Aún

¿Y si amanezco de noche contigo? 6P

Haikú

En microdosis
me demuestras un amor
intermitente.

Umbrae 8

No es su oscuridad ni su inexpresividad facial. Lo que me aterra de mi sombra es el silencio con que me sigue.

Neón

Incandescentes
tus ojos, aun cerrados
mi musa mártir.

Ovación

«¡Basta de aplausos! Yo no soy el mago sino un carterista. ¡Alguien ayúdeme a regresar este elefante al bolsillo, por favor!»

Albedrío

Perplejo, el ventrílocuo escuchó a sus muñecos negar su existencia. Pronto le desaparecieron y siguieron blasfemando por sí mismos.

Me voy

Al vaciar la casa, apareció la cajita etiquetada “ALMA”. La encontré vacía y supe que esta mudanza será definitiva.

Flama

Ardo en deseos de arder contigo. 6P

Aliento

Bosteza el bosque:
Exhala un tibio vaho
que huele a niebla.

Transeúnte

Su primer paseo sobre ruedas lo hizo en ambulancia. Lo disfrutó tan poco que se apeó y decidió andar por sí mismo al cementerio.

Diez

Inúndame de nuevos tiempos cuanto antes. 6P

Así

Como hielo al sol
terminan en un charco
nuestras certezas.

Realidad

Amanezco en prosa tras soñarte versos. 6P

Contingencia

He descubierto
que si abrigo esperanzas
no se congelan.

Continuum

En este ahora
apenas quepo solo,
pero me faltas.

De los hombres hiena IV

¡Y qué esperabas de un hombre hiena! Soy un carroñero cínico, desalmado y oportunista. Y si no fuera mitad hiena, sería del todo vil.

Esponja

Espíritu gris
que vives en mi almohada:
robas mi color.

Quieto

«Carajo, caballero, entienda de una vez que si sigue moviéndose tendremos que repetirle la autopsia.»

Vasta

Crece la nada:
Llena cajones, parques
y almas vacías.

Infinito

El universo
cabe entero en un haikú
y sobra espacio.

Vínculo

Con esmero reconstruyo tus promesas rotas. 6P

Umbrae 7

Sombras danzantes
acechan alrededor
de la fogata.

Umbrae 6

La sombra del coyote aúlla a la luna nueva.

Umbrae 5

Como sombra, caigo a tus pies. 6P

Umbrae 4

Si notas en tu sombra el pivote de entrada del aire, evita a toda costa inflarla. Yo lo hice y ahora soy plano, reptante y esclavo suyo.

Umbrae 3

No soy tu sombra, me confesó. Soy tu lado oscuro que se desborda. Te sigo desde tu primera transgresión.

Umbrae 2

Por las noches, mi sombra adquiere una tercera dimensión. Se cerciora de que duermo y pasea sin rumbo, evitando las farolas.

Umbrae 1

Otro día nublado añorando la caricia de mi sombra.

Corola

Inusitado:
Cada pétalo del sol
desprendiéndose. 6P

De cabeza

Murcielaguito:
¿Se sueñan pesadillas
cabeza abajo? 6P

Pasaje

Cuando los mares ganen altura, las nuevas ciudades zarparán, forzando a los agentes de viajes a comerciar con bienes raíces.

Immobilis 6

Desafiante, inmóvil, con el pecho erguido, la diana hipnotiza con sus círculos concéntricos al arquero, quien hiere de muerte a una nube.

Immobilis 5

Inmóvil entre Medusas. 3P

Immobilis 4

Aurora helada
la oruga espera inmóvil
bajo la nieve.

Immobilis 3

Once semanas continuas posó ante mi caballete: Graciosa, inmóvil, esbeltísima. A las moscas y gusanos les omití del cuadro.

Immobilis 2

Blasfema inmóvil
bañado en mierda blanca
el Santo Patrón.

Immobilis 1

Inmóvil, mi sombra me mira, cautelosa. 6P

Desnudez

Noche sin brisa
quién te robó el aliento
que me arropaba.

Nostalgia XIV

Apetezco, ¡ay!
tus ojos apagados
por mi ballesta.

Acribilla

Dijo «te amo»
como quien dice un haikú
a quemarropa.

Golpes

Como peatón de la vida, siempre tuvo problemas para evitar ser arrollado.

Abandono

Hagamos nuevos dioses con mejor memoria. 6P

De los hombres hiena III

¿Necrofilia? No.
El hombre hiena besa
su desayuno.

Celeste

Ojos borrasca, ¿recuerdas? Lluevo hacia adentro. 6P

Prófugas

Escapamos de aquella realidad opresiva entreabriendo el libro y saltando al vacío. Hoy somos dos letras polvosas que la escoba desestima.

Regresiva

Once de tus lágrimas: Devoción espiral. 6P

Diez de tus lágrimas: Hervor almibarado. 6P

Nueve de tus lágrimas: Sistema solar. 6P

Ocho de tus lágrimas: Arácnido malabar. 6P

Siete de tus lágrimas: Augurio desmesurado. 6P

Seis de tus lágrimas: Elixir bestial. 6P

Cinco de tus lágrimas: Constelación efímera. 6P

Cuatro de tus lágrimas: Avidez estacional. 6P

Tres de tus lágrimas: Lascivo acertijo. 6P

Dos de tus lágrimas: Vacío estereofónico. 6P

Una de tus lágrimas: Diluvio universal. 6P

Ninguna de tus lágrimas: Sed asesina. 6P

De los hombres hiena II

Nos reuníamos los jueves después de la siesta. Nunca contábamos chistes. Los hombres hiena reíamos exclusivamente de la desgracia ajena.

Adolezco

Entre todos mis síndromes, te prefiero. 6P

Sin duda

Cuán crédulo de sus suspiros soy. 6P

Discurso

Hormigas sin fin:
Son sílabas que eluden
interrogantes.

Blanco fácil

¿Invisible yo,
charquillo rojo humeante
solo en la tundra?

Sombría

Se fuga la noche con todos tus colores.

Derivado de este ejersucio en DDJ

Halo

Todos tus colores descansan en mi almohada.

Derivado de este ejersucio en DDJ

Alba

Se fuga la noche risueña contigo. 6P

Derivado de este ejersucio en DDJ

Trampa

Cada telaraña es un abrazo tuyo que detiene mi último vuelo.

Derivado de este ejersucio en DDJ

Descongelar

Guardábamos el ruido escarchado de nuestra zozobra en tibios silencios compartidos.

Derivado de este ejersucio en DDJ

Cómplice

La madera callaba, en conspiración suicida con la legión de termitas.

Derivado de este ejersucio en DDJ

Recordaré y entonces (serie)

Tan pronto recupere la memoria, sabré qué tan tuyo sigo siendo.

Tan pronto recupere la memoria, llamaré a casa para averiguar si aún vivo allí.

Tan pronto recupere la memoria, tendré claro si el grillete en mi dedo fue alguna vez una alianza.

Tan pronto recupere la memoria, añoraré. 6P

Tan pronto recupere la memoria, tendré presente mi pasado.

Tan pronto recupere la memoria, habré olvidado este propósito.

Brecha

(Olvidemos por un momento que tenemos tanto que olvidar.)

Aquí

En este andén me dueles todavía. 6P

No hay tiempo

Para ser el piloto automático es usted un gran conversador, pero… ¿No debería tal vez mirar por dónde vamos?

Extrapolar

Contigo, invierno. Círculo Polar sin ti. 6P

Occiso sumiso

Hice caso omiso
del aviso
sobre el hechizo,
y con su rizo
cobrizo
hizo
de mí lo que quiso:
Un carrizo
enfermizo
y cenizo
en el piso
macizo.

Apenas

Esculpió con su corrosiva soledad un mundo cada vez más austero, hasta conseguir contener toda su vida dentro de los párpados.

Umbral

De los motivos de la puerta fugitiva, sólo se sabe que la sacaron de quicio.

Oscuro pasado

Fraticida solitaria, nuestra caníbal luna melliza. 6P

Así

Bailábamos despreocupados, sin música, sin cuerpo. 6P

Magnetita

Este llanto oxida mi corazón blindado. 6P

Asfaltadas (serie)

Pavimentamos las nubes. Les construimos aceras y les plantamos semáforos. Cada hermosa isla cuenta con drenaje y hace llover mierda.


Pavimentamos las nubes: Escuchamos aviones subterráneos.
6P


Pavimentamos las nubes por arriba y por abajo. A algunas de nuestras urbes voladoras les cuelgan rascasuelos.


Pavimentamos las nubes. Habitamos eclipses nómadas.
6P


Pavimentamos las nubes. Una vez por semana el zeppelin postal anubiza con sorpresas para todos.


Pavimentamos las nubes, mantos acuíferos inagotables.
6P


Pavimentamos las nubes cuando no había más montes que talar.


