista y tendrás en tu poder la minificción buscada.

Aunque parece fácil no lo es porque cada uno de los pasos apuntados requiere a su vez mil minúsculas inspiraciones colaterales, por decirlo así.

Ahora bien, si la inspiración llega como yo digo, esto es, de un modo tan metódico, argumental, racional,  ¿cómo es posible que tanta gente hable de que a ellos les llega de improviso, sea en el bus, antes de irse a dormir, etc, o sea justo todo lo contrario de lo que yo he mantenido?

Aquí he de adentrarme en terrenos un tanto psicológicos y pantanosos. Desde mi punto de vista no hay ninguna contradicción entre mi análisis y los testimonios de quienen hablan de una inspiración ineplicable, imprevisible, inasible. Me atrevería a clasificar los contextos en que surge la inspiración en cuatro categorías:

1) “La inspiración me llega trabajando“, decía picasso. Aquí la inspiración llega, por decirlo así, saliendo a buscarla, mediante ensayo y error, ensayo y error… hasta que surge la chispa. Usando el lenguaje de mi análisis, la inspiración llega analizando partes de contextos, probando relaciones entre esas partes…

2) La inspiración me llega sin buscarla, estoy paseando por la calle y llega de improviso. No sería tanto que llega de improviso, cuanto al hilo de una secuencia de imágenes, sentimientos, pensamientos. Este sería el caso referido del bus, la ducha, la cama, etc. A mí parecer lo que ocurre es que estamos tejiendo, sin darnos cuenta, dando puntadas de ciego, por decirlo así, pero tejiendo, de un modo confuso, casi dejando el pensamiento ir solo, hasta que algo en esa malla llama la atención porque no encaja, porque se destaca respecto al resto o porque choca con algún esquema previo. De tal modo que aunque parezca que no hay racionalidad, metodicidad,  sí hay dicho tejido argumental pero de un modo confuso y borroso…

3) La inspiración nos llega en el diálogo. Son los análisis a que nos obliga la realidad en sus múltiples manifestaciones. Tenemos que hablar con alguien y construimos tejidos que queremos salpicar de humor, de ingenio, de tal modo que hilamos fino y nosotros mismos nos encontramos con un aspecto ingenioso, interesante o chocante… También aquí estarían presentes los elementos que he apuntado.

4) Esto que es el extremo opuesto, es la descarnada realidad que nos absorve, que nos aleja lo más posible de la imaginación y lo literario. Aquí no hay inspiración porque no estamos en contacto con metáforas, sino con la vida pura y dura… El que está 8 horas currando en un taller de reparación de autos, entre tuercas, muelles, grasa, etc, concentrado en la faena, no llegará a ningún fulgor de inspiración, aunque sea la persona más creativa del mundo. Otra cosa será después a la hora del bocadillo con los amigos, en cuyo caso volvemos al punto tres.

Esto es  sólo la punta del iceberg, hay que seguir desarrollándolo y sobre todo sería interesante ponerlo en práctica, esto es, analizar multitud de microrrelatos a la luz de estos esquemas.

Las ideas para escribir
Carmen María | February 20, 2010 | 9:43 am

Las ideas para escribir, ¿Llegan solas, sin avisar, o se les espera a una hora determinada, con el café a punto y la pluma en ristre? Les preguntamos a algunos/as compañeros/as  y esto es lo que nos platicaron:

Zilniya, quien siempre nos sorprende con sus cuentos por descontado, sus microficciones llenas de vitalidad y humor, y sus  poéticos haikús, en Ecologismo Literario nos dice:

A veces la inspiración viene a visitarme de sorpresa, por lo cual me mantengo preparada. La mayoría de veces tengo que llamarla yo llamando al 112. Lo que me mejor me funciona es pensar en una palabra concreta, o ver una imagen que me evoque un mensaje. Me ayudo del diccionario de sinónimos para crear juegos de palabras.

