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Infusionizar (Parte II)
Lúdico Jiménez de Atar | January 20, 2010 | 9:00 am

¡Qué mejor que comenzar el día con un tecito de alféizar! ¿No lo han probado? ¡Qué tal una jarra bien helada de infusión de lentejuela? O una humeante taza de té de solfeo. ¡Caray! Sólo de escribirlo me hormiguean las mariposas.

Con la facilidad y rapidez con que se toma una flor, una raíz, una corteza, una hoja o un sobrecito y, sumándole agua hirviente, se obtiene una pócima con poderes propios, se pueden generar verdaderas avalanchas de ideas embriónicas.

Cuando a un títere jugletón se le confía la tarea de escribir su propio material, lo primero que hacemos es infusionizar. Minutos después, ante un pingüe exceso de embrioncitos de ideas, nos deleitamos juglando con cada una de ellas. ¿El resultado? Abundante, garantizado. ¿Bueno? A veces. Divertido, siempre.

He aquí las instrucciones de este muy sencillo aunque poderosísimo ejersucio:

  1. Ten lápiz y papel a la mano. Por supuesto que puedes usar tu computadora. O lápices de color, crayolas, pinceles, cualquier medio para registrar ideas conforme vayan surgiendo.
  2. Elige una palabra. Se recomienda un sustantivo, pero si lo prefieres puedes usar un adverbio, un adjetivo o un verbo.
  3. Haz espacio en tu mente para un gran perol de agua y etiquétalo con el nombre del catalizador de tu elección. Por ejemplo “INAUDITO”, “MAGIA”, “PARADOJA”, “FALSO”, “ABSURDO”
  4. Enciende la llama y calienta hasta que el agua grite con burbujillas que ya tuvo suficiente del calor. Esto implica, “sintonizarnos” mentalmente con lo inaudito, la magia, la paradoja, lo falso, lo absurdo o cualquier catalizador seleccionado.
  5. Deposita la palabra que elegiste en un principio dentro del perol. Es decir, llévala al terreno de lo inaudito, lo mágico, lo paradójico, lo falso, lo absurdo, o lo que hayas elegido.
  6. Ten presente  la naturaleza descontrolada e incontrolable del hervor: No intentes detenerlo o controlarlo, que eso arruina el proceso infusionizador.
  7. Registra todo lo que surja, tal y como surge. Ya después dedicarás tiempo a ponderar cada idea, y a trabajar con las que elijas.

Tras haber infusionizado, tendrás en tus manos bastane materia prima para escribir al menos un texto, posiblemente varios. Déjala reposar un par de minutos y… ¡A juglar se ha dicho! Dale a cada embrioncito de idea su oportunidad de convertirse, en tus manos, en una microficción, una greguería, un haikú… o cualquier forma de prosa o verso que parezca sentarle mejor. Hace unos días puse a Ikal a hacer esto un rato y su ímpetu infusionizador fue tal, que me dejó gobernar su cocina por unas horas como sólo yo sé hacerlo. Es frecuente perder la noción del tiempo durante un ejersucio de infusionización, así que, si te pasa, no temas. ¿Te recomendaría yo algo peligroso acaso?

Pues no se hable más. A elegir palabras infusionizables. O dicho de otra forma, ¿de qué quieres tu primer tecito? ¡A infusionizar se ha dichooo!

Microhistorias de recetario
Lúdico Jiménez de Atar | December 16, 2009 | 9:00 am

¿En qué imaginan que ocupa su tiempo un títere jugletón como yo? Si creen que todo es coser y cantar… Están casi en lo cierto. Pero a veces también escribo historias minúsculas —casi sin letras mayúsculas. Es como un deporte. Y si se imaginan un deporte suave como el rugby o el snowboarding, se equivocan. Para alguiencito como yo, que debe abrazarse al lápiz como quien baila con una escoba pero sin pulgares, escribir es un deporte verdaderamente extremo. Tomen además en cuenta que, en vez de materia gris, cuento con materia blanca: estopa. Eso, a decir verdad, no me facilita nada las cosas. Pero tampoco me impide intentarlo una y otra y otra vez.

Así que hoy les compartiré un recurso de calistenia muy socorrido en la comunidad ludópata titeril: Escribir con receta. Y no hablo de receta médica. (Poco saben los médicos de literatura, y casi todos tienen una caligrafía tan atroz que parece que les falta pulgar, índice y cordial.) Hablo, más bien, de receta de cocina. ¿Les suena?

¿Quién no ha intentado seguir las instrucciones de una cajita de postre de esos de dos minutos? O bien, seguir los pasos acuciosamente manuscritos por la bisabuela en un papel ictérico, casi intocable. Pues bien, cocinar con recetario es, por un lado bastante sencillo (“No pienses… sólo se sigue la receta”) y, por otro, un tanto retador (“¿Qué tan alto llevará el copete una cucharada copeteada?” “¿Y si mi fuego lento se retrasa demasiado?” “¿Qué pasará si al dente de la pasta le sale caries?” “¿Y si en vez de albahaca pongo altohoro?”). Sin embargo, como por arte de magia, a medida que persistimos en intentar e intentar, los platillos van resultando cada vez mejores. Y no sólo eso. Además, vamos adquiriendo la confianza para modificar intuitivamente las recetas, sin resultados devastadores.