Pavimentamos las nubes. Bienvenidos dioses automovilistas.
6P

6P

Consulta

«¿Un perro a caballo? Seguro estoy soñando.» El veterinario bebe un par de sorbos de su plato y reacomoda la almohada dentro de su jaula.

Fugaz

Salpicabas de constelaciones mi negrísima consciencia. 6P

Secreto

Parto en dos la semilla y leo.

Dentro

Te respiro. Detengo el tiempo. Suspiro. 6P

De los hombres hiena I

Furia y melancolía distinguen a los hombres lobo. De los hombres hiena se sabe poco, aunque la risa nos delata. Y el estilo al legislar.

Excepción

¿Callará el oráculo en tus ojos? 6P

Reincidente

Once veces virgen. Y contando, naturalmente. 6P

Culpable evidente

¡Bájate de esta báscula, sombra obesa! 6P

Reacción

El ave intuye la caída del rayo y vuela, apenas a tiempo para salvarse. Deja atrás un nido humeante con tres huevos cocidos.

Obra

Con este último beso has terminado de hacerme de tu autoría. ¡Qué esperas! Fírmame, titúlame, ponme en venta de una vez.

Momento

Cayeron todas las manzanas… Excepto yo. 6P

Alivio

Su veneno era mi antídoto favorito. 6P

Agua

Amaneces con rocío surcando tus mejillas. 6P

Leyenda

Me suicidé por sus dos manías: La limpieza y el rotular “TAZA” cada taza, “PERRO” al perro, etc. Sobre mi sepulcro inscribió «SÉ PULCRO».

A tiempo

Pronto llegaron los buitres a degustarnos. 6P

Cumpleaños

Todos los ojos estaban sobre el pastel. Cantamos. A tientas, circulamos las rebanadas. «¡Qué cereza más grande!», escuché.

Prestigio

Alcanzamos al jinete para darle su cabeza y nos apedrea. «Tiene un nombre que proteger», explica la cabeza.

Inagotable

Las goteras mantienen mi sueño húmedo. 6P

Revolución

Nuestra reina leyó a Marx e introdujo cambios que hicieron muy gratas las últimas semanas de nuestro hormiguero.

Ritual

Afeita sus rencores, recorta sus culpas, poda sus miedos. Siente alivio. Pero sabe que mañana tendrá que hacerlo de nuevo.

Los amores olvidados (serie)

Los amores olvidados no aceptan epílogo. 6P

Los amores olvidados tienen un altar monumental sin domicilio conocido.

Los amores olvidados vestimos luto transparente. 6P

Los amores olvidados quedan irreconocibles entre las cenizas de mis recién quemadas naves.

Los amores olvidados dejan cicatrices anónimas. 6P

Los amores olvidados con esfuerzo, se recuerdan con gran facilidad.

Los amores olvidados provocan nostalgia inexplicable. 6P

Los amores olvidados empobrecen cuerpo y alma.

Los amores olvidados huelen a futuro. 6P

Los amores olvidados por prescripción médica aguardan en la sala de espera.

Los amores olvidados prometen ajustarme cuentas. 6P

Los amores olvidados en barcos fantasmas navegan huyendo del horizonte.

Los amores olvidados velaremos tu sueño. 6P

Los amores olvidados no temen a la muerte, pues saben que hay vida más allá de la memoria.

Los amores olvidados esperan un descuido… 6P

Los amores olvidados colectan diezmo de por vida.

Los amores olvidados tienen sombra propia. 6P

Los amores olvidados arrancan páginas en blanco al calendario.

Los amores olvidados memorizaron promesas rotas. 6P

Los amores olvidados cabalgan pacientes en un carrousel.

Turismo

Por último, vimos despertar al volcán. 6P

Se cuela

Aún te sueño cuando consigo dormir. 6P

Temor

¿Serán mi debacle sus pupilas iridiscentes? 6P

Galope

Consentí dejarme amansar, ensillar, incluso montar. Pero luego me herraron y todo cambió. Huí. ¡Y no pararé hasta ser estrella de tap!

¿Sólo tres palabras? (segunda serie)

Estréname otra vez. 3P

No más invierno. 3P

Volveré pronto, galaxia. 3P

Redímeme tú, perdición. 3P

Volverás indudablemente, quizás. 3P

Amamos, sin escarmiento. 3P

Quimérame, creador vengativo. 3P

Nublándolo todo, lloré. 3P

Amor: Todo locura. 3P

Limbo

Caí al pozo de los deseos. Hay aquí muñecas nuevas, ofertas de empleo, y la paz mundial. ¿A mí quién me habrá pedido?

Rehén

Quiéreme ahora. O deshojaré esta margarita. 6P

Secuencia

Parpadeo, imagino… Inhalo: Reniego; suspiro. Desespero. 6P

Solidario

Ofrecí a la viuda apoyo inmoral. 6P

Inocentes (serie)

Como amantes inocentes, disfrutamos nuestra excomunión. 6P

Como parvadas inocentes, canturreamos nuestra extradición. 6P

Como monos inocentes, desmentimos nuestra evolución. 6P

Como santos inocentes, negamos nuestra excitación. 6P

Como sombras inocentes, callamos nuestra erudición. 6P

Como genocidas inocentes, obviamos nuestra extremaunción. 6P

Como letras inocentes, saboteamos nuestra ecuación. 6P

Como huevos inocentes, postergamos nuestra eclosión. 6P

Como abejas inocentes, urdimos nuestra emancipación. 6P

Como pirámides inocentes, relatamos nuestra erosión. 6P

Como momias inocentes, aguardamos nuestra exhumación. 6P

Como amerindios inocentes, simulamos nuestra evangelización. 6P

Como aguas inocentes, alcanzamos nuestra ebullición. 6P

Ejercicio bajo fórmula: Como ____s inocentes, ______mos nuestra _____ión.

Más

Mientras siga soñándote durará la noche. 6P

Ciencia exacta

Me demostró en papel que mi fórmula de la molécula de amor era un imposible. Así hay amores, le dije.

Nano

La nana cae muerta. Shock. Niños a psicoterapia. Decidido a no repetir, ordeno un nano androide y recibo una miniatura, vaya burla.

Allí

Bajo mármol y tierra amaneciste hermosa. 6P

Borrosa

Bienvenida, niebla, que desapareces mi recordillera. 6P

Relato en una palabra I

Anochezco.

Planta (serie)

Menosprecias mi paciencia de planta seca. 6P

La vida como semilla era un sueño lúcido y sereno. Ahora, esta malsana obsesión por el sol, me tiene verde de estrés.

Acaricio tus espinas. 3P

A tientas busca mi raíz sedienta. 6P

Hoy que soy planta, me inquieta tu mirada herbívora.

Dos

Yo tan lúdico, tú tan púdica. 6P

Hoy que soy arena (serie)

Hoy que soy arena, me ciernes, divertida. Inexorable, desaparezco en tu cintura helada y caigo a tus pies.

Hoy que soy arena, me escuchas. 6P

Hoy que soy arena, me hieren tus pasos huidizos. Ya no me basta ser vasto, exijo ser infinito.

Hoy que soy arena, descanso de la arrogancia de todas las rocas que fui.

Hoy que soy arena, eres espuma. 6P

Hoy que soy arena fraguas cemento. 6P

Hoy que soy arena, resabalo de entre tus dedos.

Hoy que soy arena, sueñas nieve. 6P

Hoy que soy arena tersa, me horadan los remordimientos como cangrejos.

Hoy que soy arena, llueve ceniza. 6P

Hoy que soy arena virgen, llegas a mí como petróleo derramado.

Hoy que soy arena, escupo hormigas. 6P

Hoy que soy arena movediza, amanecí inapetente. Acércate un poco, anda.

¡Hoy que soy arena, vaya tsunami! 6P

Hoy que soy arena, viajo de polizón en los pliegues de tu ropa.

Hoy que soy arena hirviente, lloverás. 6P

Hoy que soy arena, mi memoria atomizada juega a alcanzarte uniendo los puntos.

Hoy que soy arena, te descalzas. 6P

¿Hoy que soy arena adherida a tu piel, es el día eliges para ducharnos juntos?

Hoy que soy arena, padezco cosquillas. 6P

¡Hoy que soy arena, el gato no para de beber agua!

Hoy que soy arena, ves oasis. 6P

Hoy que soy arena, tu rastro en el mármol amenaza con provocar crujidos delatores.

Hoy que soy arena, derribas castillos. 6P

Estrechamente

No sentí el peligro de tu abrazo constrictor, perdido como estaba en tus besos bífidos.

Antes

Inventamos al Tiempo sin adivinar el dragón voraz que resultaría ser. Hoy nadie imagina la vida sin él, pero hubo una vez…

Cine (serie)

Al encenderse la luz, desde la pantalla nos vieron desfilando a casa por orden de desaparición.