A pesar de que en su blog Cazando Sueños Mauricio Roverssi tiende una enorme telaraña a las musas, nos platica de la inspiración que:

A mi me atrapan las ideas en cualquier lugar. Colores, imágenes, historias, algo que leo o alguna conversación. Y como siempre olvido mi libreta o el lapicero, a veces he pasado largo rato repitiéndome la idea mentalmente hasta que puedo escribirla. Y si tuviera que mencionar un lugar, sería el autobus. He descubierto que me encanta pensar, leer y escribir cuando tengo que hacer un largo viaje. Cuando voy para el trabajo, por ejemplo, tengo dos opciones de recorrido, y generalmente tomo el que lleva más tiempo, porque me permite pensar más o leer.

Javier Aguirre, poeta y crítico literario de inacabable energía, nos platica desde Chile:

Mis mejores poemas los he escrito caminando y sin papel. Los voy repasando en la memoria según avanzo para que no se me olviden. Naturalmente, son más bien breves. Esto tiene la ventaja de que aunque se pierdan, no importa, se los puede rescatar. Otros pueden caer en el olvido antes de llegar al papel. Es un método memorístico debido al olvido -del lápiz. A veces, hay textos que surgen del contacto con otro texto, a modo de diálogo.

Pero la inspiración también  evade incluso a  una estudiante de la licenciatura en Letras: Ana Paola López, quien ha ganado varios premios por su poesía, nos comparte cómo hace para no dejarla ir.

Yo soy el tipo de persona a la que la inspiración llega de improvisto. Por eso siempre cargo con una libretita o grabo lo que se me ocurre. Ya en la comodidad de mi hogar tomo esas ideas y las voy desarrollando. Por lo general, escribo tratanto de evitar sin cosas que me distraen mucho,  porque tengo graves problemas de concentración.

Y tú, ¿tienes algún ritual especial antes de sentarte a escribir? ¿Cómo invocas a las ideas? ¿Cómo haces para atraparlas o dejar que te atrapen?

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Gianni Rodari habla de la imaginación y cómo el lenguaje crea otras realidades.

Inspiración para escribir microficciones.

La nota del laúd
Carmen María | February 17, 2010 | 7:32 pm

¿Cuál es el lugar de un escritor? Si lugar
significa influencia, importancia práctica,
el arte no ocupa ningún lugar. Utopía
significa precisamente eso: no lugar,
ningún lugar. Un escritor no es sólo un
señor que publica libros y firma contratos
y aparece en televisión. Un escritor es,
un hombre que establece su lugar
en la utopía.
Abelardo Castillo

¿Y qué más?
Lúdico Jiménez de Atar | February 13, 2010 | 9:00 am

¡A juglaaaar, se ha diiiichoooo!

Como en otras ocasiones, hoy este títere jugletón les descubrirá una de sus artimañas que, si se aplican a la actividad literaria, resultan de gran utilidad. Se trata de multiplicar palabras para generar, a partir de una frase o idea breve, un texto bastante más largo.

Les narro un poco del origen de esto. Hace algún tiempo trabajé con un juglar ventrílocuo medio deschavetado llamado Don Benigno, gran entusiasta del delirio improvisacional, que nunca tenía un guión íntegro para sus presentaciones. Resulta que al final de cada show, mientras se cambiaba de ropa y los muñecos descansábamos un poco, Don Beni repasaba en voz alta lo que había gustado de nuestro número y lo que no. Esto nos servía a todos para ir aprendiendo y, sobre todo, para generar ideas de qué hacer en la próxima ocasión. Luego, antes de guardarnos en la maleta, Don Beni escribía alguna frase en un papelito y nos decía: «Ahí trabájenle». Generalmente se trataba de frases muy cortas como: “Olaya cayó al pozo de los deseos”, “fuimos a tomar el té al purgatorio” o “demostraremos haber inventado el arcoiris”. Y ya. Eso era todo. Durante las siguientes horas, dentro de la maleta, mis compañeros y yo juglábamos y juglábamos con la idea recibida. Aunque las primeras veces nos pareció desconcertante y nos pesó la responsabilidad de generar ideas, muy pronto aprendimos a disfrutarlo enormemente. Nos dimos cuenta de que juglar en muchas ocasiones implica sacarle a una idea, a una frase, a una palabra, todo el juglo posible. Con la frasecilla sobre la mesa y el ánimo jugletón bastaba para que llovieran ideas.