Así que ¿quién quiere juglar? En la latita de lombrices encontré un ejemplo de este tipo de ejersucio: Una serie de nanoficciones llamada “Inocentes“. Algunos ejemplos de esta serie son:

  • Como momias inocentes, aguardamos nuestra exhumación.
  • Como pirámides inocentes, relatamos nuestra erosión.
  • Como aguas inocentes, alcanzamos nuestra ebullición.
  • Como monos inocentes, desmentimos nuestra evolución.
  • Como abejas inocentes, urdimos nuestra emancipación.

La receta que usó Ikal, expresada sintéticamente como una fórmula, es:

Como ____s inocentes, ______mos nuestra _____ión.

O, expresada de manera más cercana a un recetario:

Receta para crear historias diminutas al rededor del tema de la inocencia

Ingredientes

  • Palabra inicial Como (sin acento)
  • Cualquier palabra (puede ser un sustantivo aunque no necesariamente) empleada en plural
  • Palabra inocentes
  • Una coma
  • Cualquier verbo conjugado en la primera persona plural de cualquier tiempo verbal, ya sea del indicativo, imperativo o subjuntivo
  • Palabra nuestra
  • Cualquier palabra terminada en ión
  • Punto final

Instrucciones

  • Toma los ingredientes y escríbelos en el riguroso orden en que están enlistados
  • Elige al gusto las palabras optativas

Sencillísimo ¿no? Pues no se hable más. Construye tu propia fórmula y compártenos la serie resultante. Si lo prefieres, puedes usar alguna de estas tres fórmulas jugletonas que sacamos del recetario ancestral de títeres juglarines:

  • ¡Sorpresa! [artículo] [sustantivo] que [verbo] en [pronombre posesivo] [sustantivo], [de tres a cinco palabras libres].
  • Esta [sustantivo] ha resultado [de una a tres palabras libres]: ¡[adverbio de cantidad] [sustantivo] y [adverbio de cantidad] [de dos a cuatro palabras libres]!
  • Camaleón [adjetivo], [verbo] que [dos palabras libres].

Si ya elegiste los ingredientes, ten presentes las siguientes:

Instrucciones

  • Toma los ingredientes y escríbelos en el riguroso orden en que están enlistados
  • Elige al gusto las palabras optativas
  • Agrega la dosis generosas que considere adecuada de ingenio, humor, ferocidad, ternura o cualquier emoción o idea que consideres estimulante y/o provocativa
  • Sírvenos a todos: Comparte tus nanoficciones resultantes en la sección de comentarios
Acróstico jugletón
Lúdico Jiménez de Atar | November 30, 2009 | 9:01 am

Ahora juglaremos
Con una palabra o frase,
Rompiéndola de manera que
Ocupe cada una de
Sus letras una línea.
Tenemos que escribir un texto
Iniciando cada renglón
Con la palabra correspondiente y
Olvidando, si se desea, rima y métrica.

Juegla con
Una o varias palabras del
Grupo que proponemos, o bien,
Libremente
Elige las que
Tú prefieras.
Ofrecemos, a continuación
Nuestros tres ejemplos:

TÍTERE
Tengo la
Impresión de no
Tener
El control de mis
Respuestas
En ocasiones.

—Lúdico Jiménez de Atar

HAZMERREÍR
H
azme bailar con nuevos pasos
A
ntes que solos se rebelen
Z
apatos rojos, por todos lados,
M
ientras las luces lo permitieren.
E
ntonces locos, y casi alados,
R
ompiendo moldes azapatados,
R
eiré con ellos casi llorando y
E
staré toda provocativa,
I
ntensa y lúdica… ¿casi una diva?
R
emotamente.

—Carmen María

ESPEJO
Eres.
—¿Soy?
Pero…
E
ras
J
oven.
¿O no?

—Ikal Bamoa

Algunas palabras sugeridas para tus acrósticos:

  • Suspiro
  • Anteojos
  • Cacerola
  • Espejismo
  • Insólito
  • Amanecer
  • Itinerante
  • Travesía
Ejersucios
Lúdico Jiménez de Atar | November 30, 2009 | 9:00 am

Al volver de mi paseo matutino de hoy, descubrí una montaña que antes no estaba allí. ¡Vaya sorpresa! ¿Será un volcán —pensé— que surge sin avisar, al pie de mi ventana? Curioso, como todo títere jugletón, me acerqué para encontrarme con que el nuevo accidente geográfico era, más bien, una enorme pila de papel: Papeles arrugados, hechos bola y arrancados en jirones. ¡Vaya marranez! Indignado, tomé un trozo de papel al azar y de inmediato identifiqué al autor por su caligrafía: ¡Soy yo!

paper-mountainUna vez hube recogido de la vía pública la monumental vergüenza, me puse a reparar la ventana que dejó escapar algunos cientos de esos papelillos viejos y olvidados. Mientras lo hacía se me ocurrió algo: ¡Vamos a juglar con ellos! Así pues, me he dado a la tarea de desarrugar, desbolificar y reconstruir cada uno de estos papeles para compartirlos en este blog. Con ustedes… ¡Los ejersucios!

Un ejersucio es cualquier idea pensada con el objetivo de ponerse a escribir de inmediato. Es un ejercicio jugletón que no pretende necesariamente perseguir a la estética estupenda, a la idea que roba el aliento o al chispazo de genialidad. Sólo se trata de despertar al bolígrafo o de hacer a los dedos brincotear sobre el teclado. Una vez que arrancamos, imposible saber a dónde iremos a dar… Pero eso es lo de menos, lo importante es simplemente animarse; ya habrá luego tiempo de revisar si algo del resultado te gusta lo suficiente para pasarlo en limpio o no. ¡A juglar se ha dichooo!