¡Qué buen reparto, todos recibimos butaca! 6P

Intenté salir de aquel bodrio de película sin llamar la atención, pero la cámara no dejaba de encontarme.

Éxito en taquilla: Nadie exigió reembolso. 6P

Qué pronto alcanzó su clímax esta peli. Creo que debe consultar a su médico.

Discúlpenme, no les puse atención por estar leyendo sus subtítulos. ¿Decían?

Soñemos despiertos un par de horas. 6P

Algunos días me levanto y los vivo en blanco y negro, aunque haga mis pausas para recordarte en tecnicolor.

El film me ve a mí. 6P 6S

Microrrelatos de una sílaba por palabra (serie)

Hoy vas a ver la luz. 6P 6S

Él fue Dios por un mes. 6P 6S

Hoy el sol da luz gris. 6P 6S

Te vas sin ver el mar. 6P 6S

Mi gran sed: Ser tu paz. 6P 6S

Te vas, ¿no? 3P 3S

Un pez de muy buen ver. 6P 6S

¿Quién soy yo, si no tú? 6P 6S

Me doy cual sal al sol. 6P 6S

No hay Dios en el sur. 6P 6S

Un par de más de dos. 6P 6S

Soy el Van Damme del zoo. 6P 6S

Mi sol ya no da luz. 6P 6S

¿Me ves más tics que tacs? 6P 6S

Ni Dios ni hez de res. 6P 6S

Su voz fue su gran don. 6P 6S

Sin mi fe ya qué soy. 6P 6S

Guerrear (serie)

Durante las negociaciones afilo mi guadaña. 6P

Armisticio entre verdugos.3P

Dí por perdida la guerra cuando leí mi nombre entre las bajas de esa batalla.

¿No hay TV en esta trinchera? 6P

Era mi sueño volver a la patria vestido de gloria. En mi sueño, la gloria no estaba hecha de madera.

Simulacro fallido. Reconstruyamos. 3P

Trinchera así cubierta es fosa común. 6P

Quizás tenía razón el bando equivocado. 6P

Homo sapiens (serie)

Soy larva del bicho declarado extinto. 6P

Sobreviviente por descuido. 3P

Plantas y animales acordaron dejarnos ‘ganar’ por un tiempo. «Si es inteligente, sabrá tomar su sitio, como el dinosaurio.»

Algunas especies evolucionan por capricho. Los caprichos del Hombre, en cambio, le van haciendo más y más primitivo.

¿Sólo tres palabras? (primera serie)

Vértigo, bálsamo fiel. 3P

Si sí, sí. 3P

Dicho mal decido. 3P

Sin embargo, somos. 3P

Ahogar, dulce ahogar. 3P

¡Resucité! Acogedor ataúd. 3P

Al reflejarte, resplandezco. 3P

De postre, inanición. 3P

Recuerdo haberte olvidado. 3P

Jardín botánico nudista. 3P

Granja amorícola abandonada. 3P

Elitista: Caníbal gourmet. 3P

Desperté. ¿Me arrullas? 3P

Sinrazón: Sinsabor sinsentido. 3P ¿6P?

Caricia (serie)

Cuánta falta hace una caricia reciente. 6P

En tu caricia hay desdén. Ignorante, mi piel se regocija.

Acariciamos la revuelta crin del alba. 6P

La serpiente y el asfalto hirviente comparten una caricia abrasadora.

Tiritas. Me acaricias en Clave Morse. 6P

Amanecerá. Sentirá la oruga una caricia en la espalda y querrá corresponderla. Volará.

Solíamos naufragar, abandonándonos a caricias torrenciales. 6P

Puente (serie)

Cada madrugada es un puente colgante. 6P

Éramos tan felices viviendo bajo el puente, que olvidamos que nuestro techo llevaba hacia el futuro.

Hay puentes que comunican hondo pesar. 6P

Algunos fantasmas jugamos a usar la acera del puente como un andén en el que nadie sube ni se apea. Excepto nosotros.

El presente es un puente interminable. 6P

El tiempo es un puente que arde por ambos extremos.

El puente fronterizo anhela tener patria. 6P

Desde el puente peatonal veo a mi sombra morir atropellada. Revive hecha jirones y me sigue, como si nada.

Siembro puentes. Cosecho caminos con alas. 6P

    Miento

    Atrapado en la bola de cristal, me avergüenzo de que mis ocurrencias sean malinterpretadas y
    vendidas como futuro por la adivina.

    Inminente

    Despiertas sin saber qué hacer conmigo.

    Vives

    En mi boca resucitan tus sabores.

    Lagunas

    Escucha el tren bala los relatos de otros trenes por paisajes memorables y se pregunta por qué él sólo recuerda las estaciones.

    Atardeces

    No supe entender el color de esta mañana, pero ahora que cae la tarde púrpura, sé que esta noche vendrás en una pesadilla.

    Criterio

    Recuerdo cuando fui nube: Era la oveja negra del rebaño y prefería llover sobre la gente que tenía su vida mejor planeada.

    Anécdota

    Cené con mis doce discípulos imaginarios.

    Sobresalto

    «Al lado, al lado, allí» murmuró, señalándome. Sudé frío. Su amiga vino y me pidió fuego. Se lo dí y se fue. Pensé que había visto mis alas.

    Total

    Quedé sordo de ti tras haberte amado a todo volumen. Quedaste ciega de mí tras haberme a todas luces olvidado.

    Recurso

    Me disfrazo de ti para reconocerme.

    Fin

    Vienen cuatro jinetes. Meto quinta, sonrío.

    Depuración

    Tras liberar en la biblioteca a la termita devoradora de mentiras, descubro que se comió el documento en que definí qué es la Verdad.

    Ya

    Este flashback está próximo a terminar.

    Nieves, espectral Nieves (Descenso LXXVIII)

    I.
    Ahora sí, estoy aquí de veras. Mis sueños me han traído tantas veces, que cada que vuelvo siento que me acabo de ir. Hace tres o cuatro horas que respiro mar. Desde Tabasco sueño despierto con los ojos cerrados. Caribe sobrado y narciso, te sabes tan único entre los mares que todo te importa un carajo. Falta rato para que amanezca y algo suena en el tablero. Repto despacio hasta el monitor y veo que estamos por llegar a Saint Kitts & Nevis. Tiempazo, Hypatia, ni tiempo me dio de volver a tener hambre. ¿Qué hay de desayunar?

    Pido a Hypatia detenerse por ahí, lejos de tierra, mientras me preparo un omelet de chinicuiles y aceituna negra. Quién hiciera el breakdance como ellos. Venga, chicos, a escena, no va a durar mucho el dolor. La radio no coge ninguna estación local de radio, así que pongo el playlist con mis jingles favoritos y canto mientras cocino y desayuno. A lo lejos, la primera insinuación de luz parece revelar a Nieves. Mamones. De todas las Antillas, eligieron precisamente un sitio llamado Saint James Windward para la CXX Convención trienal Centroamericana y del Caribe de alfombras y tapetes mágicos. ¿Casualidad conveniente o guiño gremial? En el folleto que enviaron cuentan que el tal “San Jaime Barloventez” fue quien trajo al Nuevo Mundo los vuelos en alfombra. Patrañas, por supuesto, pero hay que vender el evento, supongo.  Oquei, chica, acércate a la isla, busca alguna playita vacía o un terreno baldío. A conocer Nieves.


    II.
    Dejo a Hypatia en un lugar discreto y con todas sus alarmas activadas, pero parece que la precaución está de más. Todo vacío. Qué sensación más extrañamente agradable, un pueblo organizado, sin duda. Un para de kilómetros andando y llego al Pueblo. Sigo la calle principal empedrada en gris y rojo. Tras unos cien metros identifico algo que parece una gran coma y me doy cuenta de que todo el empedrado bicolor es un enorme letrero de bienvenida. “Welcome visitors! You’ll surely find time flies when you’re in Nevis”. La coma era realmente un apóstrofe. Sí que le echaron ganas a la organización: Paredes recién pintadas, saludo visible desde la alfombra, no hay basura ni animales ni… ¿Techos? La calle desemboca en un bloque de casas de aspecto inverosímil: Construcción sólida, arquitectura colonial austera, dos pisos… y la planta superior sin techo.

    Techos abiertos y olor a cardúmenes expatriados.

    Techos abiertos y olor a cardúmenes expatriados.

    Todo volador de alfombra o tapete ha practicado —o al menos conoce— la tradición de dormir a la intemperie usando su vehículo como techo para protegerse de la lluvia o del sol. Pero esta forma de darnos la bienvenida, creándonos “intemperie puertas adentro” me parece tan descabellada, que la encuentro simplemente genial. ¿Soy el primero en llegar? Vamos a ver… Toco la puerta y espero un par de minutos. Evaristo zonzo. Si esperan que llegues volando, seguro está abierto para que puedas salir. Pruebo empujando la puerta, encuentro un vestíbulo muy acogedor, lleno de plantas de hoja rojiza en macetas achaparradas de barro naranja. Una canasta en el suelo contiene, en sobres, el programa del evento, instrucciones para espectadores y ponentes y algunas cosas más. Leo en voz alta.