Al salir de la maleta la noche siguiente, ya teníamos muchísimo material. Situaciones esbozadas o bien definidas, anécdotas, chascarrillos, coplas e incluso coreografías. Don Benigno nunca nos hacía ensayar y ni siquiera preguntaba cómo nos había ido de creatividad. Simplemente nos hacía alguna que otra pregunta y nos dejaba guiarle por todo el repertorio surgido de la frase propuesta por él. Si por ejemplo se hubiese tratado de la caída al pozo, habría comenzado preguntando: «Eh Lúdico. No veo a Olaya por ningún lado. ¿No tenía que estar aquí contigo?» Y de mi respuesta, que él ignoraba, nos encaminaríamos a la subsecuente narración improvisada, tan fresca para él como para nosotros y, por supuesto, para el público.

Titerato

¿Y si además de eso sucediera esto? ¿Y si en vez de aquello sucediese lo otro?

Hace ya tiempo que no trabajo con ventrílocuo, pero ahora que soy un titerato (es decir un títere aficionado a la literatura) disfruto muchísimo de seguir ejersuciándome con esta misma dinámica. Tomo una frase, una microficción, una greguería, o cualquier texto breve, y lo exprimo para sacarle todo el juglo posible. La idea no es crear paja agregando palabras sin ton ni son, si no imaginar el resto de la historia. ¿Qué pudo pasar antes? ¿Qué podría pasar después? ¿Y si además de eso sucediera esto? ¿Y si en vez de aquello sucediese lo otro? Si los sucesos son pedacitos de historias y las historias son fragmentos de vidas, ¿qué más podría haber en esa(s) vida(s) que impactase de algún modo eso que estoy imaginando? Este ejersucio puede no tener fin, evidentemente. Pero para fines de mera práctica, propongo que nos limitemos a unas doscientas palabras, como máximo.

Aquí te ofrezco un puñadito de “pies” o puntos de partida para que, a fuerza de preguntarte y dejar que los juglos de tu imaginación respondan, ejercites tus músculos creativos y escribas una microficción:

  • Deshago encuentros más recortables que recordables. (Carmen María Hergos)
  • Cúcara mácara, títere fue. (Copla popular)
  • Murió de enfisema aquella fábrica de alegres chimeneas. (Ikal Bamoa)
  • Vendrá el crepúsculo a arruinarnos la tarde. (Lúdico Jiménez de Atar, yo mero)
  • Miro atrás y veo la razón. (Gustavo Cerati)
  • Tatuó en su espalda una ranura de alcancía. (Don Beni)

Si ya dominas la técnica de la infusionización, puedes desde luego combinarla con este ejersucio, a fin de expandir el horizonte de tus ideas más allá de lo que inicialmente imaginarías. ¡Y hey! No guardes tu ejersucio en la maleta, que todos lo queremos leer. Aquí te esperamos de vuelta, como siempre.

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Verso gruyére

Proyectos de poemas

Unos pasitos dados y un salto al vacío

Ser intrépidos al escribir
Carmen María | February 11, 2010 | 2:55 pm

Por Natalie Golberg en su libro: La escritura, una terapia creativa.

"Sillón" Intrépida pintura de Natalie GoldbergCuidado con el uso que le dan a la palabra porque: los escritores no tiene necesidad de explicar las cosas. Tienen necesidad de afirmarlas. “No el porqué sino el qué”. Por ejemplo: Fui a una tienda porque necesitaba algo. La odio porque es una zorra. Verónica compró pan integral porque tiene invitados a comer.

Porque no es una palabra necesaria en las frases anteriores. En su lugar: fui a la tienda. Necesitaba algo./ La odio. Es una zorra. / Verónica compró pan integral. Tiene invitados a comer. Puedes hacer afirmación tras afirmación. Escribir es la práctica de afirmarse uno mismo.