    ¡Carajo, ni siquiera en la mundial de Reikiavik se sofisticaron tanto! Presa de la curiosidad, subo a la planta alta y los veo. En lo alto de cada pared, apuntando hacia el centro de la habitación, separados un medio metro entre sí, decenas de ojos metálicos. Dejo mi morral en el suelo y me ubico dentro de un dodecágono central trazado en el piso. También hay ojitos abajo. Qué sensacional. Sigo leyendo. Entiendo de pronto que estoy en un plató de grabación holográfica y paso de sentirme turista en la NASA a sentirme bicho en microscopio. De alguna manera lo somos todos, para los dioses. Me noto un poco nervioso. Y más para los dioses miopes. Cuelgo de mi cuello la gargantilla de plástico cobrizo que venía en el sobre. Esto es de no creerse. ¿Será? Lo intento. Con mi pésima pronunciación del griego, digo en voz alta: έναρξη.

    Automáticamente, en cada ‘ojo’ se abren los cinco párpados obturadores y un arillo azul se enciende. Muevo las manos y noto que con minúsculos movimientos ajustan su ángulo. Camino dentro del dodecágono. Bailoteo. Esto es muy divertido. Salto, me enrosco, hago algunas piruetas. Precisos e impasibles, me acompañan. Río. Para ser inventor te impresionas muy fácil, Bailón. Camino hacia el morral y la gargantilla comienza a vibrar, indicándome que salí del área permitida. ¿Por qué en griego? ¿No serán estos de los tarugos euclidianos que insisten en que allí empezó el vuelo…? Bueno, al menos no es latín, que se ha choteado tanto con Harry Potter. Y como si lo hubiera invocado, aparece en el texto:  «We remind you that lectures may only be delivered in ancient greek, arabic, estruscan, latin, and sanskrit. If necessary, a complimentary interpreter will be provided at the lecturer’s request». De veras que somos un colectivo bastante mamón. Con razón hay tanto ermitaño intratable y tanto chiflado en estos eventos. Decido en qué lengua daré la charla y me dirijo a Hypatia para vestir de gala a Menrfa, la única de mis marionetas que domina el etrusco. ¡Qué suerte que no vine solo!

    III.
    Esta es tu noche, de veras, no la mía. Menrfa está tan nerviosa que me cuesta trabajo que no se le enreden los hilos al hablar. Yo sé que hablarás de cosas que no dominas, pero no te preocupes, que yo estaré contigo en todo momento. Mientras la ayudo a vestirse caigo en cuenta de que al hacer la presentación juntos romperíamos la regla de hacer presentaciones individuales, como especifica la convocatoria. ¿Y ahora? Cuatro segundos de deliberación, problema resuelto. Desdibujaré mi presencia declarando la ponencia como presentada por Menrfa Portonaccio. A fin de cuentas, es a ella a quien verán y escucharán. ¿Te acuerdas de tu peluca larga larga, en la que quepo yo dentro? Nos preparamos y vamos al pueblo en monociclo, Menrfa en mi morral y la peluca enrrollada en el suyo.

    Por el camino le explico cómo serán las presentaciones para que se tranquilice. Las alfombras se acomodan concéntricamente en varios niveles al rededor de la Plaza Central… (Sí, claro, todos flotando, no me interrumpas) …allí van a proyectar todo en tamaño 5X. Es decir, que si tú mides 59 centímetros, te verán de casi tres metros. Aunque tu peluca te hará verte mucho más alta, como de mi estatura. Multiplicando eso por cinco, te vas a ver de poquito más de ocho metros. Llegamos al plató y me enfundo en la peluca. ¿Cómo te sientes? ¿Estás lista? Órale, si quieres una de ensayo primero. El comienzo es un poco atropellado y titubeante, más que nada porque su etrusco está algo oxidado por la falta de práctica, pero muy pronto se suelta y vamos avanzando por la exposición del tema con soltura, hasta terminar. ¡Qué tal! ¿Lo ves? Naciste para esto. Asiente, complacida y risueña. Oquei. Cuando me digas, grabamos.


    IV.
    Al volver a Hypatia, todos salen del baúl para interrogar a Menrfa. Emocionada, sonrientísima, y aún con la verborrea de su adrenalina, les cuenta del lugar, de los ojos metálicos, de la charla de veintitrés minutos, del anillo volador de alfombras y de la enorme proyección tridimensional de ella flotando delante de su larga peluca carmesí. ¿Alguien quiere escuchar un pedacito de la charla? Se hace un silencio incómodo, algunos asienten por compromiso. Alguien se atreve a decir que ni entiende el etrusco ni le interesa mucho oir hablar de la transustanciación de la energía en materia. Menrfa comienza a llorar, avergonzada. No lo tomes personal, tú sabes que casi todos aquí te queremos bien. Mientras intento consolarla, diez o doce de ellos se ponen de acuerdo y toma cada uno su propio tapetito volador. En menos de dos minutos nos rodean y le piden a gritos, desde un metro sobre nuestras cabezas, que les haga el número de la odalisca epiléptica que canta todo con la efe. Ella voltea a verme, como preguntándome si le ayudo. ¡Claro! Es lo menos que puedo hacer por ti después de que grabaste conmigo la charla hace rato. Se escuchan aplausos. Si estás lista, empezamos.

    La odalisca epiléptica abre los ojos y levanta los brazos al cielo, gritando: «Ufunafa láfampafarafa eferafa mifi hofogafaaaaar. Ufun gefeniofo cafabrófon vifinofo yfi mefe defesafalofojófooooo…» Desde sus tapetes, todos comienzan a corear, cantar, bailar y silbar. Algunos acompañan con panderos y bongoes. «¡Defespofosefeífidafa yfi huéferfafanafa, viafajofo pofor efel mufundofo bufuscafandofo cofonsuefelofooooo». Es nuestra adaptación de una opereta vernácula moriscoandaluza que por alguna razón no se cansan de ver, sin importarles que sus diez actos duren casi seis horas. Hago cuentas y asumo que me perderé la mayor parte de las presentaciones de la convención. Demasiado tarde para parar ahora. La odalisca se encuentra con el espíritu errante de un esquimal exiliado en Estrasburgo y comienza un intercambio rapeado que requiere de toda mi concentración. Al cuerno la Convención, la familia es primero. Hypatia sabe bien su parte y se cimbra un poco durante la escena del temblor.

    V.
    Cinco y cuarto de la madrugada. Todos duermen y a lo lejos Nieves duerme también. Imagino a docenas de voladores resguardados por las paredes de las casitas sin techo. Seguro que hubo fiesta, si es que no ha terminado. Abro una de las canastas refrigerantes para sacar un tarro de humus. Tan pronto lo hago, recuerdo. ¡La capirotada! Ensamblo el monociclo con la carretilla. Pedaleando, llevo las diez ollas a la Plaza Central, y las dejo bajo una palapa con una nota de agradecimiento firmada por Menrfa Portonaccio.

    No deja de maravillarme cómo hacer planes sirve sólo para tener una visión precisa de lo que no va a pasar. Siguiendo el consejo del libro aquel cuyo test me califica de antisocial recalcitrante, hago noventa kilos de postre para ir repartiendo de alfombra en alfombra y así hacer nuevos amigos. ¡Nada! Luego, paso días escribiendo y ensayando mi charla y termina presentando su versión, en otro idioma, alguien más. Ni hablar.

    ¡Ursanabi! No podemos irnos de aquí sin mojarnos. Lo saco de su funda y lo desenrollo —aún huele a nuevo. Es un tapete volador único por muchas razones, pero la principal es que está hecho para vuelos submarinos. Hypatia, búscate un arrecife interesante.

    VI.

    Acostado boca abajo en Ursanabi, exploro lo que queda de la inverosímil vida turquesa entre Nieves y San Cristóbal. El sueño en que me vino la idea de volar en el mar era muy distinto: No necesitaba tanque de oxígeno y, de hecho, volaba sentado debajo de la alfombra, con la cabeza hacia el fondo del mar. Así como resultó es menos surreal, pero mucho más orgánico; sólo me falta agenciarme un buen par de branquias para sentirme fauna legítima. Ursanabi se sabe mover con cadencia de mantarraya. Es veloz pero bastante discreto. Entiende que se trata de ver y aprender, pero no de llamar la atención. Uuuuh. Podría pasar días así. Invariablemente pierdo la noción del tiempo y sólo me devuelven a la realidad el hambre o el fin del último tanque de oxígeno. En este caso, las dos cosas. ¿Tan pronto?. Son las nueve de la noche, llevamos quince horas acá. ¡En la madre! También me perdí la ceremonia de clausura. Pero ellos se perdieron el ritual de eyaculación y recolección de las espectrales parejas de medusas.

    Tan pronto asomo la cabeza, siento a Hypatia alcanzarnos, con la escalerilla extendida. Apenas tomo el primer peldaño, descubro que todo el cuerpo me duele y estoy exhausto. Aaaargh. Una agonía moverse al subir la escalera. Al fin lo consigo y me extiendo boca arriba. A mi diestra, Ursanabi también se seca al sol. Con el mando a distancia programo el regreso hacia México. A casita. Temo que el cansancio me mande a dormir en cualquier momento, pero mis tripas rugen. Sin duda era más feliz bajo el agua.

    Oficial

    «A veces cocino desnuda» explicó sobre las quemaduras en su bajo vientre, y me enamoré. Tenía un cuento similar para la marca del grillete.

    A salvo

    Guardó silencio tanto tiempo que olvidó dónde lo había guardado y hoy no hay forma de hacerle callar.

    Inusitado

    Rabioso verso
    amanece
    en mi almohada
    —ominoso.

    Se queja de todo,
    se atreve a casi nada.

    No quiero verlo crecer,
    no estoy
    hoy
    para palabras.

    Impulso

    Escuchó el ruido del mar y se arrojó al corazón de la escalera de caracol.

    Calidad

    Salgo a buscar una noche nueva, oscura y con garantía, pues la última que compré venía estrellada.

    Entrega

    «Te comprendo, lobo» dijo Caperucita. «En una vida previa yo fui tú y tú fuiste yo. Sé que tienes hambre y no pienso correr.»

    Sutil

    Amo —dijo— a alguien que vive de las nubes.
    Las captura, las alimenta, las domestica,
    las vacuna, las engorda y las sacrifica.
    Y podría amarte también. ¿Tú qué tan alto subes?

    La noche sigue

    Después de bailar por horas recuerdas que te espero en casa. Te descalzas para seguir, mientras sueño con tus zapatos bajo la cama.

    Arriba

    Suspendo mi incredulidad y disfruto flotar.

    Deterioro

    El espacio uva, el tiempo pasa

    Volando

    Breve secuestro aéreo. Duró un raptito.

    Seis testimonios desde una ciudad enferma

    Embotellamiento. Mi vida avanza, yo no.

    Semáforo. Mientras espero, pasa mi vida.

    Automóvil. Mi prisión itinerante. Mi patíbulo.

    Ciudad. Pretendemos ser seres civilizados. Fracasamos.

    Metrópoli. Crecemos como metástasis. Lo somos.

    Ruinas. Nuestras huellas relatan nuestro futuro.

    Intacta

    «No me interesan tus caricias, Midas.»

    A posteriori

    La ola suicida silenció al estadio.

    Polizona

    ¿Qué demonios hace aquí esa séptima palabra?

    Recuérdome (Base Unión XLII)

    I.
    Tomo unos días sabáticos en casa y los invierto en ayudar a mis marionetas a perfeccionar la forma de hacer hablar a sus propios títeres. El trabajo es arduo y requiere muchísima concentración de todos, pero logramos un par de loítas musicales. Videograbamos la presentación y al día siguiente nos juntamos a ver la proyección en la sala. El muñeco fluorescente de los zancos comenta que incluso en las farsitas somos un grupo bastante sobreactuado, y dos o tres se le van a cachiporrazos. ¿Por qué sólo se arma la bronca cuando estoy presente? ¡Parecen llevarse tan bien en mi ausencia! Por más que intento restablecer el orden, sólo consigo que se radicalicen las posiciones y los alaridos e insultos se recrudezcan.

    La calma vuelve en un instante inesperadamente, cuando escuchamos el inconfundible silbidillo circense de Hypatia, que regresa de Nueva Zelanda con los pernos que le encargué. ¿Será posible? ¿Dos días antes de tiempo? Corro hacia el centro del patio interior, mientras ella se va posando suavemente a un lado de su cofre. Queda inmóvil en el suelo, y mientras la acaricio, una dicha muy intensa va permeando de mi piel hacia adentro, como cada que la veo llegar después de un viaje sin mí. Me levanto y hurgo en el minúsculo baúl que se llevó: Ahí está, media docena de pernos, y algunos dólares y centavos neozelandeces de vuelto. ¿Qué haría sin ti, cabroncilla? Tomo el baulecito y lo dejo a un lado de Hypatia, en el suelo. Me tiro de bruces, extiendo brazos y piernas; gran abrazo de bienvenida. Bueno, a descansar. Mientras la enrollo me invade un vértigo salvaje, la anticipación de lo que haré mañana al mediodía.


    II.

    Hoy. ¡Hoy…! Hoy. Los extremos de mi sonrisa casi se tocan detrás de mi cabeza, sé. Apago la batidora y salgo del tinaco en que por un par de horas me bañé en cera caliente. Camino dando torpísimos saltitos de peón de ajedrez, reboto con muebles y marcos de puerta. Llego al jardín y me tumbo en el pasto un rato. Amanece del todo y descubro complacido que no me queda medio vello en el cuerpo. Mmmmh… Parezco el maniquí de un pollo pelado. Interesante. Me ayudo de piedras porosas, espátulas y mondadientes para acabarme de quitar los residuos de cera.

    Me visto escuchando a lo lejos camiones que chirrían, rugen, o hacen ambas cosas a la vez. ¿De qué antigua perversidad olvidada de la Naturaleza estaremos vengándonos con las ciudades? Desayuno sólo semillas y agua de jamaica; nada más logra burlar la náusea que serpentea en mi tórax. Náusea dichosa, pero náusea. Necesito respirar bien, sin asco, y dejar de temblar. Medito sentado junto a la fuente por una hora y media que pasa en dos exhalaciones. Aaaah. Pronto será hora de subir a la azotea. Ya mero.


    III.
    Cerca de dos años de garabatos en servilletas, modelos en AutoCAD, horas en bibliotecas e internet, interrogatorios a precursores vía ouija, libros de papel intocable escritos en clave, y mucha, mucha balísticarpintería… Todo desemboca en esta tarde, en este momento. Ahorita mismo. Ya. Este juguetito cambiará la vida de toda la comunidad mundial de alfombristas. Saboreo con la mirada su textura, inhalo con regocijo el crujir perfecto de su estructura y sé que funcionará. No me lo dice la experiencia, pues nunca he creado nada semejante. Me lo dice este vértigo desbocado en que cabalgo desde anoche. Sólo una certeza incomprendida y contundente exalta mi ánimo así. Estoy temblando otra vez, chingada madre.

    ¡Bueno, qué me pasa! Cierro los ojos para hacer inventario. Desde el balcón de mi mente pongo al que piensa sus gafas más asertivas y disecciono al que siente: ¿Miedillo? Sí, algo. ¿Impaciencia? Bastante. Bien. Qué más. Confianza. ¿Confianza y miedo a la vez? Ajá. Correcto. ¿Algo más? Mmmmh… No sé, no lo ubico. Bueno sí. Pero no sé su nombre. No importa su nombre. ¿Cómo te hace sentir? Sentir. Sentir, sentir. Me siento… Como desamparado. Correcto, desamparado. ¿Ese desamparo tiene algo que ver con la estupenda silla que vas a probar ahora? Eh, no, no creo. No. Claro que no. Sonrío, creo que lo conseguí, cierro mi disección. Oquei. ¿Te parece bien, entonces, que charlemos del desamparo más tarde? Sí, claro, desde luego, no hay prisa. Excelente, primero lo primero. Es hora, Evaristo. Es hora. ¡Es hora!

    Llamo a Hypatia. Al rozar mi abdomen con la mano para tocar el timbre umbilical, noto que aún tiemblo. No pasa nada. Sólo soy humano. Noto de pronto que también siento vergüenza por estar tan visiblemente nervioso. ¿Y vergüenza por ser sólo humano? Deja eso ahora. Concéntrate, saborea este momento. En silencio, y con esos trazos dulces y precisos que adoro, Hypatia se acomoda a unos 12 centímetros del techo de mi casa. Replegando una esquina hacia arriba, me exhorta a subir. Me encantas… Y cuando me distraigo y olvido que tus detalles entrañables son un algoritmo salido de mi cabeza, me encantas el triple. Subo. Tomo el micromando del navegante automático y una combinación de guiños luminosos me confirma que comprendió y está lista. Vamos pues, nena. Tú a lo tuyo. Te veo por allá. Se va.

    Es oscura, ligera y discreta. Ahora hay que probarla.

    Es oscura, ligera y discreta. Ahora hay que probarla.