No tienen que unir las frases ni razonarlas. La yuxtaposición habla por sí sola. No se dejen empantanar por la necesidad de explicar. Limítense a escribir la frase tal cual es. Sean intrépidos.

Aconsejo ser cuidadosos con la palabra muy. Generalmente no la necesitamos. Es una palabra que recalca algo que ya se ha anunciado. “El muchacho era muy tímido”. Tampoco añade gran cosa y lo cierto es que “el muchacho era tímido” nos ofrece una afirmación más directa. Oímos mejor tímido sin la fanfarria del muy. Muy disminuye la presencia de la palabra a la que modifica. “Es muy bueno” Quitad la palabra muy. Es bueno. Esta es una aseveración valiente que rara vez se utiliza. Simple, directa, al grano. Nada de elaborados adornos en torno a la cualidad de bueno. Sencillamente bueno.

Ocurre lo mismo con la palabra realmente. “Estuvo realmente bien” . Casi parece que el escritor no se crea que estuvo bien…, “Lo prometo, realmente estuvo bien”. “Estuvo bien” es una afirmación simple y directa que podemos sostener. No hace falta inflarla. Las palabras y la estructura de las frases revelan la identidad del escritor. Enuncien claramente lo que tienen que decir. No tengan miendo. Avancen.

Encuentro que cuando hablo utilizo mucho realmente porque  en mi fuero interno no espero la atención de la gente. Intento conseguir que realmente escuche. Y escuchan o no escuchan. No tenemos que lograr que realmente lo hagan.

Podemos asentarnos en el interior de nuestro cuerpo y escribir. No ocultarlo ni exteriorizarlo. Solo estando presentes. Entonces escribimos por puro vacío. Escribimos porque escribimos y por ninguna otra razón. Eso es bueno.

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Escritura y estilo

Ruido, canalla ruido

La escritura funcional
Carmen María | February 9, 2010 | 9:41 pm

La cuestión es que escribir bien no es nada fácil. La razón por la que escribir bien no sea fácil es muchos escritores y escritoras cometen muchas faltas básicas. La falta más básica que comenten es repetir cada punto. La siguiente falta es ser redundante o ser demasiado pesado, o continuar escribiendo hasta el  punto de que un punto que ya haya sido explicado debe ser explicado de nuevo para estar seguros de que se haya entendido ese punto preciso.

¿Te has enfrentando alguna vez a un texto que, como el anterior, no sólo te aburre, sino que también  cansa?  Según Daniel Cassany, para que nuestros lectores se sientan motivados e identificados  con  nuestros escritos tiene que producirse una intensa interacción entre autor y lector, semejante a la que se produce cuando platicamos en vivo.

¿Por qué hay textos que parece que no te sueltan hasta que los terminas? ¿Por qué hay novelas que no queremos  que se acaben de lo mucho que  disfrutarnos al leerlas? ¿Por qué pasamos por alto tantos artículos y leemos a profundidad otros? Porque no basta, dice Cassany, escribir correctamente y con coherencia, también hace falta ingenio para preparar trucos y seducir al lector.

En su libro, La cocina de la escritura ofrece cinco principios fundamentales de retórica para una escritura funcional:

  1. Punto de vista. Para formular nuestras ideas con palabra que también pueda compartir el lector, es importarte tomar en cuenta su punto de vista. Conocer las características de nuestro público ayuda a partir de sus conocimientos previos, poner ejemplos relacionados con su entorno y realidad e implicarles en el texto con preguntas retóricas, exclamaciones e interpelaciones en segunda persona.
  2. Ser concretos. A las personas nos interesan mucho más las cosas delimitables y observables (ejemplos, anécdotas, comparaciones y nombres propios) que las reflexiones vagas.
  3. Personalización. El tono personal interesa más que el neutro. Si el escrito  pretende ser comunicación entre dos sujetos, lo más normal es que éstos aparezcan explícitamente en la prosa, (por medio del yo, el nosotros, el tú, el ustedes). La personalización no resta objetividad a un escrito, pues ésta es resultado de la actitud del autor, el tratamiento de los datos, la diferenciación entre opinión e información.
  4. Prosa coloreada. Un texto con prosa coloreada es todo lo contrario del ejemplo que introduce este artículo: repetición de palabras e ideas, ausencia de pronombres, ejemplos, tono frío. La prosa que anima a leer es variada, viva, con un léxico rico. Todo ayuda a animar: las salidas de tono, el humor, la ironía y el sarcasmo, por qué no.
  5. Decir y mostrar. ¿Escribimos sobre las ventajas de publicar en internet? Pongamos ejemplos. Yo puedo decir que a raíz de que inauguré un blog,  cuidé más mis textos, me retroalimenté de los comentarios que me escribe otra gente de letras, y sobre todo, me hice amiga de personas muy valiosas que de otro modo no conocería. Lo que acabo de escribir es decir: que publicar en internet tiene muchas ventajas; y mostrar: cuáles son éstas.

¿Quieres saber más sobre la cocina de la escritura? Te recomiendo mucho la lectura y estudio de este libro tan completo y útil para quienes escriben no sólo textos literarios, sino también científicos, de divulgación, personales o didácticos.

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Las apariencias sí importan

La nota del laúd
Carmen María | February 8, 2010 | 7:23 pm

“¿Desde dónde escribo? Escribo desde lo que soy, de lo que desconozco y no comprendo, desde lo que me afecta, es decir, desde lo que me rehace. Escribo para reconocer los desconocimientos que están ahí y ante los que no quisiera permanecer ciego. Escribo para imponerme cierta lucidez, para negarme al desconcierto.”

Tomás Eloy Martínez

Leer poesía
Carmen María | February 7, 2010 | 9:54 am

“La poesía cruza la tierra sola,
apoya su voz en el dolor del mundo
y nada pide
—ni siquiera palabras.”
(…) “Llega de lejos y sin hora, nunca avisa;
tiene la llave de la puerta.
Al entrar siempre se detiene a mirarnos.
Después abre su mano y nos entrega
una flor o un guijarro, algo secreto,
pero tan intenso que el corazón palpita
demasiado veloz.
Y despertamos.”

Eugenio Montejo

Me gusta leer poesía desde que era una niña y los poemas de Tagore me sorprendieron, regalándome un ramo de flores que envió para mí el mismo poeta hacía más de cien años. Cuando leo poesía y no logro aprehender su significado me acuerdo siempre de lo que escribió Tagore en uno de sus inmortales “cantos”:

Sin embargo, no encuentro exactamente lo que busco; no comprendo bien
lo que quisiera aprender; pero este mensaje que no he sabido descifrar me hace
dulce y alegre la jornada y mi pensamiento se ha trocado en melodía.

Escribí mis primeros versitos a la edad de ocho años. Más tarde me di cuenta de que le había robado la idea a José Goroztiza, el escritor mexicano que con quien me hubiera gustado compartir una barca en el silencio lleno de colores de los ríos tabasqueños. El poema que ingenuamente “copié” es una de sus  Canciones para cantar en las barcas:

II

No canta el grillo. Ritma
la música
de una estrella.

Mide
las pausas luminosas
con su reloj de arena.

Traza
sus órbitas de oro
en la desolación etérea.

La buena gente piensa
- sin embargo -
que canta una cajita
de música en la hierba.

En la adolescencia me di cuenta que la poesía no vivía exclusivamente en los versos rimados. Con gran deleite de mi parte leí al inmortal Platero, Para entonces yo pasaba las tardes pastoreando cabras y admirándome del cielo enorme de Yucatán. Las palabras de Juan Ramón Jiménez , sólo las suyas, podían ilustrar con tanta sencillez los sentimientos exaltados que me dejaban sin habla:

Caía la tarde de abril. Todo lo que en el Poniente había sido cristal de oro, era luego cristal de plata; una alegoría, lisa y luminosa, de azucenas de cristal. Después, el vasto cielo fue cual un zafiro transparente, trocado en esmeralda. Yo volvía triste…

Ya en la cuesta, la torre del pueblo, coronada de refulgentes azulejos, cobraba, en el levantamiento de la hora pura, un aspecto monumental. Parecía, de cerca, como una Giralda vista de lejos, y mi nostalgia de ciudades, aguda con la primavera, encontraba en ella un consuelo melancólico.