    Espero a que den las doce en punto por cumplir con exactitud innecesaria con la imagen mental que venía acariciando desde que tuve la idea de sorprender a todos en la Convención con esta maravilla inconcebible. Subo a la silla. ¿Son mis dientes ese solo de castañuelas? Los últimos treinta segundos duran más que mi infancia entera. Cuatro. Viene a mi mente la paz que me da mi confianza en las matemáticas. Viene y se va. Tres. ¿Por qué siento que parte de mí no creía que llegaría este momento? Dos. Mi dedo en el mecanismo; confirmo que no estoy dormido alargando la espalda. Inhalo y contengo el aliento. Uno. Silencio. Más silencio. Aún más silencio. Con el cero, lo hago.


    IV.

    ¿Valió la pena? Vuelvo a subir a la azotea veinticuatro horas más tarde. La silla está allí, no le afectó demasiado la lluvia de la noche, y en el sol de mediodía no se le ve una gota. Manchas sí, pero muy poca hinchazón. Recuerdo haber escuchado la lluvia durante la madrugada y deseado en un momento que un rayo la achicharrase. ¿Valió la pena el esfuerzo para hacerla? ¿Y valió la pena haber hecho ese primer viaje? La miro y no sé qué pensar. La sé perfecta, pero me horroriza verla. ¿Valió la pena algo? Y de tocarla, ni hablar. Noto que mis pies no quieren acercarse a menos de dos metros. No, por supuesto que no. No sólo invertí todo ese tiempo para crear algo que ni entiendo, ni puedo entender, ni tengo el menor interés en acercarme a entender jamás. No sólo siento hoy el alma llagada profunda e irreversiblemente. No sólo deseé mi muerte una y otra vez entre convulsiones de culpa y asco de mí mismo durante la noche. Lo peor es que no se va. ¡No se va! Lo recuerdo todo vívidamente y siento como si cada minuto estuviera viéndolo y viviéndolo todo una y otra y otra puta vez.

    Con la aceleración del lanzamiento viene una pausa aparente en el tiempo que produce la sensación de abandonar el cuerpo, de dejarle atrás. De pronto esa pausa se llena de momentos, todos sucediendo a la vez, y todos surgiendo impetuosos, estridentes y frescos de alguna caverna intrincada del olvido. Y en cada momento estoy yo. No. Cada momento soy yo. Pero no, no soy yo. O no es el yo que usualmente percibo ser. No soy el que me simpatiza y al que le celebro sus bromas. Ni ese con el que soy indulgente, comprensivo y condescendiente porque sé que en el fondo soy bueno, y todo me perdono y todo me justifico. No; estos que veo no soy yo. No puedo ser yo. Pero sé que soy yo. Porque de pronto recuerdo que sí, que claro que sí soy yo. Y las escenas se desarrollan conmigo dentro, todas ellas, y no hay nada que pueda hacer para proceder distinto, porque son recuerdos de acciones ya consumadas. Pierdo, durante este momento interminable, la distancia con cada uno de estos pasajes borrados. Y pierdo, al tiempo, mi identidad, mi norte y la razón entera. Soy un monstruo. ¡Soy un monstruo!

    De pronto parece regresar la sincronía. El cuerpo parece al fin alcanzarme y recupero la presencia, el presente. La silla funcionó impecablemente y estoy a bordo de Hypatia, a docenas de kilómetros, en un terroso campo de fútbol que amaneció siendo una laguna hedionda con dos porterías y todos los mosquitos del Bajío. Éxito absoluto hasta en el menor detalle; no se podría pedir mayor precisión. ¡Pero a quién mierda le importa! A quién le importan las mágicas matemáticas y la física y la fricción fluctuante del viento y la presión atmosférica, cuando se ha abierto un abismo como el Gran Cañón en tu espíritu, y en cada dendrita de cada neurona te escuece el desprecio por seguir con vida robándole oxígeno a las plantas. Imagino a mi aura como un halo pestilente y estruendoso que pronto provocará un desastre cósmico a fuerza de sólo existir. Se repiten en mi pantalla interior, como en un ‘loop’ infinito, esos horrores pretéritos tan nocivos, tan vigentes.

    Pensando sólo con las manos, instruyo a Hypatia para volver a casa. Comienza una noche imposible.


    V.
    Cae la tarde del cuarto día después del lanzamiento y estoy bastante mejor. Subo al techo a buscar el ocaso mientras soplo burbujas de un jabón muy espeso y las veo alejarse con el viento.

    Vas a estar bien, Bailón. Ya estás bien, aunque no lo sepas. Date tiempo. Cuál es la prisa. Me sorprendió darme cuenta, a mis años, de que se rebasa un límite tras el que no hay una gota más de llanto. Poco a poco he ido haciendo las paces con la mierda perniciosa que produje al recuperar todo aquello. La sostuve en aguda agonía, pero ya respiro sin tantas banderillas en el pecho. Sin embargo, no voy del brazo de una feliz moraleja. No la hay ni puede haberla, porque ahora debo vivir con todo lo que recuerdo y no tengo idea de cómo hacerlo. ¿Podré?

    En cuanto al artículo #32,815 del Catálogo Bailón, etiquetado como “Silla propulsora para traslado instantáneo a la alfombra”, naturalmente no la llevaré a la Convención. Nadie sabrá que existe. ¿Y si se la mando de regalo a aquel gobernante hijodeputa que…? Mejor evitar tentaciones terroristas. ¡El ático! Al fondo del piso superior de esta casa hay un cuarto enorme sin ventanas, demasiado frío y húmedo para cualquier uso que no sea acumular trebejos. Es un cementerio de máquinas inútiles, prototipos abandonados, muebles estorbosos y experimentos fallidos. Cada vez que entro, descubro cosas que había olvidado ya. Podría esconder ahí la silla, porque sé que jamás voy a volver a usarla. Pero no. ¿A quién engaño? Estoy seguro de no poder olvidar al objeto me hizo recordarme así. Se queda en la azotea.

    Coexistir

    Lamento terciar en su conversación, caballeros, pero mientras compartamos cráneo creo que lo mejor será acordar turnos para dormir.

    ¿En qué nos quedamos?

    Buen día, me dirá el terapeuta, te noto mejor que en la sesión pasada. Levántame y llama al taxidermista, que aún tenemos trabajo pendiente.

    Exterminador

    Cargó su escopeta con cartuchos rellenos de confeti y salió a cazar payasos.

    Mateo febril

    Bienaventurados los esquimales, porque de ellos será el reino de los hielos.

    Tarde

    Creo que olvidé el paracaídas…
    Carajo.

    Posibilidades II

    Crucé el espejo roto. Me dividí.

    Posibilidades I

    Cruzaré el espejo roto, me multiplicaré.

    A su fin

    Exterminio de vocales. Slvs qn pd.

    En blanco

    Frasco sin etiqueta. Píldora, agua. Neblina.

    Temeridad

    Me armé de valor y huí.

    Conciso

    Bienaventurados los breves porque de ellos.

    Última

    ¿Cuál será mi sexta palabra? Ninguna.

    Pronto

    Paciencia. Tenacidad de girasol. Te espero.

    Humanidad

    Fuimos nómadas. Imaginábamos. La televisión triunfó.

    Expuestos

    Un niño entre el público acusa al encantador de serpientes de hacer playback. Las cobras, solidarias, confiesan seguir una coreografía.

    Gradual

    Durante 40 años edificó y decoró minuciosamente una ofrenda fúnebre para sí mismo. Finalmente, se volvió loco de altar.

    Extinto

    Tu llanto me extinguió y con el humo empezó la añoranza.

    Lázaros de las alturas (Descenso LXXVII)

    I.
    ¡Qué placer da flotar muy pero muy despacio mientras se toma una siesta a media tarde! El navegante automático va eligiendo por dónde llevarme al Golfo y yo hace un par de horas que me abandoné al sueño. Desde el sótano de un hostal miro escaleras arriba; hace rato que veo sobre el peldaño superior una bolsa de cartón llena pedacería de trastes rotos; de pronto, una mano la levanta por las asas de un tirón y el fondo de la bolsa se revienta; yo grito, alguien ríe arriba, caen los añicos y esquirlas rebotando por las tablas; todo pasa muy aprisa y no alcanzo a entender lo que veo, parece que con cada golpe los pedazos se unen y se van formando trozos más y más grandes; retrocedo dos pasos para esquivar ¿será posible? un plato entero, incólume que queda junto a mi pie derecho; al rededor de las patas de la escalera, el resto de la vajilla, íntegra, reluciente, inverosímil. Estremecido y horrorizado, abro de golpe los ojos y encuentro el color musgo de mi cobija. Giro sobre mi izquierda, doy la cara al sol, respiro y huele a ciruelas.

    Carajo, no puede ser. Un sueño así en cualquier otra ocasión me habría levantado el ánimo, pero justo ahora es el peor de los augurios: Mañana llego a Quechulac para hacer el Muknal de verano, y esta vez traigo seis de las cestas repletas, no como en primavera, que les falló la refrigeración y apenas traje una y media. Tomo del huacal de ofrendas un par de ciruelas y las mordisqueo en silencio, volteando hacia babor y viendo moverse algunos bosquejos aborregados de nube. Pasan tres minutos. Se me jodió el ánimo de volar. ¿Dónde estamos? Necesito pensar y pienso mejor entre encinos. ¿Habrá por aquí unos cuantos? Me deslizo hasta el tablero y reviso el Google Earth. Ajá. Estamos a nada de la nieve, esta manchita blanca es el Pico de Orizaba. Tres o cuatro clics, un par de cracs, un escrích, un poing, enter. Para abajo.

    II.
    Sudo bajo toda mi ropa, entre la nieve. Durante casi seis horas machaqué, exprimí, cerní, colé y batí. Me entretuve haciendo helado de sabores, para no pensar de brazos cruzados. Nunca había usado nieve natural, pero mi recetario una vez más me sacó de apuros e hice once botes, variados: Albérchigo, níspero, ciruela, espárrago, Snickers, orozuz, esquites, chile morita, tuna, bugambilia y pulque.

    Estoy inquieto, nervioso, frenético; no paro, pero aún no decido qué hacer. No quiero acercarme más al sepulcro hasta aclararme, y me pesa tanto en el corazón no hacer el Muknal como intentar hacerlo después de ese sueño infame. Basta de jugar a los heladitos, a dormir antes de que se me congele el sudor en la ropa. Subo a Hypatia y desenrollo el costal eléctrico. Apago los reflectores y doy por clausurada la jornada con un vistazo rápido a la luna creciente, que mira hacia acá de reojo. ¿Y tú qué, mustia maquillada… alguna sugerencia? Bríllale pa’l otro lado, que soy de párpado delgado.

    III.
    Hermoso regalo, despertar con la ilusión fresca de una noche sin sueños. ¡Qué poquito sol le basta a una cima nevada para alardear con destellos espectaculares! Amaneció y me sentí más ligero, como rejuvenecido. Me desencostalé y bajé de un brinco a la nieve, a mear. La cresta del sol seguía subiendo y cada segundo el blanco era más blanco. Muchos metros blancura abajo pude ver algunos de los árboles que vine a buscar. Al rato nos vemos, voy a desencochambrarme.

    Aún no sé qué hacer, pero cuál es la prisa. Subo un par de cubetas de nieve para mi baño y, mientras se hace agua tibia, tomo el arpa y la acomodo entre mis piernas cruzadas. Jugueteo con unos arpegios tímidos, voy calentando los dedos con unaos acordes, y muy pronto estoy en éxtasis, improvisando escalas absurdas y aguerridas. Oh, deleite… Habrá pasado media hora en un par de minutos, y siento cómo el vapor que sube detrás de mí me va desentumiendo las orejas. ¡Vibren todos conmigo! Mis ojos entrecerrados se abren al máximo, asustados. Suelto el arpa y resbala hasta el suelo, estalla al chocar contra una piedra. ¿Quién carajos está allí? Claramente ’sentí’ mientras tocaba que ‘alguien’ danzaba o tarareaba al compás; que disfrutaba haciéndolo y que, por un segundo, estuvimos en comunión…

    Bajo con una bolsa a recoger las cuerdas, astillas y pernos que lloraban un desahucio helado. ¿Sentí? ¿Escuché? ¿Imaginé? Respiro profundo y miro alrededor. ¿Y por qué el miedo, si fue algo hermosísimo? Río, nervioso. Comienzo a bajar, marchando en la nieve, mientras tarareo “No te enamores nunca de aquel marinero bengalí”, atento a cualquier sonido o sensación como la de antes. Después de un rato canturreando, identifico en mi nuca un cosquilleo bailarín. Sonrío emocionado. Sigo caminando y siento cómo se intensifica el bailoteo por toda mi columna conforme me acerco a una grieta vertical enorme. Doy unos pasos más, puedo sentirlo muy cerca, no siento ya el menor temor.

    IV.
    Seis metros antes de la grieta, me los topo de frente. Tardo un momento en reaccionar, impávido, incapaz de creer que encontré una colonia viva de kleirápsidos. Hola, hermosos. ¿Qué hacen canturreando a 5,600 metros de altura, y… vivos? Los tengo a mis pies, regados por el suelo, inmóviles. Jamás había visto uno, ni siquiera en foto. Los reconozco por su colorido artificial, por las aristas de sus costados y porque ya comprobé su forma peculiar de conectar con otros seres a través de la música.

    A decir verdad, siempre los creí seres de fantasía. Ahora que los tengo ante mis ojos no sé qué pensar. Los veo y sólo a medias los creo. Se dicen de ellos cosas francamente inauditas. Voy por la cámara, esto ni yo me lo creo. Dejo en el piso la bolsa con los restos de mi arpa y al instante veo cómo se precipitan dentro tres o cuatro docenas, todos los que caben dentro. Mi primer impulso es acercarme a defender lo mío, pero la voracidad con la que atacaron me intimida y ahora el inmóvil soy yo. Escucho una nota y luego otra. Creo entender lo que sucede y me estremezco entero. Sé que vienen de mi arpa. No es posible. No es posible. No es posible. Mis piernas se quieren doblar y no se los permito, pero retrocedo.

    Kleirápsidos hambrientos

    Kleirápsidos hambrientos

    Con un último acorde inarmónico prolongado, cesa el movimiento y, de nuevo, todos los kleirápsidos lucen pétreos, inertes. ¿Terminaron de comer? No sin miedo tomo la bolsa por un extremo y lentamente la volteo boca abajo. Ellos caen sobre la nieve, quietecitos. Con el otro brazo saco el arpa: Perfecta, orgullosa, enterita. Un prolongado escalofrío me escanea completo y en mi cabeza escucho el desromper de platos que bajan rebotando una escalera. Qué significa esto.

    No hay tiempo de pensar. En mi alfombra aúlla la alarma contra incendio. Corro hacia allá, como puedo, y pronto la veo: Mi vida se quema en una altísima pira flotante; Hypatia vuela en círculos, temblorosa. Mientras avanzo torpemente, cuesta arriba y hundiendo las botas en la nieve, mentalmente repaso cuánto de mi patrimonio consume en las llamas. Todo: Comida, ropa, libros, baúles con aparatos, mis gadgets, mis juguetes, la computadora, el telescopio… Caigo de espalas y doy un par de giros hacia atrás, pero de inmediato me levanto y sigo subiendo. Los utensilios de cocina, mi costal eléctrico y mi almohada chupatristezas, el iPod y el fonógrafo comediante, la bitácora, la tritácora y la tetrácora, mi medicina contra el odio, la colección de cordones umbilicales de trillizos, mis marionetas ventrílocuas, mi monociclo… Tropiezo con una piedra y esta vez la caída de lleno en la nieve me sofoca. Mi boca está llena de nieve sin sabor que sabe a desesperación salada. No puedo ver, algo me quema los ojos. Tal vez es mejor así, Hypatia, no te quiero ver caer. Consigo ponerme de pie en la oscuridad y, con el tacto de un calcetín empapado pegado al pie, descubro que perdí un zapato. Quiero gritar, caigo de rodillas, no puedo llorar siquiera. No voy a esperar a la muerte así. ¡Yo voy a buscarte a ti, cabrona! Comienzo a desnudarme.

    V.
    ¡Qué agradabilísimo es asolearse desnudo y sentir el viento fresco en la piel! Y estar entero, y estar vivo. Y no estarlo soñando. El navegante automático va eligiendo por dónde llevarme de regreso a casa. El hambre me despertó hace unas horas. Estaba dentro del costal eléctrico, más sano y más lúcido que nunca, pero sin ropa. Hypatia ondeaba impaciente, un par de metros encima de mí. Subí a bordo y encontré todas mis pertenencias en inmejorable estado. Todas las antigüedades lucían ahora un poco anacrónicas y avergonzadas, por primera vez las vi pulcras y nuevecitas. Los kleirápsidos, devoradores del deterioro, la enfermedad y la muerte, se dieron un festín con nosotros que confío en que ayudará a preservar su especie un tiempo más.

    Pero no habrá Muknal de verano, por eso no voy camino a Quechulac. Solía pensar que al recoger los cadáveres frescos de insectos y animales pequeños que mueren en la Ciudad para ir a sepultar sus cuerpos en el campo les daba yo el final más grato y decoroso imaginable. Pero tras haber vivido mi muerte en una cima nevada, la idea me parece ahora aberrante y bastante ridícula. Además, los kleirápsidos vaciaron de bichos muertos las cestas refrigerantes. Sin duda se las arreglaron para conducirlos montaña abajo, fuera del área nevada: No importa cuantas veces murieran de frío o de hambre por el camino, mientras haya cerca una criatura de esas, tendrán más vidas que un protagonista de videojuego.