Sé que leer poesía no me ayudó a escribir mejores poemas. Éstos, pobrecitos, siguen siendo lo más cojo de mis creaciones. Sin embargo, creo que el estar siempre cerca de los textos poéticos me ha ayudado a experimentar con el lenguaje, y a darle cierta carga poética a mis cuentos y relatos sobre la vida cotidiana. Sigo escribiendo versos. Eso sí, porque lo disfruto. Y todos los días tengo algún poemario junto a mí, porque hay tantas cosas que todavía no sé cómo decir, y siempre encuentro un poema que ya encontró la manera.

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Intentar, intentar e intentar

Poemas para pegar en el refri II
Carmen María | February 6, 2010 | 10:50 am

“Los niños tienen mucha imaginación” Solemos decir, y sí, la tienen, al igual que nosotros, sólo que ellos la usan para cosas mucho más encantadoras y gozosas: hablar con los gatos como si éstos fueran viejos amigos, alegrar con una danza desenfadada a la nueva planta que llegó a casa marchita; alejar el miedo con letreros imaginarios que dicen: “Lo que buscas está a mil kilómetros hacia ahí –>”

El mundo de los pequeños está lleno de prosopopeyas.  Una prosopopeya es la figura de lenguaje que confiere a animales, objetos y a conceptos abstractos características o acciones exclusivamente humanas.

Ejemplos:

Animal: El gato medita en la ventana.

Objeto: El ojo de la cerradura parpadea, asombrado.

Concepto abstracto: El odio que titirita en su mirada fría.

¿Qué tal si hacemos un poema para describir un momento del día usando los tres tipos de prosopopeya: animal, objeto, concepto abstracto? Podría quedar algo así:

Esta mañana las hojas secas bailan
y me saludan
desde la ventana.
La taza de café se ruboriza
como si nunca antes la hubiera yo besado.
Un miedo del pasado
que estaba de visita

ha quedado doblado entre las sábanas
mientras mi alegría y yo nos vamos
doblándonos de la risa.

Y recuerda: estos son ejersucios, ensayos, borradores. Disfruta mientras creas sin presiones, y si te gustó el resultado, pegálo en el refri y compártenoslo.

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Lenguaje poético

¿Qué pondrías en tu maletín?
Carmen María | February 2, 2010 | 3:38 pm

Iniciarse en la escritura creativa es como empezar un viaje en el que, por fortuna, a medida que nos adentramos en sus territorios, podemos abastecernos de los útiles que nos facilitarán la travesía. No está de más, sin embargo, preguntarles a quienes son viajeros expertos y empacar lo mínimo indispensable.

El escritor  Luis Landero propuso en un taller, un juego que quizá nos sirva. Hacer una lista de las herramientas útiles para poner en nuestro maletín de viaje. Él proponía las siguientes:

Unas buenas botas para subir al monte de lo salvaje en nuestras mentes, y una brújula para orientarnos porque es fácil empezar y perderse.

Un catalejo, para mirar a distancia, coger perspectiva, ver con luces largas y trazar un plan.

Una lupa, para ponerla en los ensueños y en recuerdo, y para poder detectar los detalles cotidianos.

Alas, pero que no sean de cera como las de Ícaro, para que no se derritan cuando llevamos la imaginación hasta su máxima verosimilitud y nos despeñemos en la fantasía arbitraria.

Un espejo, para saber aceptar el rechazo y rechazar la aceptación cuando no correspondan a la verdad.

Un reloj roto: No tenemos prisa pero tenemos una tarea en marcha. Sin angustia, pero sin complacencia.

Un mástil para atarnos como Ulises contra los cantos de sirena de la pereza, la fantasía estéril, el dinero, la fama, el miedo.

¿Se te ocurren más herramientas para emprender el viaje?