    Comienza a caer la tarde y vuelo ahora sobre nubes que prometen lluvia. Ya casi llegamos. Pienso en el Pico de Orizaba, recibiendo especímenes inmigrantes de varias especies. ¿Habré desencadenado un cataclismo ecológico? Prefiero pensar mejor en las docenas de grillos que sé que hicieron el viaje conmigo y que ahora seguro enamoran con su musiquilla a los kleirápsidos que los escoltan. Imagino a unos y a otros en un éxodo festivo, avanzando montaña abajo, cantando y bailando para darse calor. Y dejándose aquellos morir de vez en cuando, por pura gratitud y reciprocidad por cada nueva oportunidad de volver a cantar.

    Alto rendimiento

    «Búrlense ahora… Ya harán del delirio una disciplina olímpica y seré invencible.» Sus interminables cartas divirtieron al C.O.I.* por décadas.

    * Comité Olímpico Internacional

    Juego

    Poseía la Poesía, o más bien creía poseerla. Indulgente, compasiva, ella le seguía el juego: Se sabía imposeíble pero amaba su insensatez.

    Renovar

    Acabo de desempolvar la vitrina en que guardo mis miedos. Ahora lucen como nuevos y yo veinte años mayor.

    A ver si así

    Cansado de no ganarle una sola discusión a mis títeres, construí unos nuevos, sin boca.

    Tenaz y hecha bolas

    Entre maroma y maroma, la cochinilla se extiende para ver si ya ha derribado el muro.

    Alto

    Las estaciones pasaban tan aprisa, que el maquinista frenó y tuvimos diez meses de invierno.

    Ya no más

    Con notable sangre fría y precisión quirúrgica, el sastre removió uno a uno tres botones. Apenas tocó el cuarto, el abrigo confesó todo.

    Dedator

    «Es cuestión de espulgar» respondió el meñique hambriento al detective que investigaba la desaparición de un panquecillo dejado a la mano.

    Marilyn por ruibarbo (Descenso LXXVI)

    I.

    Otra prueba del antifaz mosquitero para vuelos bajos que resulta exitosa sólo porque no hay mosquitos. Llevo la mano a la canasta de las provisiones, saco una varita de apio y me la pongo en la boca. ¿Cuántos animales existirán que, como yo, disfruten de roer clorofila mientras vuelan con el aire pegándoles en la cara? Una pregunta más para el nieto zoólogo que nunca tendré. Sigo royendo absorto en mirar de reojo hacia abajo, como siempre deseando que la vista y la velocidad me jueguen alguna broma surreal.

    ¡Qué triste y ordinario colorido de todas las aceras del mundo! Y sólo acá arriba logra uno darse cuenta de que tener el mapa no hace libre del laberinto al ratón. Asfalto, adoquín, empedrado, cemento. Un pradito cuadrado, bien cuidado y tan verde verde entre tantos grises y ocres, que asemeja un descarado bisoñé.

    Suelo mirar al vuelo, vuelo mirando al suelo y de pronto, ¿lo tengo? Me pareció ver a Marilyn Monroe asomando por un vidrio. Bajo a ver.


    II.

    Sí era Marilyn pero su vidrio no era una ventana, como mi menteja propuso. ¿Para esto dejé mi alfombra enrollada en doble fila, carajo? Me inclino para ver un poco más de cerca la granulosa imagen y pienso en por lo menos tres personas vivas que encuentro bastante más atractivas. Nunca he sido su admirador ni su detractor tampoco; indiferente no me es, pero a lo mucho la encuentro simpática. Si no es su belleza lo que me llamó a bajar, tiene que haber sido el morbo de haber visto a una muerta asomando a la calle.

    Siento un leve tirón en el hombro; alguien jala el tirante de mi mochila e instintivamente mi cabeza gira en esa dirección. Recibo de lleno en la oreja un sonoro, si bien cortés, graznido monosilábico. ¡Qué te hace pensar, bestia imaginaria, que voy a compartir contigo mi merienda! Pero para no tener brazos, el absurdo pato era bastante diestro en deshebillar, y en cuatro segundos ya hundía la cabeza en mi ensalada de ruibarbo.

    Un pato hiperactivo cuida a Marilyn.

    Un pato hiperactivo cuida a Marilyn.


    Mejor me voy.
    Me levanto de golpe y me alejo. El ave se queda con un tallo en la boca y sus ojos me acusan de algo terrible. Desenrollo la alfombra, me pongo el antifaz, tecleo la contraseña y arriba estoy de nuevo.

    Me alejo de la Ciudad. Subo hacia el cerro a esperar el atardecer. Escucho cómo empienzan las parvadas a hacer sus coreografías de regreso a casa, cuando oigo un claxon detrás. ¿Pero es que hay alguien que quiera rebasar aquí arriba? Bajo la velocidad y, mientras me orillo a la derecha, reconsidero mi decisión de haberle quitado a Hypatia los retrovisores.

    A mi izquierda aparece el pato pendenciero, visiblemente agitado por el esfuerzo. Trae atado al cuello un póster enrollado. Parece que viene a proponer un trueque.

    Una cierta evolución

    1. Decidido a escapar de mi condición de personaje secundario, esperé a que se durmiera para reescribir algunas palabras.
    2. Envalentonado por mi nueva condición de protagonista, decidí continuar y, cuando me di cuenta, la historia era otra por completo.
    3. De pronto me di cuenta que entre el eco de las líneas vacías, escuchaba mi propia voz y supe que me había vuelto también el narrador.
    4. Confundido y tembloroso, interrumpí un momento el relato para cerciorarme de que, allá afuera, aún dormía.
    5. Había ido demasiado lejos, pero sólo avanzar parecía posible ahora que era un flagrante usurpador a punto de ser sorprendido y reescrito.
    6. No lo pensé más, lo borré todo y comencé de cero, esta vez mi rol sería sólo el del autor que duerme mientras un personaje se rebela.

    escher_hands

    Dilema en seco

    ¿Ser o no ser? Dudábamos. Preguntamos al desierto. Nos dijo «sed».

    Libérrimos

    Éramos quince los que nacimos de nuevo o por primera vez cuando nos depositaron en la isla. Pudimos ser veinte o cien, pero hubo quien no le vio caso y de ellos no volvimos a saber; en realidad de nadie supimos más. En todo caso, la vida de todos era nueva y era vida.

    Algunos nos sentíamos muy afortunados, otros no pensaban más que en huir de allí. Hubo uno, el primero en irse, que se dejó morir de dicha por estar vivo. Quise aprender de su caso alguna lección, pero nunca identifiqué una que me convenciera.

    De los catorce, unos siete decidieron vivir bajo la idea de ser presos y lo pasaban bastante mal. Impacientes, inconformes, hostiles, amargos. Dormían mucho, ayudaban poco, disfrutaban nada. Sus pesadillas no distinguían entre vigilia, sueño y espejismo. De ellos, un año más tarde sólo quedaban dos, que decían bastante poco y no se hablaban entre sí.

    Tres o cuatro se volvieron religiosos de manera bastante peculiar. Rendían una especie de culto a la vida y cada acción de cada día parecía una ofrenda o una contricción. Después de unos meses, su entusiasmo se volvió una especie de gratitud serena y diligente. Convivían poco con los demás, siempre estaban ocupados. Parecían felices.

    Los restantes llegamos decididos a disfrutar de unas vacaciones que nada ni nadie podría interrumpir. Y realmente lo intentamos. Pero aún en un edén como aquél, el sabor a vacación se esfuma cuando no hay un número finito de días que contar para volver a la rutina. Así que buscamos trabajo y nos dedicamos a él con una determinación y entrega que resultó mucho más disfrutable que vacacionar.

    Libérrimos

    «...unas vacaciones que nada ni nadie podría interrumpir.»

    En menos de tres años éramos seis nada más. Sólo hubo un par de suicidios explícitos, pero creo que el deterioro emocional que se llevó a la mayoría fue igual de voluntario, si bien menos contundente: Por qué rendirse si aquí no hay obstáculos ni adversarios, pensaba yo, encabronado, perplejo y descorazonado, viéndolos cómo se abandonaban al sol y se iban marchitando. Siempre que sucedía, terminaba dedicando las horas de las noches de varios de mis días a intentar quedarme con algún aprendizaje. Nada. Me cegaban la impotencia y mi propio amor a esta vida, la mejor que podría imaginar.

    Entre los cinco que más tiempo disfrutaron de este paraíso ya no estuve yo. Aprendí a disfrutar tanto del mar que un día ya no quise nadar de regreso a la playa (hay quien dice que no pude, yo no veo la diferencia).

    Mi felicidad se disuelve conmigo, ahora somos inmensos, nos sentimos infinitos.